¡Alonso, un negativo!
Parece que la mayoría parece seguir empeñada en dar la razón al Estado y a los férreos métodos tecnocráticos de control y dominación que este se da el gusto de aplicar.
Conducían todos como locos, inconscientes de estar al mando de un aparato incontrolable de dos toneladas, cuando de pronto una campaña majadera de tránsito convirtió el carnet en una tontería con puntitos, y entonces –y sólo entonces- la mayoría decidió asumir su responsabilidad de Buen Conductor Responsable y Democrático.
Carné por puntos, reducción del 30% de la mortalidad. País de gilipollas.
No tengo nada más profundo que añadir.
Bueno sí, tal vez un recuerdo que alimente la idea de hallarme en un país infantilizado: tenía un profesor en EGB que quitaba puntitos por mal comportamiento. Negativos, se llamaban. ¡Alonso, un negativo! Aunque lo suyo nunca fue del todo eficaz. El hombre se entusiasmaba de tal modo que al final del trimestre llegaba uno a tener “menos diecisiete”, lo cual era prácticamente como tener bula para delinquir en clase. Siendo el rango de puntuación de 0 a 10, y puesto que el máximo esfuerzo en el examen sólo podía reportarte un “menos siete”, mejor era asumir la condición de perdedor precoz y darse a la buena vida de los comics bajo la carpeta y a los juegos de miradas con esas niñas recién llegadas del colegio de monjas, yummm…
Conducían todos como locos, inconscientes de estar al mando de un aparato incontrolable de dos toneladas, cuando de pronto una campaña majadera de tránsito convirtió el carnet en una tontería con puntitos, y entonces –y sólo entonces- la mayoría decidió asumir su responsabilidad de Buen Conductor Responsable y Democrático.
Carné por puntos, reducción del 30% de la mortalidad. País de gilipollas.
No tengo nada más profundo que añadir.
Bueno sí, tal vez un recuerdo que alimente la idea de hallarme en un país infantilizado: tenía un profesor en EGB que quitaba puntitos por mal comportamiento. Negativos, se llamaban. ¡Alonso, un negativo! Aunque lo suyo nunca fue del todo eficaz. El hombre se entusiasmaba de tal modo que al final del trimestre llegaba uno a tener “menos diecisiete”, lo cual era prácticamente como tener bula para delinquir en clase. Siendo el rango de puntuación de 0 a 10, y puesto que el máximo esfuerzo en el examen sólo podía reportarte un “menos siete”, mejor era asumir la condición de perdedor precoz y darse a la buena vida de los comics bajo la carpeta y a los juegos de miradas con esas niñas recién llegadas del colegio de monjas, yummm…
2 Comments:
Demasiado pronto para juzgar, querido patato, y recuerde siempre que aquel que ocupa la poltrona tiende a exagerar, cuando no a inventar, resultados satisfactorios.
Históricamente se ha utilizado la intimidación a la cartera como método disuasorio para esas acciones y la retirada del carnet lleva ya años aplicándose, pero no puedo dejar de asombrarme que la retirada de algo absolutamente artificial y ficticio llamado "punto" sea más efectivo. O que se ponían pocas multas y que, o bien eran recurridas por norma o bien no las pagaba ni su tía.
Yo creo que hay que desarrollar filosóficamente el concepto "punto" como núcleo de negatividad ciudadana... Algo que trasciende la unidad monetaria. Ha sido más efectivo que las multas. Tal vez, poniéndome sicosocial, el Estado emplea una hábil retroyección hacia la puntuación escolar, que tanto asustaba y cuyo recuerdo aún alienta un cierto miedo.
Pero demasiado pronto, sí, es cierto.
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