ZP, el milagro contra la cal
Telediario en telecinco, por el c_ te la ahí_.
Los píxeles se reordenan maliciosamente y, como si alguien hubiese conjurado a Belcebú, aparece en pantalla el congreso del PSOE. A nadie le interesa semejante concilíabulo de reformistas pero el caso es que, fiel a su lobby, la cadena emplea el acto para abrir las noticias.
Los dueños de lo posible en plena juerga autoaduladora.
¡ZP ZP ZP!, estruendo, fervor, enormes luces rojas con enormes carteles y, sobre ellos, serigrafiada la rosa y el puño; en el público, laca, mechas, gomina, americanas grises, camisas sin corbata; todos de pie aplaudiendo a rabiar. La disposición circular de la tarima, con escalones interpuestos en forma aparentemente aleatoria ofrece un excelso efecto de grandeza, de espectacularidad.
Diseño, modernidad y progreso.
Lo escribiría en latín si supiese.
Como el presentador de un teleconcurso, alzando los brazos y mirando a su público, aparece ZP corriendo con el semblante sorprendido, el mismo que tiene cuando duerme, con las cejas elevadas reclamando una respuesta, chuleando sin querer. El aplauso se torna insoportable y se me hace necesario bajar el volumen del aparato. Todos aman al vencedor. Hace poco más de un año casi ni lo eligen pero ahora le aman porque ha ganado. Qué ideología tan elaborada.
En este espectáculo de aplausos, de manos heridas por los golpes intermitentes y regulares de la conveniencia sin condiciones, trasluce toda su ideología: GANAR. Individualismo primigenio, mentalidad de cachorro sietemesino: hay que agarrar una teta. Si ganamos, luego llegará el poder y con él el dinero, todos conocemos el camino.
El locutor expresa en forma de noticia seria un ejercicio democrático un tanto oscuro: todos han escogido al secretario general porque ha ganado unas elecciones generales, luego él les ha escogido a ellos para la ejecutiva y después ellos, instaurados como ejecutiva, lo han escogido a él como jefe. Yo te escojo a ti y tú a mí. En turnos rigurosos. Un chollo pactado tras una ceremonia. Una democracia democratiquísima. Un ejemplo para el pueblo.
¡¡¡ZP ZP ZP ZP!!!, banderitas, dedos en la boca que producen silbidos como de concierto de rock, qué entusiasmo, qué consenso tan grande, qué fiesta tan bonita…
Así que ahí están, repitiendo dos letras que representan un producto de marketing: su teta, su candidato, su presidente. ¡¡¡ZP ZP ZP!!! Él sube a la tarima y hace un esfuerzo retórico congratulándose con una extraña frase, tonta y sin contenido: “que bien que haya sido útil una oposición útil”. Sin dejarle terminar, el público brama de nuevo cuando la luz se enciende. Su hombre dice tonterías pero qué más da, HA GANADO.
Antes de que el noticiero pase al fútbol, un último plano muestra a algunos miembros del PSOE cantando la internacional. Se escucha algo sobre los parias de la tierra mientras -lo puedo ver en sus ojos- todos piensan en recalificaciones urbanísticas, infraestructuras y empresas de consultoría.
Los píxeles se reordenan maliciosamente y, como si alguien hubiese conjurado a Belcebú, aparece en pantalla el congreso del PSOE. A nadie le interesa semejante concilíabulo de reformistas pero el caso es que, fiel a su lobby, la cadena emplea el acto para abrir las noticias.
Los dueños de lo posible en plena juerga autoaduladora.
¡ZP ZP ZP!, estruendo, fervor, enormes luces rojas con enormes carteles y, sobre ellos, serigrafiada la rosa y el puño; en el público, laca, mechas, gomina, americanas grises, camisas sin corbata; todos de pie aplaudiendo a rabiar. La disposición circular de la tarima, con escalones interpuestos en forma aparentemente aleatoria ofrece un excelso efecto de grandeza, de espectacularidad.
Diseño, modernidad y progreso.
Lo escribiría en latín si supiese.
Como el presentador de un teleconcurso, alzando los brazos y mirando a su público, aparece ZP corriendo con el semblante sorprendido, el mismo que tiene cuando duerme, con las cejas elevadas reclamando una respuesta, chuleando sin querer. El aplauso se torna insoportable y se me hace necesario bajar el volumen del aparato. Todos aman al vencedor. Hace poco más de un año casi ni lo eligen pero ahora le aman porque ha ganado. Qué ideología tan elaborada.
En este espectáculo de aplausos, de manos heridas por los golpes intermitentes y regulares de la conveniencia sin condiciones, trasluce toda su ideología: GANAR. Individualismo primigenio, mentalidad de cachorro sietemesino: hay que agarrar una teta. Si ganamos, luego llegará el poder y con él el dinero, todos conocemos el camino.
El locutor expresa en forma de noticia seria un ejercicio democrático un tanto oscuro: todos han escogido al secretario general porque ha ganado unas elecciones generales, luego él les ha escogido a ellos para la ejecutiva y después ellos, instaurados como ejecutiva, lo han escogido a él como jefe. Yo te escojo a ti y tú a mí. En turnos rigurosos. Un chollo pactado tras una ceremonia. Una democracia democratiquísima. Un ejemplo para el pueblo.
¡¡¡ZP ZP ZP ZP!!!, banderitas, dedos en la boca que producen silbidos como de concierto de rock, qué entusiasmo, qué consenso tan grande, qué fiesta tan bonita…
Así que ahí están, repitiendo dos letras que representan un producto de marketing: su teta, su candidato, su presidente. ¡¡¡ZP ZP ZP!!! Él sube a la tarima y hace un esfuerzo retórico congratulándose con una extraña frase, tonta y sin contenido: “que bien que haya sido útil una oposición útil”. Sin dejarle terminar, el público brama de nuevo cuando la luz se enciende. Su hombre dice tonterías pero qué más da, HA GANADO.
Antes de que el noticiero pase al fútbol, un último plano muestra a algunos miembros del PSOE cantando la internacional. Se escucha algo sobre los parias de la tierra mientras -lo puedo ver en sus ojos- todos piensan en recalificaciones urbanísticas, infraestructuras y empresas de consultoría.
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