la patata de la libertad

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Un congresista estadounidense, en el pináculo de la estupidez, propuso cambiar el nombre de las malignas patatas francesas ("french fries") por el de patatas de la libertad ("freedom fries")... ¿Alguien recuerda la ensaladilla nacional? Colabora con la patata: comenta o envía tus artículos a allstolen@hotmail.com En marcha desde 26/05/04

26.10.05

Malditos Puestos de Trabajo

Sí, lamento tener que lanzar esta soflama, pero sucede que no observo a nadie decir esto: al infierno con los Puestos de Trabajo. Ya…¿Pero por qué este nos viene ahora con esto? Pues “les vengo” porque, a pesar de que esto no se comente en los medios de formación de masas por resultar contrario a cualquier interés empresarial, nuestra incapacidad para la consideración moral de algunos Puestos de Trabajo nos condena a conflictos estúpidos como el que hoy se está viviendo con los pescadores, los transportistas, el precio del gasóleo y el ministerio correspondiente. El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante.
A ver si me explico: el principal problema de pescadores, agricultores y productores en general no es el precio del combustible (aunque también forme parte de su composición), pues este es sólo uno de entre tantos factores que componen el precio del producto que ellos colocan en el mercado. Han recurrido ahora a colocarlo en alto porque únicamente les enfrenta con el Estado y con ningún otro gremio colaborador, cosa que me parece lógica cómo estrategia provisional pero, ¡ay!, radicalmente errónea a largo plazo. Como ellos mismos sostienen en otras ocasiones, en el fragor de otras luchas, su principal y verdadero problema es que les paguen tan poco por su producto y que luego este se coloque tan caro al consumidor. Ese pequeño sableo.
La gran ganancia, el Gran Dinero que ellos dejan de ganar con cada producto vendido –y he aquí el verdadero quid de la cuestión- va a parar a manos de intermediarios, que en el caso del pescado o la fruta manejan márgenes habituales del cuarenta por ciento sobre el precio final.
Entonces cabe cuestionar ¿por qué no se enfrentan con este gremio parasitario? Bien, según sé, esto ya se ha intentado en más de una ocasión, pero no resulta tan fácil pues los intermediarios constituyen una auténtica casta mafiosa. Defienden su inútil existencia con uñas y dientes. Un ejemplo reciente: los pescadores de algunos de los pueblos de la Costa Brava, comandados por los de la Confraria de Palamós, formaron hace unos meses una cooperativa para colocar ellos directamente su pescado en las pescaderías, ya que, pese a ser este un producto tan caro, lo que ellos obtenían por él apenas les permitía reproducir su “ciclo de negocio”: seguir pescando, esa “desorbitada pretensión”... Pero, oh sorpresa, se encontraron con el rechazo de los mismos pescaderos que, acostumbrados a los regalos, los mimo$ y los agasajo$ (o bajo amenazas, dicen algunos, aunque este es un extremo que sólo reproduzco y que no puedo constatar) de los mayoristas habituales, rehusaron vender al público el pescado de esta nueva cooperativa. Bajo el incesante bramido de los intermediarios -que, cómo no, clamaban por sus Puestos de Trabajo- y ayudados por los comprados o amenazados dueños de las pescaderías, los pescadores se vieron forzados a vender de nuevo su pescado a intermediarios. Así, de esta forma tan penosa, con sus “peligrosos instigadores” rezumando impotencia, es como concluyó la heroica lucha de los pescadores gironins contra la mafia de los mayoristas. Una nueva estocada contra la producción colectiva, que no aprende y se rebela hacia arriba a la mínima que allá en lo alto se despistan.
El problema hoy, por resumir, viene siendo el mismo de siempre: los parásitos. Quienes se apropian del esfuerzo de otros aprovechando la compleja organización social y el cobijo de los ordenamientos jurídicos decretados por las sectas políticas. Y siempre, como cortapisa y como freno a la evidente guerra social liberadora (no hay reparos en mentar la palabra “guerra” pues estas no se libran sólo entre ejércitos), la nauseabunda reivindicación de los Puestos de Trabajo (de Parásito), que impide en cada caso enfrentarse con quien conviene y termina trasladando cualquier lucha ante un despacho ministerial. O, peor aún, ante esos claudicadores profesionales, negociadores de rendiciones, que habitan en los sindicatos mayoritarios ocupando a su vez otros fastuosos Puestos de Trabajo (de Parásito).
Observen en adelante, -hoy, mañana, pasado mañana o cualquier otro día, ¡la realidad se repite que es un primor!- como ante cualquier simulacro de crisis empresarial, frente al estado y frente a la sociedad, los esmerados empresarios se agarran al argumento de los Puestos de Trabajo como si sus empresas (“¡In it for the Money!”, “¡consiga más beneficios!” proclamas casuales en sus congresos mafiosos) fuesen un maldito centro de caridad. Aquí tienen su envenenado discurso: “pobrecitos los de abajo, deberán rendirse a nuestras hipotecas”. Sin embargo, cuando el conflicto ocurre entre contrincantes en el consejo de accionistas, hombres de corbatas increíblemente grandes, o entre los empresarios y obreros en su eterna lucha por un salario media décima más alto, ahí los Puestos de Trabajo importan aproximadamente dos o, como máximo, tres rábanos. Nunca más de tres.
Un doble discurso que, desentrañado, queda por completo inservible. ¡Pero ahí están los medios para repetirlo a cada rato hasta hacerlo parecer cierto! ¡Ahí cantan ellos que lo que importa es el Crecimiento y los Puestos de Trabajo! ¡Obsérvenlos, cómo leen siempre las mismas coordenadas sobre el mismo viejo mapa!
Todavía me entran arcadas cuando recuerdo una manifestación comandada por UGT que reunió en Vitoria a unas decenas de obreros en pleno ERE, obreros que trabajaban fabricando pistolas y minas antipersona en una empresa de las afueras de la capital vasca. Si la lucha por los Puestos de Trabajo, estandarte todavía de algunas izquierdas, tiene que solidarizarme con unos fabricantes de armas, renuncio a ella. Si la lucha por los Puestos de Trabajo tiene que plegarme a aceptar Puestos de Trabajo Mafioso, me planto, señores. Me planto. Nunca ha habido solidaridad, por ejemplo, entre los de abajo y los cuerpos de represión del Estado, o entre abajo y las instituciones carcelarias, que también están constituidas por obreros, así que no me valen remilgos moralistas en clave marxista. Cada vez más, la cantinela de los Puestos de Trabajo se constituye como uno de los principales pilares intelectuales del Estado y el Capital, los Administradores de Muerte de nuestra época. Aparte, los operaístas italianos y los trabajadores nómadas inspirados por éstos, demostraron hace ya treinta años que no hay obrero más peligroso que el que cambia de empleo como quien cambia de sombrero, pues nunca tiene miedo a que le despidan y así deviene invulnerable a la coacción empresarial. Y salta a la vista –o al cuello- que el miedo al despido, con las hipotecas como instigador y el pánico a la renuncia como contrafuerte, es hoy el rector de todo el sistema de dominación bajo el que nos hallamos.

12 Comments:

Blogger david said...

Estoy de acuerdo en casi todo, pero yo distinguiría dentro del gremio de lo que llamas los mafiosos. Al fin y al cabo, quien trabaje de transportista para la distribuidora está más o menos igual de puteado que los pescadores, sin que su trabajo se pueda equiparar a la fabricación de armas. No creo que los pescadores, después de pescar, puedan abastecer a toda la población tierra adentro. Los transporistas, además de un papel absurdo (transportar pescado desde el puerto a la distribuidora de ahí al supermercado que hay al lado del puerto), juegan uno necesario (llevar un poco de pescado a Segovia, por ejemplo). En el post da un poco la sensación de que los transportistas forman parte de la mafia, así que al carajo con su trabajo, y eso no lo acabo de compartir, aunque si los mafiosos de las distribuidoras tienen tanta influencia, seguramente hará falta una catarsis del sector para quitarlos de en medio. Esto jodería a los transportistas, pero luego, sin miedo a la mafia, podrían trabajar perfectamente junto con los pescadores.

1:42 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

Los transportistas no son los que se quedan con el gran margen sobre el precio final del producto. Y, en cualquier caso, están haciendo algo útil . Forman parte del mundo de la "mafia", porque se ven tan afectados por ella como los pescadores, pero es evidente que no son la mafia.

d.

1:49 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Otro inmenso post... a menudo me quedo con esta desazón, de ver hasta que punto los derechos, la voluntad, la fuerza del pueblo (llano, digo) estan completa y absolutamente aplastados por el poder del capital...

No Future?
Porque oigan, miremos donde miremos, todo es una mierda enorme...

Nos queda algo más que el "NO, que NO, leñe"?
Si a "ellos" se la suda...

Debo tener el dia tonto...

2:05 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

David, perdona, quizá he generalizado demasiado en esa parte. Coincido contigo en que no todos los transportistas merecen un juicio tan severo.
Los "intermediarios" (quizá debería haberme referido a ellos así todo el rato) son empresas que hoy en día se denominan "enlaces logísticos" y que, como toda empresa "en crecimiento" tienden a crear un montón de puestos burocráticos, de management y otras tonterías. ¿Y de donde succionan las plusvalías para pagar esas nóminas de trabajo innecesario y superficial? De los camioneros, secretarias y otros puestos precarizados que forman parte de su estructura.
Los que menos producen -y en este caso considerar el trabajo inmaterial me sabe bastante a mierda- sacan más partido.
El crecimiento, esa ansiedad de colocar cada vez más productos y en más sitios, no se sabe porquñe ni para qué -inventando la demanda con marketing si tercia-, es lo que genera estas estructuras de producción tan pesadas en las que nadie que realmente produzca se queda con el resultado de su trabajo. Son burocracias mafiosas que se parecen bastante a los ministerios y a las oficinas de funcionarios, sólo que con la coartada moral de "perseguir la eficiencia", "la efectividad" y otros rollos macabeos.
Es evidente que esa gente de abajo no es responsable en ningún sentido, y si se interpreta así en mi texto, habré errado. Sin embargo, creo que no están actuando bien, que ahora se están equivocando, que no protestan hacia donde conviene y que por ello, sus explotadores salen reforzados, legitimados al no ir dentro de la propia protesta.
En fin, un poco enrevesado el artículo. Lo reconozco.

3:24 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

Al usuario anónimo: Gunter Anders dijo un buen día de primavera que "la esperanza es una excusa para la no-acción", o sea: otra claudicación. La esperanza es la fe en el futuro y a mí eso me parece bastante imbécil. Yo ya no me animo a tener esperanza, aunque se me sale de vez en cuando sin que pueda contenerla... Al fin y al cabo, siempre hay alguien protestando en alguna parte, y eso me anima un poco.
Pero esperanza, esperanza... lo que se dice esperanza... mmm... pues no mucha.

3:37 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Pues ya tenemos algo más, pues como dijo Matt Murdock un dia de invierno... "Un hombre sin esperanza es un hombre sin miedo".

Un saludo

4:12 p. m.  
Blogger david said...

Patata, el fondo de tu artículo me parece muy bueno, sólo trataba de señalar a los ladrones con mayor exactitud. Sí, vosotros: ese director general, ese gerente, ese responsable del márqueting, esos accionistas. Sóis unos ladrones.

El crecimiento [...] es lo que genera estas estructuras de producción tan pesadas en las que nadie que realmente produzca se queda con el resultado de su trabajo. Aquí has dado en el clavo. Y en lo de que los pescadores no están protestando hacia el lado que toca, también. Desde luego, deberían protestarle al patrón por el sueldo, no al estado por el precio de la gasolina. Decirle al patrón: "por este sueldo que pesque tu madre".

Imagino que no lo hacen porque les han comido la cabeza de que el patrón les "da" un puesto de trabajo, que es el patrón quien "les da de comer", cuando es todo lo contrario. Pero por miedo a perder su condición de esclavos, su "puesto de trabajo", creen que deben protestar contra quien diga el patrón.

4:35 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

Sí, es curioso como evolucionan y proliferan las relaciones de dependencia bajo el paraguas de las "organizaciones empresariales".
Antes sólo había "patrón" y "obrero" o "campesino" y "señor feudal". Ahora hay "pequeño productor" e "intermediario", "autónomo" y "cliente principal", "trabajador eventual" y "cliente de ETT", "división comercial" y "jefe de ventas", "banco" e "hipotecado", "médico" y "corporación de seguros", etc, etc... por no hablar de todas esas pequeñas empresas de media docena de trabajadores que cuelga "externalizada" de lo que tenga a bien dictaminar el Sr. Wilson, gerente en Wyoming del sector servicios para europa occidental de Moneynow! Inc., un día en que Wilson ha tenido la mala fortuna de chocar su chevy contra una bomba de riego.
¡Y luego hablas con algún gerente de estas pequeñas iniciativas, empresitas minúsculas que apenas cubren gastos, y se creen empresarios! ¡Como si tuviesen algo que ver con los del gran dinero!

4:58 p. m.  
Blogger dani said...

Al final los problemas siguen siendo los mismos. El precio de los carburantes es una cuestión análoga a la cuestión de los pescadores: a medida que el precio del petróleo (en bruto) sube, los intermediarios no mantienen sus beneficios, sino que marcan records, por lo que el problema no es el precio de la materia prima sino las plusvalías que les atribuyen los especuladores. Por otro lado, sí entiendo como problema del gobierno los impuestos que se aplican sobre los carburantes a los profesionales. Que un transportista, normalmente autónomo, pague los mismos impuestos por el combustible que el jefazo con su bmw 007 superturboinyección es injusto. Puede parecer que echo piedras sobre mi propio tejado (dojo el coche de vez en cuando), pero yo debería pagar muchos más impuestos que ellos (también debería tener a mi alcance mejores transportes públicos y más baratos).
Volviendo al tema, cómo se explica también que el pescado congelado que hay en los supermercados procedente de chile o canadá sea más barato que el fresco de los pescadores locales? Quién se lleva esa diferencia de dinero? y no creo que sean los transportistas...

5:46 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

Dani, tienes razón en todo. Todos tus argumentos son válidos, pero me parecen secundarios en este caso. Frente a un problema de apropiación del trabajo ajeno (caso de muchos intermediarios y enlaces "log´siticos"), pedirle gasóleo más barato al estado sólo sirve para dos cosas:
1) Legitimar a los intermediarios (saquemos de aquí la necesaria función de transporte, para no ser injustos).
2) Hacer que el estado se adueñe del campo de batalla, delimitando el debate y acostumbrando a la gente a mirar hacia el ministerio a la mínima que le toman el pelo. Incrementa la dependencia de cualquier sector respecto al estado.

Otro tema son los problemas derivados de este sistema de intercambio de mercancías desproporcionado, que implica un transporte excesivo. Como siempre, yo me planteo otro modelo, aunque detecto en este todos los fallos que indicas. Mejor transporte público, combustible más barato para quien se gana la vida usándolo, especulación en el mercado de futuros dictando los precios por barril a un año vista... todos ellos son temas que se derivan de nuestro modelo actual. Sin embargo, a mí me parece más acertado preguntar ¿hay que comer todo tipo de pescado todo el año? ¿tener todo tipo de hortalizas en todas partes? ¿deben comer aceitunas andaluzas en australia? ¿deben tener en segovia pescado fresco a diario? ¿deben los japoneses saquear todo el atún del mediterràneo? ¿debe servirse pulpo gallego en cualquier bar de españa?
Este sistema de vender de todo en todas partes sin límite aparente es insostenible y está agotando el planeta. El combustible es lo de menos. Con necesidades artificiales, se generan problemas artificiales. Y discutir entorno a ellas es el mejor modo de perpetuarlas. No tengo soluciones pero me temo que sólo planteando renuncias podremos salir de aquí.

Sobre lo de los congelados, es intrigante. No he leído nunca nada sobre esto. Supongo que congelarán en alta mar, donde hay más abundancia de pescado, y cargarán mucho más barcos más grandes con más maquinaria y menos tripulación. O lo traerán de piscifactorias y camaroneras en donde pagan medio dolar la hora. He escuchado que están arruinando los manglares de ecuador para instalar grandes complejos de producción de crustáceos... ("producción", que término más feo para relacionarlo con la vida ¿no?)

PD: un placer teneros por aquí, Dani y David.

7:57 p. m.  
Blogger dani said...

Una vez más me he ido por las ramas. Todo este rodeo venía por el tema de los especuladores, que a mí me explicaron que tienen su función económica y pueden ser beneficiosos, aunque no en este caso. Por supuesto, (gran) parte del problema de lo que se quejan los pescadores/transportistas, etc.) es la especulación en el petróleo, igual que en el producto. Luego, el pescado local es más caro que el importado por lo que explica la patata (hay otra explicación para que un pescado que ha viajado miles de kilómetros y con más tratamientos sea más barato?). Mención aparte (más aparte) lo perjudiciales que resultan estos métodos de pesca industriales para todas las especies marinas, comestibles o no, y su repercusión en las capturas de todos (industriales o artesanales) los pescadores.
Igualmente un placer poder leerte, patata.

10:23 p. m.  
Blogger david said...

Desde luego, se despilfarra muchísimo con tanto transporte. Evidentemente, tener toda clase de frutas, verduras y pescados durante todo el año, es una estupidez. Sin preguntarse por qué hay naranjas en julio, la gente las ve en el supermercado, luego las compra y las consume. Y luego no se preguntan tan siquiera si están tan buenas. Simplemente, te apetecen naranjas, las compras y te las comes. En fin, una porquería.

Está claro que comer pescado es razonable. Lo que no es razonable es que las personas vivan arrepretujadas todas en el mismo sitio. Por ejemplo, que en Madrid vivan 6 millones de personas, y que todos quieran comer pescado, frutas, y de todo, sin que allí se produzca nada. A mí ese "modelo de desarrollo" (menuda tontería) me parece estúpido.

Por otra parte, soy completamente contrario al combustible barato. Los pescadores consumen combustible por una buena causa: para que comamos. Pero ensucian el aire. El combustible debe ser carísimo, para que se contamine poco. Bueno, no, que entonces los ricos contaminarían igual: ¡los combustibles fósiles hay que prohibirlos ya!

Por el camino desastroso que va todo, si no decimos las cosas claras, como lo hace la patata, no llegamos a ninguna parte. Luego ya hablamos de las excepciones: cuanto pescado necesitan en Segovia, cuantos madrileños necesitan en Madrid, y qué clase de vehículos a motor (p.ej. ambulancias, trenes) hacen falta.

Patata, es un placer leerte, no aminores tu rotundidad.

11:31 p. m.  

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