la patata de la libertad

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Un congresista estadounidense, en el pináculo de la estupidez, propuso cambiar el nombre de las malignas patatas francesas ("french fries") por el de patatas de la libertad ("freedom fries")... ¿Alguien recuerda la ensaladilla nacional? Colabora con la patata: comenta o envía tus artículos a allstolen@hotmail.com En marcha desde 26/05/04

27.10.05

Cinco apuntes...

... de un otoño que no termina de llegar

1. Le preguntaron al insigne cineasta, el de las putas princesas, y contestó “tengo una fe ilimitada en el hombre”. No está mal, cada uno se agarra a lo que puede, y me parece claro que en las épocas en que el humanismo se impuso sobre concepciones tecnológicas o teológicas, el hombre obtuvo un mayor avance en la comprensión del mundo -siempre incompleta, por definición-. Ahora bien, tener una confianza ilimitada en la acción del hombre, a estas alturas, sólo puede provenir de un convencimiento muy profundo -aunque sea muy inconsciente y ahí en lo más recóndito de su almita-, de que todo esto que le hacemos al planeta no es irreversible, que al final dejaremos de destruir-para-construir y de ir a velocidades absurdas hacia cualquier parte a base de pequeñas combustiones… ¿Quién sabe? Tal vez si algún día dejamos de soñar con planificaciones y crecimientos. Si renunciamos al progreso, esa infame abstracción.

2. Después del rotundo artículo de ayer –demasiado, diría yo-, he seguido dándole vueltas a la huelga de pescadores. Coincido con casi todo el mundo que su actividad depende en gran medida del precio del carburante, pero, como bien apunta Javier Ortiz, afectado como siempre de una lucidez galopante, no sólo ellos dependen del carburante. Cabría plantear incluso, si nos adentramos en esta ciénaga, que también aquél que necesita automóvil para desplazarse al trabajo por no tener combinación de transporte público posible, requiere una bajada en el precio del carburante. No es lógico.
Por otro lado, terco que es uno, me reafirmo en mi posición: creo que la postura de no atacar a los intermediarios es un grave error, una simple huída hacia delante. Es muy fácil dar lecciones y muy difícil actuar (sí, ya me parece oirles remugar), pero sin embargo debo atender a lo que me dicta mi conciencia: que no está bien que quien conecte al pescador con el comprador –acto antaño sencillo e inmediato- se quede más que quien saca los peces del agua. Y que encima tampoco se pague bien al transportista que se pega su correspondiente panzada de carretera. Son trabajos que podrían hacerse en comandita, con cooperativas bien organizadas y sin “enlace logístico” (tiene bemoles el eufemismo). Todos -menos aquellos que valorizan el producto de forma absurda- cobrarían su parte y “aquí paz y después gloria”.

3. Cuenta Carlos Taibo, un catedrático que enseña ciencias políticas en alguna universidad capitalina (¡ciencias políticas!... extraña contradicción), que de vez en cuando pone un ejercicio a sus alumnos consistente en diferenciar los dos programas electorales de los dos grandes partidos antagonistas. Pueden imaginar el decepcionante resultado:
-Estooo… profe… este es del soe y este del pepé… no, no… un momento, al revés profe: este es del soe y este del pepé… no… un momento… vale, lo reconozco, no tengo nidea… ¡pero es que son iguales!
Ya lo dijo una vez Cuevas, nuestro enemigo en lo alto: que le da igual quien gobierne, que ellos ganan Dinero igual con los unos y con los otros. A ellos les viene bien el espectáculo de la falsa alternancia. El viejo truco de cambiarlo todo para dejarlo todo igual. ¡Y que luego haya quien llame a Debord exagerado! ¡Corto, se quedó corto, pobrecico mío!

4. Les confieso -porque casi nunca sé lo que hago-, que llevo comprando cd’s una buena temporada. Peor: ¡años! Hasta la llegada de la mula, los emepetreses y la mórbida satisfacción de piratear, los adquiría a carretadas. Quien sabe porqué. Con lo que me gustaba el sonido a fritanga del vinilo, con lo que disfrutaba pasando ese cepillo de terciopelo sobre los surcos, el sonido de la aguja contra el disco, ese levantarse de la cama para cambiar de cara, ese levantarse corriendo del sofá para que James Taylor no siguiese repitiendo ad infinitum looordiseenfireaniseenrain, trap, iseenfireaniseenrain, trap, iseenfireaniseenrain… El caso es que regreso al vinilo, mi verdadero hogar y de donde nunca debí haber salido. Con sus estupendas imperfecciones, sus ediciones en grosor de gran gramaje, sus vacilones siete pulgadas, sus folletos desdoblables, sus catálogos dentro, su etiqueta interior mal impresa, ¡arg, basta de enumeraciones!... El cd es una mierda, reconozcámoslo, apesta tanto como la tecnología que lo generó (última enumeración, lo prometo): uno no disfruta de los diseños, hay que leerse las letras con lupa, las cajas se rompen al más mínimo golpe, no ocupa casi espacio y encima, como casi no se raya, uno no tiene excusa para negarse a prestarlo. Ayer, como primer acto de mi regreso al pasado, adquirí un estupendo disquito de James Yorkston & The Athletes y un doble recopilatorio de Mission of Burma. Sí, todo en pitinglis, ¡qué quieren que les diga si me comieron el coco de pequeño y sólo escuché cantar en inglés! ¡¡¡La culpa es de la sociedad!!!
Y, como parte de mi terapia de desintoxicación, pasé por rosa de Foc y no compré ni un ensayo sobre anarquismo.
Vamos, aplaudan, por favor.

5. Soñé. Y después recordé el sueño: me encontraba en la Subdirección del Departamento de Urbanismo del ayuntamiento, dentro de algún edificio modernista restaurado. Contemplaba con desdén las actividades de los mandamases y los cuadros medios, desde lo lejos pero dentro de cada despacho, con la proximidad distante con la que se mira en sueños. Entretenidos frente a mesas de arquitecto, sobre planos de cuadrantes y avenidas, ponían edificios aquí, casas allá, quitaban huertos del extrarradio, diseñaban equipamientos públicos obsoletos antes incluso de su propia instalación... Planificaban, en general, con la sensación de prestarle algún servicio a alguien, no se sabe a quién. Para eso se planifica. Haciendo un sobreesfuerzo memorístico, hurgando muy adentro en mi retentiva, recordé un diálogo del sueño que un catalanito chaparro con gafas de pasta tuvo frente a dos subalternos:
–Aquí tienen el plan de destrucción de la nueva Plaça de les Glòries, y anexo el plan de reconstrucción correspondiente para 2010. Lo ha hecho Gálvez en sólo tres semanas. Aprendan de él.
-¡Pero si aún no se ha construído la nueva Plaça de les Glories!-Replicó sorprendido el más joven de los funcionarios.
-¿Y qué? ¡Hay que tener iniciativa! ¿O es que acaso quieren quedarse sin trabajo?... ¿nunca aprenderán ustedes? ¿O qué?
-Sí, señor, yo lo reviso, señor, y hago el preinforme de viabilidad…
-Así me gusta.
Y aquí se me termina la memoria. Menos mal.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

¡Ahora lo siguiente es comprarte unos Technics y ponerte a pinchar! Yo te lo recomiendo, aunque ya sé que a ti este rollo modernete no te va mucho.

Saludos.

4:03 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Mi querido patato, en vez de prestarlo puede Vd. grabar una copia en un CD virgen y dárselo tranquilamente a su interesado amigo del alma. Hágame caso, está en su derecho (el tan traído derecho de la copia privada) y dista muchśimo de ser un acto ilegal, y si encima la música es tan buena como Vd. dice estará difundiendo la cultura entra la población, lo cual es algo que le honrará.

4:02 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

¡Ah, no! porque entonces se pone de moda el eslogan "¡Carlos le graba cd's a todo el mundo, pídele uno, porque tú lo vales!".
Además, yo desde que vi al Bustamante con la Milà estoy muy concienciado y no quiero delinquir.
Por la noche tengo unas pesadillas horribles en que bustamante se me acerca, me quita el cedé y me dice que es "su trabajo". Me despierto sudado, frío, con taquicardia...
La piratería es un robo. Lo dicen por la tele... Y esto que haces es instigación a la delincuencia, o incitación al delito, o investigación al delinquismo, o algo así...

Un saludo, alejo

4:31 p. m.  

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