Malestar primaveral
La primavera llega de verdad cuando mayo se acerca.
Marzo y casi todo abril son un mero pasatiempo.
Hoy había tanto polen ahí afuera que casi muero, no tanto por mis crecientes alergias (que junto con mis indignaciones morales conforman un sujeto que ontológicamente podríamos denominar hombre-rechazo) sino atragantado por las miasmas del Plátano, una serie infinita de semillas encapsuladas en aerodeslizadores que se me han abalanzado sobre la glotis con una violencia inusitada.
Y ahora veremos si saco las fuerzas necesarias para comentar los avatares del hombre-rechazo en Ciudad Escaparate.
Para empezar, permítanme contarles que casi todo me parece MAL. Excepto eso de que hayan vuelto los mirlos y las cotorras, como ya les comenté.
Este es un recurso con el que pretendo suavizar lo que ahora sigue, pues todo es cuesta abajo cuando se impugna la totalidad antes siquiera de empezar a narrar.
Comencemos por Sant Jordi. Epítome de la saturación social, compendio absoluto de gregarismo consumista bajo una excusa tradicional y cultural. Porque no hay otra cosa que le guste más al ciudadano de hoy que salir a comprar enormes mamotretos de letra muerta escritos por algún millonario. El Fortín Digital, Riesgo Calculado o, en la sección de ensayos profundos para el ciudadano emprendedor, Tu Inteligencia Sentimental.
Y, como se pueden imaginar, nada puede ser más apocalíptico ni menos indicado para el hombre-rechazo que la combinación de dominguerismo, ansiedad chandalista y fiesta tradicional de obligatoria celebración.
Cuando uno camina por las aceras de la ciudad junto a uno de esos templos del consumo que dan a un pueblo el estatus de ciudad (¡¿Que Plasencia es Pequeña?! ¡Pero si tiene dos cortes ingleses!), puede olisquear lo que hace el Dinero con el noble arte de la escritura. Se lo come, lo digiere y lo regurgita. Tomad, ciudadanitos, cultura. Y así, al paso por delante de Francesc Macià, escuché anteayer a un speaker que parecía sortear perros pilotos, microcadenas norstar y chorizos de cantimpalo. Pero no: se trataba de libros.
Y firmaba Quim Monzó junto a un buen puñado de escritores feriantes.
Ya no hay cultura más allá del mundo circular y autorreferencial de la promoción editorial. Por lo que vi, lo más vendido era la autobiografía de un exdirectivo del Barça, una tontería metafísica de Pérez-Reverte (que, como siempre, está muy afectado por su inteligencia y la imbecilidad de todos los demás), una adaptación de A Sangre Fría trasladada a una población pirenaica y la enésima compilación de los discursos que NO escribe Buenafuente.
Aparte, observé que las rosas ya no vienen de regalo adjunto a la adquisición del libro. Hay que pagarlas aparte.
Ahora olvidemos al asesino de dragones y hablemos de otro tema de interés social.
En mi trabajo andan todos consternados. Como si se les hubiese imputado un delito. El pasado domingo debía haberse celebrado un partido de fúngol pero sucede que, a resultas del cambio climático, los monzones están dejando caer unas terribles lluvias en Sevilla. Y el caso es, y esto es algo horrible (ruego que las personas sensibles abandonen aquí la lectura), que hasta yo he escuchado varias veces esta mañana por Las Noticias de La Radio en voz de un directivo del futbol club: “¡las líneas no se veían! ¡el campo estaba literalmente abnegado de agua!”.
Escalofriante. “Literalmente abnegado”.
Y aún resulta más terrorífico cuando uno cae en que la liga del fúngol profesional ha juntado tantos partidos en tan poco tiempo para ganar tanto Dinero, y que las ligas europeas e intercontinentales han tomado los días que han quedado libres de tal manera (para ganar aún más Dinero), que a duras penas sí van a poder conseguir un hueco para jugar el partido que se suspendió ayer.
Era tanta la pena y el abatimiento de mis compañeros de trabajo que en mi inocente bondad he intentado consolarles -antes de que me insultasen a causa de mi desconocimiento radical acerca de la fenomenología del deporte Rey- y he presenciado después una conversación con aires de derrota total:
-¿Y ahora que haremos?
-Francamente, Julián… no lo sé, no lo sé. Está muy jodida la cosa. Si nos clasificamos para la final, con toda probabilidad, el partido no podrá jugarse…
Y ambos dos, mientras me terminaba en silencio mi desayuno, se han quedado con la mirada perdida en un horizonte que yo no atino a ver.
Qué ignorante soy y qué tonto.
Pero no es sólo que el capitalismo vaya a arrasar con todo en un plazo moderadamente corto -cuando ya no quede más campo por edificar, cuando no haya más agua que absorber en regadíos que producen fruta cara e insípida para beneficio de cuatro intermediarios y cuando la gente deje ya de comprar por temor a que lo que compren mañana pueda quedar obsoleto pasadomañana-, es que parece ser que hasta los analistas famosos están comenzando a temerse lo peor: no sólo moriremos todos sino que ya casi no quedan entradas para el mundial. Según el Profeta Rambaldi, ese es el primer síntoma de la decadencia final del mundo como lo conocemos: “cuando ya no queden entradas para el mundial y el ángel negro recorra las alpujarras…”.
Va a suceder, amigos. Pronto.
Finalmente, he de confesar que hallo muy ilusionado por estos dos grandes capítulos históricos que ocupan la actualidad; y, como la persona fundamentalmente democrática que soy, tengo depositadas muchas esperanzas de que al final se logre el Progreso (dentro de un Orden –jaja, es un chiste filosófico-), la Paz Mundial, el Pleno Empleo y el Crecimiento Sostenible.
Me estoy refiriendo, ya lo saben, a la aprobación del Estatut y la tregua de ETA.
Lo primero porque, aunque no vaya a servir de nada como cualquier otra ley fundamental en manos de altas instancias, me hace ilusión que se repita en una carta de buenas intenciones eso de que tenemos derechos, tralará, y que los ciudadanos debemos acceder al trabajo digno y a la vivienda social, tralará, y todo ello en catalán, tralarí. Y lo de la tregua de ETA pues también es bastante bueno –constitucionalmente hablando, claro- porque despeja el camino a toda una nueva serie de villanos que pueden renovar el ya cansino y aburrido papel de ogro que representaban los batasunos, que francamente, por muy bien que lo hayan hecho hasta ahora, comenzaban a mostrar síntomas de cansancio y una escasa creatividad criminal.
En el curro hemos iniciado ya unas mesas redondas de análisis en profundidad en las que empezamos a especular con la identidad el próximo Enemigo de la Democracia. Todavía no lo tenemos claro. Sabemos que ha de ser violento como el Estado, irracional como cualquier gobierno y escasamente representativo como los partidos políticos y como ETA.
Las hipótesis más valientes se han aventurado a una guerra transatlántica con Marruecos –por lo que tendríamos espías marroquís entre nosotros y una guerra fría en pleno eje mediterráneo-, por una resurrección del bandolerismo sudamericano en forma de secuestro-exprés y, la tesis más colorista, una resurrección de los movimientos antisistema.
Esta última, francamente, es la hipótesis que nos hace más ilusión. Eso sí, desde la Constitución, con el Espíritu de la Transición, de la mano del Estatut y desde la conciencia democrática de la Persona Ciudadana. No se vaya a creer nadie que preferimos como método de protesta que ardan las entidades bancarias antes que las manifestaciones los domingos por la tarde cuando los ríos humanos de personas-que-protestan no interrumpen en absoluto el proceso de acumulación del capital. Nada de eso. No, no somos terroristas ni nada que pueda asimilársele. Además: hemos ido a la universidad y hasta hemos practicado deporte alguna vez.
Una vez hicimos huelga, sí, pero porque éramos jóvenes y lo queríamos todo.
Marzo y casi todo abril son un mero pasatiempo.
Hoy había tanto polen ahí afuera que casi muero, no tanto por mis crecientes alergias (que junto con mis indignaciones morales conforman un sujeto que ontológicamente podríamos denominar hombre-rechazo) sino atragantado por las miasmas del Plátano, una serie infinita de semillas encapsuladas en aerodeslizadores que se me han abalanzado sobre la glotis con una violencia inusitada.
Y ahora veremos si saco las fuerzas necesarias para comentar los avatares del hombre-rechazo en Ciudad Escaparate.
Para empezar, permítanme contarles que casi todo me parece MAL. Excepto eso de que hayan vuelto los mirlos y las cotorras, como ya les comenté.
Este es un recurso con el que pretendo suavizar lo que ahora sigue, pues todo es cuesta abajo cuando se impugna la totalidad antes siquiera de empezar a narrar.
Comencemos por Sant Jordi. Epítome de la saturación social, compendio absoluto de gregarismo consumista bajo una excusa tradicional y cultural. Porque no hay otra cosa que le guste más al ciudadano de hoy que salir a comprar enormes mamotretos de letra muerta escritos por algún millonario. El Fortín Digital, Riesgo Calculado o, en la sección de ensayos profundos para el ciudadano emprendedor, Tu Inteligencia Sentimental.
Y, como se pueden imaginar, nada puede ser más apocalíptico ni menos indicado para el hombre-rechazo que la combinación de dominguerismo, ansiedad chandalista y fiesta tradicional de obligatoria celebración.
Cuando uno camina por las aceras de la ciudad junto a uno de esos templos del consumo que dan a un pueblo el estatus de ciudad (¡¿Que Plasencia es Pequeña?! ¡Pero si tiene dos cortes ingleses!), puede olisquear lo que hace el Dinero con el noble arte de la escritura. Se lo come, lo digiere y lo regurgita. Tomad, ciudadanitos, cultura. Y así, al paso por delante de Francesc Macià, escuché anteayer a un speaker que parecía sortear perros pilotos, microcadenas norstar y chorizos de cantimpalo. Pero no: se trataba de libros.
Y firmaba Quim Monzó junto a un buen puñado de escritores feriantes.
Ya no hay cultura más allá del mundo circular y autorreferencial de la promoción editorial. Por lo que vi, lo más vendido era la autobiografía de un exdirectivo del Barça, una tontería metafísica de Pérez-Reverte (que, como siempre, está muy afectado por su inteligencia y la imbecilidad de todos los demás), una adaptación de A Sangre Fría trasladada a una población pirenaica y la enésima compilación de los discursos que NO escribe Buenafuente.
Aparte, observé que las rosas ya no vienen de regalo adjunto a la adquisición del libro. Hay que pagarlas aparte.
Ahora olvidemos al asesino de dragones y hablemos de otro tema de interés social.
En mi trabajo andan todos consternados. Como si se les hubiese imputado un delito. El pasado domingo debía haberse celebrado un partido de fúngol pero sucede que, a resultas del cambio climático, los monzones están dejando caer unas terribles lluvias en Sevilla. Y el caso es, y esto es algo horrible (ruego que las personas sensibles abandonen aquí la lectura), que hasta yo he escuchado varias veces esta mañana por Las Noticias de La Radio en voz de un directivo del futbol club: “¡las líneas no se veían! ¡el campo estaba literalmente abnegado de agua!”.
Escalofriante. “Literalmente abnegado”.
Y aún resulta más terrorífico cuando uno cae en que la liga del fúngol profesional ha juntado tantos partidos en tan poco tiempo para ganar tanto Dinero, y que las ligas europeas e intercontinentales han tomado los días que han quedado libres de tal manera (para ganar aún más Dinero), que a duras penas sí van a poder conseguir un hueco para jugar el partido que se suspendió ayer.
Era tanta la pena y el abatimiento de mis compañeros de trabajo que en mi inocente bondad he intentado consolarles -antes de que me insultasen a causa de mi desconocimiento radical acerca de la fenomenología del deporte Rey- y he presenciado después una conversación con aires de derrota total:
-¿Y ahora que haremos?
-Francamente, Julián… no lo sé, no lo sé. Está muy jodida la cosa. Si nos clasificamos para la final, con toda probabilidad, el partido no podrá jugarse…
Y ambos dos, mientras me terminaba en silencio mi desayuno, se han quedado con la mirada perdida en un horizonte que yo no atino a ver.
Qué ignorante soy y qué tonto.
Pero no es sólo que el capitalismo vaya a arrasar con todo en un plazo moderadamente corto -cuando ya no quede más campo por edificar, cuando no haya más agua que absorber en regadíos que producen fruta cara e insípida para beneficio de cuatro intermediarios y cuando la gente deje ya de comprar por temor a que lo que compren mañana pueda quedar obsoleto pasadomañana-, es que parece ser que hasta los analistas famosos están comenzando a temerse lo peor: no sólo moriremos todos sino que ya casi no quedan entradas para el mundial. Según el Profeta Rambaldi, ese es el primer síntoma de la decadencia final del mundo como lo conocemos: “cuando ya no queden entradas para el mundial y el ángel negro recorra las alpujarras…”.
Va a suceder, amigos. Pronto.
Finalmente, he de confesar que hallo muy ilusionado por estos dos grandes capítulos históricos que ocupan la actualidad; y, como la persona fundamentalmente democrática que soy, tengo depositadas muchas esperanzas de que al final se logre el Progreso (dentro de un Orden –jaja, es un chiste filosófico-), la Paz Mundial, el Pleno Empleo y el Crecimiento Sostenible.
Me estoy refiriendo, ya lo saben, a la aprobación del Estatut y la tregua de ETA.
Lo primero porque, aunque no vaya a servir de nada como cualquier otra ley fundamental en manos de altas instancias, me hace ilusión que se repita en una carta de buenas intenciones eso de que tenemos derechos, tralará, y que los ciudadanos debemos acceder al trabajo digno y a la vivienda social, tralará, y todo ello en catalán, tralarí. Y lo de la tregua de ETA pues también es bastante bueno –constitucionalmente hablando, claro- porque despeja el camino a toda una nueva serie de villanos que pueden renovar el ya cansino y aburrido papel de ogro que representaban los batasunos, que francamente, por muy bien que lo hayan hecho hasta ahora, comenzaban a mostrar síntomas de cansancio y una escasa creatividad criminal.
En el curro hemos iniciado ya unas mesas redondas de análisis en profundidad en las que empezamos a especular con la identidad el próximo Enemigo de la Democracia. Todavía no lo tenemos claro. Sabemos que ha de ser violento como el Estado, irracional como cualquier gobierno y escasamente representativo como los partidos políticos y como ETA.
Las hipótesis más valientes se han aventurado a una guerra transatlántica con Marruecos –por lo que tendríamos espías marroquís entre nosotros y una guerra fría en pleno eje mediterráneo-, por una resurrección del bandolerismo sudamericano en forma de secuestro-exprés y, la tesis más colorista, una resurrección de los movimientos antisistema.
Esta última, francamente, es la hipótesis que nos hace más ilusión. Eso sí, desde la Constitución, con el Espíritu de la Transición, de la mano del Estatut y desde la conciencia democrática de la Persona Ciudadana. No se vaya a creer nadie que preferimos como método de protesta que ardan las entidades bancarias antes que las manifestaciones los domingos por la tarde cuando los ríos humanos de personas-que-protestan no interrumpen en absoluto el proceso de acumulación del capital. Nada de eso. No, no somos terroristas ni nada que pueda asimilársele. Además: hemos ido a la universidad y hasta hemos practicado deporte alguna vez.
Una vez hicimos huelga, sí, pero porque éramos jóvenes y lo queríamos todo.
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