Tres pataletas
1. Es curiosa la pasividad con la que todos hemos asumido ese concepto llamado Presupuestos Generales del Estado. Un grupúsculo de sabios decide qué hacer con la riqueza del país y luego lo plantea en un hemiciclo que tiene ganado de antemano. Nosotros sólo podemos contemplar con cara de tarugos y esperar a que el dinero salga hacia las empresas que auparon al gobierno en forma de licitaciones y créditos FAO. El resultado es una furgoneta cargada de cajas repletas de folios. Partidas, les llaman. La complejidad de estos legajos es tal que ningún ciudadano puede opinar al respecto sin considerar previamente juicios interesados de prensa o partidos políticos. Opiniones predigeridas, opiniones predirigidas. “Hay poco gasto social”, “hay poco fomento de la industria”, dirán algunos, según el bando. A mí lo que me preocupa es que esta opacidad permite mil movimientos subterráneos, al margen de la opinión pública, que manipulada o no, es el único contrapoder que existe.
2. Me pongo a rabiar cuando leo o escucho desprecios por el ecologismo. Hay quienes no lo hemos introducido entre nuestras preocupaciones esenciales porque estamos más interesados en otros problemas que encara el hombre, como la justicia y la distribución de la riqueza. Sin embargo, entre considerarlo secundario y despreciarlo existe una amplia gama de simpatías y adscripciones. La vida no es militancia o desprecio. Es cierto que, en un periódico, junto a la foto de una fosa de cadáveres en Tailandia, un tipo de Greenpeace protestando por una central nuclear en Almendralejo es de lo más intrascendente. Pero es una sensación relativa. No es un pensamiento independiente sino inducido. Nos hacen comparar para despreciar la ecología. Y no, quizá no sea ahora lo más importante pero esperemos unos siglos... tal vez sea la naturaleza quién de por zanjada la opresión del hombre por el hombre. Y todo lo demás también.
3. Otra pataleta que inicio un par de veces al día tiene que ver con el comercio. Que no, leñe, que no estoy en contra del comercio. Pero tampoco lo acepto siempre y bajo cualquier circunstancia. Aún menos admito esas extrañas teorías que sitúan lo económico sobre cualquier criterio ecológico racional. El comercio admitido en su plenitud genera situaciones tan absurdas como que nuestros zapatos vayan a EEUU y los suyos aterricen aquí, por cuestiones de “tendencias”, esa estética volátil tan occidental y tan superflua. O que la ensalada de un Australiano recorra 22.000 kilómetros hasta llegar a su plato. Porque el australiano (se supone que) quiere lechugas de Málaga, aceite griego, tomates napolitanos, vinagre de Módena y aceitunas de Jaén. Esto genera un gasto de combustible perfectamente evitable y una contaminación inmensa. Para evitarla bastaría con que nosotros nos pusiésemos nuestros zapatos y que los australianos comiesen las ensaladas que permita su clima. En este caso, no hace falta hacer la revolución ni renunciar a “nuestras libertades” ¿Es nuestra libertad comer aceitunas de Jaen en Australia y ponernos unas botas Slimberland? Restringir el comercio no es coartar la libertad de nadie, es restringir el comercio. La libertad es otra cosa muy diferente, como bien podrían explicarnos Roldán, Galindo, Pinochet o Fujimori.
3 Comments:
Buenos días, patata:
He supuesto que un tu exilio en ese lugar en el que no hay vanguardias, te gustaría conocer el nuevo eslogan que adorna los pirulos de la ville du barcelona...
"Sigues cívic. Renova el teu vestuari"
L'Illa Diagonal, claro...
E
Las pocas veces que he intentado expresar cualquier opinión que incluya la palabra "restricción" (de comercio, en el combustible, en el precio de la vivienda, de riqueza personal, en la transmisión de capitales, etc.), la persona con la que hablo invariablemente cambia de color. Del azul democrático y tolerante al verde indignación al rojo ira. Porque estoy coartando sus libertades y soy un fascista. Y me gritan porque cómo puedo imponer mi criterio sobre el de los demás, aunque yo hable de mínimos comunes.
Y entonces yo me canso mucho y ya me da igual. Ni siquiera sé por donde empezar a explicar.
d.
Estoy en Gasteiz cuatro días a la semana y los otros tres en BCN. De currito, nada grande. Y de aviones hasta los mismísimos. Detesto los aeropuertos y me da miedo volar.... Bien, sobre el anuncio ese, que por cierto he visto esta mañana, dan ganas de coger lo peor, lo más asqueroso, lo más antiguo del armario, esos jerseys tipo batman, con alas y agujeros de polilla, y poner de moda de nuevo "lo andrajoso".
No serviría de nada, lo sé. En seguida aparecería un monstruo y crearía la marca Homeless Inc. Con eslogan y todo:
¡You don't have a home but you sure know how to wear!
Publicar un comentario
<< Home