la patata de la libertad

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5.1.06

Una de las pocas cosas que aprendí en la escuela (I)

Ahora que mi mostrenquilla está por salir (Júlia nace uno de estos días, ella decidirá), me he sumergido en una espiral de nostalgia. Me obsesiona poder llegar a deseducar a mi hija. No se merece el lavado de cerebro actual. Nadie lo merece.
Ferrer i Guardia ¿donde estás? ¡Te necesitamos!
Bien, después de esta extraña justificación, aquí tienen un pequeño texto: la primera entrega de Una de las pocas cosas que aprendí en la escuela.

Una vez por trimestre, siempre en jueves, los curitas accedían a sacarnos de paseo y nos descargaban a carretadas en lugares de interés científico-artístico (el planetario, el museo de la ciencia, el Picasso… lo que está mandado) o en inmensos terraplenes preparados ya para excursiones al por mayor. Mesas de merendero, toboganes de arena, monstruosos terraplenes de tierra para una guerra de piedras, ríachuelo semiseco y aparcamiento para autobuses.
No aprendíamos casi nada pero gritábamos un buen rato y demostrábamos lo salvajes que podíamos llegar a ser. Para eso están los niños ¿No? Son algo así como la conexión entre los animales y esa especie de bicharraco engreído que ha llegado a ser el hombre moderno.
En una ocasión, paseando por el campo cada uno por su lado en una pretendida "estricta fila india", una profesora bastante histérica -no era para menos, en la generación del baby-boom éramos grupos de hasta cuarenta mostrencos- berreó en la cara de un chaval:
-¡¡¡NO SE AGARRAN LAS PLANTAS DEL SUELOOO!!!
El niño, extrañado, empleó su mejor arma, la razón, y simplemente preguntó
-¿Porqué no?
Cuando todos esperábamos otro patético "¡porque yo te lo digo!", la profesora nos soprendió a todos. Abandonó por un instante los nervios, dulcificó su expresión y se propuso hacerle entender:
-Cada día viene aquí una excursión de alguno de los doscientos colegios de Barcelona que utilizamos este espacio. Cada día, llegan varios niños como tú y arrancan cada uno una plantita. Y cada uno de los niños como tú no entiende porqué no puede arrancar una plantita. “¡Pero si es sólo una!” decís todos... sí, pero es una multiplicada por miles… Cada día un niño como tú con una plantita diferente en la mano, imagínatelo.
El chico no hizo caso: de hecho, cada vez que la maestra nos perdía de vista, arrancaba otra plantita. Desde la distancia, yo sentía ganas de atarle las manos a la espalda. Las mismas ganas que siento ahora cuando veo una hilera de domingueros dispuestos a arrancar toda la falda del Montseny bajo la excusa de que son “buscadors de bolets” o algún otro pretexto que les grita el inconsciente bajo el lema “retorno a la naturaleza” (la ciudad, despojada de lugares comunes, obliga a la fuga). Me gustaría tener un aparato mágico que introdujese azúcar en sus depósitos de gasolina.
Por lo menos, aquel berzas que arrancaba plantas no interponía excusas urbanitas para hacerlo. Por su expresión, supe que entendió a la Señora Lola. Aunque se impusiera la rebeldía y prosiguiese su pequeña devastación, el niño comprendió que dañaba el campo, no como ese puñado de Personitas autoconvencidas de que "porque yo lo haga no pasa nada". Seres incapaces de imaginar su propia devastación multiplicada por N. Cada uno convencido de su propia particularidad, que no daña a nadie.

Porque yo tenga un coche no pasa nada...
Porque yo tenga una segunda residencia no pasa nada...
Porque se construya UNA nueva carretera no pasa nada...

Y así hasta infinito.
No no nó: así hasta el fin.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Eso grito yo también desesperadamente: "Ferrer i Guardia, ¿dónde estás?" Pero quienes tienen secuestrada su memoria y su praxis se cuidan muy mucho de liberarlas, entre otras cosas, porque se les acabaría el chollo de tener un país de borregos pasivos. Siempre ha sido muy peligroso para el stablishment neoliberal y capitalista -clero incluído- que los individuos sean librepensadores, pero para este país de charanga y pandereta eternas, el peligro es incalculable.

Por suerte, tu retoña te tendrá a ti cómo principal educador y filtrador de la basura que quieran incustrarle en sus tiernas neuronitas. ¡No sabe la suerte que tiene! Lamentablemente, no todos los recién nacidos verán la luz con ese privilegio, y, mayoritariamente pasarán a engrosar el tamaño cuantitativo del ganado. ¡Felicidades futuro papá!

Un abrazo muy tierno

Hannah

1:29 p. m.  
Blogger dani said...

Dónde estás, Ferrer i Guardia... o alguien que le sustituya! Tantos debates sobre la ley de educación y tan pocos sobre la educación, creo que ni sabemos lo que es.
Cuando a la mostrenquilla le dé por salir... te podremos llamar papatata?
Me sumo a las felicidades, futuros papás!

9:53 p. m.  

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