la patata de la libertad

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26.11.07

Otra de trenes y libertades

Dos notas después de mi segunda paternidad (y de unos quince días de permiso que casi hacen de mí un socialdemócrata zapateril...)

1. Venía en el metro esta mañana. Trucutru. Trucutru. “Disculpe joven ¿Esta ya es plasa de sanz?” Sí señora. Y bueno, especulaba en silencio sobre las razones que han llevado a las doscientas mil almitas del Baix Llobregat y del Garraf que circulan a diario en los convoyes de cercanías a acatar con resignación un tránsito de cuatro horas diarias a lo largo de unos escasos cuarenta kilómetros de costa. Primero he sopesado la posibilidad de que el reblandecimiento del córtex a causa del ocio planificado y el trabajo asalariado pueda estar produciendo disrupciones en la comunicación neuronal, de tal modo que la respuesta de cabreo quede aislada de cualquier reacción exterior. De otro modo: en el capitalismo tardío, no hay respuesta política porque los problemas son “de gestión”. Tras una falsa y exitosa desideologización (falsa porque no se puede pensar sino a través de ideologías), no hay pensamiento político radical que profundice en la verdadera causa de nada. A la descapitalización de las cercanías para la construcción de un AVE que sólo va a transportar ejecutivos, la mayoría objeta que “no lo están gestionando bien”, sin caer en que esa preposición “lo” hace referencia a una necesidad inventada e inexistente, la de implementar un medio de transporte que permita “tardar dos horas menos en llegar a Madrid”. ¿Y eso por qué? ¿¡Y por esas malditas prisas todo este barullo!? A continuación, he conectado este pensamiento tan incómodo con otro mucho más expedito, y que creo da perfecta cuenta de la situación general: ¿por qué protestar si la única consecuencia del caos ferroviario es que se llega tarde al trabajo (y con una maravillosa excusa)? Recuerdo haber vivido varias huelgas de los autobuseros barceloneses con un enorme sentimiento de solidaridad. Sentado en un banco, con una novelita abierta sobre el regazo e imaginando mi puesto de trabajo vacío, en barbecho. Ah, qué buena vida.

2. Hoy resulta muy difícil colocar cualquier mordaza a la libertad de expresión. Al menos, debemos concederle eso a la tecnodemocracia progresada que nos gobierna. Pero no tomen esto como un comentario elogioso, pues tiene un corolario muy molesto: se diga lo que se diga por aquí abajo, arriba harán ellos lo que les dé la gana. Ni el Capital ni el Estado temen ya las más duras palabras hacia ellos. Se ríen de los peces de colores. Hasta usurpan la estética y la jerga de la resistencia y la introducen en sus Planes Estratégicos. Las palabras son peligrosas, pero cuajan a largo plazo, y los objetivos fijados ahí arriba son más inmediatos. De modo que no hay interferencia. De ahí que Planeta pueda publicar una biografía panegírica del Che sin temer una futura expropiación popular. Y por ello también el discurso de la Libertad de Expresión –no me refiero a su ejercicio, que es sano y muy recomendable- sirve hoy a los más feos propósitos. La última cháchara cargada de elogios hacia lo que viene siendo cada vez más un Derecho al Pataleo (tu raja, gañancito, que ya llegaré yo con los presupuestos) la leí el pasado fin de semana de boca de David Duke, ex dragón del KKK y neocón de pro. Decía que con la anulación de su conferencia en la librería Europa (por razones de “seguridad”, es decir, que había unos cinco mil antifascistas furiosos merodeando ese antro de ignorantes cultivados) se había quebrantado la libertad más preciada de las democracias occidentales: la libertad de expresión. Por una vez me sentí orgulloso de mi barrio, Gràcia vila antifeixista. Y es que no saben ustedes por donde me paso yo el derecho a la libertad de expresión de David Duke. Alguien que defiende que mi mujer es de una raza inferior a la mía, que no espere mi tolerancia ni mi pacífica comprensión: lo único que "me nace" concederle es un buen puñetazo en los morros.

2 Comments:

Blogger peripecio said...

Felicidades por la paternidad!

1:44 p. m.  
Blogger nickenino said...

En Madrid también hay muchos problemas de comunicaciones gracias a las eternas obras que adornan la ciudad y sus alrededores y que afectan a las principales vías de automóvil (M30, por ejemplo) y tren.

Un viaje que debería ser de 30 min, se convierte en 70 u 80 mins. Yo me considero obligado a llegar tarde por culpa de RENFE, que se compromete a transportarme en menos tiempo del que puede, y mi planificación para ir al trabajo depende de ese tiempo oficial. Resultado; todos los días llego 30 o 40 minutos tarde, excepto cuando RENFE va bien, y esos minutos son los que mi empresa debería exigir a RENFE, yo no me veo obligado a resolver los problemas de RENFE donando mi tiempo adelantando mi salida diaria al trabajo.

Creo que debería hacer esto todas las personas afectadas. Tal vez así las empresas comiencen a plantearse soluciones modernas a los desplazamientos al trabajo y busquen soluciones tipo teletrabajo (ya no es ciencia ficción)

Estos problemas los asume el usuario, que en el fondo no tiene interés alguno en las obras, solo las sufre y no se lleva beneficio. Este va exclusivamente a las empresas.

En el fondo, me despreocupan totalmente esos benditos minutos de lectura en le tren. CAsai casi que los agradezco.

2:10 p. m.  

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