Innovaciones conflictométricas
Con la expansión de los sistemas de información, ha sobrevenido la completa matematización del mundo. Si fuese cherokee, diría que es el asesinato de Madre Tierra, pero como soy del Eixample, sólo me escandalizo y, como se dice muy cultamente, me llevo las manos a la cabeza. Este proceso de informatización está destinado (que no “orientado”, no pienso aceptar nunca más el cansino discurso de la neutralidad de la tecnología) a facilitar el movimiento de dinero, mercancías y trabajadores de un sitio a otro. El porqué no importa, el caso es que se mueva todo; ya saben que las representaciones “retro” del futuro –cuando el futuro todavía era futuro, y no el estercolero que todos imaginamos hoy- hay siempre pantallas, conmutadores, parpadeos y una sensación estética de movimiento continuo. También, y sobretodo, sirve para tenernos a todos contados, medidos y, en consecuencia, controlados -todo feudo, Estado o reino que se precie se inicia con un buen censo-. Recuerden que la historia del pastoreo humano industrial se inicia con las primeras tarjetas perforadas de IBM, cuyo ingenio permitió técnicamente la locura nazi del exterminio a granel. Luego hay otros usos accesorios, nimios, pulgarcitos, para esta sistematización de los procesos. Usos domésticos para lo que antes uno tenía una olivetti, un teléfono o una calculadora (que en realidad se estropeaban menos, eran más baratos y esclavizaban menos que las actuales computadoras), usos que se han empleado para endosarnos esta organización social. Por la más insignificante de sus funciones -el ocio y la comunicación entre ciudadanitos- se nos vende todo un sistema-mundo, conectado y hecho un ovillo de cable. Lo que pudiera servirnos para ordenar nuestra viniloteca o para hacer planes, de la forma en que por aquí abajo hacemos planes (“según esta hoja de cálculo, el mes que viene no puedo ir a Londres ni de coña”) ha sido empleado, sobretodo, para hacer del molesto ensamblaje empresarial y mercantil -lo que en jerigonza marxista es “estructura”- una madeja con automatismos autoengordantes que finalmente ha quedado fuera de nuestro alcance -ha devenido "superestructura"-. Ahora ya sólo queda mirar hacia arriba y referirse mediante sublimaciones a procesos que antes comprendíamos.
Cuantas más ruedecillas tiene el mecanismo del reloj, mayor es su precisión. Queda fuera del debate si nos hace falta tal precisión (yo, con saber que son más o menos “y media” tengo suficiente). Y también, por supuesto, cuantas más ruedecillas, más fácil el colapso… y más difícil el arreglo.
El sistema carga consigo todas estas contradicciones, y no hay que perderlas de vista.
Recientemente, he leído un par de ejemplos aterradores de exaltación boba de la sistematización de la información y de medición de los procesos sociales. A la vez, he vivido un par de situaciones que me han mostrado una dimensión aterradora de los sistemas de información: cuanto mejores son para la medición de los intereses de sus creadores, menos nos sirven a nosotros. Pero vayamos al más notorio de todos los ejemplos, que fue la lectura en Público de una entrevista al investigador Jose María Esteban, matemático del CSIC que se encuentra en pleno diseño de procesos aritméticos para la explicación de los conflictos sociales que enmarañan la actualidad.
Hagan el esfuerzo de leer un par de veces la entrevista. Traten ustedes de comprender el discurso de Esteban. Yo he fracasado en el intento. O tal vez lo he entendido demasiado bien. No puedo determinar si su simplicidad era excesiva o si se trata de una complejidad arisca y equívoca. Entendí, de su máxima más repetida (“el conflicto nace de la polarización”), que la gente se pelea porque está enfrentada (¡vayan preparando el Nobel para Esteban!). Porque hace de su enseña bando, de su ideología posición, de su capa un sayo, etc, etc… Eso es algo de tanta enjundia como decir que “el charco nace de la lluvia” o que ese morado que tengo en la pierna, siempre en el mismo lugar de la rodilla, encuentra su causa última en mi formidable afición a chutar involuntariamente dinteles de diversos grosores. La cosa es que, si la gente no formase grupos, entiendo, no terminaría lanzándose flechas o haciendo estallar artefactos nucleares donde no procede. Válgame dios.
Así que la causalidad es el origen de sí misma. Se trata de un proceso autorecursivo. Qué ingeniosa y sonora vacuidad.
Sin embargo, y aunque me reconozco demasiado burro como para entender el kernel del discurso, sí me percaté de lo que el Sr. Esteban vende por lo bajo, que no es otra cosa que un “conflictómetro” con el mismo uso que los planes de los higienistas o del barón Hausmann, los cálculos del proyecto Echelon o las teorías conductivistas: la modificación de los entornos y de las condiciones de vida para la preservación de unos determinados intereses. Eso que, con toda desfachatez, se denomina “gobernance” o gobernabilidad. Y como autopromoción, Esteban ofrece un anticipo de las variables de su teoría (“relación entre los recursos y el tamaño de cada grupo y el grado de distanciamiento entre los mismos, todo en unas circunstancias definibles: A mayor que B; B mayor que C, etcétera, hasta descubrir el porcentaje de probabilidad de que se cree un conflicto y la cantidad de recursosque deberá destinar cada grupo en esa situación”) y de la utilidad de ella, -sobretodo, cuando responde a la pregunta ¿Se aprovechan políticamente estos resultados?-: “Por supuesto. A los políticos les interesa el equilibrio social, la ausencia de conflicto. Por eso, tener un indicador como el que estamos estudiando debe interesarles porque les ayuda a entender los factores fundamentales del conflicto.”.
Gloriosa respuesta: me encanta la parte en que nos recuerda que “A los políticos les interesa el equilibrio social”. Qué bonita y entrañable mentira. Qué malvada analogía entre equilibrio y orden ¡como si fuese lo mismo! Como si no cupiese orden en el desequilibrio. ¡Pero si es la actualidad misma! Alguien tendrá que explicarle a Esteban quienes son los reyes magos. O que estamos donde estamos, y trabajamos sólo 8 horas, y no 16, gracias al Conflicto.
Pero como esto, al fin y al cabo, es puro mercadeo científico, Esteban emprende una publicidad de lo más efectiva para que actores políticos de todo tipo se acerquen a sus teorías y las compren. Salva cualquier recelo de sus posibles compradores al repetir hasta cinco veces que “la desigualdad” no es determinante como sustrato del conflicto. Así que de “clases” nada, señores gobernantes. Pueden estar tranquilos. ¡Compren mi conflictómetro, sigan hablando de nacionalismos y suban el volumen de la tele! Los conflictos del futuro saldrán de ahí. ¡Y además están ustedes para asegurarse de ello!
Aparquemos ya el sarcasmo: me aterra la posibilidad de un estudio de campo lo suficientemente grande como para hacer fiables los cálculos de este científico. Por supuesto, el ensamblaje de estos cálculos en un Sistema de Información será la guinda necesaria.
A algunos les aterra la inmigración, a otros un probable colapso… mi mayor pánico, confieso, es esta simbiosis entre razón científica puramente cuantitativa e innovación tecnológica.
Dos factores que por separado dan risa… pero juntos… ay ay.
Cuantas más ruedecillas tiene el mecanismo del reloj, mayor es su precisión. Queda fuera del debate si nos hace falta tal precisión (yo, con saber que son más o menos “y media” tengo suficiente). Y también, por supuesto, cuantas más ruedecillas, más fácil el colapso… y más difícil el arreglo.
El sistema carga consigo todas estas contradicciones, y no hay que perderlas de vista.
Recientemente, he leído un par de ejemplos aterradores de exaltación boba de la sistematización de la información y de medición de los procesos sociales. A la vez, he vivido un par de situaciones que me han mostrado una dimensión aterradora de los sistemas de información: cuanto mejores son para la medición de los intereses de sus creadores, menos nos sirven a nosotros. Pero vayamos al más notorio de todos los ejemplos, que fue la lectura en Público de una entrevista al investigador Jose María Esteban, matemático del CSIC que se encuentra en pleno diseño de procesos aritméticos para la explicación de los conflictos sociales que enmarañan la actualidad.
Hagan el esfuerzo de leer un par de veces la entrevista. Traten ustedes de comprender el discurso de Esteban. Yo he fracasado en el intento. O tal vez lo he entendido demasiado bien. No puedo determinar si su simplicidad era excesiva o si se trata de una complejidad arisca y equívoca. Entendí, de su máxima más repetida (“el conflicto nace de la polarización”), que la gente se pelea porque está enfrentada (¡vayan preparando el Nobel para Esteban!). Porque hace de su enseña bando, de su ideología posición, de su capa un sayo, etc, etc… Eso es algo de tanta enjundia como decir que “el charco nace de la lluvia” o que ese morado que tengo en la pierna, siempre en el mismo lugar de la rodilla, encuentra su causa última en mi formidable afición a chutar involuntariamente dinteles de diversos grosores. La cosa es que, si la gente no formase grupos, entiendo, no terminaría lanzándose flechas o haciendo estallar artefactos nucleares donde no procede. Válgame dios.
Así que la causalidad es el origen de sí misma. Se trata de un proceso autorecursivo. Qué ingeniosa y sonora vacuidad.
Sin embargo, y aunque me reconozco demasiado burro como para entender el kernel del discurso, sí me percaté de lo que el Sr. Esteban vende por lo bajo, que no es otra cosa que un “conflictómetro” con el mismo uso que los planes de los higienistas o del barón Hausmann, los cálculos del proyecto Echelon o las teorías conductivistas: la modificación de los entornos y de las condiciones de vida para la preservación de unos determinados intereses. Eso que, con toda desfachatez, se denomina “gobernance” o gobernabilidad. Y como autopromoción, Esteban ofrece un anticipo de las variables de su teoría (“relación entre los recursos y el tamaño de cada grupo y el grado de distanciamiento entre los mismos, todo en unas circunstancias definibles: A mayor que B; B mayor que C, etcétera, hasta descubrir el porcentaje de probabilidad de que se cree un conflicto y la cantidad de recursosque deberá destinar cada grupo en esa situación”) y de la utilidad de ella, -sobretodo, cuando responde a la pregunta ¿Se aprovechan políticamente estos resultados?-: “Por supuesto. A los políticos les interesa el equilibrio social, la ausencia de conflicto. Por eso, tener un indicador como el que estamos estudiando debe interesarles porque les ayuda a entender los factores fundamentales del conflicto.”.
Gloriosa respuesta: me encanta la parte en que nos recuerda que “A los políticos les interesa el equilibrio social”. Qué bonita y entrañable mentira. Qué malvada analogía entre equilibrio y orden ¡como si fuese lo mismo! Como si no cupiese orden en el desequilibrio. ¡Pero si es la actualidad misma! Alguien tendrá que explicarle a Esteban quienes son los reyes magos. O que estamos donde estamos, y trabajamos sólo 8 horas, y no 16, gracias al Conflicto.
Pero como esto, al fin y al cabo, es puro mercadeo científico, Esteban emprende una publicidad de lo más efectiva para que actores políticos de todo tipo se acerquen a sus teorías y las compren. Salva cualquier recelo de sus posibles compradores al repetir hasta cinco veces que “la desigualdad” no es determinante como sustrato del conflicto. Así que de “clases” nada, señores gobernantes. Pueden estar tranquilos. ¡Compren mi conflictómetro, sigan hablando de nacionalismos y suban el volumen de la tele! Los conflictos del futuro saldrán de ahí. ¡Y además están ustedes para asegurarse de ello!
Aparquemos ya el sarcasmo: me aterra la posibilidad de un estudio de campo lo suficientemente grande como para hacer fiables los cálculos de este científico. Por supuesto, el ensamblaje de estos cálculos en un Sistema de Información será la guinda necesaria.
A algunos les aterra la inmigración, a otros un probable colapso… mi mayor pánico, confieso, es esta simbiosis entre razón científica puramente cuantitativa e innovación tecnológica.
Dos factores que por separado dan risa… pero juntos… ay ay.
3 Comments:
Psche, psche.
JME cree demostrar un postulado: los conflictos se dan de forma horizontal y no vertical. Cito: "En cambio, nosotros consideramos que el causante de la mayoría de los conflictos es la polarización. ¿Cuál es el grado máximo de desigualdad? La existencia de muchos pobres y un solo rico, ¿no? Pues bien, en ese caso no habría conflicto. Sin embargo, si nos situamos ante una sociedad con dos grupos definidos económicamente por ser igual de pobres e igual de ricos, vemos que sí hay conflicto."
Es decir (o entiendo yo), la lucha se dará entre individuos que comparten (¿compiten por?) el mismo médico, autobús, carretera... Usando terminología marxista: conflicto "intra-clase". Pero no siempre, no, dichos conflictos (siempre "intra", afirmo) se darían cuando acontece POLARIZACIÓN.
A partir de ahí (y sin leer la obra del pavo, eso se lo dejo a Vd. patato ávido, lector al que yo envidio) se me ocurre tirar del un extremo del ovillo:
La POLARIZACIÓN, ¿nace o SE HACE?
Eso es, teniendo en cuenta que ese investigador se dedica a hacer análisis cuantitativos, o lo que es lo mismo, él mide lo que ha pasado e interpreta esas medidas, ¿pueden esos sacarme de la duda plateada en el punto anterior? O dicho de otra manera: si los flujos migratorios desde paises subdesarrollados benefician principalmente el capital que con ello dispone de mano de obra a precios inferiores a la local, mano de obra que añade presión bajista en el mercado de salarios haciendo que el precio del trabajo descienda, ¿por qué es más probable encontrar en un medio de comunicación una referencia a un inmigrante de clase baja (futbolistas no entran) delicuente que al empresariado hijoputa y sicario gerente asociado que comparte entre otros muchos objetivos pagarme menos de lo que yo produzco haciéndome siempre trabajar más sin importarle una mierda cómo pueda ser mi vida más allá de las puertas de la oficina?
A eso el investigador no contesta, entre otros motivos porque el cremas del entrevistador no le pregunta.... ¿la culpa mía que soy periodista? ¿de los medios? ¿de los patrocinadores? ¿de mi ignorancia por no saber la diferencia entre un conflicto "intra-clase" e "interclase"? No por supuesto....
Para acabarlo de rematar, fíjese Vd. que hasta una teoría tan reaccionaria como la de JME tuvo dificil apreciación entre un economista de Chicago que se supone sabe algo de este tema. Claro que si demostrara lo contrario dudo que le hubieran dado tantos premios...
El que quiera un periódico de izquierdas que lea Diagonal, aunque no sea diario.
En cualquier teoría o modelo matemático hay un momento en que hay que decir aquello de "dada una vaca de radio r…". Lo que no es malo en sí, sino la aceptación —impuesta desde arriba— de ese modelo como universalmente válido. Lo dice un matemático, joder. Qué sabrás tu, maldito chiquilicuatre analfabeto. Aunque en el fondo sepas que las vacas no tienen radio. En todo caso transistor.
d.
La ciencia si es neutral. Aquí lo que pasa es que este señor trata de aplicar una metodología científica a su propio y patético discurso ideológico. Y claro, los resultados hacen aguas por todas partes. No se pueden analizar datos ni presentar resultados si la base de la investigación esta desvirtuada por la subjetividad del presunto investigador.
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