Los descontrolados
episodio 15.256.221... ¡y los que vendrán!
La policía vigila y detiene.
Siempre en los mismos lugares. Siempre a los mismos individuos.
Persigue a “los vándalos”.
Ese “otro” extraño y diferente.
Ese que no entiende “las reglas del juego”.
Con una agresividad y una vehemencia insoportables, el Estado trata a los jóvenes franceses como a una auténtica basura.
Su jefe, el ministro del interior, se refiere a los descendientes de inmigrantes como racaille.
Chusma.
Así, sucede que el Estado aprieta y abajo la gente se ensancha como un globo, hacia los lados, conteniendo la presión de arriba.
No hace falta terminar la metáfora. ¿No les parece?
El globo explota y, de pronto, nadie entiende nada.
Son años y años de violencia estatal producida de arriba abajo.
Llámenle contención, llámenle orden.
Como ustedes quieran: las palabras no cambian nada.
Para los de abajo, que no intervienen en estas definiciones, sigue siendo violencia, y ellos son su objeto.
Pero ay… …¡súbitamente el objeto se convierte en sujeto!
¿Quién puede extrañarse?
Lo de la otra mejilla siempre fue una exageración, una ridiculización del agresor, no aquella tontería pacifista que inventó la iglesia al servicio de la dominación.
¿Y qué puede esperarse cuando ya no quedan mejillas que ofrecer?
¿Otra resignada condena de cualquier tipo de violencia “venga de donde venga”?
¡A otro con ese cuento!: ya lo he escuchado demasiadas veces.
Ahora la válvula emite su fino hilo de vapor y nadie entiende nada.
Cómo se calentó el agua.
Quién puso la olla en el fuego.
Quién la dejó hervir tanto rato.
¿¡Cómo puede ser!?
Debates estériles.
Se trata de una pura falta de costumbre.
La prensa tampoco ayuda a entender.
Estos disturbios son un simple reflejo provocado por la acción cotidiana del ejercicio del poder y la dominación.
Se suponía que todos esos adolescentes debían estar esperando pacíficamente frente a la tele y la playstation a que les llegue el turno de ser explotados en trabajos de mierda.
Se suponía también que todos ellos debían estar agradecidos con Estado francés, que después de succionarles la vida a sus padres en Europa y a sus abuelos en las colonias, merecía un reconocimiento.
Vamos, una reverencia, moritos.
Pues NO.
Nadie se deja gobernar eternamente.
Al fin y al cabo, la violencia siempre ha podido ejercerse en cualquier sentido y en cualquier dirección, y el Estado, por más que insista con esa tontería de la protección del orden público, no tiene el monopolio.
Ahora que trague.
Este es su propio guiso.
Ya está cocinado y servido.
La policía vigila y detiene.
Siempre en los mismos lugares. Siempre a los mismos individuos.
Persigue a “los vándalos”.
Ese “otro” extraño y diferente.
Ese que no entiende “las reglas del juego”.
Con una agresividad y una vehemencia insoportables, el Estado trata a los jóvenes franceses como a una auténtica basura.
Su jefe, el ministro del interior, se refiere a los descendientes de inmigrantes como racaille.
Chusma.
Así, sucede que el Estado aprieta y abajo la gente se ensancha como un globo, hacia los lados, conteniendo la presión de arriba.
No hace falta terminar la metáfora. ¿No les parece?
El globo explota y, de pronto, nadie entiende nada.
Son años y años de violencia estatal producida de arriba abajo.
Llámenle contención, llámenle orden.
Como ustedes quieran: las palabras no cambian nada.
Para los de abajo, que no intervienen en estas definiciones, sigue siendo violencia, y ellos son su objeto.
Pero ay… …¡súbitamente el objeto se convierte en sujeto!
¿Quién puede extrañarse?
Lo de la otra mejilla siempre fue una exageración, una ridiculización del agresor, no aquella tontería pacifista que inventó la iglesia al servicio de la dominación.
¿Y qué puede esperarse cuando ya no quedan mejillas que ofrecer?
¿Otra resignada condena de cualquier tipo de violencia “venga de donde venga”?
¡A otro con ese cuento!: ya lo he escuchado demasiadas veces.
Ahora la válvula emite su fino hilo de vapor y nadie entiende nada.
Cómo se calentó el agua.
Quién puso la olla en el fuego.
Quién la dejó hervir tanto rato.
¿¡Cómo puede ser!?
Debates estériles.
Se trata de una pura falta de costumbre.
La prensa tampoco ayuda a entender.
Estos disturbios son un simple reflejo provocado por la acción cotidiana del ejercicio del poder y la dominación.
Se suponía que todos esos adolescentes debían estar esperando pacíficamente frente a la tele y la playstation a que les llegue el turno de ser explotados en trabajos de mierda.
Se suponía también que todos ellos debían estar agradecidos con Estado francés, que después de succionarles la vida a sus padres en Europa y a sus abuelos en las colonias, merecía un reconocimiento.
Vamos, una reverencia, moritos.
Pues NO.
Nadie se deja gobernar eternamente.
Al fin y al cabo, la violencia siempre ha podido ejercerse en cualquier sentido y en cualquier dirección, y el Estado, por más que insista con esa tontería de la protección del orden público, no tiene el monopolio.
Ahora que trague.
Este es su propio guiso.
Ya está cocinado y servido.
4 Comments:
Conversación REAL desarrollandose en la oficina mientras tecleo:
-"estos chavales, es que están quemando sus propios coches, bueno, los de sus padres, incluso!"
-"Detrás de esto no hay una reflexión política, un razonamiento... en lo del '68 habia una ideologia detrás, pero es que esto es... la barbárie de los parias" (?!)
Siguen emitiendo "opiniones", pero me duele la cabeza, y han pasado al Estatut, así que...
Sí. Eso es lo que más sorprende e indigna: los ataques contra la sagrada institución del Automóvil Personal. "¡Queman sus propios automóviles!" se exclaman en televisión. Así los hacen pasar por unos imbéciles enajenados.
Respecto a los 68's, con todo el respeto que me merecen muchos de sus actores... está claro cual fue la enseñanza que perduró, una voz de arriba que repite: "mientras seas joven, buenos son unos entretenidos y románticos disturbios, pero de mayor, cómprate un traje, trabaja y cuenta una buena historia a tus aburguesados hijos sobre tu rebelde juventud".
En fin, déjalos que opinen, eso es lo que conviene al régimen... así, cuanto más opinen y más sublimen sus "opiniones personales", más lejos estarán de lo que suceda por abajo.
Estoy de acuerdo patato, pero...
No es ese el verdadero problema? Que la "gente" no se da cuenta de que ellos también están aqui abajo? De que falta esa conciencia (podemos seguir llamándola "de clase") entre nosotros? Si esa conciencia fuese más generalizada quizás otro gallo cantaria, hostia...
Pero claro, tal y como nos viene dada la información, siempre son "los otros", los que se quejan, los que perturban el orden y nos causan molestias en el remanso de paz que debe ser nuestra vida diaria, los exaltados, violentos, incívicos, blah blah... lo clavabas perfectamente con lo de "viendo la tele y jugando a la Playstation hasta que les llegue el turno". Hasta los que lo vemos claro estamos metidos en el engranaje... esta noche he tenido un sueño, y al despertar esperaba ver no ya coches quemados al salir a la calle (el seny, esa entelequia adormecedora que siempre utilizan para justificar bajadas de pantalones y mantenernos dormidos, no permitiria tal cosa), pero si los parquímetros de la zona verde (y azul, ya puestos), por ejemplo. Aunque para eso quizás deberia haberlo hecho yo esta noche en vez de recuperar fuerzas para mi jornada laboral, claro. Yo no tengo coche, que quede claro.
Un saludo.
Bien, sobre lo de la "conciencia de clase", que es un tema que entretiene mucho a algunos marxistas y propagandistas, yo me opongo: los sujetos revolucionarios, el "lumpenproletariat", la "clase obrera", los "miserables" o su versión más mística, la actual "multitud" de Negri, no son más que proyecciones teóricas, clasificaciones a posteriori para tener alguna referencia de interpretación de la realidad... el problema de todas ellas es que suelen fabricar la realidad posterior, imponer una serie de actitudes (¡como lo de pedir más trabajo!) e ideas cerradas y de imperativos morales que cada individuo integrante del Gran Sujeto debe asumir forzosamente bajo riesgo de purga o de adocenamiento burgués. Yo me rebelo contra esta imaginería sociológica. Creo que es más simple: que nos negamos a ser gobernados y gestionados desde arriba.
En el fondo, como ves, estoy de acuerdo contigo: que todos deberíamos advertir que estamos aquí abajo sin ningún control sobre nuestra vida. Trabajando a cuenta ajena para "otros" que pueden decidir que ya no somos necesarios, siendo gobernados por burócratas que pretenden conocer nuestros deseos, consumiendo productos innecesarios...
Y sí, sería bueno quemar parkímetros. Aunque lo más efectivo parece ser convertirse progresivamente en una especie de borracho ermitaño, ajeno a la política de las alturas y al consumo.
Ah... y te felicito por tu carencia: eso de no tener automóvil es peor para el capital que el ser un furibundo izquierdista progre.
Yo lo practico "activamente":
No Tengo Automóvil
(mira, fíjate como arriba ya ponen cara de asustados)
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