la patata de la libertad

Blog de opinión crítica completamente anti-
Un congresista estadounidense, en el pináculo de la estupidez, propuso cambiar el nombre de las malignas patatas francesas ("french fries") por el de patatas de la libertad ("freedom fries")... ¿Alguien recuerda la ensaladilla nacional? Colabora con la patata: comenta o envía tus artículos a allstolen@hotmail.com En marcha desde 26/05/04

27.10.05

Hora de plegar

Protestó todo el día por una extraña jaqueca y el pecho cargado.
-Mira, hago así –Inspiró fuerte- Y cuando exhalo me sale sólo la mitad del aire.
-Pues entonces explotarás, no creo que tus pulmones puedan absorber aire indefinidamente… Los alvéolos te montarán un huelgazo.
A las seis en punto, hora de fichar, huyó como un escapista, así que antes de que se esfumase le pregunté por las prisas:
-¿Adonde vas sin sombra?
-Llegotardequehequedaoconlamartaparacomprarunascamisas
enminnimoduttiydespuéstenemosquepasarporcasa
demimadreparahacerunrecadoydespuéstengojudo
yluegopasaremosarecogerarogerparalodelfinde
ylugotengoquehacerunascosasencasa
asíquemevoyya
-Mañana, si no has muerto con el trajín, tampoco te encontrarás bien.- Respondí a su lista de tareas en forma de embudo descendente.
-Adiós, simpático- Se despidió.
-Adiós, Outlook esprés.
Salí pocos segundos después. A las 18:01.
Detesto el trabajo asalariado. ¿No lo he dicho ya alguna vez?
Tardé una eternidad en llegar a casa y me detuve a mirar cada pequeño detalle de lo que sucede bajo el cielo. La colonia de la Calle Tánger había tomado posesión de un panda abandonado. Ahí estaba de copiloto una hermosa atigrada. En la parte de atrás, dos cachorros blancos. No tenían cara de dirigirse a ninguna parte, lo cual me tranquilizó enormemente. Hubiese sido un comportamiento incívico. El ayuntamiento de Ciudad Escaparate prohíbe terminantemente que los gatos conduzcan por la vía pública. No es cool. Se asustan los turistas.
Antes de adentrarme en el metro, los obreros de la Plaza de la Eterna Reforma, de nuevo en obras, se gritaron unos a otros:
-¡Es hora de plegar!-.
Ah, plegar, qué maravillosa sensación. El castellano necesita un verbo así urgentemente.
Cuando hube llegado a casa, lo primero que hice fue descansar frente a un libro de Quino.
En su mejor dibujo, un tipo mira la tele sentado sobre el hemisferio norte. En el sur, un inmenso cartucho de dinamita es filmado por un pequeño helicóptero. El televidente se tranquiliza de esta forma: “menos mal que el planeta siempre explota por el otro lado”.
Después di de comer al gato, leí veinte páginas de una novela de S. Lem, y volví a pensar en mi compañero de trabajo. Esto fue lo que saqué en claro: "más que con el tocino, se confunde velocidad con libertad".
Luego llegó Aimara, y pude desconectarme de mí mismo.

Finalmente.