la patata de la libertad

Blog de opinión crítica completamente anti-
Un congresista estadounidense, en el pináculo de la estupidez, propuso cambiar el nombre de las malignas patatas francesas ("french fries") por el de patatas de la libertad ("freedom fries")... ¿Alguien recuerda la ensaladilla nacional? Colabora con la patata: comenta o envía tus artículos a allstolen@hotmail.com En marcha desde 26/05/04

9.11.05

Houtart y el significado de La Pobreza

Algunos curas molan, y disculpen mi juvenil expresión.

Resulta un fenómeno extraño porque se supone que una persona que acepta un paquete cerrado de Fes-de-otra-época y consagra su vida a actividades tan absurdas y anacrónicas como No Follar Nunca o Predicar en Tono Santurrón (incluso hacia aquellos con un mejor comportamiento moral: normalmente casi todos), debería ser un majadero... Pues no, fuera de este estereotipo se encuentra uno con algunos seres formidables: Casaldàliga, Cardenal, Sobrino, Setién o el asesinado Romero.

Claro que minorías las hay en cualquier entorno. Hasta en la iglesia.

En este caso, mi reverencia va hacia Monseñor Houtart, que ha escrito esto:

(…) Recordemos que la definición de pobre y la actitud hacia este ha constituido uno de los problemas de los sistemas económicos generadores de desigualdades. Hubo un periodo en que el estatus de los pobres estaba vinculado con una lectura religiosa de la sociedad: pobre era aquel que, él o sus ancestros, habían pecado, y rico era aquel que estaba bendecido por Dios, el pobre era aquel que no había acumulado suficientes méritos en sus reencarnaciones, el pobre era aquel que le permitía al rico ganar el cielo, gracias a su generosidad. Por otra parte, la culpabilización del pobre conducía entonces a la criminalización de la pobreza y a identificar al indigente con el delincuente. La burguesía industrial del siglo XIX en Europa usó ampliamente las visiones de los siglos precedentes, pero adaptándolas a los nuevos datos de una cultura secular y de sus relaciones sociales de capitalismo industrial. Los obreros explotados al máximo, debían participar en el progreso económico sacrificando la calidad de su existencia. Los pobres no integrados en el sistema e incapaces de vender su fuerza de trabajo, eran considerados como marginales, a menudo irrecuperables. Era la asistencia o la caridad quienes debían responder a las necesidades de los pobres, satisfaciendo así las aspiraciones humanistas de algunos ricos, pero excluyendo una transformación de las condiciones del trabajo o de las relaciones de poder en el campo económico.

En la actualidad, nos encontramos ante la misma lógica. Michel Camdessus, cuando era director del FMI, hablaba de las tres manos: la invisible del mercado (base del sistema), la reguladora del Estado (que crea las condiciones favorables al mercado) y la de la caridad, para aquellos excluidos. Verdaderamente podemos recordar lo que señalaba Georges Simmel, sociólogo alemán, que escribió en 1905, hace ya cien años: “la lucha contra la pobreza responde siempre a las necesidades de los que no son pobres” [citado por F. Mestrum, 2005].


¡Aleluya, hermanos!