Abajo con los Intelektuales
Bien hartito. Así me tienen, como siempre: de indignación en indignación.
Últimamente, se me escama la piel de la nuca cuando leo acerca de intelektuales: ¿qué demonios se creen? Comencemos la descarga, por si alguno de ellos tuviese a bien desviarse de los medios oficiales y venirse a este blog inmundo. Lean estos títulos inventados, habituales en páginas de alguna izquierda:
“El papel de los intelectuales en el siglo XXI”
“La decadencia de los intelectuales y su rol político intrínseco”
Ya… intelectuales… sólo leerlo dan ganas de salir corriendo… ¿No les sucede también a ustedes?
Las personas humildes, modestas, de por aquí abajo, saben un poquito, lo ignoran casi todo y aún así son capaces de escribir novelas, ensayos, poesías y de enseñar a otras personas a hacerlo, y además son capaces de ello sin que su orgullo los transforme en una suerte de ser superior o “intelectual”.
¿¡Para qué esta categoría de persona-que-sabe-MÁS o intelectual!?
¿Seguimos necesitando druidas, sabios, líderes espirituales?
¡¿Líderes?!
Denme unos minutos para reír.
Las opiniones, distribuidas de este modo, del intelectual hacia el mundo, son ideas lanzadas de arriba a abajo, desde la cúspide de una especie de jerarquía de saberes. Y ahuyentan a cualquier lector cuerdo y sensato.
Bajen dos peldaños, señores intelectuales, y ya verán qué efecto: cómo abren las orejas para escucharles, cómo agarran diez sillas y se sientan en corro a escucharles... Pero bajen rápido, por favor, que la multitud empieza a huir enfervorizada hacia las ideas más cómodas y reconfortantes: sus nacionalismos, sus tribalismos, sus reterritorializaciones diversas… Todo mientras ustedes andan opinando por ahí arriba sobre multitudes inteligentes, buscando categorías para catalogar lo que ya se sabe.
Y encima, todos estos articulitos con tonillo de autoayuda: “el verdadero intelectual no opina sino que influye”, “el intelectual serio no informa sin un debido rigor”… etc, etc… o mejor: …zzz, zzz…
¡Venga hombre¡ ¡Son ustedes infumables!
Pero aún tienen remedio: bajen, no teman, ya verán que no se está tan mal aquí abajo.
Como casta, están empezando aresultar demasiado ridículos, a perder todo el respeto que pudieran haberse ganado. ¿A qué esperan? ¡Aún hay tiempo! El Apocalipsis está remolón y todavía no quiere llegar.
Últimamente, se me escama la piel de la nuca cuando leo acerca de intelektuales: ¿qué demonios se creen? Comencemos la descarga, por si alguno de ellos tuviese a bien desviarse de los medios oficiales y venirse a este blog inmundo. Lean estos títulos inventados, habituales en páginas de alguna izquierda:
“El papel de los intelectuales en el siglo XXI”
“La decadencia de los intelectuales y su rol político intrínseco”
Ya… intelectuales… sólo leerlo dan ganas de salir corriendo… ¿No les sucede también a ustedes?
Las personas humildes, modestas, de por aquí abajo, saben un poquito, lo ignoran casi todo y aún así son capaces de escribir novelas, ensayos, poesías y de enseñar a otras personas a hacerlo, y además son capaces de ello sin que su orgullo los transforme en una suerte de ser superior o “intelectual”.
¿¡Para qué esta categoría de persona-que-sabe-MÁS o intelectual!?
¿Seguimos necesitando druidas, sabios, líderes espirituales?
¡¿Líderes?!
Denme unos minutos para reír.
Las opiniones, distribuidas de este modo, del intelectual hacia el mundo, son ideas lanzadas de arriba a abajo, desde la cúspide de una especie de jerarquía de saberes. Y ahuyentan a cualquier lector cuerdo y sensato.
Bajen dos peldaños, señores intelectuales, y ya verán qué efecto: cómo abren las orejas para escucharles, cómo agarran diez sillas y se sientan en corro a escucharles... Pero bajen rápido, por favor, que la multitud empieza a huir enfervorizada hacia las ideas más cómodas y reconfortantes: sus nacionalismos, sus tribalismos, sus reterritorializaciones diversas… Todo mientras ustedes andan opinando por ahí arriba sobre multitudes inteligentes, buscando categorías para catalogar lo que ya se sabe.
Y encima, todos estos articulitos con tonillo de autoayuda: “el verdadero intelectual no opina sino que influye”, “el intelectual serio no informa sin un debido rigor”… etc, etc… o mejor: …zzz, zzz…
¡Venga hombre¡ ¡Son ustedes infumables!
Pero aún tienen remedio: bajen, no teman, ya verán que no se está tan mal aquí abajo.
Como casta, están empezando aresultar demasiado ridículos, a perder todo el respeto que pudieran haberse ganado. ¿A qué esperan? ¡Aún hay tiempo! El Apocalipsis está remolón y todavía no quiere llegar.
2 Comments:
todas esas personas que se consideran unas estrellas, bien se les llame intelectuales, sabiondos, pedantes o egocéntricos; me dan más pena que asco.
Penso que era Joe Strummer que deia que lo únic que ens havien portat els intelectuals eren els missils inteligents i que el que haurien de fer es anar-se'n tots a una illa i "portar roba de llana" (wear wooly clothes) (?!?!)
Un comentari extrany per que el mediteu. ens veiem divendres al Barbara Ann.
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