la patata de la libertad

Blog de opinión crítica completamente anti-
Un congresista estadounidense, en el pináculo de la estupidez, propuso cambiar el nombre de las malignas patatas francesas ("french fries") por el de patatas de la libertad ("freedom fries")... ¿Alguien recuerda la ensaladilla nacional? Colabora con la patata: comenta o envía tus artículos a allstolen@hotmail.com En marcha desde 26/05/04

14.5.08

El Solitario habla

Sí, en lo esencial, estoy de acuerdo con Brecht cuando afirma que es peor poseer un banco que atracarlo. Y no tengo ni un sólo recelo moral ante un comentario tan bruto y sincero. Estoy de acuerdo con él y punto.

Los chicos de Smile nos recordaron ese gran pensamiento del dramaturgo alemán hace un par de meses, impreso sobre la famosa foto de la detención de El Solitario. Ayer salió a la luz una carta que Jaime Giménez ha escrito desde su prisión provisional en un Centro de Alta Seguridad.

Aunque la carta sea larga, Giménez quiere decir mucho, demasiado, en muy poco espacio. Se ceba especialmente con el Capital y nos hace partícipes de su ideología anarquista. En realidad, pone demasiado hincapié en ello. Tanto que hace sospechar. Parece un pacto entre su abogado y él.

La apuesta -y aquí especulo-: que un Jurado Popular vea con más simpatía a un pistolero anarquista (lo cual le confiere ideología y objetivos políticos, esto es, una pizca de humanidad) que a un ladrón de intachable rectitud profesional, sin reparos a la hora de matar a quien haya que matar para hacerse con unos fajos de billetes.

Aunque también podría ser que Giménez dijese la verdad, pero quedan unos cuantos cabos sin atar y que se dan de hostias con esa presunción.

Primero: ¿donde queda la propaganda? ¿debemos entender que un atraco a un banco es, por sí sólo, un hecho revindicativo? En los tiempos que corren, si un hecho no es interpretable por la mayoría como un acto político no podemos otorgarle función social alguna. El incendio de una agencia inmobiliaria se comprende al instante, porque no hay botín de por medio... Sólo puede ser político... pero ¿de qué forma distinguimos un atraco anarquista de un atraco común? ¿Porqué Giménez no esparció ni un pasquín ni gritó nunca, en ninguno de sus asaltos, contra el Estado y el Capital? Pongámonos conspiranoicos: ¿Nos lo ocultaron los medios? ¿Y porqué iban a hacerlo? ¡Será que no disfrutan politizando hacia la izquierda cualquier delito tremendo!

Segundo: ¿y el botín? No sabemos qué sucedió con ese botín. ¿Fue a parar a la Selva Lacandona?¿Pagó el alquiler de algún Centro Social?¿Se repartió a alguna sección de la Confederación? En la carta de Giménez que pueda dar a entender su compromiso con la solidaridad social. No creo que una aclaración a este respecto comprometiese al destinatario del dinero, siempre y cuando la alusión fuese lo suficientemente genérica.

Y tercero, queda un elemento más: su novia brasileña, a la que sí enviaba dinero. Ello resta aún más credibilidad al temerario atracador anarquista. No he terminado de encuadrar en qué capítulo de la lucha podemos ubicar un retiro en Bahia. El descanso del guerrero, supongo. Aunque yo estas metáforas me las paso por el culo.

Y aún, en las palabras de Giménez, cuando se pone anticapitalista, hay errores de bulto, que parecen bien fruto de una conversión forzada o bien de una vocación recuperada por las circunstancias. Por ejemplo, dice de la Banca:

Con ayuda de sindicatos alicortos, al servicio del poder político-económico, han conseguido la rendición de la clase obrera trabajadora. La manera ha sido sencilla: han provocado un paro masivo y al mismo tiempo han provocado un “dumping” social con la importación de grandes cantidades de trabajadores poco cualificados, para que las personas que viven de su trabajo, vean mermados sus ingresos y así su capacidad de decisión social. Todo para mantener el beneficio de los Bancos, que en un contexto de pobreza generalizada, aumentan sus beneficios exponencialmente año tras año.

La entrada del párrafo es perfecta, podría firmarla Amorós: “sindicatos alicortos”, “rendición de la clase obrera trabajadora”... Más adelante patina: no hay ni ha habido en los últimos diez años ningún paro masivo (al contrario, hemos vivido cerca del 5% que se estima estructural). La carencia de puestos de trabajo ha sido un discurso para la precarización, para que cualquiera agarrase cualquier curro de mierda. Esa amenaza, aunque sea falsa, cuenta para cumplir su función con la inestimable ayuda de las hipotecas, sobre las que, curiosamente, tratándose de su tema, guarda silencio Giménez.

Tampoco se han “importado” trabajadores como parte de un plan maligno de la Banca Internacional. Han sido las corporaciones, el modelo de desarrollo, el monocultivo y la rapiña comercial de las oligarquías locales las que han depauperado los países desde donde vienen los inmigrantes. También patina cuando dice que son poco qualificados. Al contrario. Vienen abogados búlgaros a recoger fruta, médicos peruanos a cuidar viejas. No sólo cuenta la pobreza a la hora de emigrar. Sobretodo, en este planeta de televisón por satélite, cuentan las aspiraciones. Todos los infelices del planeta quieren una vida como la que se vive en Nueva York.

También se entiende, tácitamente, que los trabajadores poco cualificados que vienen merman los ingresos de “aquellos que viven de su trabajo.”... Es una distinción absurda y racista: todos ellos viven de su trabajo. ¿O es que lo que hacen los inmigrantes no es trabajo?

El Solitario repite aquí tópicos de la derecha obrera, argumentos que he leído precisamente en comunicados antimigratorios del sindicato de carceleros, muy activo en el bombardeo de bilis en los foros ácratas. Que los discuta con ellos, ahora que los tendrá cerquita.

2.5.08

Opositores contra el Tirano

Tal y como les informé, aquí estamos en campaña.

Tengo una suerte bárbara. Salgo del Estado Español, recién recuperado de una campaña bipartidista de náusa en donde los dos aparatos de gestión política emplearon todos los medios al alcance para sumergirnos en un delirio absurdo durante todo un trimestre, y al llegar aquí me encuentro con otro aparataje de agit-prop de similar envergadura.

Pero existen algunas diferencias. Como comenté en un post anterior, varía la intensidad y los medios de marketing político empleados. El amateurismo y el do-it-yourself priman por encima de los medios televisivos y el cartelismo invasivo que padecemos en las ciudades europeas. Lo que se llama inconsistentemente y con demasiada asiduidad “la dimensión humana” en otros ámbitos, aquí adquiere todo su sentido.

La dimensión humana, como comprenderán, no es una nota tierna del modo sensacionalista y casi pornográfico en que se introduce la prensa en la vida de los votantes. No se trata de ese besar niños y acariciar la cabeza de las ancianas, como tan mal entienden las formaciones políticas. Es, al contrario, un dejarse en ridículo a sí mismo, un ejercicio de la política como prolongación de lo cómico.

Por ejemplo, el pasado domingo hallábame yo sanamente instalado frente a una licorería (una casualidad, no vayan ustedes a creer...), en donde pude comprobar allí el buen rollo y la paz fraternal que reina entre los diversos partidos de la oposición antichavista. Los unos, de Primero Justicia -se llaman así, como una amenaza salida de un cómic de The Punisher-, vestidos con camisetas amarillas, pimplaban birra fría con especial intensidad, mientras los Adecos, de camiseta blanca y letras verdes en arial bold ilegible, no se quedaban atrás, y parecían querer macerar sus hígados en brahma light.

Me entraron unas ganas horribles de hacer de Ramón García y ponerles a competir con antifaces a cazar llaves en urnas de harina. O atizándole a una piñata llena de alquitrán.

Según me informaron los unos y los otros, ambos son la mejor alternativa al actual alcalde, Aquiles Rojas, el cual cuenta en su haber político con el asfaltado de un par de carreteras, la construcción de un par de diminutas placitas en Santa Ana y un cuerpo de municipales que extorsionan a los ciudadanos con una formidable profesionalidad los días de cobro y desaparecen con igual diligencia los 28 días restantes.

Los de Primero Justicia tienen como candidato a un ex-sacerdote católico. Pero no piensen ni por un momento en Xanana Gusmao o el recién elegido Lugo. Según explica el folleto electoral que me facilitaron los atentos militantes de base, el candidato abandonó sus quehaceres en la vicaría por una finalidad aún más elevada: servir al ciudadano. Me enteré unas horas después que al sacerdote, en un feliz acontecimiento, sucumbió en una pugna interna con el difícil voto de castidad y fecundó a una muchachita de la hermosa villa de Pedrogonzález, lo cual le costó el puesto en la Empresa del Señor a la vez que regaló al mundo un hermoso retoño neoespartano.

Los sedientos seguidores del candidato adeco, que parecían querer vaciar las neveras de la Bodega de Moncho, me explicaron con detalle los atractivos de su candidato, a quien me une, según averigüé esa misma noche, una extraña línea de parentesco político, de tercer o cuarto grado en línea lateral oblicua y ascendente.

Me hizo gracia la formulación en negativo con la que me expusieron sus cualidades. Según ellos, el candidato adeco no pensaba robar como los demás ni se dejaría corromper tan fácilmente como sus antecesores, algunos de ellos ¡del mismo partido!

-Pero no se escandalice -me garantizó un enérgico militante- aquellos son manzanas podridas que ya han sido retiradas del cesto.

-Ajá- asentí yo mientras masticaba chicharrón picante con la serenidad que me caracteriza.

En resumen: Acción Democrática ofrece al municipio un hombre recto que aguantará un buen ratito más sin componendas ni chalaneo.

Un garantía para Gómez.

Después de reunirse en pequeños grupos y sopesar la posibilidad de abandonar el frente de la bodega, los militantes de Primero Justicia y Acción Democrática decidieron, mediante una asombrosa fórmula democrática de asambleas atomizadas y aparentemente inconexas (ríanse de la sociedad-red con la que ha hecho tanto dinero Manel Castells), marcharse con sus inmensos automóbiles hasta el siguiente pueblo, San Juan, a kilómetro y medio y dotado de mejores y más potentes frigoríficos.

Y así se alejaron, con una acción que en Europa les hubiese deparado prisión preventiva y retirada de carnet, en una alegre procesión de cláxones y atronantes equipos de sonido, ofreciendo al mundo una conjunción de reguetón (mueeeveloo mamiii, como tu saaabe), salsa erótica (Gilberto Santa Rosa y Oscar d'Leon, reconocí en el bululú de voces y bocinas) y esperanzas de derrotar al tirano Chávez, que, como se ha podido comprobar en este texto, les tiene un poco oprimidos, por no decir bastante.

Finalizado tan grato espectáculo, casi muero ahogado al intentar tragar el engrudo resultante de marticar corteza de cerdo sin beber con la asiduidad que tan arriesgado aperitivo requiere, pero esa es otra historia que no tiene cabida aquí y que les explicaré con gusto de viva voz y gestos chuscos cuando me encuentre con ustedes en una taberna.

Como resumen y broche de cierre, tan sólo me gustaría agradecer la formidable atención que me brindaron los alegres militantes opositores, aunque ello me costó, y calculo así a ojo, una buena media caja de cervezas, que vendrían a ser unos 13 o 14 bolívares fuertes.

Seguiremos con nuevas crónicas, a medida que la realidad política lo reclame. Pero por ahora, permítanme que me retire unos días y ponga a descansar mi castigado aparato hepático.

24.4.08

Primeras Notas desde lo alto de El Maco

Sé que todos ustedes son uns formidables observadores de la realidad ¿qué otra cosa podría pensar yo acerca de tan atentos ciudadanos? Con toda la humildad que me sea posible, y bajo la terrible sopecha de que ustedes ya lo habrán constatado mucho antes que yo, me gustaría llamarles la atención sobre unos cuantos puntos que me rondan la cabeza, fruto de mi continua relación con el mundo circundante:

1. En estos rincones del planeta, parecen sucumbir a las circunstancias con la misma intensidad. Así como en España hay una insportable propensión a legislar incoherencias según el más terrible suceso que haya acontecido en los últimos días por la vía de urgencia y apremio, y escándalo moral mediante, aquí se responde no tanto con leyes como con reformas orgánico-administrativas. En España, siguiendo con la comparación, tendríamos una Ley Especial contra los Vendedores de Droga a la Salida de los Colegios, o una Ley Orgánica de los Perros Peligrosos y otros Rapaces de Colmillos Largos, mientras que aquí se crearía un órgano para-ministerial con financiación pública llamado INVEDROGE (Instituto Venezolano para la Prevención de la venta de Droga a la salida de las Escuelas) y otro llamado VEPRECAPE (Venezolana de Previsión de Canes Peligrosos). Al final, tanto en un lugar como en el otro, se trata únicamente de tranquilizar al personal mediante la separación de pequeños contingentes legales y administrativos. Nada que pueda resultar efectivo, pero un bálsamo contra los pánicos morales. Además, algo relativamente barato.

2. Disculpen mi ingenuidad pero, a nadie más le da la sensación de que la revolución digital y la velocidad a la que se producen nuevos gadgets electrónicos se ha reducido drásticamente ¿hay un frenazo “analógico”? Si echamos un vistazo a los negocios con más futuro, más prósperos y hacia donde se está volcando el sobrante de las corporaciones (le llamaré así, tan palurdamente, para que se entienda que es la parte que no se emplea en la reproducción del ciclo productivo), es en la distribución y producción de alimentos y combustibles biológicos. Antes que nada, dice la nueva voz de los negocios, constituir cárteles para que todo el alimento pase por unas pocas manos. Lo corporativo como una reproducción a escala del modus operandi de la distribución mafiosa de pescado. Para los que tenemos claro que el mundo actual es la verdadera utopía y que cualquier otra forma de organización futura es más plausible que esta -y entre los que creo se cuentan los actuales dueños del cotarro, que ya, por fin, se han caído de la higuera-, queda claro que la supervivencia quedará ligada a la comida y la energía. Podríamos vivir sin el resto de cosas. Y como se avecina una fuerte sacudida, parece que Estados y Corporaciones corren a asegurar su puesto de mando en lo BIO. Ya sea para las seguir moviendo inútilmente ejecutivos a base de pequeñas combustiones como para alimentar a sus súbditos/consumidores.

3. Una de las cosas que reconforta de la sociedad venezolana es que, por aquí, está mucho más claro a quien se debe odiar. Los ricos son mucho más ostentosos y no tienen pelos en la lengua. Hacen comentarios racistas, hablan en pijo antiguo, plagado de anglicismos con pronunciación gringa, sus mujeres llevan gigantescas tetas de goma, y sus hijos visten a la europea y conducen 4x4's. En conjunto, son un grupo mucho más homogéneo y separado. En Catalunya, por el contrario, uno descubre, con el tiempo y un cierto conocimiento del medio, a personas extremadamente discretas con cuentas bancarias millonarias. También en Catalunya, la teoría marxista que enfrenta a Empresariado (Patronal) contra Obrero (Sindicatos) no encaja con la misma holgura. En un país plagado de autónomos, pequeñas empresas familiares y sociedades limitadas de uno o dos individuos, el Empresariado como entidad maligna y opresora no tiene tanto sentido. Claro que lo tiene, pero es más espeso e intrincado.

4. Y ya que he mencionado así como de pasada el tema de las tetas de goma, les comentaré que nunca, en ninguno de mis viajes a estas tierras, había visto tal cantidad de mujeres con pechugas (y culos) falsos. Hasta preadolescentes, en crecimiento todavía (¿no será eso peligroso?). Y tanto es así que los escaparates ya se adornan con maniquís supertetonas. La primera vez que lo ví, tardé unos minutos en parar de reir. El otro día, en Juan Griego, contemplé anonadado a un grupo de señoras cincuentonas pijas tan infladas que por un momento pensé que se estaba rodando una continuación caribeña de supervixens versión mature. Por no hablar de una chica a la que le habían colocado las nalgas a la altura de la vigésima vértebra, a modo de repisa. Dónde, díganme ustedes, dónde vamos a ir a parar. Yo, desde luego, no puedo contestarlo.

21.4.08

Cuando vuelva el cerdo

Cuatro de la madrugada. Ladridos. Más ladridos. Muchos ladridos.
Servidor se da la vuelta, con la esperanza puesta en la modorra que suele prevalecer al desvelo.
Siguen los ladridos.
El desvelo, ahora sí, es completo. Adiós a la modorra y bienvenida mala leche.
Salgo hacia la cocina para obtener una instantánea. En la repisa, Ernesto ya observa con la cabeza ladeada. Es su mueca felina de qué-coño-pasa-aquí-dónde-me-has-traído-carlos.
En el tejado de la casa de la esquina hay un perro. Sí, no es Peter Pan, es una especie de pastor alemán algo más pequeño.
Bajo su tejado, un inmenso cochino acaba de reventar las basuras y se está poniendo las botas con nuestros desperdicios.
El perro sólo hace su trabajo. Guau guau guau.
Lanzo un par de imprecaciones en catalán, en concreto: “qui em va parir” y “casu'n l'olla”. Justo cuando estaba soñando con una mesa llena de embutidos y señoras desnudas.
Vuelvo a la cama con la idea de conseguir -o fabricarme- un tirachinas.
Cuando vuelva el cerdo, mañana, estaré preparado.
Es la guerra.

*****

En el libro de Richard Brautigan “Un detective en Babilonia”, una señorita misteriosa hace desaparecer la cerveza. Es una señora flaca, que bebe y bebe y nunca mea. Se trata de uno de los mejores gags del libro.
Aquí, en Venezuela, todos hacen desparecer la cerveza. De viernes a domingo, se trajina tanto que cuesta de creer.
Por si alguno está intersado en el conocimiento misceláneo de escatología latinoamericana, juraría que en este continente se mea menos. Bastante menos.

*****

Se acercan las elecciones, y hay unos veinte candidatos en cada municipio de la isla. Gómez, Marcano, Mariño, Arismendi... Cada alcaldía tiene un buen número de moscardones sobrevolando. Cada alcaldable, un buen grupo de contratistas sobrevolándole. Es un bonito átomo de doble núcleo.
En general, el PSUV (Partido Socialista Unificado de Venezuela) presenta su candidato fuerte en cada plaza. Y enfrente, se pelean unos cuantos.
Será porque acabo de leer el capítulo del Club Pickwick en que presencian las elecciones en Eatandswill pero todo esto me parece doblemente idiota. Y ayuda, como no, el escaso desarrollo del marketing electoral. Los eslóganes son a calaperro. “Por un municipio mejor”. Las fotos de los candidatos, con degradados de fondo y tipografías absurdas.
Se lleva mucho también la propaganda old school. Camioneta con altavoces viejos y discurso incomprensible sobre fondo musical sinfónico.
Lo que me voy a divertir.

17.4.08

Ya no hay extras

Parece que las cosas van volviendo a su lugar.

Me he movido ocho mil kilómetros para comprobar que no hay forma de huir. Al principio uno cree que la distancia, debidamente puesta entremedio, lo cambia todo. Cuando uno hace turismo, o se desplaza de vacaciones, fotografía lo peculiar, lo pintoresco. No repara en lo difícil de una vida vivida allá donde uno va a divertirse. Los pobladores del lugar son extras que parecen haber sido distribuídos por el lugar por un ayudante de dirección. Usted, el de la bicicleta repleta de panes, salga ahora. Los chinos que fuman fuera del supermercado, atentos coño. Las señoras que venden parchitas y dulce de tamarindo, pónganse a charlar animadas. Y así, nada parece real. Aunque se disfrute y se tomen unas formdables instantáneas tropicales.

Donde he venido a parar, ya no me sucede eso. Ya no hay extras sino iguales. Mamíferos bípedos atribulados. He estado aquí tantas veces que, por suerte, me parece que la actualidad es tan vana y absurda como en occidente. Quizá algo más poética. Pero por lo demás aquí se trabaja igual, se venera al estado, se participa animadamente en elecciones en donde se elige quien va a mangonear nuevamente a los de abajo y, en resumen, se pierde el tiempo en las mismas componendas y tonterías.

Y a pesar de todo, me siento más tranquilo. Sobretodo por la completa desaparición de la velocidad. Y por el día sin trabajo que me he procurado. Así que, en adelante, ustedes perdonen si el grado de animosidad verbal disminuye, y si abandono la crítica de lo acontecido en el Estado Español. Ya no estoy allí, y por un buen tiempo. Se acabaron también las crónicas sobre la destrucción de Ciudad Escaparate. Supongo que cuando regrese ya habrán cerrado las calles y habrán colocado taquillas en sus entradas. Los lugareños bailarán un ball de bastons para mí y me mostrarán las maravillas que Gaudí hizo allá en los buenos tiempos del modernismo. Y los niños me perseguirán para que me fotografíe con ellos.

Disculpen:
Glocs, glocs... (me estoy bajando un juguito de papaya).

La cosa es que, como habrán comprendido, a partir de hoy reemprenderé el blog.
He conseguido un endeble y delicadísima conexión a internet. En este valle no hay banda ancha ni a ras de suelo ni por la estratosfera. Descargarse un archivito de diez megas implica un par de horas de introspección metafísica absorto en la barra de proceso (soy como los moscones y la luz: no pueeeedo de dejaaar de miraaarlooo). Una complicada conjunción de inepcia empresarial y orografía abultada dificultan el traslado de cualquier impulso eléctrico que quiera transmitirse. Dos pueblos más al norte, internet va que se las pela. Cosas de la vida.

Glocs glocs glocs.

Calorazo, rediós.
Así que en adelante les contaré sobre los intríngulis de esta complicada socialdemocracia venezolana, y sobre la fastidiosa manía de colocar los aparatos de sonido con inmensos suggofres en el porche de las casas para atronar con reguetón subnormal a todo el que viva en un radio de quinientos metros.

Mueeevelo mami, como tu sabeee, mueveloo mamiii.

Me disculpen los gurús de la actualidad musical, pero esa música es una mierda, se mire como se mire. Y nada más. Bueno, sí, otra disculpa: perdonen toda esta dispersión.
Demasiado estímulo para un cerebrito blando como este.

13.3.08

La mesa de Adeler

Ganó ZP, nos regalarán unos cuartos (400€) y parece ser que Pouré al final, jugará infiltrado (lo que en realidad quiere decir “drogado localmente”)... ¿qué más quieren, rapaces? Ah, sí, me olvidaba: una vida sin trabajo, sin autoridad, sin jerarquías, una vida plena de producción artesana, sexo acrobático y relación social atribulada. Pues de momento, nada. Pero, eh, escuchen: ganó ZP, nos regalarán 400 eipos y Pouré podrá cubrir la banda... Ya, ya lo sé. Ustedes no son tontos y no tragan. Pero en fin, como mínimo les proporcionaré una buena lectura. En ocasiones la vida ofrece poco más.

¿Verdad que nuestra relación con la técnica y la tecnología es contradictoria? La usamos pero la tememos y/o la detestamos. Hay quienes buscan el origen del desajuste en la primacía del uso tecnológico antes incluso que la racionalidad organizativa a la que, por lo menos teóricamente, la tecnología debería atender. Otros apelan al absurdo del hombre pretendiendo superar su naturaleza (infinitamente compleja y ) por medio de útiles y cachivaches de uso caduco e inútil. Los hay que realizan interpretaciones sicosociales en donde los aparatos son sustituciones de órganos sexuales que responden a la liberación de pulsiones reprimidas. Y bla bla bla.

Yo, estoy con Thurber. Creo que el desajuste es aún más primigenio, y que proviene del miedo y del asombro. Sucede luego que se cuela hacia arriba, hacia la razón, en forma de perfectas excusas para dar vueltas colina abajo como una croqueta en un plato de pan rallado, en lugar de usar un caminador mecánico o unos zuecos digitales. Pero no es un juicio madurado sino una natural propensión a conservar el cuerpo de una pieza, vivo y funcionando.

Escuchen a Thurber, a ver si les convence como a mí:

Tal como yo lo entiendo, el efecto del automóvil y de otros artefactos mecánicos sobre el estado de nuestros nervios, mentes y espíritus es un problema sobre el que los psicólogos populares con los que he lidiado saben muy poco. La explicación sexual de la relación del hombre con la máquina no es lo bastante buena. Para llegar a la explicación verdadera debemos remontarnos muy atrás, hasta la época de Franklin y la cometa, o al menos hasta cierto hombre y cierta mujer que aparecen en un libro de relatos escrito hace más de sesenta años por Max Adeler. Uno de los cuentos de este libro trata de un ama de casa que había comprado una mezcla de tabla de planchar y mesa de juegos, ideada por algún genio de Nueva Inglaterra en sus ratos de ocio. Al volver a casa y encontrarse con el artilugio en la sala, el marido lo miró horrorizado.
-¿Y eso qué es?- preguntó.
La esposa le explicó que era una mesa de juego, pero que si se pulsaba un botón que había debajo, se convertía en tabla de planchar. Acto seguido pulsó el botón, la mesa pegó un salto de un palmo, se deplegó y se convirtió en una mesa de planchar. El cuento describe como aquella cosa se volvió tan sumamente sensible que cambiaba sin cesar nada más tocarla, sin necesidad de pulsar el botón. El marido la arrumbó en el desván (después de que saltara en el aire en un par de ocasiones y lo golpeara mientras jugaba a la euchre, y en las noches ventosas se le oía moviéndose y dando golpetazos, y pasando de mesa de juego a tabla de planchar y vuelta a empezar). El relato per se sirve como ejemplo de nuestra pavorosa herencia de irritación, asombro y terror ante los artefactos mecánicos. El principio mecánico en juego en este deplorable invento no guardaba, creo yo, relación alguna con el sexo. Algunos analistas ven sexo en todas partes, incluso en una tabla de planchar saltarina, pero creo que podemos prescindir de esos científicos.
No hay un solo hombre (por seguir con el ejemplo) que tras luchar con una mesa de juego autoadaptable vuelva a ser el mismo de antes. Si llega al estado que vacila, se muestra indeciso y se abalanza sobre cualquier dispositivo mecánico que salga a su encuentro, no es, opino yo, porque reconozca en el dispositivo la incitación al sexo, sino sólo porque recoonoce la amenaza de la máquina como tal.


Sigue Thurber en este episodio dando cuenta de una situación en la que, en medio de una noche oscura y fría en la que se encontraba atendiendo a sus perros en el granero, su automóvil se puso a tocar el claxon por culpa de un cortocircuito. Thurber reconoce que algo en su interior cambió. Termina este estupendo ensayo “Sexo ex machina” (que Acantilado ha recogido en su imprescindible recopilación “Carnaval”: ¡por el amor de dios, háganse con ella a cualquier precio!) con una referencia al miedo a volar, otra exteriorización, en muchos casos inconsciente, de la fobia y el recelo que nos causa a la tecnología:

Para terminar, me gustaría referirme al caso de un amigo mío de Ohio llamado Harvey Lake. Cuando tenía apenas diecinueve años, la barra de dirección de un pequeño cochecito eléctrico se le rompió en la mano, perdió el control del vehículo, atravesó una valla y fue a parar a los jardines de la Escuela Columbia para Señoritas. Le tomó miedo a los automóviles, los trenes y cualquier otro tipo de vehículo no tirado por caballos. Pues bien, los psicólogos calificarían de miedo ese complejo y lo calificarían como anormal, aunque yo lo veo como una aprensión meramente razonable. Si, como consecuencia de haber sido catapultado a los jardines de la Escuela Columbus para Señoritas, Harvey Lake le hubiese tomado miedo a las chicas, eso lo consideraría yo un complejo, pero no llamaría complejo a su miedo normal a las máquinas. Harvey Lake no se subió a un avión en su vida (murió tras caerse de un porche), pero es algo que tampoco considero neurótico, sólo sensato.
He conocido, sin duda, hombres con compejos. Por ejemplo, Marvin Belt. Tenía un complejo con los aviones de lo más interesante. No le daban miedo las máquinas, ni las alturas, ni los accidentes. Él sólo temía que el piloto de cualquiera de los aviones a los que se subía perdiera el juicio.
-Me imagino sobrevolando Montana- me dijo una vez-, en un avión trimotor, de esos enormes, perfectamente seguros. Algunos pasajeros dormitan, otros leen, pero yo voy con la vista clavada en la puerta de la cabina de mando. De repente sale el piloto con los ojos brillantes, de loco. Con voz de falsete, como la de una niña, e dice: “oiga, revisor, tenga la bondad de dejarme en la calle Ciento veinticinco”.
-Bueno-le dije a Belt-, aunque el pilot se vuelva loco, queda el copiloto.
-Pues no-dijo Belt-. El piloto ha golpeado al copiloto en la cabeza con algo y lo ha matado.
Pue sí, los psicoanalistas pillarían a Marvin Belt. Pero no van a pillar a Harvey Lake, ni al señor C, ni al señor AR, ni al señor F, y tampoco, mientras tenga fuerzas, a mí.

7.3.08

La subcultura del agua

No sé si saben que en Catalunya sufrimos una sequía terrible.

Desde el año 56 no hay registros de un año tan seco como el ya difunto 2007.

Esto, aparte del problema que resulta en sí -sobra cualquier explicación-, nos ha permitido comprobar un buen puñado de situaciones y actitudes.

Primero, que no es bueno bombardear a la gente con noticias sobre el estado de los embalses hasta que estos no están verdaderamente bajos. Han creado un efecto Pedro-y-el-lobo. Agbar y los payeses se han pasado los últimos 10 años con el dedo apuntando al nivel de los embalses para pedir trasvases, nuevos canales y subvenciones a tutiplén, y han conseguido que todos recelemos de estas alarmas.

Segundo, que lo de la "cultura del agua", pese a que parece una jodienda nueva y sofisticada, es una vieja estrategia de gobierno, que consiste en socializar la culpa de unos pocos responsables para absorber así el impacto y el coste de su estropicio.

No sé si habrán advertido que la "nueva cultura del agua" es ultravertical y funciona sólo hacia abajo. Una verdadera llamada a la moderación debería empezar por la industria, que es la que más agua gasta, o por la propia moderación del crecimiento económico -al parecer, objetivo único de cualquier administración pública-.

¿O acaso se puede complementar un Plan de Crecimiento con un Plan de Creación de Lluvia y Nuevos Ríos?

Todavía no he visto a los ecoprogres del PSC arengando al empresariado para que moderen su consumo de agua, ni he visto que sus políticas se dirijan a minimizar la exagerada succión que requiere nuestra organización social. ¿Qué tal dejar de conceder licencias de obras para piscinas particulares (si un marciano sobrevolase el Vallés, con su ratio de dos piscinas por habitante, creería que somos una subespecie de la nutria), prohibir el césped y tantas otras medidas racionales cuya gestión y vigilancia conciernen a las administraciones? O dejémonos de hostias: ¿Qué tal cánones salvajes a las empresas?

Desde luego, despierta un sentimiento híbrido entre la indignación y el asco saber que hay proyectados ocho nuevos campos de golf en Catalunya. O que Agbar mantiene unas infraestructuras tan obsoletas que, en algunos puntos de su red, pierden casi hasta el 40% del agua que transportan. Supongo que, dentro de sus previsiones de acumulación, aún no ha llegado el momento de reemplazar estos tramos amortizados hace ya más de cincuenta años.

Si añadimos que esta empresa, cuyo crecimiento y expansión en el mundo se basa en el modelo de la francesa Suez (apropiación de recursos naturales en países del tercer mundo y posterior venta a sus infelices habitantes de lo que hasta ayer tenían gratis) es uno de los más feroces conglomerados de capital que se mueven por ahí arriba, la "nueva cultura del agua" se evidencia aún más tramposa.

...Agbar, sí, son esos mismos sinvergüenzas que, mientras te meten el sablazo por el consumo de unas gotitas, te recuerdan ¡en la misma factura! que no te pases ni un pelo con SU agua. Como si en la nota de un restaurante te regañasen por haber comido tanto. Todo esto en una impecable jerga ciudadanistomarquetiniana, por supuesto: oh tú, ciudadano, hombrecito proceloso y cliente responsable, sabemos que vales mucho de verdad, y por eso contamos contigo para que nos ayudes a salvar la trucha de la ribagorça, que muere un poquito cada vez que tú tiras de la cadena.

Así que apunten este eslogan: la culpa de la sequía es de la ciudadanía.