Ernesto Carbonilla
Cuando era pequeño, Ernesto Carbonilla parecía estadounidense, no por su aspecto (los gatos estadounidenses o gatos americanos son con diferencia los gatos domésticos más gordos y grandes, como sus dueños) sino por una costumbre instintiva de atacar todo lo que no conocía. Siempre que fuese más pequeño que él, claro. Ahora ya está más relajado y prefiere un escenario de guerrilla, violencia dosificada y aplicada únicamente contra el poder.
En su caso el poder soy yo. Estoy lleno de arañazos.
Es listo: ataca cada vez en un sitio diferente “x cccccccccccccccccccccccccccc” (esto lo ha escrito él en un paseo distendo sobre el teclado, las comillas son mías) y salta desde lugares absurdos, imprevisibles.
Ernesto es un buen gato, a él dedico este breve post.
¿Quieres escribir algo más, Ernesto?
Ni me ha mirado.
Pues cuelgo esto sin más.
En su caso el poder soy yo. Estoy lleno de arañazos.
Es listo: ataca cada vez en un sitio diferente “x cccccccccccccccccccccccccccc” (esto lo ha escrito él en un paseo distendo sobre el teclado, las comillas son mías) y salta desde lugares absurdos, imprevisibles.
Ernesto es un buen gato, a él dedico este breve post.
¿Quieres escribir algo más, Ernesto?
Ni me ha mirado.
Pues cuelgo esto sin más.
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