Tres Notas...
Sobre la enésima algarada francesa, sobre la obsolescencia planificada y sobre la tercera república1. Antes que nada, felicidades a todos los franceses, y en especial, un caluroso agradecimiento a aquellos que han puesto la calle a arder para frenar la flexibilización y precarización de los ya de por sí lamentables Puestos de Trabajo. Bravo por ellos. Han colocado de nuevo en el tablero nuestras fichas, los problemas de clase: esa etapa teóricamente superada en los conflictos posfordistas. ¡Y un huevo! Ahora, como sabroso contrapunto a la victoria, escucharemos entre risas los lamentos de todos aquellos que querían que se lograsen peores condiciones laborales para que mejorase la competitividad y, en consecuencia, La Economía ¿La Economía de quién, queridos míos, de los que trabajan PEOR, de los que cobran MENOS? Y a partir de este episodio, un poco de autocrítica: a ver si vamos aprendiendo lecciones de antagonismo práctico, que la península está que da pena. ¡Y pensar que hace unos pocos años en Europa escribían crónicas sobre la España Salvaje! ¿Qué habrá sido de ella?
2. ¿Existe algo en el mundo de los negocios –ya de por sí asqueroso- más malvado que la producción con criterios de obsolescencia planificada? Me pregunto (es retórica: sé la respuesta) cómo habrá logrado imponerse esta directriz en toda la mecánica, electrónica y microelectrónica de forma paralela al impulso de departamentos de calidad y metodologías de revisión en todos los ámbitos. Está claro que, para que cuadre la “calidad”, basta con fijar estándares bajísimos. Todo cumple, entonces, como es el caso. Pero a lo que iba: ¿no les entra a ustedes una suerte de orgullo, un tilín interior, cuando consiguen hacer que un cacharro de extinción planeada para una década atrás, siga funcionando de forma útil y eficaz como el primer día? ¿No les parece uno de los rasgos más pérfidos de nuestra época el constante cambio de formatos digitales, de procesadores, de gadgets personales, cuya vigencia se reduce cada vez a periodos más cortos? A mí todo esto me aterra. Que las motos duren una tercera parte que las que se producían en los 60 y 70, que un móvil no pueda llevar a cabo un periodo vital superior a un par de años, que los automóviles de los años ’80 se vean como una rémora del pasado, como cacharros inservibles… Es un espanto. La duración es ya una razón desechada. Cualquier forma de miseria es aceptable si puede alejar la evidencia de la atroz situación de superproducción en la que nos hallamos.
3. De nuevo, y disculpen republicanos acérrimos mi falta de tacto en lo que ahora pueda seguir, vuelvo a leer por doquier homenajes a la bendita segunda república, que al parecer fue un tiempo de reconstrucción proletaria y de emancipación del pueblo. Discrepo. Creo que la segunda república ha sido enaltecida, entre otros motivos, por pura oposición al régimen que vino después. También creo que la crítica a la monarquía no tiene porqué llevar implícita una exaltación de los valores republicanos. No existe tal dualidad: no todo lo que no sea monarquía ha de ser república. A un servidor -pelín ácrata, lo lamento-, una república le parece otro corsé en el que emparedar a las distintas formas de gentes que se dan aquí abajo. La cosa estriba en las políticas económicas, laborales y medioambientales que vayan a imponerse desde la organización de gobierno que se implante, independientemente del régimen representativo que arriba se nos quiera imponer. Echando un vistazo a las otras repúblicas que hay por ahí afuera, puede observarse fácilmente como la mayoría de ellas, insertas en el mundo en el que vivimos, funcionan como regímenes democráticos “representativos” (de ellos mismos) devotos del Santo Patrón del Beneficio y de su Dios Dinero. Son gobiernos devastadores. Muy parecidos al nuestro. Y mi mayor indiferencia hacia una eventual nueva república española parte de mi imaginación: ahora que ya he conseguido vislumbrar una España sin Juan Carlos y con la dignidad de los perdedores reestablecida (necesario, muy necesario), tan sólo logro ver en ello otro periodo de transición catártica para después poder seguir absortos en una destrucción planificada análoga a esta que hoy llevamos a cabo, haciendo referencia continua al sagrado milagro de la “segunda transición” para cubrirnos las espaldas. No digo que no haya esperanza, tan solo quiero dejar constancia de que la mía no es republicana. Está un buen trecho más abajo. Asambleas, decrecimiento, moratoria tecnológica…
3 Comments:
Muy agudo el punto tercero mi querido patato. Para acabar de denostarla tan sólo hay que leerse la constitución propuesta entonces que tiene algunos artículos que ya los quisiera el españolismo más rancio.
Es muy cierto todo lo que dices en el punto 2, y en algunos casos -como el del vídeo doméstico- no puedes hacer otra cosa que digerir la impotencia como mejor puedas.
No obstante, hay otros entornos en los que la tecnología parece no poder ejercer su devastador dominio. Me dirás que es trivial y minoritario, pero en el mundo de los dj's y el "turntabilism", el vinilo sigue siendo el soporte más utilizado, casi con exclusividad.
Es cuanto menos curioso, ¿verdad?
Verdad. Verdad absoluta.
El CD ha sido, de todos los que han cometido, uno de los peores errores de la industria electrónica y discográfica. Se escucha con más frialdad, no cabe un buen diseño si no hay digipack y cartón de por medio, los textos deben leerse con lupa... Aparte, no hay ningún ritual mecánico más placentero que desenfundar un vinilo y escuchar el plompf de la aguja al posarse sobre el surco.
Por otro lado, el vinilo no puede grabarse en casa, requiere planchas... ese hubiese podido ser el flotador de la industria discográfica.
Pero en fin: que se jodan, caen víctimas de su propia codicia.
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