¡Logístico lo será usted!
Contesto con este título a la falsa disyuntiva planteada por el desarrollismo tecnocrático de nuestra clase dirigente.
Y Miquel Amorós, al respecto, vuelve a poner las cosas claras.
Entérense:
(...)
Las grandes infraestructuras cambian el concepto de región metropolitana, un fenómeno aún circunscrito a la suburbialización de la ciudad tradicional. Evidentemente la absorción del entorno no se para con el nacimiento de un monstruo urbano en constante expansión radial. Los expertos situan para dentro de quince o veinte años la fusión de varias conurbaciones en megalópolis de cientos de kilómetros, tipo Shangai, conectadas por trenes de alta velocidad y autopistas. La Península quedará convertida en un gran espacio metropolitano. En el centro, un engendro urbano de siete millones de habitantes, y el resto, o casi, en la costa. La movilidad de los dirigentes resultará determinada por trayectos que ocurrirán en un radio de 600 o 700 kilómetros. El TAV se impone entonces como una alternativa más cómoda al avión y como el vehículo ideal para la expansión de las conurbaciones. Gracias al TAV las nuevas ciudades-dormitorio de Madrid y Barcelona no estarán en su periferia sino en las provincias adyacentes. En efecto, Puertollano, Toledo o Ciudad Real son ya alternativas baratas y tranquilas de Madrid, ideales para dirigentes y cuadros de la nueva economía. Pronto lo serán Segovia, Cuenca y la futura Valdeluz, complejo de 30.000 habitantes a construir cerca de Guadalajara en torno a un parque temático. Con mayor retraso, alrededor de la estación del AVE de Tarragona, a veinte kilómetros de la ciudad, se construyen urbanizaciones para acoger a vecinos de Barcelona, y lo mismo sucederá en Girona y Figueres cuando el tren llegue hasta allí, completándose la absorción de Cataluña por su capital, o la conversión de Cataluña en una horrible aglomeración urbana. Podemos imaginar desarrollos semejantes para los ejes Valladolid-Palencia-Burgos y Córdoba-Sevilla-Málaga, la metrópolis vasca o el litoral mediterráneo, conurbaciones satélite creciendo hasta conectar con un centro aberrante aspirando la totalidad de la población del país y dejando el suelo como decorado paisajístico salpicado de centrales nucleares, parques eólicos y vertederos. En el marco incomparable de un desarrollismo totalitario las ciudades intermedias pierden toda su autonomía y sus señas de identidad, convirtiéndose en eslabones amorfos del sistema, plataformas logísticas de la conurbación central. El eslógan “Cataluña será logística o no será” es puro terrorismo. Se han entregado a los inversores que las convertirán en clústers, es decir, en dormitorios, nudos de distribución y disneylandias todo junto, encareciendo sus viviendas, expulsando a los habitantes de los barrios históricos, asesinando el abastecimiento, la cultura y la diversión tradicionales, destruyendo la sociabilidad de su gente y, por fin, criminalizando y excluyendo a sectores marginados por la nueva economía. La marginación puede llevar muy lejos a juzgar por las quejas de ESADE, la escuela catalana de dirigentes, relativas a los que no entienden inglés y por eso “frenan la llegada de las empresas”. Las primeras coronas metropolitanas no crecerán demasiado debido a la saturación, pero en cambio, el territorio exterior fagocitado multiplicará su población. A causa del modelo económico dominante basado en la construcción, los servicios y la industria turística, se plantean dos inapelables exigencias: movilidad extrema y fertilidad prolífica.
(...)
Texto completo en Klinamen.
Y Miquel Amorós, al respecto, vuelve a poner las cosas claras.
Entérense:
(...)
Las grandes infraestructuras cambian el concepto de región metropolitana, un fenómeno aún circunscrito a la suburbialización de la ciudad tradicional. Evidentemente la absorción del entorno no se para con el nacimiento de un monstruo urbano en constante expansión radial. Los expertos situan para dentro de quince o veinte años la fusión de varias conurbaciones en megalópolis de cientos de kilómetros, tipo Shangai, conectadas por trenes de alta velocidad y autopistas. La Península quedará convertida en un gran espacio metropolitano. En el centro, un engendro urbano de siete millones de habitantes, y el resto, o casi, en la costa. La movilidad de los dirigentes resultará determinada por trayectos que ocurrirán en un radio de 600 o 700 kilómetros. El TAV se impone entonces como una alternativa más cómoda al avión y como el vehículo ideal para la expansión de las conurbaciones. Gracias al TAV las nuevas ciudades-dormitorio de Madrid y Barcelona no estarán en su periferia sino en las provincias adyacentes. En efecto, Puertollano, Toledo o Ciudad Real son ya alternativas baratas y tranquilas de Madrid, ideales para dirigentes y cuadros de la nueva economía. Pronto lo serán Segovia, Cuenca y la futura Valdeluz, complejo de 30.000 habitantes a construir cerca de Guadalajara en torno a un parque temático. Con mayor retraso, alrededor de la estación del AVE de Tarragona, a veinte kilómetros de la ciudad, se construyen urbanizaciones para acoger a vecinos de Barcelona, y lo mismo sucederá en Girona y Figueres cuando el tren llegue hasta allí, completándose la absorción de Cataluña por su capital, o la conversión de Cataluña en una horrible aglomeración urbana. Podemos imaginar desarrollos semejantes para los ejes Valladolid-Palencia-Burgos y Córdoba-Sevilla-Málaga, la metrópolis vasca o el litoral mediterráneo, conurbaciones satélite creciendo hasta conectar con un centro aberrante aspirando la totalidad de la población del país y dejando el suelo como decorado paisajístico salpicado de centrales nucleares, parques eólicos y vertederos. En el marco incomparable de un desarrollismo totalitario las ciudades intermedias pierden toda su autonomía y sus señas de identidad, convirtiéndose en eslabones amorfos del sistema, plataformas logísticas de la conurbación central. El eslógan “Cataluña será logística o no será” es puro terrorismo. Se han entregado a los inversores que las convertirán en clústers, es decir, en dormitorios, nudos de distribución y disneylandias todo junto, encareciendo sus viviendas, expulsando a los habitantes de los barrios históricos, asesinando el abastecimiento, la cultura y la diversión tradicionales, destruyendo la sociabilidad de su gente y, por fin, criminalizando y excluyendo a sectores marginados por la nueva economía. La marginación puede llevar muy lejos a juzgar por las quejas de ESADE, la escuela catalana de dirigentes, relativas a los que no entienden inglés y por eso “frenan la llegada de las empresas”. Las primeras coronas metropolitanas no crecerán demasiado debido a la saturación, pero en cambio, el territorio exterior fagocitado multiplicará su población. A causa del modelo económico dominante basado en la construcción, los servicios y la industria turística, se plantean dos inapelables exigencias: movilidad extrema y fertilidad prolífica.
(...)
Texto completo en Klinamen.
4 Comments:
Cada cop que parla l'Amorós veig les coses molt més clares. Tot l'article es de traca, pero el finalposa la pell de gallina:
"La desestructuración del barrio conlleva la de la vida en el barrio, la pérdida de su idiosincrasia y de su memoria. El hombre es de donde vive. El envilecimiento del espacio incide en las actitudes y maneras de sus habitantes, porque un lugar de y para la circulación no es un lugar donde relacionarse y forjar una existencia colectiva plena y gratificante. Un sitio aséptico y vigilado para comprar y dormir no es un sitio para plantar raíces. La movilidad hace de cada individuo un pasajero. Se sabe que la vida apresurada es superficial, que el desplazamiento se come más tiempo, de forma que la mayoría de adultos apenas tienen contacto con nadie y se resignan con facilidad. La trivialización del tiempo, reducido a una superposición de instantes, y la desorganización del espacio, mera red receptáculo de cuerpos y mercancías en movimiento, crean las condiciones idóneas para el deterioro de la vida. El espacio-tiempo degradado es el lugar de la patología. La conurbación turbocapitalista ofrece un billete de ida al agotamiento, la frustración y la infelicidad.
El TAV ocupa un lugar central en la sociedad capitalista, es uno de los elementos esenciales del nuevo orden mundializador. Nada es casual ni gratuito en el interés político, financiero y empresarial por la alta velocidad. Es un instrumento del poder. Por eso la batalla contra el TAV es algo más que la batalla por otro tipo de infraestructuras. Es la batalla contra el matrimonio de la prisa y el beneficio, contra la degradación del espacio, contra la adaptación del ser humano a la aceleración sin límite; en definitiva, contra el sometimiento de los individuos a la globalización. La lentitud es el comportamiento virtuoso. La vida necesita mucho tiempo para desenvolverse gozosamente. Un lugar adquiere los trazos diferenciales que caracterizan su personalidad gracias a la actividad laboriosa y creativa de una población anclada y estable. La humanidad no será feliz si no se aparta del carril rápido y se toma todo su tiempo".
Allà al Basco tenen sort que els de "la ETA" hi foten petardassos i ja s'ha retirat una de les empreses subcontractades pero aquí em temo que ens el menjarem amb patatetes…
Un saludo de éste admirador suyo. Desde ciudad socavón para ciudad escaparate ;)
Soberbio texto, sin duda. Ahora permítanme que me descojone a raíz de la manifa de ayer reivindicando el "derecho a decidir.... sobre las infraestructuras". Si ya el nacionalismo (tanto en sus versiones catalina o españolaza tanto me da) me resulta un mecanismo primitivo imagínense lo que uno experimenta al leer, aunque sea en la brunete mediática, acerca de reivindicaciones como esa.
Me reafirmo: no se trata de que te dejen de porculizar, se trata de que lo haga uno de tu misma tribu. Tremendo, oiga. Se pare el mundo que yo me bajo.
Publicar un comentario
<< Home