Al principio, mejor caer mal
... breve intromisión en mi biografía...
Un paseo vespertino con Aimara. Hace ya unos meses.
Intentaba transmitirle una idea más o menos sencilla.
Pero mi oratoria es pésima y lenta. Aburriría, llegado el caso, al Dalai Lama (aunque en principio no tengo nada que decirle, al muy cantamañanas).
La cosa que intentaba explicar era que todas las personas en apariencia simpáticas comienzan cayéndome muy bien, pero terminan su relación conmigo hundidos en los más bajos índices de popularidad y aceptación (considérenme mi propia población de muestra). Yo no diría que me siento defraudado. Al fin y al cabo, nuestra sociedad educa sólo para la autosatisfacción. A triunfar, salir adelante y esas pamplinas sin significado. Al revés: diría que es un problema mío. Caigo en la simpatía ajena como en una emboscada, de cuatro patas, aún cuando sé que en un occidental esa simpatía es casi siempre una carga de entusiasmo impostado –falsa alegría- o bien una coraza de marketing personal. Porque está mandado que el hombre de hoy en día tiene que "saber venderse". No se sabe muy bien porqué.
En sentido contrario la regla funciona con la misma eficacia: quien me entra como una cuchillada termina siendo más o menos amigo. Supongo que, al fin y al cabo, la afinidad es mayor con aquellos que llevan la guardia en alto, con tanto gilipollas del que resguardarse como hay en el rebaño, con tanto entusiasta del marketing personal y con tanto culto a la superficialidad de las relaciones sociales deterioradas que hoy vivimos. Fíjense que la gente queda hasta para comer ensaladas de sésamo y comentar cine japonés… O, como caso extremo, crean asociaciones de consumidores para no morir de aburrimiento.
Intenté expresarlo más o menos así, como acabo de contárselo, sólo que con el lenguaje con el que se habla de paseo, repleto de “¿sabes?” y de “siesques” ("siejques" en Madrid), pero no conseguí escapar del brete en el que yo mismo me había metido. Desde entonces, cada vez que Aimara intenta ridiculizar (las más veces, con justa razón y buen tacto) la frondosidad de mis síntesis y la exasperación provocada por mi lentísima lengua, la emprende con la explicación de "la gente que empieza cayéndome bien y termina cayéndome mal…" y la listilla sabe expresarlo de veinte formas diferentes, para mayor humillación de quien les escribe.
Hm.
Un paseo vespertino con Aimara. Hace ya unos meses.
Intentaba transmitirle una idea más o menos sencilla.
Pero mi oratoria es pésima y lenta. Aburriría, llegado el caso, al Dalai Lama (aunque en principio no tengo nada que decirle, al muy cantamañanas).
La cosa que intentaba explicar era que todas las personas en apariencia simpáticas comienzan cayéndome muy bien, pero terminan su relación conmigo hundidos en los más bajos índices de popularidad y aceptación (considérenme mi propia población de muestra). Yo no diría que me siento defraudado. Al fin y al cabo, nuestra sociedad educa sólo para la autosatisfacción. A triunfar, salir adelante y esas pamplinas sin significado. Al revés: diría que es un problema mío. Caigo en la simpatía ajena como en una emboscada, de cuatro patas, aún cuando sé que en un occidental esa simpatía es casi siempre una carga de entusiasmo impostado –falsa alegría- o bien una coraza de marketing personal. Porque está mandado que el hombre de hoy en día tiene que "saber venderse". No se sabe muy bien porqué.
En sentido contrario la regla funciona con la misma eficacia: quien me entra como una cuchillada termina siendo más o menos amigo. Supongo que, al fin y al cabo, la afinidad es mayor con aquellos que llevan la guardia en alto, con tanto gilipollas del que resguardarse como hay en el rebaño, con tanto entusiasta del marketing personal y con tanto culto a la superficialidad de las relaciones sociales deterioradas que hoy vivimos. Fíjense que la gente queda hasta para comer ensaladas de sésamo y comentar cine japonés… O, como caso extremo, crean asociaciones de consumidores para no morir de aburrimiento.
Intenté expresarlo más o menos así, como acabo de contárselo, sólo que con el lenguaje con el que se habla de paseo, repleto de “¿sabes?” y de “siesques” ("siejques" en Madrid), pero no conseguí escapar del brete en el que yo mismo me había metido. Desde entonces, cada vez que Aimara intenta ridiculizar (las más veces, con justa razón y buen tacto) la frondosidad de mis síntesis y la exasperación provocada por mi lentísima lengua, la emprende con la explicación de "la gente que empieza cayéndome bien y termina cayéndome mal…" y la listilla sabe expresarlo de veinte formas diferentes, para mayor humillación de quien les escribe.
Hm.
1 Comments:
Compañero, gracias a algarabia.blogia.com he podido acceder a tu blog. estamos arrancando un blog con el que pretendemos hacer una enciclopedia de barcelona tipo post-permanyer (como antonio baños la ha bautizado). estaría bien que la vieras. www.enciclopediabcn.blogspot.com
Puedes vistarme en lolabech.blogspot.com
y enviarme un comentario a quejidolucas@yahoo.es
Si te animas a participar, te mando carta fundacional.
Un honor, Lucas.
Publicar un comentario
<< Home