Presunción de falsedad
En general, casi todo es falso, aunque el principio de referencia nos obliga a mantener su certeza hasta que es asumido como tal por la mayoría.
Entonces se toma otra referencia y todos pasamos a cachondearnos de cuando mayoritariamente se creía X.
“Se creían que el mundo era plano, jaja, ¿te imaginas?”
“Qué brutos, tenían esclavos y quien no era ciudadano no votaba”
O ya, empleando el pasado de un futuro probable:
“Trabajaban ocho horas al día durante cincuenta años, y no producían casi nada de utilidad”
“Iban en pesadas cápsulas metálicas individuales impulsados por pequeñas explosiones”
Y en tanto se descubre la mentira (siempre algún loco, algún terrorista) de lo que se nos presenta como realidad, en tanto se difunde toda su falsedad y finalmente se asume por la mayoría, lo que se dice cierto resulta cada vez más falso para cada vez más gente.
Ello explica porqué la gente cada vez vota menos, porqué la gente se encierra cada vez más en sus casas debido al asco que siente afuera, porqué cada vez somos más narcisistas, más insolidarios, menos espirituales (y no me refiero a las Fes impuestas desde arriba, tan sólo a la necesidad de explicaciones radicales), menos dispuestos a compartir espacios y posesiones.
Al contrario de lo que opinólogos, prensa y demás imbéciles con conciencia cívica opinan, todo esto no es una degradación de nuestra sociedad. Son simples síntomas con los que, inconscientemente, los individuos manifiestan estar al tanto de la falsedad de Lo Establecido.
Simplemente, revelan la mentira de nuestra actual forma de des-organización. Una de entre tantas posibles. Pero una forma, ¡eh!, dentro de este mundo. Nada de "otro mundo es posible". Mundos, de momento, para nosotros sólo hay este.
Pueden comprobar como Todo-Es-Mentira cuando, en cualquier ámbito de la vida, se pronuncian esos comentarios así como de pasada, casi frases hechas: “la pasta manda”, “esto está amañado”, “votar no sirve para nada”, “aquí quien manda es el ladrillo”, “los profesores son unos gandules, sólo dictan”, “todos los políticos son iguales”, “los bancos son unos parásitos”...
Todas estas aparentes obviedades en boca de cualquiera poseen mil veces más contenido que cualquier escrito con los que nos abruman los intelektuales de las élites universitarias y editoriales. Esos reproches que el vulgo lanza al aire constituyen El Sentido Común. La mayor de nuestras intuiciones. Ni más ni menos. Lo que se ha mantenido por abajo mientras arriba triunfaban unas y otras teorías (qué más da), mientras arriba nos clasificaban y nos medían con un pie de rey.
Claro que siempre cabe desprestigiarlas con el cuento del “pesimismo” o con la impostora búsqueda de ejemplos felices con los que realizar analogías. O de una forma aún más eficaz como la tecnificación del conocimiento hasta perder de vista la referencia: la creación de categorías, grupos de categorías, ramas de grupos de categorías y árboles con ramas de grupos de categorías.
Todo ello, pequeño detalle, basado en premisas primarias falsas, purititas mentiras.
¡Pero oh! ¡Como suena de cierta la ciencia! ¡Qué verdadero parece el saber cuando es mucho, cuando pesa, cuando ocupa muchas páginas! ¡Cómo embriaga la razón!
Siempre hay quien quiere difundir la FE en esto que existe, así sea sólo una de las miles de formas posibles en las que podríamos existir, así sea una forma devastadora de capitalismo voraz. Una locura mundial, total, completa. La más perfeccionada forma de dominio conocida hasta el momento.
Sin embargo, bajo su aparente complejidad, es tan sencillo como el engaño de los Reyes Magos. Mentira para quien lo maneja. Verdad para quien lo padece (¡o disfruta!). Lo mismo sucede con la democracia representativa y el cuento del capital y sus mercados. Mentira para quien representa –el que disfruta, gasta, manda, dispone, engorda-, verdad para el representado.
Miguel Brieva plasmó todo esto en una de sus fantásticas ilustraciones. En ella aparecen un montón de adolescentes enajenados que aguardan en fila para ver The Matrix. Uno de ellos, con el pelo de colores, un móvil en la mano, unas bambas pike y un millón de gadgets inútiles y marcas de corporaciones a su alrededor, avanza el argumento de la película: “va de unos tipos que viven en un mundo que es todo mentira y que en realidad está controlado por las máquinas pero ellos no se dan cuenta porque están dormidos ¿te imaginas?”.
Aparte, hace poco leí en el baño de un formidable antro de mi barrio la siguiente frase:
“Bin Laden no existe, Al Qaeda son los padres”.
No era broma. Aunque me hizo gracia por su certeza.
Y es que eso es lo primero que inspira la verdad: risa.
Entonces se toma otra referencia y todos pasamos a cachondearnos de cuando mayoritariamente se creía X.
“Se creían que el mundo era plano, jaja, ¿te imaginas?”
“Qué brutos, tenían esclavos y quien no era ciudadano no votaba”
O ya, empleando el pasado de un futuro probable:
“Trabajaban ocho horas al día durante cincuenta años, y no producían casi nada de utilidad”
“Iban en pesadas cápsulas metálicas individuales impulsados por pequeñas explosiones”
Y en tanto se descubre la mentira (siempre algún loco, algún terrorista) de lo que se nos presenta como realidad, en tanto se difunde toda su falsedad y finalmente se asume por la mayoría, lo que se dice cierto resulta cada vez más falso para cada vez más gente.
Ello explica porqué la gente cada vez vota menos, porqué la gente se encierra cada vez más en sus casas debido al asco que siente afuera, porqué cada vez somos más narcisistas, más insolidarios, menos espirituales (y no me refiero a las Fes impuestas desde arriba, tan sólo a la necesidad de explicaciones radicales), menos dispuestos a compartir espacios y posesiones.
Al contrario de lo que opinólogos, prensa y demás imbéciles con conciencia cívica opinan, todo esto no es una degradación de nuestra sociedad. Son simples síntomas con los que, inconscientemente, los individuos manifiestan estar al tanto de la falsedad de Lo Establecido.
Simplemente, revelan la mentira de nuestra actual forma de des-organización. Una de entre tantas posibles. Pero una forma, ¡eh!, dentro de este mundo. Nada de "otro mundo es posible". Mundos, de momento, para nosotros sólo hay este.
Pueden comprobar como Todo-Es-Mentira cuando, en cualquier ámbito de la vida, se pronuncian esos comentarios así como de pasada, casi frases hechas: “la pasta manda”, “esto está amañado”, “votar no sirve para nada”, “aquí quien manda es el ladrillo”, “los profesores son unos gandules, sólo dictan”, “todos los políticos son iguales”, “los bancos son unos parásitos”...
Todas estas aparentes obviedades en boca de cualquiera poseen mil veces más contenido que cualquier escrito con los que nos abruman los intelektuales de las élites universitarias y editoriales. Esos reproches que el vulgo lanza al aire constituyen El Sentido Común. La mayor de nuestras intuiciones. Ni más ni menos. Lo que se ha mantenido por abajo mientras arriba triunfaban unas y otras teorías (qué más da), mientras arriba nos clasificaban y nos medían con un pie de rey.
Claro que siempre cabe desprestigiarlas con el cuento del “pesimismo” o con la impostora búsqueda de ejemplos felices con los que realizar analogías. O de una forma aún más eficaz como la tecnificación del conocimiento hasta perder de vista la referencia: la creación de categorías, grupos de categorías, ramas de grupos de categorías y árboles con ramas de grupos de categorías.
Todo ello, pequeño detalle, basado en premisas primarias falsas, purititas mentiras.
¡Pero oh! ¡Como suena de cierta la ciencia! ¡Qué verdadero parece el saber cuando es mucho, cuando pesa, cuando ocupa muchas páginas! ¡Cómo embriaga la razón!
Siempre hay quien quiere difundir la FE en esto que existe, así sea sólo una de las miles de formas posibles en las que podríamos existir, así sea una forma devastadora de capitalismo voraz. Una locura mundial, total, completa. La más perfeccionada forma de dominio conocida hasta el momento.
Sin embargo, bajo su aparente complejidad, es tan sencillo como el engaño de los Reyes Magos. Mentira para quien lo maneja. Verdad para quien lo padece (¡o disfruta!). Lo mismo sucede con la democracia representativa y el cuento del capital y sus mercados. Mentira para quien representa –el que disfruta, gasta, manda, dispone, engorda-, verdad para el representado.
Miguel Brieva plasmó todo esto en una de sus fantásticas ilustraciones. En ella aparecen un montón de adolescentes enajenados que aguardan en fila para ver The Matrix. Uno de ellos, con el pelo de colores, un móvil en la mano, unas bambas pike y un millón de gadgets inútiles y marcas de corporaciones a su alrededor, avanza el argumento de la película: “va de unos tipos que viven en un mundo que es todo mentira y que en realidad está controlado por las máquinas pero ellos no se dan cuenta porque están dormidos ¿te imaginas?”.
Aparte, hace poco leí en el baño de un formidable antro de mi barrio la siguiente frase:
“Bin Laden no existe, Al Qaeda son los padres”.
No era broma. Aunque me hizo gracia por su certeza.
Y es que eso es lo primero que inspira la verdad: risa.
4 Comments:
¡Qué grande eres, Patata, he disfrutado mucho leyendo esta entrega tuya.
Un abrazo
Hannah
Me gusta tu risa, en serio. En serio. Y me encantaría ver esa ilustración de Miguel Brieva. ¿Dónde podría verla? Saludos, Giovanni
Miguel Brieva edita unos fanzines en formato cómic con su propia editorial: Clismón. Hasta el momento, ha publicado cuatro números del 'zine DINERO. Se pueden encontrar en tiendas de cómic bien surtidas y en buenas librerías.
También en el Jueves y Diagonal publican sus dibujos.
Desgraciadamente no vivo en España (sino en Holanda; soy holandés) y en Diagonal (por Internet) no he encontrado Miguel Brieva. El Jueves no pude encontrar en Internet. Otra razón para ir a (una buena librería en) España.
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