Que hablen otros
Encuentro, de vez en cuando, párrafos en los que me reconozco.
Alber Vázquez, cargado de saña en su estupendísima columna de ayer:
Y mira tú que podían haber colado de refilón a una docenita de curas republicanos. Para hacer el paripé, digo. Y para, al tiempo, calmar las críticas. Que no me diga nadie que no habrá por ahí diez o doce curas a los que los fascistas fusilaron erróneamente. O sea, gente que indudablemente pertenecía al Rebaño del Señor pero que, vete tú a saber por qué, cayó del bando equivocado. ¡Claro que los hay! A patadas. Pues toma un puñado de ellos y hazlos beatos. ¿Qué os costaba? Y así todo el mundo se veía representado en la ceremonia de beatificación.
Pues no. ¿Dónde se ha visto que a un facha le arredre la dificultad? Que no, que no. Aquí no se beatifican rojos y punto en boca. Y os libráis por la mierda esta de la democracia y los derechos constitucionales, que si no, os ibais a cagar por las patas. Al rojo, chicharra. Antes, ahora y siempre. Porque al cáncer se lo extirpa de raíz, no se le da cuartelillo ni se dialoga con él.
Klaas Anders, sobre la medición del Dinero:
Eurostat, la oficina estadística de la UE, acaba de presentar ahora nuevas cifras sobre la distribución regional de la pobreza y la riqueza en la Unión desde 2004. Versan sobre el producto interior bruto (PIB) regional per capita de la población. Una magnitud presupuestaria que en la actual política aparece por doquier, convertido en el indicador más importante de la riqueza social o bienestar. Con el PIB per capita se mide la cantidad de dinero que “gana” un determinado espacio en un determinado tiempo, independientemente de cómo lo consiga: la especulación bursátil, la usura inmobiliaria, el crimen organizado, la codicia especuladora con los precios del petróleo, el gas o la electricidad; todo contribuye al crecimiento del PIB, es decir, de acuerdo con la sabiduría convencional, al aumento de la riqueza de una sociedad.
Muchos economistas saben lo que todavía más legos sospechan o sienten, a saber: que todos esos cálculos no sirven para nada. No sirven en modo alguno para obtener una imagen realista y en cierta forma inteligible de la actividad y del atractivo económico real de un país. Tanto mejor sirve ese cómputo como artículo de fe, como fetiche científicamente lustrado de la religión económica cotidiana llamada capitalismo. En el cálculo del PIB brillan notoriamente por su ausencia muchas cosas que no deberían desatenderse, por ejemplo, el trabajo doméstico y personal no remunerado, que representa cerca de la mitad del volumen del trabajo social. Y está demasiado deslumbrado por muchas otras cosas que habría que contar entre los costes reales de nuestro modo de producir riqueza: los daños sociales, las pérdidas de productividad y de calidad de vida, el derroche cotidiano de fuerza de trabajo y de creatividad humanas. No aparecen los daños medioambientales que lastran a las presentes generaciones no menos que socavan la oportunidades vitales de las venideras. De aquí que los estadísticos de Eurostat tiendan de grado a considerar el mundo de la UE como mucho más rico y hermoso de lo que realmente es. La clase política jura por esa ficción. Su objetivo supremo sigue llamándose “crecimiento” –vulgo: aumento— de esa riqueza en parte ficticia, sistemáticamente mal concebida y siempre mal computada.
Alber Vázquez, cargado de saña en su estupendísima columna de ayer:
Y mira tú que podían haber colado de refilón a una docenita de curas republicanos. Para hacer el paripé, digo. Y para, al tiempo, calmar las críticas. Que no me diga nadie que no habrá por ahí diez o doce curas a los que los fascistas fusilaron erróneamente. O sea, gente que indudablemente pertenecía al Rebaño del Señor pero que, vete tú a saber por qué, cayó del bando equivocado. ¡Claro que los hay! A patadas. Pues toma un puñado de ellos y hazlos beatos. ¿Qué os costaba? Y así todo el mundo se veía representado en la ceremonia de beatificación.
Pues no. ¿Dónde se ha visto que a un facha le arredre la dificultad? Que no, que no. Aquí no se beatifican rojos y punto en boca. Y os libráis por la mierda esta de la democracia y los derechos constitucionales, que si no, os ibais a cagar por las patas. Al rojo, chicharra. Antes, ahora y siempre. Porque al cáncer se lo extirpa de raíz, no se le da cuartelillo ni se dialoga con él.
Klaas Anders, sobre la medición del Dinero:
Eurostat, la oficina estadística de la UE, acaba de presentar ahora nuevas cifras sobre la distribución regional de la pobreza y la riqueza en la Unión desde 2004. Versan sobre el producto interior bruto (PIB) regional per capita de la población. Una magnitud presupuestaria que en la actual política aparece por doquier, convertido en el indicador más importante de la riqueza social o bienestar. Con el PIB per capita se mide la cantidad de dinero que “gana” un determinado espacio en un determinado tiempo, independientemente de cómo lo consiga: la especulación bursátil, la usura inmobiliaria, el crimen organizado, la codicia especuladora con los precios del petróleo, el gas o la electricidad; todo contribuye al crecimiento del PIB, es decir, de acuerdo con la sabiduría convencional, al aumento de la riqueza de una sociedad.
Muchos economistas saben lo que todavía más legos sospechan o sienten, a saber: que todos esos cálculos no sirven para nada. No sirven en modo alguno para obtener una imagen realista y en cierta forma inteligible de la actividad y del atractivo económico real de un país. Tanto mejor sirve ese cómputo como artículo de fe, como fetiche científicamente lustrado de la religión económica cotidiana llamada capitalismo. En el cálculo del PIB brillan notoriamente por su ausencia muchas cosas que no deberían desatenderse, por ejemplo, el trabajo doméstico y personal no remunerado, que representa cerca de la mitad del volumen del trabajo social. Y está demasiado deslumbrado por muchas otras cosas que habría que contar entre los costes reales de nuestro modo de producir riqueza: los daños sociales, las pérdidas de productividad y de calidad de vida, el derroche cotidiano de fuerza de trabajo y de creatividad humanas. No aparecen los daños medioambientales que lastran a las presentes generaciones no menos que socavan la oportunidades vitales de las venideras. De aquí que los estadísticos de Eurostat tiendan de grado a considerar el mundo de la UE como mucho más rico y hermoso de lo que realmente es. La clase política jura por esa ficción. Su objetivo supremo sigue llamándose “crecimiento” –vulgo: aumento— de esa riqueza en parte ficticia, sistemáticamente mal concebida y siempre mal computada.
1 Comments:
Al párrafo de Alber Vázquez: recuerdo haber leído, no recuerdo donde, que las tropas del general mola (las minúsculas son voluntarias) fusilaron en Euskadi a más de 90 curas vascos afines al PNV.
Al párrafo de Klaas Anders: por supuesto que los economistas que trabajan para dorar las cifras del poder ven la UE hermosa y reluciente. Todo capitalista cree vivir en el mejor de los mundos posibles y no aceptarían que sus subordinados pintaran el cuadro con otros colores.
Publicar un comentario
<< Home