la patata de la libertad

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6.2.08

Consideraciones sobre empleo y desempleo

Con el cuento de los Puestos de Trabajo es muy fácil dejarse engañar. Yo sé poco de economía, pero sé un poquito más de realidades falsas, y de cómo se economiza la vida cotidiana para tornarla del revés.

Tomemos el caso de Catalunya, en donde llevamos aproximadamente tres años con un paro que ronda el 6%. Se dice, en todos los foros de expertos, que cinco puntos deben tomarse como “paro estructural”, esto es, incorporaciones al mundo del Trabajo, cambios de un puesto a otro y resto de situaciones temporales de carencia de empleo. Sin embargo, durante estos últimos años hemos estado escuchando a instituciones financieras, políticos, círculos empresariales y demás velociraptores que había que “diseñar políticas para la creación de empleo". Justo cuando cabía objetarles dónde demonios pensaban colocar "más empleo". Y por supuesto, el detalle de estas políticas siempre se ha traducido en el (a) “abaratamiento del despido” –o cómo destruir empleo creando empleo (?!)-, (b) el fomento de la formación profesional y (c) la “flexibilización contractual”. Pueden hacerse a la idea del verdadero fin que se persigue en cada caso. Con el abaratamiento del despido, se permitiría descapitalizar periódica de las grandes empresas para maquillar las cuentas, medida que quedaría completada por la también anhelada flexibilización (léase precarización) en la nueva contratación. Es fácil imaginar el ciclo resultante. Hoy cobras 10, mañana te despido gratis y pasadomañana te vuelvo a contratar por 5. Sobre el fomento de la formación profesional, cabría objetar que la especialización técnica que las empresas requieren y que sólo es útil para ellas debería estar, lógicamente, financiado por ellas. “Formación” debería considerarse sólo aquello que puede enriquecer al individuo, y no un curso de troquelaje de bovinas cónicas o de desfragmentación de discos duros. La formación orientada al trabajo o aprendizaje –no se confundan con la figura del “contrato de aprendizaje”- siempre se realizó en el seno del propio empleo, pues era el empleo el que requería habilidad. No consigo entender porqué tenemos que pagar todos una formación orientada a la consecución de una nómina y que sólo puede aprovechar el empresariado.

Sin embargo, y vayamos ya al quid del asunto, no es tanto el oportunismo para imponer agendas malintencionadas con un pretexto cualquiera –los charlatanes del Cercle d’Economía lanzarían el mismo mensaje aún en el debate de un cineclub-, como la necesidad de insuflar un estado de ánimo, un consenso, alrededor de la inseguridad laboral. Realmente, no hay nada peor para el empresariado –la experiencia de la autonomía italiana de finales de los 70 lo certifica- que un puñado de obreros conscientes de la sobreoferta de trabajo y, por tanto, desapegados e inchantajeables. Dispuestos a abandonar su empleo al mínimo regaño. Dispuestos a abandonar su empleo con la latencia de la más mínima inquietud primaveral. Una piara de cerditos asustados, hipotecados y con tendencia a la genuflexión se adapta mucho mejor al espíritu de los tiempos.

Ahora parece ser que se ha llegado al fin del pleno empleo, y una vez más, no hemos aprovechado la ocasión de imponer nuestras reivindicaciones. La facilidad para recolocarnos debería habernos hecho perder el miedo. Algunos hemos actuado así, cambiando de trabajo para aprovechar la situación. Luego, en nuestro Puesto, hemos intentado mantenernos a la brava y sin permitir abusos de cuadros medios, gerentes y demás capataces modernos. Pero la mayor parte de trabajadores ha desechado este periodo idóneo para las mejoras, así sea a título individual (con los actuales sindicatos, tampoco esperamos milagros).

Dicen, por ahí arriba, que se acabó lo que se daba. Yo diría que el mensaje es incorrecto. Nunca se nos ha dado nada. Los que ahora están asustados proyectan sus temores hacia abajo. Son los que han recogido cosecha tras cosecha durante la bonanza. Ahora nos piden sensibilidad, sobretodo, para que en un futuro próximo nos dejemos porculizar con nuevas medidas predatorias. ¿Pues saben qué? Ya no sentimos nada. Ahora que coman grano seco, o que se canten ellos mismos el cuento de la cigarra y la hormiga con el que tanta pedagogía social han realizado. Supongo que deben tener las despensas llenas para el invierno.

Y si no, dos piedras.

2 Comments:

Blogger Guifré, el petit ornitòleg aficionat said...

El titular del Periódico diu que Barcelona es una ciutat ideal per fer negocis i que per aixó venen tantes empreses. No m'extranya, amb centenars de milers de capullus cobrant 1000 euros al mes...

1:29 p. m.  
Blogger Guifré, el petit ornitòleg aficionat said...

Jo inclós.

1:29 p. m.  

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