¡Chingelbel, chingelbel!
Algunos apuntes sobre el irresistible impulso de esconder bajo tierra la cabeza como un avestruz y sacarla a mediados de enero
1. Si tal y como se ha comentado, la nueva ordenanza cínica de Barcelona no va a determinar una persecución por razón de clase social (hoy lo comentaba Trias, de CIU, el domingo lo comentó el propio alcalde) sino que se va a concentrar en las mafias de prostitución y limosna al por mayor ¿quién establecerá la diferencia entre mafia y grupo de desarrapados? ¿Qué criterio regirá para aplicar con mesura una ley de límites y definiciones difusas? ¿El de la policía, con su habitual mesura y ponderación ecuánime? Y bien, una vez se haya dotado el ayuntamiento de instrumentos para detener a todo aquel que aproveche la centralidad y la concurrencia pública de Barcelona “como centro dinámico y económico” para realizar acciones incívicas… ¿Cómo escaparemos al monopolio del espacio colectivo por parte del empresariado del ocio y la restauración? ¿Cómo podrá dársele un uso al distinto al que dictan turismo, consumo y contemplación burguesa del orden (de la calma chicha, de que nada sucede frente al portal de uno)? ¿Cómo, por ejemplo, podrán los ecuatorianos, que no tienen dinero para ocio -pues ocupan el último estrato social antes de la indigencia-, seguir reuniéndose en los parques con su caña y sus aperitivos? No podrán, claro. No vaya a ser que llegue una viejita con su caniche y se acojone ante tantos indios borrachos. Pero lo peor, la peor de las perspectivas: ¿Cómo podremos volver a pensar en una ciudad de todos, que no exista al servicio del Dinero?
2. El indigente más cuerdo del mundo, algunos de ustedes lo recordarán, se ha marcado una nueva empresa -inmobiliaria, para más INRI-. Anda de nuevo por aquí abajo. Pide limosna -“la voluntad”-, y ahora transcribo literalmente: “porque estoy aorrando para comprarme el can nou”. Si le ven, ya saben, contribuyan: ¡y esperen a ver la cara de Laporta!
3. Algunas batallas se libran entorno a las palabras. Si dejamos de llamar terroristas a todos quienes estén contra el estado, las ocupaciones militares y el turbocapital, tal vez entonces haya quien pueda interesarse por sus motivaciones y descubrir porqué se oponen, móviles que suelen ir más allá del “ánimo de hacer sufrir a quien es pacífico y vive en libertad”, como nos dice la propaganda una y otra vez.
4. Me dirigía a casa. Mi único objetivo era frotarme la cabeza con Ernesto, presentarle mis respetos y observar los cambios que unos lampistas habían realizado en mi humilde morada. No se qué pasó, me despisté y seguí caminando pasado Puigmartí. Extrañado por mi paseo automático, me detuve a observar la calle desde arriba. Sólo pude ver un rebaño de consumidores (incluyéndome, claro). Ah, navidad, exclamé hacia un cielo oscuro, amenazante. Imaginé entonces el diagnóstico de un extraterrestre: “exhiben un deleznable comportamiento determinado; caminan muy rápido y muy abrigados, intercambian papelitos por bolsas de cartón, salen de una puerta y se meten en otra de forma frenética; y todos dicen sentirse personas individuales, con una voluntad muy propia y exclusiva… ¡fascinante!: qué seres tan extraños y contradictorios”.
Fluffy se estará frotando las manos.
5. Como al fin llega la Navidad (una compañera de trabajo no para de tatarear “andeguatchinberdinsonow, hey, anddehandimerirein, hey… chingelbel, chingelbel… chingeloooo-oldegüey”), no sé que libro de César Vidal regalar a mis amigos, mujer y familia. Estoy entre los siguientes títulos: “El Enorme Influjo del Cristianismo en Todo”, “Los Masones (esbirros de Fluffy y responsables del 74% del mal que asola el planeta)”, “La Reconquista: España siempre gana”, “Las tres o cuatro cárceles republicanas: mil veces peor que el completo exterminio de la disidencia o los doscientos campos de concentración fascistas”, “Los Evangelios Agnósticos”, “Paracuellos: lo único que nos duele de la guerra”. Son todo superventas, lo cual no puede ser sino una garantía. Libros a prueba de mayorías: sencillos, con la documentación justa, con opiniones incrustadas y predigeridas y con la dosis de contestación exacta para poder sentirse crítico con la disidencia, a continuación un tanto indómito y al fin seguir adorando la realidad. Propongo una etiqueta que, a modo del signo de exclamación “best price”, lea “goebbels reccomended” sobre un pequeño logo que incluya un casco con punta de lanza. Esta advertencia podría colocarse sobre los libros de este adalid de la cultura española. A modo puramente informativo, no me malinterpreten.
1. Si tal y como se ha comentado, la nueva ordenanza cínica de Barcelona no va a determinar una persecución por razón de clase social (hoy lo comentaba Trias, de CIU, el domingo lo comentó el propio alcalde) sino que se va a concentrar en las mafias de prostitución y limosna al por mayor ¿quién establecerá la diferencia entre mafia y grupo de desarrapados? ¿Qué criterio regirá para aplicar con mesura una ley de límites y definiciones difusas? ¿El de la policía, con su habitual mesura y ponderación ecuánime? Y bien, una vez se haya dotado el ayuntamiento de instrumentos para detener a todo aquel que aproveche la centralidad y la concurrencia pública de Barcelona “como centro dinámico y económico” para realizar acciones incívicas… ¿Cómo escaparemos al monopolio del espacio colectivo por parte del empresariado del ocio y la restauración? ¿Cómo podrá dársele un uso al distinto al que dictan turismo, consumo y contemplación burguesa del orden (de la calma chicha, de que nada sucede frente al portal de uno)? ¿Cómo, por ejemplo, podrán los ecuatorianos, que no tienen dinero para ocio -pues ocupan el último estrato social antes de la indigencia-, seguir reuniéndose en los parques con su caña y sus aperitivos? No podrán, claro. No vaya a ser que llegue una viejita con su caniche y se acojone ante tantos indios borrachos. Pero lo peor, la peor de las perspectivas: ¿Cómo podremos volver a pensar en una ciudad de todos, que no exista al servicio del Dinero?
2. El indigente más cuerdo del mundo, algunos de ustedes lo recordarán, se ha marcado una nueva empresa -inmobiliaria, para más INRI-. Anda de nuevo por aquí abajo. Pide limosna -“la voluntad”-, y ahora transcribo literalmente: “porque estoy aorrando para comprarme el can nou”. Si le ven, ya saben, contribuyan: ¡y esperen a ver la cara de Laporta!
3. Algunas batallas se libran entorno a las palabras. Si dejamos de llamar terroristas a todos quienes estén contra el estado, las ocupaciones militares y el turbocapital, tal vez entonces haya quien pueda interesarse por sus motivaciones y descubrir porqué se oponen, móviles que suelen ir más allá del “ánimo de hacer sufrir a quien es pacífico y vive en libertad”, como nos dice la propaganda una y otra vez.
4. Me dirigía a casa. Mi único objetivo era frotarme la cabeza con Ernesto, presentarle mis respetos y observar los cambios que unos lampistas habían realizado en mi humilde morada. No se qué pasó, me despisté y seguí caminando pasado Puigmartí. Extrañado por mi paseo automático, me detuve a observar la calle desde arriba. Sólo pude ver un rebaño de consumidores (incluyéndome, claro). Ah, navidad, exclamé hacia un cielo oscuro, amenazante. Imaginé entonces el diagnóstico de un extraterrestre: “exhiben un deleznable comportamiento determinado; caminan muy rápido y muy abrigados, intercambian papelitos por bolsas de cartón, salen de una puerta y se meten en otra de forma frenética; y todos dicen sentirse personas individuales, con una voluntad muy propia y exclusiva… ¡fascinante!: qué seres tan extraños y contradictorios”.
Fluffy se estará frotando las manos.
5. Como al fin llega la Navidad (una compañera de trabajo no para de tatarear “andeguatchinberdinsonow, hey, anddehandimerirein, hey… chingelbel, chingelbel… chingeloooo-oldegüey”), no sé que libro de César Vidal regalar a mis amigos, mujer y familia. Estoy entre los siguientes títulos: “El Enorme Influjo del Cristianismo en Todo”, “Los Masones (esbirros de Fluffy y responsables del 74% del mal que asola el planeta)”, “La Reconquista: España siempre gana”, “Las tres o cuatro cárceles republicanas: mil veces peor que el completo exterminio de la disidencia o los doscientos campos de concentración fascistas”, “Los Evangelios Agnósticos”, “Paracuellos: lo único que nos duele de la guerra”. Son todo superventas, lo cual no puede ser sino una garantía. Libros a prueba de mayorías: sencillos, con la documentación justa, con opiniones incrustadas y predigeridas y con la dosis de contestación exacta para poder sentirse crítico con la disidencia, a continuación un tanto indómito y al fin seguir adorando la realidad. Propongo una etiqueta que, a modo del signo de exclamación “best price”, lea “goebbels reccomended” sobre un pequeño logo que incluya un casco con punta de lanza. Esta advertencia podría colocarse sobre los libros de este adalid de la cultura española. A modo puramente informativo, no me malinterpreten.
6 Comments:
A mí el que más me gusta de César Vidal es "Moro y terrorista: una historia del Islam en España"
Jaime
Por lo que he leído este señor, el librero, está trabajando en escribir la biblia, denunciando en el prólogo que la anterior es un (pre)plagio vergonzoso y que mateos marcos lucas y juan son pseudónimos.
Vaya mi contribución al lococuerdo y que compre también mestalla!
Para tu hermano el Grande —si me dejas elegir—, ya sabes que prefiero los clásicos. Como nuestro preclaro José María Pemán, que levantó la fe en la España eterna, poética y heroica. Cualquier cosilla estará bien. Me gusta tener libros repetidos.
A tí te estoy buscando uno de esos de J.J. Benítez que tanto te gustan.
d.
Te voy a regalar uno de la Lucía Echevarría que va sobre Amor... te encantará. Se trata de una chica que anda perdida en la gran ciudad y todo el mundo la trata mal y al final la chica se enamora mucho de un gañán pero manda al tio a la mierda porque es un machista y un cabrón.
¡Aivá, yatesplicaolfinal!...
Bueno, pues mejor te compro uno sobre colectivizaciones.
rebaño de consumidores (¿sólo en navidad?), rebaño de jugadores (de lotería, estos sí, sólo en navidad), rebaños varios, muy cívicos eso sí, moviéndose a empujones post-industriales y dando la chapa a vendedoras con cara de haber superado en mucho el umbral del agotamiento... ¿saben ustedes lo difícil que es conseguir El Víbora en los ¿tres meses? que dura la navidad?
fluffy, chavalote, aunque nada de esto viene a cuento, tengo algo para ti:
http://news.independent.co.uk/uk/transport/article334686.ece
E
Alucinante, verdad... ¡pues ha sido idea mía!
Fdo:
Fluffy.
(responsable corporativo del 97% del mal que asola el planeta)
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