la patata de la libertad

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10.1.08

Cuatro notas...

...sobre el sufrimiento ajeno, los candidatos "de color", el Procomún y la Irish International University...

1. Nunca he sido un buen cristiano. Descubrí pronto que La Culpa es un camelo. Como mucho, hay “responsabilidad”… ¡¿pero “culpa”?! Tampoco comparto la idea de “La Otra Mejilla” (más bien creo en las buenas fintas), y pienso que la vacilada de cargar la cruz más metros de lo necesario sólo le hace ganar un cierto respeto al pobre nazareno, pero ya fuera de tiempo. Poco más. En realidad fue perfectamente inútil. Como dice el viejo Agustín García Calvo, la vida es un “ir desprendiéndose de ideas”. La Culpa, fuera. El Sacrificio, fuera. La Redención, fuera. Los principios cristianos han sido los primeros en caer bajo el peso de mi razón, tan contraria a la realidad que se me ha impuesto. Por lo demás, en esta nota tan sólo quería dejar patente que, a pesar que amo a rabiar a mis congéneres, y en especial a los allegados, también soy capaz de disfrutar de las desgracias ajenas. Ya ven qué mal cristiano. Por ejemplo, esta semana he disfrutado como un enano al ver a varios representantes del gremio de la construcción, junto a portavoces de lobbies inmobiliarios, llorando frente a las cámaras de los noticieros: “ya no conseguimos suelo, vamos a cerrar cientos de oficinas, en levante no vendemos un clavo…”. ¡Me alegro, coño! ¡A joderse!

2. Nada consolida de mejor manera los prejuicios que una negación publicitada. ¡¿Cree usted que soy racista?¡ ¡Qué va! ¡Si hasta tengo un amigo negro! Este tipo de negaciones son un formidable regüeldo intelectual. Así, resulta un espectáculo vergonzante comprobar la insistencia de la prensa mundial en lo poco que le importa al votante demócrata votar… ¡a un negro!… ¡o incluso a una mujer! Figúrense qué avanzados: un negro como presidente, como en África.

3. No se sabe de que va el último número de Archipiélago hasta que uno empieza a leer. El “Procomún”, nombre para mí nuevo, representa el núcleo de bienes tangibles e intangibles que, por su relevancia para la supervivencia y plenitud de la vida humana, deberían pertenecer a la comunidad. Ese es el objeto del último número de esta revista filosófica que tan buenos momentos me reporta siempre. Además, en los textos previos al núcleo Procomún, Enrique Santamaría lanza una estupenda reflexión para aclarar las aguas del turbio debate sobre los migrantes. De un tiempo a esta parte ha aparecido un argumentario presuntamente progresista que defiende la inmigración a partir de una serie de efectos beneficiosos en la economía (como la ocupación de puestos no deseados por trabajadores españoles o el esperado engorde de la caja de la S.S.). Nunca antes había visto expuesto con tanta claridad la miseria de estos motivos para la “aceptación del otro”, que presentan a otros seres humanos como útiles a nuestro servicio. Fuerza de trabajo con patas.

4. Me he relamido con una noticia que revelaba que una Universidad sin homologar, que sólo contaba con un localucho en Londres y un buen surtido de cursos por correo, ha otorgado más de cinco mil títulos a estudiantes extranjeros. Tal vez se vieron atraídos por el prestigio de la Irish International University. ¡Qué bien suena! Este “fraude” revela un buen número de miserias sociológicas (y legales). Existe un estado de opinión en la sociedad que prefiere cualquier tipo de estudio “superior” en el extranjero a una enseñanza útil a dos manzanas de casa. Esta idea poseía un cierto sostén cuando viajar entre ciudades europeas mostraba al estudiante una diferencia cultural y, en consecuencia, llevaba consigo un gran enriquecimiento personal. Con la mundialización, la museificación de las “capitales culturales” y la homogeneización de la cultura del consumo y el ocio planificado, ahora esto ya sólo tiene que ver con el despelote y la diversión, que no es poca cosa. Lo que de verdad mosquea es que se mantenga oculto este su verdadero motivo. Parece que por pudor, cuesta reconocer que uno se va al extranjero a estudiar cualquier mierda para perder de vista a su familia y drogarse un poco a la buena de dios. ¡Pero si no hay más que ver a los erasmus que pululan por aquí, cerveza en mano (siempre de lata), en toda cuanta fiesta se haya tenido a bien organizar de lunes a domingo! A esos puedes endilgarles un “curso de cultivo de hongos de interior”, una “inmersión lingüística” en la lengua folclórica que hablamos por aquí, un "curset de sardanes i ball de bastons” o lo que te de la puta gana. ¡Cómo si en todo esto importase algo la educación!
De modo que los ingleses de la IIU lo vieron claro: expidamos títulos, demos a esos mostrencos un pretexto para divertirse y, de paso, hagamos algo de dinero.
También me escama que una homologación, un trámite burocrático ministerial, sea todo lo que dista entre una educación “digna” (como si lo fuese la universidad actual, masificada y orientada al Trabajo) de una mierda de cursillo.

8 Comments:

Anonymous Anónimo said...

¡No te regocijes tanto con la crisis del ladrillo! ¡Mira que toda industria privada que decae es reflotada de inmediato con cuantioso dinero público!

¡Tanto la desdicha como la alegría del capital son siempre causa de dolor para el menesteroso!

5:19 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Me atrevo a comentar aquí porque "llegué tarde" al post sobre el fin de la familia.
Extraigo dos párrafos:
"Por otro lado, y ya que quien escribe esto es un casado-por-los papeles (y porque quería que ella se quedase conmigo, entiéndanme),..."
"Finalmente, no crean que he olvidado el tema de los matrimonios homosexuales. No lo he tratado a propósito. Sin duda, se trata de un desatino interpretativo generalizado, y que tanto los curas como los homosexuales patinan circularmente en direcciones opuestas y, sin embargo, convergentes. Se me ocurren pocas cosas más retrógradas que extender como supuesta libertad lo que es un verdadero corsé antropológico, una institución que sólo merece su total y completa aniquilación."

La pregunta es obvia: ¿qué haría yo si quisiese que mi chico se quedase conmigo y dos hombres no pudiesen casarse-por-papeles?
A lo mejor no tengo tiempo ni energías suficentes para esperar hasta la abolición.

10:53 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Por cierto, no conozco Archipiélago pero he visto que entre sus colaboradores está Félix de Azúa. Lo siento pero no.

11:02 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

Cossimo, a pesar de que haya aparecido Felix de Azua con una cierta asiduidad en la primera época de la revista, te recomiendo que le eches un vistazo a algunos de sus números, como "Maldito parné", "Clase turista" o el de "GK Chesterton" (i vives en BCN, en la librería Cap i Cua de Torrent de l'Olla (altura Plza. Sol) puedes conseguir casi todos los números antiguos, aparte de un gran surtido de panfletos ácratas). A pesar de que de tanto en tanto aparece algún liberal molesto, la revista está más que bien. Tratan los temas EN PROFUNDIDAD. Algo que hoy en día es difícil de ver.

Por cierto: cuando en 2005 hubo los famosos disturbios de la banlieu, F. De Azúa redactó para El periódico, el artículo más carcamal que he podido leer al respecto. El top of the tops. Por ahí soltaba el azúa que si "los gamberros", que si "el mestizaje" y un montón de tonterías sin parangón. El tipo es un completo imbécil. Estoy de acuerdo contigo.

12:16 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

Por cierto, Cossimo. No he contestado a tu pregunta porqué no sé qué decir. Es un ataque lateral, pero tiene sentido. Aunque en el fondo es revindicar cabronadas burocráticas para todos ¿no? En ese caso no hay que pedir que todos se puedan casar contra todos sino que se derogue de una puta vez la Ley de Extranjería.

12:19 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

La inmigración es un timo. La afirmación de que trabajan donde nosostros no queremos es de cárcel. La afirmación de que inyectan dinero a las arcas de la SS es de chorizos (asume que o no les revierte o no les revertirá luego es de chorizos). Si encima te sale el mediopresi y dice que la economía va estupendamente sabiendo como está sustentada en mano de obra inmigrante y es para mandarlos a todos al guano.

Pues estén al quite que el escaso número de integrantes de un nucleo familiar estará en aumento a base del mismo principio: quién necesita someterse al dictado del embarazo y sus bajas por enfermedad y maternidad cuando puede traerse el producto ya cocinado...

Es el Capital, estúpidos.

12:27 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Yo tampoco sé. Con matrimonio o sin él voy a seguir teniendo todas las papeletas para que me fostien (física o verbalmente) incluso ante la más inocente muestra de afecto en público con otro tío. No me ponen los esencialismos identitarios pero me parece que no deberíamos perder de vista que la homofobia (como el machismo o el racismo) es una manifestación más de un determinado régimen de dominación. O algo así.
Te haré caso e intentaré hacerme con algún ejemplar de la revista aunque no sé si aquí, en la ultraperiferia galego-portuguesa, tal cosa será posible. En todo caso, prometo saltarme cualquier artículo de Arcadi Espada. Por muy en profundidad que sea.

5:50 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Ah! Y a lo mejor te vas a cabrear pero no me parece muy acertado comparar tu "episodio policial" con el del etarra. Justificar la tortura es una hijoputez. Poner una bomba en un sitio lleno de gente es una hijoputez elevada al cubo.
No olvides que Eta es tan "estatalista" como cualquier grupúsculo de extrema derecha.

6:28 p. m.  

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