Sergio L.D.
El sábado pasado hubo unas Jornadas Contra La Tortura en la Plaça de la Revolució, frente al Bar Canigó, sede oficial de La Escuela Moderna y, ocasionalmente, de La Patata de la Libertad. Asistí como oyente, y debo confesar que el caso que más me interesó –no por su especial gravedad, pues me es imposible discriminar entre inmoralidades semejantes, sino por su cercanía, por su “podía haber sido yo”- fue el de Sergio L.D., que da título a este post en lo que es, esta vez sí, un cálido homenaje, un reconocimiento a este muchacho que se sienta en una plaza frente a cien personas y brama contra los métodos policiales. Sergio L.D. expuso su caso, expuso su cara y expuso algo que debe ser denunciado todas las veces que haga falta: QUE AQUÍ SE TORTURA; aquí, sí, en el Estado Español, tal y como reconoce AI y como ha declarado ya en sentencias firmes el Tribunal de Estrasburgo.
Recordarán ustedes que en el 2002, bajo el Régimen Neofranquista de José María Aznar, criminal de guerra impune y caudillo de España por la gracia de Dios, y coincidiendo con una cumbre en Barcelona de Los Señores del Gran Poder (G8), se realizaron más de cien detenciones como consecuencia de unos disturbios que la misma policía secreta emprendió para poder reprimir bajo una pretendida causa justa. La señora García Valdecasas, delegada del gobierno en Barcelona -y, como casi todos los cargos del PP, hija de nobles dirigentes franquistas-, cuya policía fue declarada culpable de fabricar pruebas falsas contra manifestantes en otra de sus Grandes Intervenciones de Ahora y de Siempre, organizó para aquel día de alborotos un eficaz aparato de invención de escenario violento y posterior represión ad hoc.
Sergio L. D. fue, de entre todos, el más afectado por esta obra de teatro. Una vez detenido de forma aleatoria de entre la multitud, le pisaron la cabeza, le cerraron la puerta de la lechera en la pierna, emplearon su cabeza como ariete contra la furgona, se plantaron de pie sobre sus tobillos, le golpearon con una fusta retráctil la planta de los pies y lo golpearon en la planta de los pies con una fusta retráctil. Cuando los mareos, las convulsiones y la taquicardia convencieron a los cerdos de que no era conveniente seguir por ahí (por aquel tipo penal que se denomina homicidio involuntario), lo echaron al médico del centro de detención y posteriormente al calabozo.
Después de todo esto, los policías torturadores fabricaron partes médicos falsos y se culpabilizó a Sergio L.D. por (¡aparentemente!) todos los destrozos que tuvieron lugar en la manifestación. Por lo visto, Sergio L.D. bajo su apariencia de persona normal y corriente esconde una personalidad parecida a la del Juggernaut: nada puede detenerle. Según la denuncia que contra él se presentó, durante la manifestación Sergio destrozó 11 locales de bancos y cajas de ahorros y una sede de CCOO. Once locales once. Además de todo eso, empleó su Escudo de Poder para echar abajo un muro del Paseo Colón. También lanzó cohetes contra la policía y hasta un adoquín que derribó a un policía antidisturbios. No contento con ello, después propinó una brutal paliza (más de cuarenta golpes, explica la denuncia) a los policías secretas que fueron a detenerle y que después le torturaron. ¿Qué les parece? Y suerte que le detuvieron justo antes de que le diese tiempo a sacar su pistola de rayos hoboloscópicos, porque se sospecha que pretendía derribar la estatua de Colón con ellos.
Bien… después de todas estas patrañas, después de mi satirización (les juro que no sé de qué otra forma exponerlo), la situación es la siguiente: Sergio L.D. se encuentra en espera de juicio y contra él se presentan como parte actora siete de las once entidades cuyos locales Sergio presuntamente arrasó (entre los cuales constan los cerdos de CCOO), junto con los cuatro policías identificados por él como torturadores. Le pueden caer hasta seis años de cárcel.
Después de escuchar a Sergio el sábado pasado y creerle, debo reconocer su tesón y su entereza, y no me queda más que colocar aquí el número de cuenta al cual podéis hacer un pequeño donativo para ayudarle a mantener su defensa jurídica contra esta orquesta de falsos protectores del pueblo, estos burócratas de la violencia:
0075 1 39 0110600033607 (Banco Popular, a nombre de Marta)
Y repito: uno, que aquí se tortura; dos, que suelen ser funcionarios del Estado quienes lo hacen; y, tres, que es inaceptable.
Más información zascando aquí
Recordarán ustedes que en el 2002, bajo el Régimen Neofranquista de José María Aznar, criminal de guerra impune y caudillo de España por la gracia de Dios, y coincidiendo con una cumbre en Barcelona de Los Señores del Gran Poder (G8), se realizaron más de cien detenciones como consecuencia de unos disturbios que la misma policía secreta emprendió para poder reprimir bajo una pretendida causa justa. La señora García Valdecasas, delegada del gobierno en Barcelona -y, como casi todos los cargos del PP, hija de nobles dirigentes franquistas-, cuya policía fue declarada culpable de fabricar pruebas falsas contra manifestantes en otra de sus Grandes Intervenciones de Ahora y de Siempre, organizó para aquel día de alborotos un eficaz aparato de invención de escenario violento y posterior represión ad hoc.
Sergio L. D. fue, de entre todos, el más afectado por esta obra de teatro. Una vez detenido de forma aleatoria de entre la multitud, le pisaron la cabeza, le cerraron la puerta de la lechera en la pierna, emplearon su cabeza como ariete contra la furgona, se plantaron de pie sobre sus tobillos, le golpearon con una fusta retráctil la planta de los pies y lo golpearon en la planta de los pies con una fusta retráctil. Cuando los mareos, las convulsiones y la taquicardia convencieron a los cerdos de que no era conveniente seguir por ahí (por aquel tipo penal que se denomina homicidio involuntario), lo echaron al médico del centro de detención y posteriormente al calabozo.
Después de todo esto, los policías torturadores fabricaron partes médicos falsos y se culpabilizó a Sergio L.D. por (¡aparentemente!) todos los destrozos que tuvieron lugar en la manifestación. Por lo visto, Sergio L.D. bajo su apariencia de persona normal y corriente esconde una personalidad parecida a la del Juggernaut: nada puede detenerle. Según la denuncia que contra él se presentó, durante la manifestación Sergio destrozó 11 locales de bancos y cajas de ahorros y una sede de CCOO. Once locales once. Además de todo eso, empleó su Escudo de Poder para echar abajo un muro del Paseo Colón. También lanzó cohetes contra la policía y hasta un adoquín que derribó a un policía antidisturbios. No contento con ello, después propinó una brutal paliza (más de cuarenta golpes, explica la denuncia) a los policías secretas que fueron a detenerle y que después le torturaron. ¿Qué les parece? Y suerte que le detuvieron justo antes de que le diese tiempo a sacar su pistola de rayos hoboloscópicos, porque se sospecha que pretendía derribar la estatua de Colón con ellos.
Bien… después de todas estas patrañas, después de mi satirización (les juro que no sé de qué otra forma exponerlo), la situación es la siguiente: Sergio L.D. se encuentra en espera de juicio y contra él se presentan como parte actora siete de las once entidades cuyos locales Sergio presuntamente arrasó (entre los cuales constan los cerdos de CCOO), junto con los cuatro policías identificados por él como torturadores. Le pueden caer hasta seis años de cárcel.
Después de escuchar a Sergio el sábado pasado y creerle, debo reconocer su tesón y su entereza, y no me queda más que colocar aquí el número de cuenta al cual podéis hacer un pequeño donativo para ayudarle a mantener su defensa jurídica contra esta orquesta de falsos protectores del pueblo, estos burócratas de la violencia:
0075 1 39 0110600033607 (Banco Popular, a nombre de Marta)
Y repito: uno, que aquí se tortura; dos, que suelen ser funcionarios del Estado quienes lo hacen; y, tres, que es inaceptable.
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2 Comments:
Lamento comunicar que el link no funciona, creo que por problemas técnicos temporales en la web que aloja la campaña.
Produce nauseas, como la "ceguera" de la sociedad, que considera la tortura como un mal menor contra elementos "subversivos" y luego hipócritamente finje no conocer su existencia. Al fin y al cabo son todo autolesiones, consignas, como con unai Romano ¿no?
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