Argumentos habituales
... que, honestamente, ya no hace falta seguir creyendo
1. Que el mercado, al generar competencia, hace que los productores incrementen la calidad de sus productos para competir entre ellos. Mentira. Mentira cochina. Lo que sucede, excluyendo la producción de lujo que por aquí poco nos importa, es que cada uno ofrece una mierda MÁS barata que el de al lado. O que se planifica un recambio casi inmediato para posibilitar a corto plazo más consumo de Lo Mismo. Destrucción planificada para el consumo. Los automóviles duran cada vez menos, la ropa se desintegra en una temporada, los móviles, las radios y todos los pequeños aparatos ya no se reparan, se reemplazan. Viajamos al Caribe y nos choca que tengan automóviles de hace treinta años. Bueno ¿y porqué no? ¿No somos nosotros los locos estúpidos que fabricamos para el desguace y la sustitución inmediata? Unas auténticas cabezas de chorlito obsesionados por las formas infinitas de declinar tecnológicamente Lo Mismo.
2. Que hace falta desarrollar el tercer mundo. No, lo que hace falta es permitirles asegurarse la subsistencia, y como mucho intervenir para procurarles escuelas, sanidad y bibliotecas. A la vez, conviene que nosotros decrezcamos hasta casi alcanzarles en su vida tranquila y afable, para no imponerles una desigualdad-reclamo (que aquí se es feliz, que aquí se tiene más). El desarrollo que hoy existe no les hace falta para nada. Tan sólo puede generarles competitividad y ansias de acumulación. Más pirómanos para la hoguera global. Para qué demonios convencerles de la conveniencia de un crecimiento y un consumo que no podrá mantenerse aquí más allá de unas pocas décadas. Para qué apartarles de una agricultura y una vida de descanso con breves interrupciones e introducirles en la fabricación de inutilidades para la exportación. ¿Para que tengan “puestos de trabajo” y “dinero”? Dicho de otro modo: ¿para tenerlos bajo el control de la “producción”, del salario y del dominio del Capital?
3. Que existe una ley de la oferta y la demanda. Claro, hijitos. Y una mano invisible que hace que los productores y los consumidores… Zzz (disculpen). La cuestión es que cada sector económico que uno decide observar (el energético, el de comunicaciones, el de las aerolíneas, el de la cerveza…) está controlado por grandes oligopolios cuyos directores pueden sentarse cualquier primaveral mediodía en una mesa a decidir qué oferta habrá. Curiosamente, todo lo que me rodea y que consumimos a diario son excepciones a “la regla general”. Una evidencia de su falsedad. Además, esta majadería de colocar la voluntad de los consumidores a la altura de la voluntad del productor, que tiene toda la industria del reclamo para inventarse la demanda (para ti, porque eres joven, para vuecencia, pa’ que sea usté feliz), no es más que un subterfugio retórico para camuflar una relación de dominio. Incluso si se produce algo naturalmente invendible, una caca, por ejemplo, estén seguros que ya sea como “artículo de coña” o bajo la forma de objeto de “arte”, habrá quien, aburrido y con dinero, decida comprarla según su decisión personal propia (fabricada, por supuesto).
4. Que se puede triunfar, que se puede llegar arriba, que se puede escalar, que todo compensará al final, cuando se alcance la cima. De nuevo, mentira cochina. Sólo vale la pena todo lo que no se controla ni se planifica. Las cosas que verdaderamente tenemos y que no nos poseen, que no nos cosifican. Y estas no se alcanzan “triunfando” por esos mundos de dios. Justo al contrario: esas son las cosas que se abandonan para triunfar. En el mejor de los casos, en la cima se encontrará lo mismo que aquí abajo, sólo que recubierto de oro y símbolos y, por tanto, peor. Seamos conscientes de ello. El balance no es tan malo: tenemos amor, tenemos bebidas alcohólicas, tenemos familia, tenemos libros y buenas conversaciones, tenemos paseos bajo un cielo crepuscular, tenemos mil cosas que no les debemos a ellos, que no pueden cuantificarse y convertirse en grandes cantidades de dinero. Curiosamente, como pueden comprobar, justo aquellas cosas que intentan vendernos en los reclamos publicitarios de bancos y energéticas (¿te imaginas un mundo verde de amor y generosidad? ¡cámbiate a ibertrola!) y que, en una de esas trasmutaciones de significado tan inverosímiles, les desenmascaran, revelan la impotencia del capital y la magnitud de su engaño. Nos muestran que, como no pueden ya vendernos las mierdas de siempre porque nos aburren, porque despiertan nuestro inmediato asco, deben vendernos lo que en verdad no pueden: las sublimaciones, la felicidad misma. Nos venden cosas bajo símbolos de lo invendible: alegría, ardillas, paseos por el campo, enamoramientos, niños saltando sobre una cama… Nada que se le deba a nadie. Nada resultado de ningún triunfo ni de ningún desarrollo ni de ningún final de trayecto. Todo de la comunidad. Desde siempre. Tenemos las mismas cosas que merecían la pena hace mil y hace dos mil años.
5. Que el candidato B, muy superior al A, traerá un mayor bienestar y hara que la economía crezca y que se creen más “puestos de trabajo” y… Zzz. Lo lamento, como ya han comprobado, cuando escucho una superchería por enésima vez, tiendo a generar una respuesta no ya de indignación sino de somnolencia inconsciente. No hace falta seguir probando “futuros prometidos”. Hoy es el futuro que nos prometieron ayer. Hoy vivimos en ese mundo idílico de trabajo, dinero y producción que se nos prometió. Es esto, este régimen de tiempo dedicado a ellos (¡40 horas en apenas cinco días!) y consumo los fines de semana. ¡No busquen más! El paraíso de socialdemócratas, democristianos y otros hombres laicos y cristianos con fe en el Dinero y la Democracia Representativa, es este presente, futuro de ayer. Y no puede cambiarse votándoles de nuevo. Al contrario: ese es el seguro de su reproducción. Todos ellos van a seguir intentando mantener el Orden, la Estabilidad y el Crecimiento de la Economía, es decir: el mundo como hoy lo conocemos. Y, fíjense: es un sistema infame de dominio y sumisión. Aunque como “premio”, para que observemos “su bondad”, nos dejan decir estas cosas
1. Que el mercado, al generar competencia, hace que los productores incrementen la calidad de sus productos para competir entre ellos. Mentira. Mentira cochina. Lo que sucede, excluyendo la producción de lujo que por aquí poco nos importa, es que cada uno ofrece una mierda MÁS barata que el de al lado. O que se planifica un recambio casi inmediato para posibilitar a corto plazo más consumo de Lo Mismo. Destrucción planificada para el consumo. Los automóviles duran cada vez menos, la ropa se desintegra en una temporada, los móviles, las radios y todos los pequeños aparatos ya no se reparan, se reemplazan. Viajamos al Caribe y nos choca que tengan automóviles de hace treinta años. Bueno ¿y porqué no? ¿No somos nosotros los locos estúpidos que fabricamos para el desguace y la sustitución inmediata? Unas auténticas cabezas de chorlito obsesionados por las formas infinitas de declinar tecnológicamente Lo Mismo.
2. Que hace falta desarrollar el tercer mundo. No, lo que hace falta es permitirles asegurarse la subsistencia, y como mucho intervenir para procurarles escuelas, sanidad y bibliotecas. A la vez, conviene que nosotros decrezcamos hasta casi alcanzarles en su vida tranquila y afable, para no imponerles una desigualdad-reclamo (que aquí se es feliz, que aquí se tiene más). El desarrollo que hoy existe no les hace falta para nada. Tan sólo puede generarles competitividad y ansias de acumulación. Más pirómanos para la hoguera global. Para qué demonios convencerles de la conveniencia de un crecimiento y un consumo que no podrá mantenerse aquí más allá de unas pocas décadas. Para qué apartarles de una agricultura y una vida de descanso con breves interrupciones e introducirles en la fabricación de inutilidades para la exportación. ¿Para que tengan “puestos de trabajo” y “dinero”? Dicho de otro modo: ¿para tenerlos bajo el control de la “producción”, del salario y del dominio del Capital?
3. Que existe una ley de la oferta y la demanda. Claro, hijitos. Y una mano invisible que hace que los productores y los consumidores… Zzz (disculpen). La cuestión es que cada sector económico que uno decide observar (el energético, el de comunicaciones, el de las aerolíneas, el de la cerveza…) está controlado por grandes oligopolios cuyos directores pueden sentarse cualquier primaveral mediodía en una mesa a decidir qué oferta habrá. Curiosamente, todo lo que me rodea y que consumimos a diario son excepciones a “la regla general”. Una evidencia de su falsedad. Además, esta majadería de colocar la voluntad de los consumidores a la altura de la voluntad del productor, que tiene toda la industria del reclamo para inventarse la demanda (para ti, porque eres joven, para vuecencia, pa’ que sea usté feliz), no es más que un subterfugio retórico para camuflar una relación de dominio. Incluso si se produce algo naturalmente invendible, una caca, por ejemplo, estén seguros que ya sea como “artículo de coña” o bajo la forma de objeto de “arte”, habrá quien, aburrido y con dinero, decida comprarla según su decisión personal propia (fabricada, por supuesto).
4. Que se puede triunfar, que se puede llegar arriba, que se puede escalar, que todo compensará al final, cuando se alcance la cima. De nuevo, mentira cochina. Sólo vale la pena todo lo que no se controla ni se planifica. Las cosas que verdaderamente tenemos y que no nos poseen, que no nos cosifican. Y estas no se alcanzan “triunfando” por esos mundos de dios. Justo al contrario: esas son las cosas que se abandonan para triunfar. En el mejor de los casos, en la cima se encontrará lo mismo que aquí abajo, sólo que recubierto de oro y símbolos y, por tanto, peor. Seamos conscientes de ello. El balance no es tan malo: tenemos amor, tenemos bebidas alcohólicas, tenemos familia, tenemos libros y buenas conversaciones, tenemos paseos bajo un cielo crepuscular, tenemos mil cosas que no les debemos a ellos, que no pueden cuantificarse y convertirse en grandes cantidades de dinero. Curiosamente, como pueden comprobar, justo aquellas cosas que intentan vendernos en los reclamos publicitarios de bancos y energéticas (¿te imaginas un mundo verde de amor y generosidad? ¡cámbiate a ibertrola!) y que, en una de esas trasmutaciones de significado tan inverosímiles, les desenmascaran, revelan la impotencia del capital y la magnitud de su engaño. Nos muestran que, como no pueden ya vendernos las mierdas de siempre porque nos aburren, porque despiertan nuestro inmediato asco, deben vendernos lo que en verdad no pueden: las sublimaciones, la felicidad misma. Nos venden cosas bajo símbolos de lo invendible: alegría, ardillas, paseos por el campo, enamoramientos, niños saltando sobre una cama… Nada que se le deba a nadie. Nada resultado de ningún triunfo ni de ningún desarrollo ni de ningún final de trayecto. Todo de la comunidad. Desde siempre. Tenemos las mismas cosas que merecían la pena hace mil y hace dos mil años.
5. Que el candidato B, muy superior al A, traerá un mayor bienestar y hara que la economía crezca y que se creen más “puestos de trabajo” y… Zzz. Lo lamento, como ya han comprobado, cuando escucho una superchería por enésima vez, tiendo a generar una respuesta no ya de indignación sino de somnolencia inconsciente. No hace falta seguir probando “futuros prometidos”. Hoy es el futuro que nos prometieron ayer. Hoy vivimos en ese mundo idílico de trabajo, dinero y producción que se nos prometió. Es esto, este régimen de tiempo dedicado a ellos (¡40 horas en apenas cinco días!) y consumo los fines de semana. ¡No busquen más! El paraíso de socialdemócratas, democristianos y otros hombres laicos y cristianos con fe en el Dinero y la Democracia Representativa, es este presente, futuro de ayer. Y no puede cambiarse votándoles de nuevo. Al contrario: ese es el seguro de su reproducción. Todos ellos van a seguir intentando mantener el Orden, la Estabilidad y el Crecimiento de la Economía, es decir: el mundo como hoy lo conocemos. Y, fíjense: es un sistema infame de dominio y sumisión. Aunque como “premio”, para que observemos “su bondad”, nos dejan decir estas cosas
7 Comments:
No me queda más que aplaudir. Cualquier cosa que añadiera sería mera redundación, y hay que ahorrar energia.
Un abrazo
Hannah
Venga hombre, que tienes unas cosas...si todo el mundo sabe que esas cosas son como los enunciados dicen
"El balance no es tan malo: tenemos amor, tenemos bebidas alcohólicas, tenemos familia, tenemos libros y buenas conversaciones, tenemos paseos bajo un cielo crepuscular..."
Tenemos todo esto, cierto, pero nos falta tiempo para disfrutarlo por culpa del puñetero TRABAJO.
Cierto. Nuestro enemigo el trabajo.
"El balance no es tan malo: tenemos amor, tenemos bebidas alcohólicas, tenemos familia, tenemos libros y buenas conversaciones, tenemos paseos bajo un cielo crepuscular
Pues tienes todo eso porque hay empresarios. ¿No te habías dado cuenta, güey?
**************
Patata, patatita, hombre sin etiquetas, no me borres por favor. Necesito tener unos progres a quienes insultar para sentirme agusto y en paz. ¿Ok?
Sale
wg
Insulta, ególatraanarcoloquesea.
Pero por favor, sólo un insulto por post. Por cierto, progre lo será tu **** madre.
si no se de que nos sorprendemos.
el otro día oí en la tele que el problema de los chinos es que se compran mas coches al año que nosotros. serán cabrones.piensan que pueden gastar nuestro sacrosanto petróleo.
komo se puede ser tan hipócrita.
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