Justiceland

Ayer se inaguró electoralmente (hay que distinguir entre inauguración electoral e inauguración real) La Ciutad de la Justicia: el conjunto de nichos funcionariales que ven arriba. Una construcción-concepto muy del estilo de la megalomanía ciudadanista contemporánea. Un invento ya implantado en otras plazas como Valencia o Málaga.
El engendro, levantado sobre las ruinas del Cuartel de Lepanto, ocupa una inmensa manzana en plena Gran Via, en una zona limítrofe con l’Hospitalet. Responde a las tendencias de organización burocrática más en boga. Un proyecto de modernización con reforma social encubierta. Persigue varias finalidades: primero, la concentración de tareas iguales (todos los juzgados y tribunales de Barcelona y L’Hospitalet) y la ordenación del espacio de trabajo. Una necesidad de la megaurbe, que al concentrar el capital y sus actividad de gestión y acumulación derivada, centraliza a su vez el conflicto y la delincuencia. Hasta aquí, responde a una lógica funcional orgánica. Y nadie puede sorprenderse de nada. Economía de escala, estandarización de procedimientos, centralización de funciones idénticas.
Pero posee también intenciones menos obvias. La puesta en marcha del gran proceso de reestructuración organizativa arranca también una dinámica que camufla todo un paquete de reformas, entre las cuales se esconde la precarización del funcionariado de la justicia (que, por otra parte, tampoco es que merezca una mina de oro) mediante la disposición de un aparato de control de movimientos mucho más estricto, lo que implica una fiscalización estricta del tiempo de trabajo y una sospecha permanente sobre su labor.
Además, está todo el marasmo de contratas y subcontratas -el negociete, el Dinero en movimiento- que llegan de la mano de esta reubicación de la justicia en Barcelona. Hay una conselleria que vive de este trajín, del continuo reordenamiento de las estructuras de la burocracia, y otra que siempre se ve afectada de forma directa (en función de la sede trasladada). Aún cuando todo está en orden, estos señores planifican traslados. Se ganan la vida con ello.
Finalmente, otra causa que confluye en la lógica del proyecto es nada más y nada menos que la neutralización y sumisión del poder judicial por los administradores de los medios materiales, en este caso la Generalitat de Catalunya. Con la creación de sedes únicas en todos los partidos judiciales se puede, por fin, separar a los jueces y confinarlos para limitar su influencia en los grupos de trabajo a su servicio. También se pretende, con la separación física (despachos alejados, servicios comunes), que todas las funciones que no sean estrictamente jurisdiccionales –relativas a la decisión de asuntos- se resuelvan por cuerpos de funcionarios que respondan a una lógica de pool o paper makers. La lógica de la tecnificación, de la anulación del conocimiento jurídico de fondo.
Dicho de otro modo: se confina a los jueces funcional y físicamente.
Tenía que pasar. En un enfrentamiento (no declarado) entre los sabios y los gestores, los primeros siempre tienen las de perder. Los jueces siempre han sido “los jefes de todo esto”, y se han encargado muy bien de demostrarlo a diario con su altanería y falta de educación, pero su poder es limitado. No tienen la billetera. Y en este mundo que vivimos, tan cabrón y tan inmoral (que ellos, los perdedores del episodio de hoy, se encargan de consolidar asépticamente), triunfan los contables, los expertos en buena gestión, y no los que más saben. Así pues, podemos disfrutar durante unos días cómo estos semidioses pierden sus privilegios, y lo que es mejor: cómo se la cuelan por lo bajini con los habituales pretextos tecnocráticos con los que los burócratas nos suelen endilgar sus carbonadas.
De hecho, han quedado tan desconcertados y tan descolocados que los lamentos hacia la prensa sólo se referían a las insuficientes plazas de parking. ¡¿Pero qué clase de sociedad hemos creado, que no suministra plazas de parking a los jueces?! ¿¡En qué clase de cerdos insensibles nos hemos convertido!? ¿Qué será lo próximo? ¿Privar de ayudas a las viejecitas de Pedralbes, con lo caro que está el pienso para Yorkshires?
4 Comments:
Que bien, Cecilia Todd! Siempre me cayó bien esa señora. Pues recalé en Conny buscando cosas de Serenata Guayanesa, mi grupo favorito cuando era pequeña (tocaron aquí en noviembre y no me enteré, pardiez).
Por otro lado, escalofríos me dio cuando leí tu entrada de nosotros somos el target, llevaba un tiempo pensando lo mismo a grandes rasgos, en parte el horror de formar parte del grupo de personas que se supone que compra coches y pide hipotecas, y por otro lado el asco de ver cómo se utilizan recursos sentimentales sin ningún tipo de escrúpulo, y encima dándole un giro como para crear un estúpido orgullo generacional.
Permíteme y perdóname la frivolidad el día que me paso por primera vez a hacerte un comentario. Y es que cuando he leído eso de la "ciutat de la justucia" he tenido una elipsis que me ha devuelto a mi infancia y he recordado el doblaje mexicano de los dibujitos animados y sbre todo cuando decían: "mientras tanto en el Salón de la Justicia..." y ahí estaban La Mujer Maravilla, Superman y todos los amiguetes...
Nada, no es ninguna frivolidad. Se parece bastante a un cuartel general de superhéroes, muy del estilo marvel. Los vengadores, los defensores, los 4F... todos tenían su cuartel, como los jueces de Barcelona. Por otra parte, el gigantismo forma parte de la justicia. Las tarimas: juez arriba, juzgado abajo. Las salas de vistas: techos altos, maderas nobles... Todo en el interior y exterior de las sedes judiciales está diseñado para marcar distancias entre los superhombres y nosotros. De hecho, uno de los puntos de tensión de esta ciudad judicial es que las declaraciones se han de tomar en los despachos de los jueces, con lo que se quita el escenario (una sala de vistas) barroco e intimidante, y se rebaja al juez a funcionario raso...
En fin, un saludo.
por no decir que el nombre "Ciutat de la Justicia" da un montón de grima.
Al menos no le han llamado "Ciutat de la Llibertat".
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