la patata de la libertad

Blog de opinión crítica completamente anti-
Un congresista estadounidense, en el pináculo de la estupidez, propuso cambiar el nombre de las malignas patatas francesas ("french fries") por el de patatas de la libertad ("freedom fries")... ¿Alguien recuerda la ensaladilla nacional? Colabora con la patata: comenta o envía tus artículos a allstolen@hotmail.com En marcha desde 26/05/04

28.12.05

Lenguaje/destrucción

I. No he atendido últimamente otro contexto que el más inmediato, el que me afecta como integrante de la realidad que padezco. Trabajo y dinero: los dos motores que desde arriba rigen nuestra suerte y que abajo cuentan con todo nuestro desprecio. Desde un largo artículo que escribí contra la economía, he dejado de acuñar determinados términos económicos. “¡No sé qué podremos cambiar si seguimos hablando como Ellos!”, pensé un buen día. Así que me he acostumbrado a esta dulce autocensura. Tanto que, en cuanto comienzo a redactar cosas sobre cuentas anuales que crecen y menguan, productividades y rentabilidades, me asaltan de inmediato tres sensaciones que me fuerzan a abandonar: primero, la sensación de que lo que digo ya está dicho, mil veces dicho; la segunda, la conciencia de que me pliego a un lenguaje que no es mío, que no me es propio, sino más bien de quién me maneja, de quién obtiene plusvalías conmigo; y la tercera, la más molesta, que no se puede asaltar la economía con más economía, que un fuego no apaga otro fuego ni un clavo saca otro clavo, por bien que queden como frases hechas. La economía puede cambiar a su antojo las palabras y normas con las que se interpreta a sí misma desde la más pura autorreferencia. Lo que quiero evitar con todo esto es hallarme de nuevo desorientado, argumentando según la voluntad del propio Dinero, que nos ha cedido palabras para que se pueda criticar todo lo demás, dejándolo a él intacto.
Y si no me creen, contemplen a toda esa gente solicitando “más trabajo”, “más gasto en innovación”, “mayor productividad”, “mayor eficacia”, “más crecimiento”… ¡cuando hace años que podríamos estar descansando tan ricamente, dejando que las máquinas hiciesen nuestro trabajo con sólo una ligera supervisión!
A estas alturas, sólo se puede pedir Dinero gratis.

II. Dentro de toda esta destrucción a la que se llama construcción, dentro de todo este desarrollo que arrasa campos, embetuna páramos, cementa laderas, seca ríos y pone todo elemento natural al servicio de la reproducción autónoma del Dinero, comienzan a resonar ecos que proclaman que todo está mal, muy mal, y que la tierra no aguantará hasta infinito sin quejas y catástrofes. La UE dice que NO al progreso a puro ladrillo, que NO, que no es plan. ¡Hasta los tecnócratas de Bruselas admiten el exceso! También resuena el eco de una sequía endémica, propiciada por el modelo económico del sureste español. Regadíos, campos de golf y piscinas donde sólo debería haber chumberas, lagartos y olivos. Pero antes de la reflexión que nos lleve a un deseable retroceso, a un decrecimiento, quién sabe si la tierra deba lanzar un nuevo grito de alarma, quién sabe si deba hacerlo no una sino unas cuantas veces más: derribar diques, inundar urbanizaciones construidas en sierras litorales y casas en lechos de arroyos, desecar los ríos trasvasados, ponernos a todos a dieta… el caso es que los recursos no son interminables, y esta cualidad, por mucha innovación y mucha desaladora que uno instale, lleva el fin incorporado en su propia esencia. Un término para toda esta locura del Dinero por el Dinero, de la destrucción para la construcción. Por suerte, no destruiremos eternamente.

3 Comments:

Blogger dani said...

Brutal el artículo de rebelión. Las cartas que se sacan los políticos de la manga para poder seguir con el mismo juego de siempre es terriblemente destructivo, un juego que la gente no necesitamos para nada.

10:20 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

I. Cierto. Si no rompemos esa primera linea de defensa del Dinero que es "su" lenguaje, la batalla está perdida de antemano.

II. Lo más preocupante es que los paisanos de las zonas asoladas por campos de golf y ciudades acuaticas reclaman también su derecho a acumular Dinero como los demás porque alguien les ha dicho que estas construcciones aportarán "pogreso", "crecimiento",zzzz... y ellos claro, se lo han creído, pese a que jamás verán un duro de todo ello.
La tierra ya va mandando señales de alarma, o así es como interpreto yo tanto Tsunami, terremotos, inundaciones, etc, pero creo que los de arriba lo ven distinto, un favorcillo que les hace la madre tierra, poniendo a su disposición grandes zonas donde (re)construir más alto, más grande, más caro, MÁS! con lo que acaba siendo peor aún la cosa...

2:27 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

Estupendo el artículo de Rebelión.

A riesgo de parecer infantil, me pregunto: ¿por qué seguir construyendo? ¿Poqué hacer "planes urbanísticos? ¿Límites a la construcción? Si la cosa està tan mal —que lo està—, no construyamos más. Nada. Un hospital, una escuela, como mucho. ¿Corregir excesos? Que yo sepa los excesos se cometen o no, no se moderan. Lenguaje económico de nuevo, supongo.

d.

6:12 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home