Un vivero de ciudadanos
Vitoria-Gasteiz.
De pronto, una mano alienígena con un cerebro humano coloca un puñado de edificios sobre unos huertos. En los solares sin edificar se desenrrollan alfombras de césped y se ponen carriles adoquinados para los ciclistas.
Los árboles, enclenques, no sirven a los pájaros ni tampoco dan sombra. Son simples cachorros de árbol.
Todo tiene una imagen de novedad inhóspita...
Como colofón, la mano instala una comisaría y un centro comercial. Listo, ya tenemos barrio.
Se supone que los seres humanos jóvenes tenemos que estar felices de vivir en un barrio alienígena como este, con equipamientos, sostenible.
Pero a mí me da la impresión de vivir en una maqueta (de hecho, camino como un monigote de lego y ya no puedo doblar las rodillas) que ha ocupado violentamente un páramo sobre el que debería haber robles, alguna acacia, liebres... pero en ningún caso un barrio, y mucho menos este vivero de jóvenes ciudadanos consumidores que aprovechan el sábado para limpiar el coche.
Vuelta al desarrollismo de los setenta: muerte al campo, viva el progreso.
Sostenible, eso sí.
De pronto, una mano alienígena con un cerebro humano coloca un puñado de edificios sobre unos huertos. En los solares sin edificar se desenrrollan alfombras de césped y se ponen carriles adoquinados para los ciclistas.
Los árboles, enclenques, no sirven a los pájaros ni tampoco dan sombra. Son simples cachorros de árbol.
Todo tiene una imagen de novedad inhóspita...
Como colofón, la mano instala una comisaría y un centro comercial. Listo, ya tenemos barrio.
Se supone que los seres humanos jóvenes tenemos que estar felices de vivir en un barrio alienígena como este, con equipamientos, sostenible.
Pero a mí me da la impresión de vivir en una maqueta (de hecho, camino como un monigote de lego y ya no puedo doblar las rodillas) que ha ocupado violentamente un páramo sobre el que debería haber robles, alguna acacia, liebres... pero en ningún caso un barrio, y mucho menos este vivero de jóvenes ciudadanos consumidores que aprovechan el sábado para limpiar el coche.
Vuelta al desarrollismo de los setenta: muerte al campo, viva el progreso.
Sostenible, eso sí.
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