la patata de la libertad

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16.10.07

Un misterio antropológico

Llevo cuatro años haciendo el mismo trayecto por la misma gran avenida de Barcelona. Cambié de Puesto de Trabajo hace unos dos años, con tanta “suerte” que no cambié de destino.
Así pues, el mismo autobús, a la misma hora, todos los días. Desde el 2003. Una condena.
Y he observado una misma conducta tantas veces que me atrevo a establecer un patrón de comportamiento sin estudio sociológico previo. Me refiero a una creciente incapacidad global para caminar, un acontecimiento antropológico para el que no encuentro demasiadas explicaciones aceptables y que logren convencerme de su racionalidad.
No entiendo que alguien con las piernas en perfecto estado, joven y en plenitud de facultades físicas, sea capaz de esperar primero que venga un autobús (en ocasiones hasta veinte minutos), entrar luego como la última anchoa que se calza en la lata y al fin bajarse al cabo de doscientos metros. Desde luego, no me parece aceptable (aunque para aquellos que estáis buscando siempre vestigios de fascismo en todas mis argumentaciones, os diré que desde mi Ministerio de Asuntos Antropológicos Raros aún no tengo planificada ninguna medida estalinista al respecto).
Y como este misterioso sedentarismo popular lleva un tiempecillo picándome en el cortex inferior trasero, recientemente he decidido exponerlo ante mis congéneres para ver si entre todos esclarecemos algo. Así que he comentado el tema aquí y allí, y he recibido algunas explicaciones, la mayor parte de ellas Opiniones Personales poco aventuradas (de esas que se exponen con matices tales como “pienso yo ¿eh?” o “no sé no sé, me parece a mí, aunque quién sabe” o “pero a ver: esto te lo digo con la boca pequeña”), con toda la inseguridad filosófica que esto transmite. Detallemos a continuación el argumentario recopilado:

- Se dice que los hay que vienen de muy lejos (o van muy lejos), y que tienen que tomar hasta tres transportes para llegar a su Puesto de Trabajo, por lo que empalman cuantos más vehículos mejor. No me convence. Sigo pensando que es más llevadero y más efectivo caminar doscientos metros que esperar quince minutos para emular a un encurtido a lo largo de dos penosos semáforos, mientras caminadores expertos y ciclistas valientes adelantan al autobús a unas velocidades que, desde la quietud del transporte público, llegan a parecernos extremas.

- Se dice que la mayoría de los que practican esta modalidad extrema de vaguing o encurtimiento voluntario son sudamericanos, y que en la sudamérica urbana las personitas no están acostumbradas a caminar, pues viven en un entorno urbano sin aceras, a lo gringo, presos de una automovilidad generalizada. Tampoco me convence. Por lo que he observado, los sudamericanos son sólo la mitad de los gandules (así como son la mitad del pasaje del autobús que me transporta en horario matutino) mientras que la otra mitad está conformada por trabajadores y trabajadoras jóvenes perfectamente patrios y hasta catalanes “de seny i rauxa”, que yo les he escuchado cagarse en “l’ós perder” e incluso en “la mare que em va parir”.

- Se dice que se trata del efecto de la "gratuidad" del billete integrado (que en realidad no existe más que como concepto de marketing municipal). Esto es, que como a partir del primer viaje y dentro de la misma hora, el segundo te sale "gratis", pues se viaja para amortizar el billete, así no convenga. Sería un poco la misma gilipollez que hace que doscientas mil personas vayan un domingo a los museos en el Día del Museo Gratis pudiendo ir cualquier otro día por siete euritos para disfrutar “en la intimidad” de las obras expuestas; un poco la misma majadería gregaria que se pordujo cuando a una famosa cervecera barcelonesa le dio por regalar cañitas en plena vía pública, generando colapsos antológicos y multitudes de miles que parecían no poder permitirse el eurito y medio que te cuesta el vasito de birra en cualquier bar-cafetería de esos que hay a cientos. Esta actitud hormiguil que encuentra su raíz en una vida perpetuamente inflacionista y una sensación inconsciente de precariedad es remotamente racional pero no del todo explicativa.

- Se dice, finalmente, que el sedentarismo es como un virus. Que una vez inoculado actua de forma invisible y supereficaz. Y los partícipes de esta idea la exponen mediante lo que ya he bautizado como falacia de la degradación, que se empieza por trasladar el cuerpo mediante empujones desde el Puesto de Trabajo, aprovechando las ruedecillas de la silla, y se termina como esos señores obesos que deben ser transportados al hospital por los bomberos. Ya saben: que el lunes te fumas un porro y el viernes por la tarde ya te estás chutando heroína. En parte, puede entenderse que para quien no está acostumbrado a caminar, doscientos metros asemejen media maratón. Pero tampoco esto termina de convencerme.

Tal vez deba hacer caso al abuelo Kurt, que tuvo siempre como faro espiritual al bueno de Ockham, y conformarme con la explicación más sencilla. Lo malo es que esta explicación sería, agárrense todos, que la ciudad esta repleta de gandules, unos condenados vagos del demonio. Seres que se dejan los cuernos en el trabajo pero que son incapaces de desplazarse empleando sus extremidades inferiores, reservadas para lucir un calzado cada vez más grande (en proporción inversa a su uso). Y esto no lo digo yo, que como ven le he dados unas vueltas al tema, sino que es lo que queda después de desechar los principales juicios sociológicos por su escandalosa arbitrariedad argumentativa. En fin, ya sólo me queda recurrir a ustedes. Tal vez tengan algo ahí guardadito que pueda dar cuenta del desastre. Para su orientación, les diré que el título de la ponencia que deseo recibir es “Porqué ya no se camina sino en el Centro Comercial”. Y es que vale la pena dejar caer (hasta que ustedes lleguen con argumentos mejores) que podría ser que, con tanto plan estratégico, tanto turismo, tanto automóvil y tanta mandanga, los pobladores de esta ciudad hubiesen perdido el apetito de caminarla. O si no, cómo se explica que los haya que hagan kilómetros sólo dentro de la oficina o en una tienda de ocio al por mayor. Lo dicho: les emplazo a iluminarme.

11 Comments:

Blogger Elena Duque said...

Yo votaría por "pereza" o por "abono de transportes". Uno a horas muy tempranas es como una especie de bebe caprichoso, al que le puede llegar a molestar hasta tener que caminar doscientos metros.
Por otro lado, ¿el mismo trayecto desde 2003? ¿el mismo trabajo desde hace dos años? Yo aún no he desarrollado esa capacidad de aguante, aunque claro, tampoco soy madre de familia ni nada de eso.

11:17 a. m.  
Blogger Juan Pablo Yakubiuk said...

Puede ser que allí fuera ya no haya, aparentemente, nada interesante que ver. O peor, algo "amenazante".

Lo del sudor lo descarto, porque lo mismo a más se suda en el trolebus.

11:53 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Cuando voy al gimnasio, uno de esos en plan Centro Comercial de la licra y la carne, veo pasar algo parecido, pero bastante más imbécil.
A la hora punta ves como dan vueltas como locos por el aparcamiento para aparcar lo más cerca posible de la puerta para andar lo mínimo, aunque dentro se suponga que vas a hacer ejercicio físico y hasta sudar en casos extremos.

1:34 p. m.  
Blogger GoN said...

En mi opinion os falta confianza en el buen hacer y la buena intencion de las personas.

Lo que hcen es luchar por frenar el cambio climatico a su manera.

Y me explico, si el autobus en su trajecto digamos que emite X unidades de Co2, entre el numero de personas que lo utilizan digamos Y, sale que el gasto de Co2 por persona y trayecto son X/Y, lo cual es muy aceptable. empero si en lugar de Y presonas fueran la mitad de ellas (Y/2), el gasto del servicio urbano de combustible ascenderia al doble !!

Asi que ya saben todos estos gandules como les llaman son realmente los grandes luchadores que frenaran el cambio climatico, a nivel estadistico claro.

2:31 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Pues yo apostaria por una suma de vaguismo y gregarismo a partes mas o menos iguales.

Por cierto, no comentas nada sobre lo que mas me molesta de los transportes pubicos, que es la tremenda cara de ASCO que calza la mayoria de anchoas a esas horas. Es la resignacion escenificada.

Esta mañana he cogido la Renfe ( no acostumbro a hacerlo) para ir a un pueblo del extrarradio y han anunciado que venia con 20 minutos de "demora". Yo me he cagado en todo lo cagable ( en l'os pedrer y en su puta raza) y veo como la gente permanece impasible, absolutamente ninguna reacción, ni un " otra vez " o un " ya estamos" ni nada por el estilo, nada, absolutamente nada. Pa flipar.

Al final conseguiran ablandarnos totalmente la mollera a todos y conseguiran que ignoremos lo que quieren que ignoremos. Y eso que el andén estaba plagadito de universitarios, que en teoria usan la cabeza... En fin.

Estoooo, me puede repetir la pregunta?

Erbobo.

11:36 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Rectifico:

Creo que al vaguismo y gregarismo, hay que sumar un poco bastante de la resignacion que comentaba.

El "que me lleven", pa que voy a estar pendiente de semaforos, gente, mover las piernas, mirar a un lado, a otro ... etc.

El considerar el transporte urbano como parte de la condena diaria, subir al bus/tren/metro verlo lleno y decir: joder, que palo! Felicidades! ya estas en el pre-trabajo!

Erbobo.

11:46 p. m.  
Blogger Ermengardo II said...

Es todo miedo a estar solo con nuestros propios pensamientos. Mientras se camina, se piensa con mas facilidad, pero preferimos estar camuflados y "protegidos" entre unas docenas de infelices como nosotros, esperando el autobus. Hay un miedo patológico a viajar al interior de nosotros mismos, y más de buena mañana.

9:35 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

apreciados comentaristas, un servidor es uno de los citados 'vagos'. Me sabe mal pero debo corregirles, puesto q recorro 200 o los metros q hagan falta subido enlatado en el bus con el unico deseo de mangar la cartera a algun trabajador tonto y dormido q se dirige a su oficina sita en una gran avenida de BCN desde hace 4 años, casi un lustro, vaya. ultimamente la conpetencia es tal q mas de la mitad de los susodichos 'enlatados' somos del gremio cosa q dificulta con creces el hurto. atentamente: su amigo el carterista 'vago'

2:09 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

Vaya, parece un cuento de Chesterton: todos se roban a todos y salen del autobús con una cartera que no es la suya...

Hasta ahora, mi triste saldo como pasajero hurtado es 1 teléfono mòvil y 1 paraguas plegable (hay que ser cabrón...).

Lo del mòvil lo aproveché y me estuve quince días hasta que las personitas amigas y allegadas me reclamaron no poder contactar conmigo(?!).

Lo del paraguas no lo olvido...

2:21 p. m.  
Blogger Torcinho said...

Robar un paraguas en Barcelona? Más que cabrón hay que ser gilipollas, ¿no?

8:49 p. m.  
Blogger Ermengardo II said...

Es que el caco estaba hambriento y pensaba que era una butifarra.

1:55 p. m.  

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