Villaazul contra los Platillos Volantes
Amaneció soleado en Villaazul, antaño pueblo, hoy barrio periférico.
Las copas de los árboles comenzaban a poblarse.
Era una primavera tardía, seca, remolona.
Los perros rateros, compañía de centenares de pensionistas, tomaban la calle a la búsqueda del mejor árbol. El más meado. El árbol de todos los olores.
Los niños saltaban en el parque.
Las madres de los niños intentaban que éstos no saltasen tanto y a la vez, defendían con energía sus convicciones democráticas en el habitual foro de Madres Con Mechas.
Una decía:
-Pues yo creo que hay demasiados...
Y otra respondía:
-Pues sí, y atacan a nuestros niños...
El despiste generado por el foro era aprovechado de inmediato por los niños descontrolados, que saltaban cada vez más alto y mas lejos.
Sus primera metas: MÁS alto, MÁS lejos.
El foro seguía con opiniones cada vez más exaltadas, hasta que una madre, la madre líder, la que más gritaba, proclamó erguida con una brutal determinación:
-Pues esta tarde es la manifestación contra el asesinato del joven ese.
-Iremos, iremos- Acompañó su amiga.
Continuó el día como continúan los días en Villaazul, barrio periférico; los perros siguieron miccionando por doquier, los árboles siguieron poblándose de hojas y bolitas de alergia y las cosas siguieron siguiendo, así en general, a la espera de un Apocalipsis más bien lejano.
Por la tarde tuvo lugar La Manifestación Contra el Asesinato y la Inmigración Descontrolada.
Fueron cinco mil.
Todos en contra. ¿De qué? Pues nadie hubiese podido explicarlo. En contra en general, en contra aproximadamente, en contra más o menos. ¡Para qué nos vamos a complicar la vida! ¿En contra de qué? Pues de que venga gente mala, de que maten a la gente buena, de que la gente mala de otros países venga a este país a hacer maldades ANTE LA PASIVIDAD DE LAS AUTORIDADES.
La pasividad de las autoridades era lo que más indignaba a la gente de Villaazul.
¡Como se puede ser tan pasivo! Protestaban entre ellos. ¡Cuánta pasividad! Se indignaban.
Pero el lema común de la manifestación era:
“¡Yo no soy racista pero es que ya está bien!”
Y había otros lemas, más o menos internacionalistas:
“¡Por una convivencia común de individuos ciudadanos! y ¡El Pueblo de Madrid contra el Asesinato!”
Y también había quién, por entre los edificios, buscaba una guarida:
“¡Queremos más seguridad: más individuos uniformados con pistolas a la salida de los colegios!”
Y algunos más escuetos:
“¡Justicia!”, y también “¡Sangre!”, que veía a significar lo mismo.
Y folclóricos:
“La Sociedad Deportiva de Petanca Club Recreativo Villaazul se solidifica con todos los familiares de España.” y “Casa del Jubilado Cajamadrid en total desacuerdo con la política migratoria, económica y de seguridad del Gobierno Socialista”.
Y cosas así.
Gente en contra en general.
Cinco mil manifestantes.
Ahí es nada.
Moraleja:
¡Vengan luego teóricos a teorizar sobre multitudes inteligentes!
Las copas de los árboles comenzaban a poblarse.
Era una primavera tardía, seca, remolona.
Los perros rateros, compañía de centenares de pensionistas, tomaban la calle a la búsqueda del mejor árbol. El más meado. El árbol de todos los olores.
Los niños saltaban en el parque.
Las madres de los niños intentaban que éstos no saltasen tanto y a la vez, defendían con energía sus convicciones democráticas en el habitual foro de Madres Con Mechas.
Una decía:
-Pues yo creo que hay demasiados...
Y otra respondía:
-Pues sí, y atacan a nuestros niños...
El despiste generado por el foro era aprovechado de inmediato por los niños descontrolados, que saltaban cada vez más alto y mas lejos.
Sus primera metas: MÁS alto, MÁS lejos.
El foro seguía con opiniones cada vez más exaltadas, hasta que una madre, la madre líder, la que más gritaba, proclamó erguida con una brutal determinación:
-Pues esta tarde es la manifestación contra el asesinato del joven ese.
-Iremos, iremos- Acompañó su amiga.
Continuó el día como continúan los días en Villaazul, barrio periférico; los perros siguieron miccionando por doquier, los árboles siguieron poblándose de hojas y bolitas de alergia y las cosas siguieron siguiendo, así en general, a la espera de un Apocalipsis más bien lejano.
Por la tarde tuvo lugar La Manifestación Contra el Asesinato y la Inmigración Descontrolada.
Fueron cinco mil.
Todos en contra. ¿De qué? Pues nadie hubiese podido explicarlo. En contra en general, en contra aproximadamente, en contra más o menos. ¡Para qué nos vamos a complicar la vida! ¿En contra de qué? Pues de que venga gente mala, de que maten a la gente buena, de que la gente mala de otros países venga a este país a hacer maldades ANTE LA PASIVIDAD DE LAS AUTORIDADES.
La pasividad de las autoridades era lo que más indignaba a la gente de Villaazul.
¡Como se puede ser tan pasivo! Protestaban entre ellos. ¡Cuánta pasividad! Se indignaban.
Pero el lema común de la manifestación era:
“¡Yo no soy racista pero es que ya está bien!”
Y había otros lemas, más o menos internacionalistas:
“¡Por una convivencia común de individuos ciudadanos! y ¡El Pueblo de Madrid contra el Asesinato!”
Y también había quién, por entre los edificios, buscaba una guarida:
“¡Queremos más seguridad: más individuos uniformados con pistolas a la salida de los colegios!”
Y algunos más escuetos:
“¡Justicia!”, y también “¡Sangre!”, que veía a significar lo mismo.
Y folclóricos:
“La Sociedad Deportiva de Petanca Club Recreativo Villaazul se solidifica con todos los familiares de España.” y “Casa del Jubilado Cajamadrid en total desacuerdo con la política migratoria, económica y de seguridad del Gobierno Socialista”.
Y cosas así.
Gente en contra en general.
Cinco mil manifestantes.
Ahí es nada.
Moraleja:
¡Vengan luego teóricos a teorizar sobre multitudes inteligentes!
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