El terror ciego
Lo cierto es que si estuviese en mis manos el aparato de inteligencia central del Estado, o de la comunidad autónoma correspondiente, estaría entusiasmado con la actual situación.
La existencia de un grupo islámico terrorista es un caramelito. Sirviéndome de ellos, ya presos y sin posibilidad de réplica, falsearía su objetivo haciéndolo lo más genérico y peligroso que pudiese concebirse. Así, omitiría que los pakistanís detenidos pretendían atentar contra la embajada de Israel, la delegación del gobierno o cualquier otro objetivo político y les convertiría en un elemento de terror aleatorio, susceptible de explotar en cualquier sitio. Al tun tun...
Al fin y al cabo, sólo aprovecharía las cartas que se me han repartido: por un lado, la renuencia de la gente a pensar que hay una acción política concreta detrás de esas acciones inmorales y monstruosas, idea consolidada gracias a la insistencia de los media en el “sin sentido” del terror (una acción supuestamente nostálgica y más allá de la lógica) y a la eterna omisión de una explicación completa.
También, cómo no, aprovecharía un pasado todavía fresco y muy dramático, con trenes reventados y casi doscientos muertos.
No se sulfuren: la necesidad de autolegitimación de mi propio aparato (miles de policías, instalaciones y vehículos bajo mi mando) requeriría el habitual estado permanente de miedo.
Sí, el miedo es imprescindible. Lo lamento.
Claro que, como dije al principio, eso es lo que haría yo con mis conocimientos –de algo me tiene que servir mi larga experiencia como Líder Único de Patatonia- y si me diesen un cargo de mando en interior. Pero ya saben ustedes que yo soy un cabroncete, mientras que nuestros gobernantes, gente de bien y progresista, son de una rectitud moral intachable.
Nunca jamás osarían manipular así al pueblo.
La existencia de un grupo islámico terrorista es un caramelito. Sirviéndome de ellos, ya presos y sin posibilidad de réplica, falsearía su objetivo haciéndolo lo más genérico y peligroso que pudiese concebirse. Así, omitiría que los pakistanís detenidos pretendían atentar contra la embajada de Israel, la delegación del gobierno o cualquier otro objetivo político y les convertiría en un elemento de terror aleatorio, susceptible de explotar en cualquier sitio. Al tun tun...
Al fin y al cabo, sólo aprovecharía las cartas que se me han repartido: por un lado, la renuencia de la gente a pensar que hay una acción política concreta detrás de esas acciones inmorales y monstruosas, idea consolidada gracias a la insistencia de los media en el “sin sentido” del terror (una acción supuestamente nostálgica y más allá de la lógica) y a la eterna omisión de una explicación completa.
También, cómo no, aprovecharía un pasado todavía fresco y muy dramático, con trenes reventados y casi doscientos muertos.
No se sulfuren: la necesidad de autolegitimación de mi propio aparato (miles de policías, instalaciones y vehículos bajo mi mando) requeriría el habitual estado permanente de miedo.
Sí, el miedo es imprescindible. Lo lamento.
Claro que, como dije al principio, eso es lo que haría yo con mis conocimientos –de algo me tiene que servir mi larga experiencia como Líder Único de Patatonia- y si me diesen un cargo de mando en interior. Pero ya saben ustedes que yo soy un cabroncete, mientras que nuestros gobernantes, gente de bien y progresista, son de una rectitud moral intachable.
Nunca jamás osarían manipular así al pueblo.
4 Comments:
Muy bien su irónico artículo de hoy, don Patato. Estoy de acuerdo. Sólo me permito rectificarle un dato: los muertos en el asalto a los trenes fueron 191, no, por tanto, “más de doscientos”.
Un saludo.
Vaya, ahora recuerdo que las primeras noticias hablaban de doscientas... Y luego la cosa bajó. Gracias por la corrección. Corrijo también el post.
Miedo, usura, gula, apatía... Los cimientos de esta sociedad dan grima moral. Y de momento parece que han desaparecido las alternativas. Saludos.
¡Pero si ni el mismo Rubalcaba era capaz de comprender el concepto "terrorista-suicida-sin-bomba"! Su cara durante la rueda de prensa era un poema.
Y se llegó a proclamar la fecha de los atentados con toda precisión (tocaba hace dos fines de semana, creo)
Lo más fuerte del caso es que, otra vez, casi ningún medio de comunicación "ha caído" en la evidencia de las contradicciones que ellos mismos publicaban. Ba, total para qué, si da igual. Nos lo tragamos todo....
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