la patata de la libertad

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5.5.06

El único y la totalidad

La semana que viene, Agustín García Calvo dará una conferencia en Barcelona para ilustrar a su modo la figura de Stirner, que murió hace ya ciento cincuenta años. La conferencia se titula “El Único y la Totalidad”. Ahí es nada. Tendrá lugar en el Ateneu Popular de Noubarris (C/Portlligat sn, Metro L4 Vía Júlia o Trinitat Nova), el 12 de mayo, a las 19:00.

La cosa es interesante por dos motivos: primero, porque don Agustín es un “peaso” de filósofo, un poeta y un estupendo orador, que habla casi como escribe. Da gusto escucharle, oigan. Y también, motivo nº2, porque la rama de anarquismo individualista que inició Max Stirner fue uno de los esquejes libertarios que dio mejores frutos, tanto ideológicos y literarios (la obra de Emile Armand es exquisita) como prácticos. El libro –de cabecera, ¡imprescindible!- la Lucha por Barcelona, de Chris Ealham dictamina que había unos doscientos practicantes de esta ideología (sí, ideas en práctica) en Barcelona allá por los años veinte. Y que eran los peores (es decir: los mejores). Unos temibles bandoleros que no pagaban nunca nada y que, en lugar de mostrar la cartilla, retiraban los ahorros pistola en mano. Eran, además, solidarios y vivían sólo con lo que necesitaban. Qué más se le puede pedir a un hombre.

Más adelante, en todos los procesos de unificación marxista y pogroms de purga ideológica, se ha agitado a Stirner como promotor del egoísmo e impulsor de los delirios autodestructivos nitzcheanos. Nada de eso. Stirner dijo lo que dijo y murió. No es responsable de lo que hicieran sus autoproclamados sucesores. Además, de Stirner se menta siempre la influencia venenosa. (PI Taibo II le desprecia con mala saña en uno de los relatos de “Doña Eustolia blandió el cuchillo cebollero”). Pero miren, también hay ejemplos de abducidos que no se cerraron en banda, sin ir más lejos, Federico Urales (en realidad, el Sr. Montseny, padre de la popular Federica), que reconoció siempre el gran peso de Stirner y, aun así, se contó entre los miembros fundadores de la AIT.

Aprovecho que ha salido el nombre de Don Agustín para realizar un personal ajuste de cuentas contra la incomprensión general que detecto entorno a algunos filósofos considerados ignominiosamente como “posmodernos” . Y ojo, no le estoy declarando posmoderno, sé que eso desataría su feroz ira. Sólo que, según parece, alguien le colgó el sambenito.

Coincido con Zerzan en que el posmodernismo constituyó una catástrofe por las premisas que de él se publicitaron. Y porque la categorización se salió de madre. Sucedió lo que le sucede a casi todo lo que se hace “movimiento”, y, en consecuencia, tendencia académica: el encasillamiento –contra el que muchos de ellos protestaron- determinó un desprecio generalizado. Es un método definitivo: si deseas que un método serio sea arrinconado, etiquétalo y fija su temporalidad, hazlo actual, entonces devendrá efímero y será primero cuestionado y después abandonado como un juguete roto. Básicamente, la pregunta que surgió de una lectura en diagonal de Los Posmodernos fue (y es la cuestión que, de forma indirecta, repite Zerzan con insistencia y dando demasiados rodeos): “si no podemos percibir una realidad ¿cómo diantre podremos actuar?”. Planteado así, con las miras tan estrechas, está claro que el posmodernismo constituía un claro enemigo de la transformación social y un sólido fundamento para la indolencia y la pasividad generalizada. Por ello, una visión simplificada de sus teorías fue promovida con avidez por antiguos izquierdistas y gente con un especial poder mediático (escritores de moda, gurús políticos, articulistas…). O, simplemente, por cínicos deseosos de contar con una justificación moral.

Sin embargo, no era la centralidad de esta cuestión todo lo que podía extraerse de muchos pensadores “posmodernos”. La mayoría de ellos tan solo aspiraba a superar la dialéctica hegeliana y, a la vez, ¡hop!, mantenerse a la izquierda. Y sin pértiga. Algunos, creo yo, lo consiguieron. Ampliaron el campo de batalla: de la política a su origen, el pensamiento. A otros, por supuesto, se les fue la mano, como al gilipollas de Baudrillard, cuando declaró en una fantasiosa versión chapucera del peor Debord que La Guerra del Golfo “no había tenido lugar”. En este caso, como es lógico, la reacción de abajo fue preguntar con la mosca detrás de la oreja: ¿debemos considerar entonces a todos esos iraquíes muertos unos farsantes? Ay, algunos de sus movimientos fueron bastante torpes, pero en general cabe considerarlo un gran ensayo. El pensamiento viajó un poco más allá del materialismo. Hubo ideas. Buenas ideas.

Como siempre, a muchos les desconcertó el lenguaje (hablaron de un malévolo descenso a la lingüística, como si esta fuera un pozo de mugre), pero el fondo era bien cierto: cuando se negaba la realidad, se negaba sólo Esta realidad. No la posibilidad de una existencia. No se negaban las cosas, el aire y el sol. El ataque se centró en el conocimiento que de todo esto tenemos. La razón de Don Agustín concluyó de forma magistral que existían dos realidades, y que había ciertas contradicciones que no podían explicarse (¡resuelvan ustedes que uno pueda ser uno y a la vez parte de muchos!). La tesis principal de “Contra la realidad” -la obra filosófica de más renombre de García Calvo- es lingüística e ideal, se centra en el mismo rudimento del conocimiento porque, para desentrañar la realidad, no puede sino procederse al ataque y demolición de lo constituyente, de todo lo aprendido.

Así, mediante la diferenciación de la Realidad DE la que se habla y la Realidad EN la que se habla, AGC separó el conocimiento de su propio objeto, y declaró el primero una simple aproximación, una tentativa válida provisionalmente. Una explicación “más o menos”. Esto, que resulta tan chocante y hasta ofensivo para la mayor parte de científicos e individuos de enfoques materialistas, es radicalmente empírico: todas las teorías, cuando se detallan, cuando se profundizan, cuando se cuestionan, se demuestran falsas en favor de la última y mejor aproximación.

Primero nos explicaron que el fundamento de la materia era el átomo, luego que no, que por debajo hay quarks, y mañana, probablemente, con un mayor conocimiento y detalle, sabremos que los quarks tienen un componente más pequeño todavía llamado josé luís, en honor del investigador con el microscopio más molón. Y que chorrocientos trillones de joseluises constituyen un quark. Habrá en consecuencia quien creerá a pies juntillas que el joseluís es el fundamento definitivo de la materia. Ay ay ay. ¡No! ¡Hay que revindicar la provisionalidad –y actuar sobre lo provisional- porque lo definitivo es el final de la búsqueda y la conformidad con la mentira! Esto, como el método deconstructivo derridiano, hace hervir la sangre a los cientificistas y materialistas. Qué mal me sabe, aunque el hecho de que les joda tanto no suprime un ápice de su certeza. Que todo se sabe de forma aproximativa y provisional. Esa es una verdad como la copa de un pino. Un pino que existe, que es real, aunque yo nunca pueda llegar a conocerlo del todo.

Hechas estas salvedades, propongo una relectura de los posmodernos en clave positiva, y disculpen la cursilada. Puede sacarse mucho jugo. Y además, el materialismo actual, en cuanto abre la boca, se encuentra con un auditorio dormido. Tiene el vicio de caer en la reproducción de esquemas aplicables a realidades pasadas (que no superadas, eso se lo concedo). Y es que, haciendo circunloquios para no caer en una negación contrarrevolucionaria (“posmoderna”), el materialismo ha cometido errores tan graves como defender el trabajo o promover abstracciones tan traicioneras como el progreso y el desarrollo, auténticas mentiras podridas, sucias y viles. Zanahorias colgadas bien arriba. En esto, en denunciar estas falsedades constitutivas de la Economía y su régimen lingüístico (el puto márquetin) -semiokapital, si hay algún negrista-, es precisamente en donde ha puesto su mayor empeño crítico el Sr. García Calvo, y es por ello que merece todo mi respeto y admiración.

Así que acudiremos a escucharle.

Y al primero que le llame posmoderno le enviaremos todos nuestros animalitos.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

El martes de la misma semana, 9 de mayo, Agustín García Calvo hablará en la Escuela de Caminos de Madrid (C/ Profesor Aranguren s/n, Ciudad Universitaria) a las 19:00 horas. Allí estaremos también.

1:35 p. m.  

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