la patata de la libertad

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10.12.07

Vecinos por el soterramiento

Los vecinos de Valdemozuelos, Málaga, se han rebelado contra su ayuntamiento a causa de la interrupción de una obra que el pueblo considera inaplazable: el soterramiento de la calle principal.

Los Valdemozeliteños, hartos de excusas, han tomado la calle. Es sí, la gran mayoría la ha tomado lo justo, para ir al trabajo o llevar a los niños al cole. Poco más.

Motivado por un interés periodístico casi filantrópico, el equipo de La Patata de la Libertad viaja hasta la población malagueña para entrevistar al presidente de la AVVPS (Asociación de Vecinos de Valdemozuelos por el Soterramiento), el empresario local Don José Manuel Peña.

Nos reunimos en el Bar La Gamba Pelá, cuyo suelo da fe de la prodigiosa ingesta de pequeños crustáceos que caracteriza a esta pequeña población. Se diría que los valdemozeliteños son como ballenas surcando el ártico en plena ingesta de krill. De hecho, según la entrada de Valdemozuelos en wikipedia, el consumo de gambas supera en esta localidad malagueña el consumo conjunto de Islandia, Dinamarca y Canadá.

Sin que preguntemos y con sólo apretar el rec, el Sr. Peña la emprende contra su ayuntamiento:

La calle principal se ha convertido en una molestia para todos: desde que la hicieron peatonal, no podemos pasar con el coche, además, los bares han instalado unas ruidosas terrazas a las que acudimos con frecuencia pero que, la verdad sea dicha, los días que no podemos ir y tenemos que quedamos en casa intentando dormir, nos molestan mucho a todos. Y a todo esto, el alcalde, que es de izquierdas, tan tranquilo. Él contesta que la calle principal “siempre ha estado allí”. Que él nació en Valdemozuelos y que siempre recuerda la calle principal en medio. Es un inmobilista… ¡y un nazi!

Intentamos contener un poco el discurso de Don José Manuel, pero él sigue al ataque…

Además, la Calle Principal siempre ha sido una fuente de problemas, está toda llena de gente siempre, hasta el punto que te ves obligado a saludar a veinte personas en cualquier pequeño paseo que das… y esto es un pueblo pequeño y nos conocemos todos… parece uno el papa de roma… y por si fuera poco hace unos años, treinta, creo, asesinaron allí a una muchacha… y el mes pasado, sin ir más lejos, me clavé en el muslo un cipote de esos que ponen para que no aparquen los coches en las aceras, y fíjense, todavía tengo el morado… ¡mire mire!

El Sr. Peña se baja los pantalones y nos enseña un formidable hematoma alargado de color púrpura que nos recuerda vagamente la silueta de Portugal. Intentamos confraternizar como podemos, a la catalana y con poca gracia: “collons, Don José Manuel, esos golpes son bien cabrones”

Sí, sí ¿y a mí quién me indemniza?... Pero ¡bah! no quiero agobiarles con mis quejas. Hagan sus preguntas por favor.

Sí, no se lo tome a mal Sr. José Manuel pero ¿estamos en la calle principal? ¿verdad?

Sí, en el nº 7. De hecho, esta tasca es mía. ¿¡A que es cojonuda¡? ¿Han probado ya los camarones?

Estupendos, sí… Pero vaya, si se soterra la calle, su bar quedaría bajo tierra… ¿lo ha pensado bien?

Bueno, es un sacrificio que estoy dispuesto a asumir. Además, hace poco vi un documental de una ciudad en Canadá en la que todos los comercios están bajo tierra, no sé si es Ontario o Canberra…

Canberra está en Australia, Sr. Peña.

Ja já, esa sí que es buena. ¿Y Sidney también, no? Ja ja. Luego dicen que los catalanes no son salaos. Ja ja ja…

Además, que Ontario tenga las aceras soterradas tiene un motivo muy claro, y es porque allí a la gente le brotan carámbanos de la nariz. Aquí en Valdemozuelos, en cambio, hace un tiempo estupendo…

No crea, llevamos quince días que llueve un ratito casi cada día. El caso es que queremos que haya un progreso en Valdemozuelos y sabemos que las obras del soterramiento traerán trabajo y riqueza al pueblo. Y como le digo, por aquí no se puede pasar en coche. Muchos de nosotros tenemos que aparcar en el otro extremo de la calle y caminar hasta nuestro trabajo.

Pero el parquing está ahí mismo, se ve desde aquí…

Ya, parece cerca, pero imagine hacer esa distancia cada día ¡y sin el coche! Es desesperante. Y entre nosotros: sabemos que hay subvenciones de la unión europea para las obras de soterramiento. Además: ¡Obstaculizar la mobilidad es propio de Nazis! ¡Es fascista!

Sr. Peña, parece usted obsesionado con los Nazis. Y en esta parte está del todo confundido. El segundo y el tercer Reich se caracterizaron, sobretodo, por las superinversiones en movilidad, por los avances industriales y la popularización del automóvil propiciada desde el propio Estado… De hecho el tercer “reich” batió todos los records de inversión estatal en ingeniería y desarrollo tecnológico para posibilitar la automovilidad generalizada…

Bueno, bueno, no hable tan raro que no le sigo… el caso es que a mí se me impide ejercer mi derecho democrático -¡reconocido por la Unión Europea!- de aparcar frente al trabajo de forma digna… ¿Qué me dice a eso? ¿Eh?¿Eh?

Está bien, centrémonos, Sr. Peña. No acabamos de ver todo esto claro. ¿Podría ampliar un poco sus argumentos?

Por supuesto: en la asociación hemos hablado mucho sobre el tema. Hemos hecho ya tres reuniones. Nuestro lema es “sostenibilidad, mobilidad y soterramiento”. Tenga, un pin de la asociación. Los hemos hecho con el lema en latín, que queda así como más serio: Sostinibilitas, mobilitas et sotarrerunt.

En este momento, una fuerza cósmica parece adueñarse del Sr. Peña y sus brazos empiezan a moverse como si colocase ladrillos invisibles frente a su estómago. La última vez que vi algo así, corría el año 2004 y estábamos en plena campaña presidencial…

Lo que pretendemos con esta infraestructura es modernizar el pueblo a la vez que facilitamos el acceso generalizado de forma global: lo que sería moverse de cualquier sitio concreto a cualquier otro sitio, también concreto, claro. Y que todo ello pueda hacerse de forma motorizada y con las debidas garantías de seguridad… y no como ahora, que cada vez que nos metemos por la calle peatonal estamos a punto de atropellar a cualquier chaval de los que juegan allí al fútbol. Sólo queremos un Valdemozuelos mejor, porque nos importas tú, nos importan las personas, estamos aquí para hacerte feliz…

Sr. Peña. No se le entiende nada. ¿Usted quiere hacerme feliz? ¿Porqué?

No, no: es una forma de hablar. Pero ¿a que queda bonito? La primera parte es verdad, a mí siempre me han interesado mucho las personas. Sobretodo las del otro sexo. ¿No ha visto usted las rusas que hay en el local de enfrente? Ay, sí, me gustan las personas … Lo que dicen, lo que hacen, cómo visten… Las personas del otro sexo son estupendas. De hecho, no conozco otros seres que me caigan mejor que las personas del otro sexo.

Y ahora entre nosotros, apago el micro ¿No habrá pensado usted en soterrar también al alcalde?

Bueno sí, alguna vez, claro, pero no estaría bien. Yo en esencia soy un demócrata. Sí sí, no me mire así. Yo a lo que aspiro es a entenderme con la gente hablando, razonando, incluso desde ideologías antagónicas, como se dice ahora, –de hecho, sepa usted que un día hablé con un comunista- pero si no es posible solucionar las cosas así, departiendo frente a unas gambitas, pues saco la chequera y santaspascuas. Pero primero, como le decía, hay que intentar ser demócrata. Eso es lo que he aprendido yo con la transición española. No creo en la violencia: primero hay que convencer a la gente, y si no se puede, pues toca pagar…

Ha quedado claro, Señor Peña, gracias por su tiempo, creo que ya nos hemos hecho a la idea de la problemática de Valdemozuelos. Una última pregunta ¿no será usted dueño de la fábrica de extractores industriales que hay en el polígono que hay según se entra por la carretera de Almería?

¡Sí señor! ¿¡Cómo lo ha sabido!?

Una intuición, Sr. Peña. Muy buenas tardes.



Finalizamos esta crónica con una imagen actual de Valdemozuelos:


Y una imagen virtual de Valdemozuelos tras el soterramiento, según el folleto de Inversiones Peña S.L.: