Piedras en el camino
...especulaciones antieconómicas de un tubérculo urbano...
1. En realidad, no es tanto que el hombre tropiece dos veces con la misma piedra sino que, en el segundo tropezón, tiende a identificar la piedra como un obstáculo diferente. Así resulte obvio que el zapato se ha incrustado de nuevo en el mismo y maldito conglomerado mineral, antes denominado piedra. En realidad, y gracias a la ideología, el hombre suele ver una pluralidad de problemas desligados donde sólo existe uno. Uno viejo, además. Básicamente por comodidad. Porque cambiar los criterios de raciocinio da pereza. Un perezón. Sí.
Como ejemplo sirva este año sin nevadas, que ha puesto de manifiesto la estúpida decisión de los habitantes pirenaicos de abandonarse al turismo de masas como forma única de subsistencia. Que todo se organice entorno a vacacionadores de ciudad que llegan con la billetera llena a divertirse como está mandado, con su forfait y su dieta tradicional pirenaica (¡nada que objetar al trinxat amb cansalada!), les hace enteramente dependientes. Basta con que un día falten vacacionadores para que se decrete crisis, como hoy sucede . El Periódico declaró el pasado sábado que “El Pirineo Catalán se plantea cambiar su modelo turístico”. Es decir, que el modelo turístico -nuestra piedra en la metáfora referida-, tiene que seguir siendo. Y van a dejarla en medio del camino para facilitar tropiezos ulteriores. No sólo debe haber “modelo” -lo cual es ya del todo discutible-, sino que además debe estar basado en los servicios del ocio. Reorientados debidamente, claro está. En breve asistiremos al tercer tropezón. Y nos dirán que la piedra es otra. Tontos.
2. Igualmente, el modelo turbourbanizador que se impone en el Sur y Levante español va camino de saturación y en breve llegará a la más rotunda sobreoferta. En ese punto se nos dirá también que hay que reenfocar “el modelo”. Nada de eliminarlo. Sobretodo que perdure "el modelo" (¿Modelo de qué? Respuesta rápida: de extracción de plusvalías y acumulación de capital). Habrá que orientar la construcción entonces hacia otra modalidad de depredación del territorio... Hasta su artificialización completa. Hasta que una ardilla recorra la península de ladrillo en ladrillo. Y se muera de pena, por supuesto. "La Florida europea", el erial regado para goce y disfrute de ancianos golfistas noreuropeos, deberá cambiar de uso. Aunque en un país con dos viviendas por habitante no haga falta ni un edificio nuevo hasta dentro de mi años.
3. Un ejemplo más sobre cómo el estado y el Capital se resguardan el uno al otro marketing mediante: en una foto recién publicada, la vicepresidenta del gobierno habla tras un micro del que cuelga un cartel con el lema de la conferencia medioambiental en la que participa. El lema es: "Desarrollo Sostenible, el modo natural de crecer." El contenido de la charla de la vicepresidenta no interesa en absoluto. Con el eslogan está todo dicho. Un completo absurdo. Da por hecho que hay que crecer. Se sobreentiende. Pero... ¿No les parece que primero deberíamos discutir este término? Crecer a cualquier precio. Crecer como sea. ¿Qué sentido tiene? Sólo le encuentro uno si me pongo el disfraz de hijoputa emprendedor, me hago el nudo stradforshire en el corbatón de seda y razono más o menos así: "de otro modo, se frena el estímulo de acumulación, con él la inversión y detrás de la inversión, el sistema entero". Lo saben ¡coño si lo saben! y por ello, como parte de las atribuciones estatales, los ministros y jerarcas notorios se ven en la obligación de mentir de forma permanente sobre la conveniencia de crecer y otras narrativas idiotas al uso.
A crecer todos, diantre. Sosteniblemente, eso sí.
Al apocalipsis, ordenaditos y por turnos.
Y en esas que llega Pablito, de diez años, y pregunta a su papá: ¿pero entonces, si crecemos y crecemos, donde vivirán los animales del bosque? ¿cómo seguiremos creciendo cuando ya no quede tierra? ¿por el mar?... Ja ja ja, rien los políticos, qué tierno el cabroncete.
En pelota picada, va el emperador.
Lo triste es que ya lo sabe, y aún así se ríe y se rasca las bolas.
4. Una vez reducida la industria de occidente a la mínima expresión -y con ella, la subjetividad de la "clase trabajadora" y la consiguiente ideología obrerista- y llegados todos a este estado de “economía desarrollada” (o “tecnodemocracia progresada”, como diría Don Agustín) en que la mayoría se desempeña en puestos de servicios no-se-sabe-para-qué, ningún Estado (y menos el que nos gobierna) va a asumir (1) que estos servicios se mueven sólo entre los huecos de la economía exteriorizada (la producción, hoy por hoy asiática), (2) que no producen verdaderamente nada (o sí: bienestar, ocio, conocimiento… en cualquier caso, nada que llene el estómago o que nos permita construir una caña de pescar) y (3) que hay que reconvertir de forma masiva nuestra organización social. En adelante, hasta el crack que se avecina, todo serán arreglos y reorientaciones. Ningún replanteamiento integral que pueda evitarnos el colapso.
No les anuncio mi resignación, sino de quién no podemos esperar un golpe de timón.
Diario de Carlos; lista de Tareas: aprender oficios, escapar del cemento, mudarse al tercer mundo.
5. Un titular de El País anuncia con cierta alarma que hay Una niña madrileña en Irak. Acabáramos. Para que sea noticia de alcance el hecho de que un único individuo habite en un momento determinado en una zona que pueblan millones, el lugar debe de parecernos tan lejano e inhóspito como la superficie marciana. Debe existir un fuerte desarreglo moral en nuestra percepción del mundo para que “Un hombre en Marte” y “Una niña en Irak” nos parezcan noticias análogas y se redacten de la misma forma. Es la manera en que se nos informa de las guerritas en la periferia de occidente. Explotan lejos. Patapum. Aquí no se oye nada. Y además, allí no están “los nuestros”. Luchan “otros” y mueren “otros”. Uno de los nuestros allí constituye por sí solo una noticia, así viva entregado a la papiroflexia.
Una madrileña en Basora. Un gallego en la luna. Tanto da.
1. En realidad, no es tanto que el hombre tropiece dos veces con la misma piedra sino que, en el segundo tropezón, tiende a identificar la piedra como un obstáculo diferente. Así resulte obvio que el zapato se ha incrustado de nuevo en el mismo y maldito conglomerado mineral, antes denominado piedra. En realidad, y gracias a la ideología, el hombre suele ver una pluralidad de problemas desligados donde sólo existe uno. Uno viejo, además. Básicamente por comodidad. Porque cambiar los criterios de raciocinio da pereza. Un perezón. Sí.
Como ejemplo sirva este año sin nevadas, que ha puesto de manifiesto la estúpida decisión de los habitantes pirenaicos de abandonarse al turismo de masas como forma única de subsistencia. Que todo se organice entorno a vacacionadores de ciudad que llegan con la billetera llena a divertirse como está mandado, con su forfait y su dieta tradicional pirenaica (¡nada que objetar al trinxat amb cansalada!), les hace enteramente dependientes. Basta con que un día falten vacacionadores para que se decrete crisis, como hoy sucede . El Periódico declaró el pasado sábado que “El Pirineo Catalán se plantea cambiar su modelo turístico”. Es decir, que el modelo turístico -nuestra piedra en la metáfora referida-, tiene que seguir siendo. Y van a dejarla en medio del camino para facilitar tropiezos ulteriores. No sólo debe haber “modelo” -lo cual es ya del todo discutible-, sino que además debe estar basado en los servicios del ocio. Reorientados debidamente, claro está. En breve asistiremos al tercer tropezón. Y nos dirán que la piedra es otra. Tontos.
2. Igualmente, el modelo turbourbanizador que se impone en el Sur y Levante español va camino de saturación y en breve llegará a la más rotunda sobreoferta. En ese punto se nos dirá también que hay que reenfocar “el modelo”. Nada de eliminarlo. Sobretodo que perdure "el modelo" (¿Modelo de qué? Respuesta rápida: de extracción de plusvalías y acumulación de capital). Habrá que orientar la construcción entonces hacia otra modalidad de depredación del territorio... Hasta su artificialización completa. Hasta que una ardilla recorra la península de ladrillo en ladrillo. Y se muera de pena, por supuesto. "La Florida europea", el erial regado para goce y disfrute de ancianos golfistas noreuropeos, deberá cambiar de uso. Aunque en un país con dos viviendas por habitante no haga falta ni un edificio nuevo hasta dentro de mi años.
3. Un ejemplo más sobre cómo el estado y el Capital se resguardan el uno al otro marketing mediante: en una foto recién publicada, la vicepresidenta del gobierno habla tras un micro del que cuelga un cartel con el lema de la conferencia medioambiental en la que participa. El lema es: "Desarrollo Sostenible, el modo natural de crecer." El contenido de la charla de la vicepresidenta no interesa en absoluto. Con el eslogan está todo dicho. Un completo absurdo. Da por hecho que hay que crecer. Se sobreentiende. Pero... ¿No les parece que primero deberíamos discutir este término? Crecer a cualquier precio. Crecer como sea. ¿Qué sentido tiene? Sólo le encuentro uno si me pongo el disfraz de hijoputa emprendedor, me hago el nudo stradforshire en el corbatón de seda y razono más o menos así: "de otro modo, se frena el estímulo de acumulación, con él la inversión y detrás de la inversión, el sistema entero". Lo saben ¡coño si lo saben! y por ello, como parte de las atribuciones estatales, los ministros y jerarcas notorios se ven en la obligación de mentir de forma permanente sobre la conveniencia de crecer y otras narrativas idiotas al uso.
A crecer todos, diantre. Sosteniblemente, eso sí.
Al apocalipsis, ordenaditos y por turnos.
Y en esas que llega Pablito, de diez años, y pregunta a su papá: ¿pero entonces, si crecemos y crecemos, donde vivirán los animales del bosque? ¿cómo seguiremos creciendo cuando ya no quede tierra? ¿por el mar?... Ja ja ja, rien los políticos, qué tierno el cabroncete.
En pelota picada, va el emperador.
Lo triste es que ya lo sabe, y aún así se ríe y se rasca las bolas.
4. Una vez reducida la industria de occidente a la mínima expresión -y con ella, la subjetividad de la "clase trabajadora" y la consiguiente ideología obrerista- y llegados todos a este estado de “economía desarrollada” (o “tecnodemocracia progresada”, como diría Don Agustín) en que la mayoría se desempeña en puestos de servicios no-se-sabe-para-qué, ningún Estado (y menos el que nos gobierna) va a asumir (1) que estos servicios se mueven sólo entre los huecos de la economía exteriorizada (la producción, hoy por hoy asiática), (2) que no producen verdaderamente nada (o sí: bienestar, ocio, conocimiento… en cualquier caso, nada que llene el estómago o que nos permita construir una caña de pescar) y (3) que hay que reconvertir de forma masiva nuestra organización social. En adelante, hasta el crack que se avecina, todo serán arreglos y reorientaciones. Ningún replanteamiento integral que pueda evitarnos el colapso.
No les anuncio mi resignación, sino de quién no podemos esperar un golpe de timón.
Diario de Carlos; lista de Tareas: aprender oficios, escapar del cemento, mudarse al tercer mundo.
5. Un titular de El País anuncia con cierta alarma que hay Una niña madrileña en Irak. Acabáramos. Para que sea noticia de alcance el hecho de que un único individuo habite en un momento determinado en una zona que pueblan millones, el lugar debe de parecernos tan lejano e inhóspito como la superficie marciana. Debe existir un fuerte desarreglo moral en nuestra percepción del mundo para que “Un hombre en Marte” y “Una niña en Irak” nos parezcan noticias análogas y se redacten de la misma forma. Es la manera en que se nos informa de las guerritas en la periferia de occidente. Explotan lejos. Patapum. Aquí no se oye nada. Y además, allí no están “los nuestros”. Luchan “otros” y mueren “otros”. Uno de los nuestros allí constituye por sí solo una noticia, así viva entregado a la papiroflexia.
Una madrileña en Basora. Un gallego en la luna. Tanto da.
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