Anoche tuve un sueño (y II)
5. Preparo unas arepas. Tap, tap, tap, giro la masa, les doy forma y las pongo sobre una plancha. No se cocinan. Llega Aimara, hace EXACTAMENTE lo mismo y a ella le quedan tostaditas, en su punto. No puede ser, le digo. Quédate aquí por si hago algo mal. Y repito el proceso. Ella supervisa todos los pasos y asiente mientras lo hago. Finalmente, vuelvo a colocar las arepas sobre la plancha y nada, no sucede nada. En la misma plancha, sus arepas se cocinan y las mías no. Está claro, me dice, si no te libras de tus prejuicios nunca conseguirás preparar unas arepas. Suena a maldición cósmica, pero me hace gracia. Nunca pensé en una escena sensei-alumno semejante frente a unos fogones. Luego el tema deriva en unos ejercicios sexuales que no voy a detallar aquí.
6. Unos compañeros de trabajo ríen en grupo. Me acerco y pongo la oreja. Uno de ellos explica que ha entregado una aplicación al gobierno de la comunidad autónoma que genera unos certificados en pdf que no sirven para nada. “He llamado al módulo CertGen y de momento genera hasta ochenta tipos de certificado, todos de mi invención. De hecho, puede generar hasta certificados que pida la gente y que no existan hasta ahora”. Me entra la risa, y él sigue con su explicación. “He programado unos parámetros para que expida un Certificado de Buena Persona a quien lo solicite”. Le pregunto si lo sabe alguien en la Administración, para hacerme a la idea de si nos aguarda un escándalo inminente y tengo que buscarme ya otro trabajo. Contesta que no, que él siempre entrega aplicaciones que se inventa y que todas cuelan. Me cuenta que ya lleva veinte de estas. Dice que así la Administración tiene algo que enseñar cuando fiscalizan sus cuentas, y que ninguno de los que fiscaliza es capaz de discernir si el software que le enseñan es útil de alguna forma.
7. Me encuentro con una ex. Está igual. Y no es un piropo. Me refiero a que aún tiene veinte años. Le pregunto cómo se lo hace. “Hay que concentrarse mucho”, me contesta. Lo intento. Hago como Hiro, el japonés de Héroes, y rejuvenezco unos tres años. Veo que hay menos canas sobre mis orejas. Lamentablemente, estaba más gordo en esa época y me pasaba el día escuchando corridos. Ella me mira y confirma: “peor, peor”. Entonces se concentra y, haciéndome un favor, me devuelve los tres años. “Vuelves a tener treinta y tres… Mejor así”, sentencia. Me sonríe, se concentra de nuevo y desaparece.
¡Coño! Exclamo.
8. Voy de paseo con Ernesto, que me sigue como si fuese un perro. A medida que recorremos la calle Puigmartí, veo como crece. Cuando llegamos a la carnicería ya es del tamaño de una vaca, pero aún inofensivo. El carnicero me grita desde el mostrador que ni se me ocurra entrar con él. Le digo que no pasa nada, que está bien educado y que come pienso, que no se preocupe. Entra Ernesto y al principio se comporta, pero cuando me despisto empieza a jalarse los canalones envasados, con plástico y todo. No contaba con el efecto bechamel, maldición. Salgo a la calle, ato al gato fuera y veo que, junto a Ernesto, hay otros gatos gigantes bebiendo de un abrevadero. Algunos hasta están ensillados. Sale una señora y se sube de un salto a un siamés. Al grito de ¡hah! ¡hah! sale al galope. Un galope silencioso.
9. Corro sobre unos contenedores de barco como en un juego de arcade. Van saliendo dirigentes del PSC y, a medida que los pateo, se convierten en puntos, armas y estrellitas de bonus. A lo lejos oigo los gritos de Montilla, que envía contra mí a toda su corte de tecnócratas. Los ediles mueren de un golpe. Los consellers necesitan hasta cuatro. Los supero a todos y entro en un barco que parece abandonado. Me escondo tras una chimenea y hago mi aparición en cubierta de un salto. Me encuentro a Jordi Hereu junto a Montserrat Tura. Están repartiéndose las armas de una caja hecha con traviesas de madera. Rápido, saco mi katana y parto en dos a Tura, pero Hereu lanza contra mí un ataque cívico y me inmobiliza. Se aleja a paso rápido. Escucho como reniega robóticamente: maleïts incívics, maleïts incivics... Paso unos minutos luchando contra la ordenanza hasta que me libero. Hereu ha desaparecido. Vuelvo al Paseo Colón y, de la nada, surge todo un enjambre de ciudadanos bicing que se lanza contra mí …
6. Unos compañeros de trabajo ríen en grupo. Me acerco y pongo la oreja. Uno de ellos explica que ha entregado una aplicación al gobierno de la comunidad autónoma que genera unos certificados en pdf que no sirven para nada. “He llamado al módulo CertGen y de momento genera hasta ochenta tipos de certificado, todos de mi invención. De hecho, puede generar hasta certificados que pida la gente y que no existan hasta ahora”. Me entra la risa, y él sigue con su explicación. “He programado unos parámetros para que expida un Certificado de Buena Persona a quien lo solicite”. Le pregunto si lo sabe alguien en la Administración, para hacerme a la idea de si nos aguarda un escándalo inminente y tengo que buscarme ya otro trabajo. Contesta que no, que él siempre entrega aplicaciones que se inventa y que todas cuelan. Me cuenta que ya lleva veinte de estas. Dice que así la Administración tiene algo que enseñar cuando fiscalizan sus cuentas, y que ninguno de los que fiscaliza es capaz de discernir si el software que le enseñan es útil de alguna forma.
7. Me encuentro con una ex. Está igual. Y no es un piropo. Me refiero a que aún tiene veinte años. Le pregunto cómo se lo hace. “Hay que concentrarse mucho”, me contesta. Lo intento. Hago como Hiro, el japonés de Héroes, y rejuvenezco unos tres años. Veo que hay menos canas sobre mis orejas. Lamentablemente, estaba más gordo en esa época y me pasaba el día escuchando corridos. Ella me mira y confirma: “peor, peor”. Entonces se concentra y, haciéndome un favor, me devuelve los tres años. “Vuelves a tener treinta y tres… Mejor así”, sentencia. Me sonríe, se concentra de nuevo y desaparece.
¡Coño! Exclamo.
8. Voy de paseo con Ernesto, que me sigue como si fuese un perro. A medida que recorremos la calle Puigmartí, veo como crece. Cuando llegamos a la carnicería ya es del tamaño de una vaca, pero aún inofensivo. El carnicero me grita desde el mostrador que ni se me ocurra entrar con él. Le digo que no pasa nada, que está bien educado y que come pienso, que no se preocupe. Entra Ernesto y al principio se comporta, pero cuando me despisto empieza a jalarse los canalones envasados, con plástico y todo. No contaba con el efecto bechamel, maldición. Salgo a la calle, ato al gato fuera y veo que, junto a Ernesto, hay otros gatos gigantes bebiendo de un abrevadero. Algunos hasta están ensillados. Sale una señora y se sube de un salto a un siamés. Al grito de ¡hah! ¡hah! sale al galope. Un galope silencioso.
9. Corro sobre unos contenedores de barco como en un juego de arcade. Van saliendo dirigentes del PSC y, a medida que los pateo, se convierten en puntos, armas y estrellitas de bonus. A lo lejos oigo los gritos de Montilla, que envía contra mí a toda su corte de tecnócratas. Los ediles mueren de un golpe. Los consellers necesitan hasta cuatro. Los supero a todos y entro en un barco que parece abandonado. Me escondo tras una chimenea y hago mi aparición en cubierta de un salto. Me encuentro a Jordi Hereu junto a Montserrat Tura. Están repartiéndose las armas de una caja hecha con traviesas de madera. Rápido, saco mi katana y parto en dos a Tura, pero Hereu lanza contra mí un ataque cívico y me inmobiliza. Se aleja a paso rápido. Escucho como reniega robóticamente: maleïts incívics, maleïts incivics... Paso unos minutos luchando contra la ordenanza hasta que me libero. Hereu ha desaparecido. Vuelvo al Paseo Colón y, de la nada, surge todo un enjambre de ciudadanos bicing que se lanza contra mí …
8 Comments:
Si todos estos sueños son reales, Carlos, tienes que buscarte un psicoanalista, argentino a poder ser.
Yo el sueño recurrente ("Reoccurring Dream" que decían los Hüskers en el Zen Arcade)más terrible que tengo es que me están dando un buen palizón , de los derechazos en la tocha, patadas en el estómago, cabezazos en los dientes, etc. etc. y yo no me puedo defender. Lo intento, lanzo mi derecha hacía su puta cara (que no veo), le acierto, pero le doy como blandito, como si tuviera brazos de goma y puños de gelatina. Él (o ello, ya digo que no reconozco a lo que me está pegando) sigue dándome sin parar y da un miedo de la hostia. Dolor no siento, porque es un sueño, pero la sensación es horrible.
La cosa sigue así ad eternum hasta que o me despierto o empiezo a hacer complicadas acrobacias sexuales con la Julie Christie de "Don't look now" ("Amenaza en la sombra" )y yo con una nariz en forma de trompeta que toca canciones de Miles Davis.
Todos son fácilmente interpretables. Las mismas obsesiones que tengo de día. No me hace falta un oyente argentino. Sólo me hace falta soltarlos.
Más o menos, los he tenido todos, sí, sólo que los diálogos son aproximativos, pues no logro recordar lo que se habla en mis sueños.
También suelo hablar francés perfectamente, en mis sueños. No sé lo que digo, pero hablo francés.
A mí lo de pegar flojito también me ha pasado... Y suelo andar en bolas por la oficina, que por lo visto es uno de los sueños más recurrentes.
Narizdetrompeta no, pero sí he andado con un garfio alguna vez que otra...
Parlant d'Arcwelder:
http://www.touchandgorecords.com/bands/band.php?id=93
Check'em out!
Mira aquest video, y quan tinguis la pell ben de gallineta truca als de Sant Feliu de Guíxols i digue'ls-hi que si no els porten aquest any al Festi segrestarem als seus fills i dones i els violarem a tots!
Está visto que si no eres venezolano de pura cepa no tienes el Poder de Hacer Arepas.
Mi sue;o recurrente es llegar tarde cuando tengo que coger un tren, avión o similares, o llegar y darme cuenta de que llevo la maleta vacía o me olvido de algo fundamental.
Qué sueños más entretenidos tienes, ahora procedía a imaginarme a mi gata a escala vaca.
Elena... En la realidad no consigo dar forma a una arepa. Me queda una pelota informe de harina pan.
Uri, el video dels welder, gallina de piel! Ens veiem després. Viva La Escuela Moderna.
Muy bueno el videojuego Escape from Rotten City. Las hordas de ciudadanos bicing me dan realmente asco, asi como el malo malisimo con sus ataques civicos ... genial!
Disculpad que os interrumpa ¿qué coño son las arepas?
Son unas tortas bastante gruesas hechas con arina de maíz, se comen a la plancha o fritas... Muy ricas.
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