Adiós lunes deprimente...
Hoy voy a lanzar al aire una sarta de pensamientos que durante este fin de semana han abordado mi enorme melón:
a. ¿No creen que estamos siendo demasiado complacientes con los habitantes de la sociedad del bienestar, con las masas, con las mayorías? No resulta ni medio lógico que salgan a la calle a celebrar los triunfos del fútbol, que celebren a la Leticia Preñada, que voten sí-a-no-se-sabe-qué (pongamos “Europa”), que llenen un pabellón en el que el Partido con Sabor a Naranja presenta su nueva melodía (ya no será Titin titín titititintin sino niano-niano-chiu-chiu, que va mucho más a tono con el progreso social), que compren el enésimo volumen de la saga El Cruzado Merovingio del Códice Napoleónico del Catón Constantiniano…
Pues eso, ¿no haría falta –y esta es una apelación general- provocar un poquito más, ser más críticos, dejarnos de anécdotas fútiles y lugares comunes de la cultura burguesa?. Y, por favor, no intenten venderme aquello tan santurrón de “la tolerancia”, que me suena a jesuita permitiendo que los indios “tengan sus propias tierras”, me suena a tocomocho, me suena al cristiano “…porque no saben lo que hacen”, me suena muy poco a respeto y mucho a desidia contemplativa.
b. Sobre izquierdas que hacen el trabajo de las derechas, ahí tienen el resultado: el triunfo de los fachas (disculpen: democristianos) en Westfalia. Y lo que está por llegar. Los argumentos empleados por las “izquierdas” (sólo entrecomillada puede emplearse la palabra en este caso) para recortar derechos sociales -las apelaciones a la situación de la economía, al progreso futuro, etc-, está visto que sólo convencen a los periodistas y a los liberales; al pueblo le recuerdan a un padre que pega al hijo “por tu propio bien”, "para que te endereces" o “porque para que te peguen otros mejor ya te pego yo”.
Sucede en todos las regímenes democráticos (tal vez por eso nos dejan votar): si los electores votan a A y después resulta que A les jode exactamente igual que B, más adelante los electores votarán directamente a B, que les joderá tanto como A pero por lo menos joderá de frente, sin subterfugios, viéndole venir.
c. Hay demasiado experto-en-euskadi.
Para empezar, los expertos no son tales, la palabra les queda grande: son sólo señores, como usted y como yo, que reciclan teorías ajenas y emplean jerga para decir lo que quieren decir. Por ejemplo, para proclamar contra cualquier sentido común que no se puede resolver un problema dialogando, ellos los expresan así: “el espíritu del foro de Ermua reclama una lealtad por parte del estado y de los movimientos sociales que luchan por la paz”.
Para continuar: resulta bastante cómico que la mayor parte de ellos sean contertulios en programas radiofónicos en Madrid, colaboradores de medios nacionalistas españoles y en general, defensores de los modelos "plurinacionales", "seminales", "federales", o "bifocales"… “siempre que España se quede como está“. Esta coletilla es en realidad el eje de su análisis. Sea lo que sea, y frente al previsible desconcierto que cualquier cambio invoca, que nadie intente seccionarles la realidad sobre la que están acostumbrados a pontificar: “España y sus conflictos periféricos”.
Para concluir: ¿a qué demonios se dedicarán cuando se resuelva “el conflicto vasco”? ¿qué enemigo nuevo encontrarán? ¿a quién le achacarán entonces los males de España? ¿de qué vivirán?
d. Comprendo que haya algunos cubanos que rechacen que sólo pueda existir el Partido Comunista en la isla, aunque en defensa de éste cabe decir que posee una jerarquía y un modo de acceso mucho más democrático y transparente que cualquier partido de un régimen democrático occidental. Comprendo también que haya a quién le cueste soportar cuarenta años al mismo jefe de estado. Yo no soporto a ninguno ni cinco minutos.
Sin embargo, tengo algunas preguntas referentes a la famosa disidencia, ese engendro tan elogiado por los intelectuales patrios y que cuenta con tantos minutos en los medios: ¿Con qué bemoles aseguran representar a la Sociedad Civil? ¿Quién les ha elegido? ¿Con qué dinero organizan sus encuentros? ¿Una Sociedad Civil pagada por la NED? ¿Son tan gilipollas que -aún después del ejemplo ruso- pretenden mejorar su vida a punta de “democracia” y libre mercado? ¿Creen que en un “régimen estalinista” hubieran podido celebrar su reunión? ¿Cómo pretenden conservar sus sistemas educativo y sanitario cuando entren a saco los capitales estadounidenses y europeos? ¿Alguien de entre los disidentes se plantea estas preguntas? Parece evidente que, aunque pueda existir algún esbozo de buena intención en alguno de los participantes, son sólo un puñado de mercenarios (o bien todo lo contrario: ingenuos) instrumentalizados por ya sabemos quién.
a. ¿No creen que estamos siendo demasiado complacientes con los habitantes de la sociedad del bienestar, con las masas, con las mayorías? No resulta ni medio lógico que salgan a la calle a celebrar los triunfos del fútbol, que celebren a la Leticia Preñada, que voten sí-a-no-se-sabe-qué (pongamos “Europa”), que llenen un pabellón en el que el Partido con Sabor a Naranja presenta su nueva melodía (ya no será Titin titín titititintin sino niano-niano-chiu-chiu, que va mucho más a tono con el progreso social), que compren el enésimo volumen de la saga El Cruzado Merovingio del Códice Napoleónico del Catón Constantiniano…
Pues eso, ¿no haría falta –y esta es una apelación general- provocar un poquito más, ser más críticos, dejarnos de anécdotas fútiles y lugares comunes de la cultura burguesa?. Y, por favor, no intenten venderme aquello tan santurrón de “la tolerancia”, que me suena a jesuita permitiendo que los indios “tengan sus propias tierras”, me suena a tocomocho, me suena al cristiano “…porque no saben lo que hacen”, me suena muy poco a respeto y mucho a desidia contemplativa.
b. Sobre izquierdas que hacen el trabajo de las derechas, ahí tienen el resultado: el triunfo de los fachas (disculpen: democristianos) en Westfalia. Y lo que está por llegar. Los argumentos empleados por las “izquierdas” (sólo entrecomillada puede emplearse la palabra en este caso) para recortar derechos sociales -las apelaciones a la situación de la economía, al progreso futuro, etc-, está visto que sólo convencen a los periodistas y a los liberales; al pueblo le recuerdan a un padre que pega al hijo “por tu propio bien”, "para que te endereces" o “porque para que te peguen otros mejor ya te pego yo”.
Sucede en todos las regímenes democráticos (tal vez por eso nos dejan votar): si los electores votan a A y después resulta que A les jode exactamente igual que B, más adelante los electores votarán directamente a B, que les joderá tanto como A pero por lo menos joderá de frente, sin subterfugios, viéndole venir.
c. Hay demasiado experto-en-euskadi.
Para empezar, los expertos no son tales, la palabra les queda grande: son sólo señores, como usted y como yo, que reciclan teorías ajenas y emplean jerga para decir lo que quieren decir. Por ejemplo, para proclamar contra cualquier sentido común que no se puede resolver un problema dialogando, ellos los expresan así: “el espíritu del foro de Ermua reclama una lealtad por parte del estado y de los movimientos sociales que luchan por la paz”.
Para continuar: resulta bastante cómico que la mayor parte de ellos sean contertulios en programas radiofónicos en Madrid, colaboradores de medios nacionalistas españoles y en general, defensores de los modelos "plurinacionales", "seminales", "federales", o "bifocales"… “siempre que España se quede como está“. Esta coletilla es en realidad el eje de su análisis. Sea lo que sea, y frente al previsible desconcierto que cualquier cambio invoca, que nadie intente seccionarles la realidad sobre la que están acostumbrados a pontificar: “España y sus conflictos periféricos”.
Para concluir: ¿a qué demonios se dedicarán cuando se resuelva “el conflicto vasco”? ¿qué enemigo nuevo encontrarán? ¿a quién le achacarán entonces los males de España? ¿de qué vivirán?
d. Comprendo que haya algunos cubanos que rechacen que sólo pueda existir el Partido Comunista en la isla, aunque en defensa de éste cabe decir que posee una jerarquía y un modo de acceso mucho más democrático y transparente que cualquier partido de un régimen democrático occidental. Comprendo también que haya a quién le cueste soportar cuarenta años al mismo jefe de estado. Yo no soporto a ninguno ni cinco minutos.
Sin embargo, tengo algunas preguntas referentes a la famosa disidencia, ese engendro tan elogiado por los intelectuales patrios y que cuenta con tantos minutos en los medios: ¿Con qué bemoles aseguran representar a la Sociedad Civil? ¿Quién les ha elegido? ¿Con qué dinero organizan sus encuentros? ¿Una Sociedad Civil pagada por la NED? ¿Son tan gilipollas que -aún después del ejemplo ruso- pretenden mejorar su vida a punta de “democracia” y libre mercado? ¿Creen que en un “régimen estalinista” hubieran podido celebrar su reunión? ¿Cómo pretenden conservar sus sistemas educativo y sanitario cuando entren a saco los capitales estadounidenses y europeos? ¿Alguien de entre los disidentes se plantea estas preguntas? Parece evidente que, aunque pueda existir algún esbozo de buena intención en alguno de los participantes, son sólo un puñado de mercenarios (o bien todo lo contrario: ingenuos) instrumentalizados por ya sabemos quién.
2 Comments:
contra las mayorías!
cambien odio (el nuestro) por desprecio (el suyo)!
E
La disolución de una banda terrorista mediante el diálogo no encaja muy bien en la actúal dinámica internacional de invasiones "porque yo lo valgo". Vamos, que el contraste entre la "guerra contra el terror" a base de aviones, tanques, marines y munición y el "buen rollo del talante" puede ser de aupa. Y no me pongo conspiranoico de momento...
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