la patata de la libertad

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27.1.06

Hamás y Armadill-O-Jack

Hay días que deparan noticias interesantes, días en los que uno tiene la sensación de estar leyendo algo nuevo, y no ese deja vu eterno que se desencadena tras leer que, otra vez, una mujer ha sido asesinada en Málaga –quemada viva por algún cobarde acomplejado-, que Pepinho ha metido otro gol y lo ha celebrado haciendo la Danza del Pato Ciego, y que los beneficios de Rimsol petróleos, los cuales han aumentado un cien por cien, no han terminado de saciar las previsiones iniciales, que esperaban que del cielo cayesen billetes, joyas de oro con incrustaciones de zafiro y alguna que otra botella de vino de la bodega del mismísimo Zeus. Sin olvidar La Bolsa que, cual ser vivo, ha acogido la noticia “con inquietud”.

Ayer me pareció leer algo nuevo. Sí, ayer leí una noticia nueva. Vieja por lo previsible y nueva en su acontecer, si se me permite la cursilada. Confirmación de lo que antes no era sólo una mera sospecha: durante el día pude ver la alegría de la comunidad palestina, que ha elegido, como no puede ser de otra manera, a quien les ofrece un credo cerrado, unitario e inquebrantable sobre el que enrocar y defenderse de un fanatismo opuesto. La confirmación de la dialéctica reactiva como única forma de protección ideológica contra la opresión: si contra el Capitalismo sólo ha sido efectivo el Comunismo (y a qué precio), contra el Sionismo sólo puede serlo el Islamismo (y a qué otro precio: ya se verá). Una cuestión de Realismo y Efectividad, trampas lógicas que lo contaminan todo para nuestra más completa desesperación. Es decir, que hay que sustituir un bloque de idiotez por otro –antagónico y equivalente: con sus líderes, sus proclamas y su propaganda de ideas contrarias-, porque es Lo Que Funciona, porque si no, no se tiene Éxito ni se consigue el Objetivo. ¡A saber cual! Pogreso del bueno –del bueno de verdad-, Desarrollo Económico, Felicidad General o cualquier otra burla al sentido común que el ideólogo de turno decrete al final de su búsqueda, o tras un par de copas, o tras una reunión con un financiero de éxito.

Así que Palestina ha optado por su fanatismo propio y específico. No se escandalicen. Quedaría muy de izquierdas, muy progresista y muy enrollado calificar de islamófobo a quien no respeta la ideología de Hamás. Podría argumentarse –y con razón, tal vez- que no hay otra forma de contrarrestar la superioridad espiritual de sus ricos convecinos demócratas, también unos fanáticos de tomo y lomo, unos usurpadores de tierras, laboralmente sus patrones y políticamente sus opresores, afectados por un desdoblamiento de personalidad víctima-verdugo fundado en la crueldad y en el autoengaño. Todo ello tan cierto como que veo llover.

Podría argumentarse también que eso es lo que los Palestinos quieren, que ese ha sido el resultado de la Democracia: lo que el pueblo ha demandado. Ya ¿y qué? Será que no hay canalladas e hijoputeces que se fabrican democráticamente. Por último, podría decírseme que no soy justo condenando en mi juicio toda una religión. Ahí sí que no: la condena no es a todo lo que el Islam incorpora, a todo el paquete que lo conforma (y que además, no conozco del todo bien). Mi condena es sólo a la Fe, que conozco de sobras pues es idéntica a la que sin éxito han intentado inocularme. Pero no, uno no puede arremeter contra todo. Mucha de la moral colectiva y del credo corriente del común se adjunta a las religiones para completar el paquete de creencias y hacerlas creíbles y llevaderas. Esa parte cabe respetarla: los lugares sagrados (sustitúyase por “comunes”), la prohibición consuetudinaria de la usura, el fomento de la vida en comunidad, el valor de la palabra y de la enseñanza, el respeto a la edad, etc, etc.. Valores musulmanes que admiro y respeto pero que no son atribuibles al Islam, como tampoco, pongamos por caso, la hospitalidad de los oscenses puede atribuirse al cristianismo.

Pero me interesa, porque me obsesiona, ese contraargumento de que “Esto es lo que los Palestinos han elegido”. La interposición adaptada que en todo juicio se realiza de lo que ya podríamos denominar como La Vieja Falacia Democrática. La cantinela de la Voluntad General como excusa de cualquier infamia: un viejo mecanismo de dominio mediante el que primero se invoca desde distintos altavoces –iglesias, prensa, grupos constituidos- una determinada Solución (como si pudiese haberla), una voz unánime y pactada que a la vez que le dice al pueblo qué necesita, le promete años dorados; después, en plena estafa, en plena delegación de voluntades, se dice que eso –yo, esto, mi partido, mi ideología, las promesas- es lo que el pueblo ha pedido. Cuando, ya sea en Palestina o en las elecciones autonómicas de la Región de Murcia, es bien sabido que los grupos políticos –con intereses muy propios, muy suyos, y, por lo tanto, radicalmente incompatibles con los de la generalidad- sólo recurren al pueblo para refrendarse, y que al día siguiente de su configuración como Institución Democrática, con el poder amarrado, se consagran en cuerpo y alma a sus negocios. No necesitamos más ejemplos, basta con observar cualquier democracia de cualquier país. Esta misma, por ejemplo.

Individualmente, el proceso es el que todos conocemos: primero se hace abstracción de la voluntad propia, después se renuncia a ella y se entrega a algún desconocido fotogénico que uno ha visto en un cartel por la calle o en la tele gritando gilipolleces frente a un moderador y un contrincante que dice lo mismo pero al revés. Como contrapartida en el negocio, se te concede la potestad de solicitar en forma de dádiva cualquier cosa que demandes según tu interés personal. Por no hablar del inmenso desahogo de la Exculpación Total, de la atribución de la Culpa a una persona concreta cuyo oficio, muy bien pagado, es el de saco de arena–con el alivio que eso supone para el ciudadano democrático, que ya no entiende esta sociedad ultracompleja-. Ya han escuchado mil veces la Canción de la Culpa, esa a la que cada Personita coloca el apellido predilecto: Bush tiene la culpa, Ansar tiene la culpa y ese blandengue zetapé, sí, también tiene la culpa –cuesta de creer, pobre angelito bobo-. Todo verdad, sí, porque esos señores son unos gansos, unos majaderos y unos mentirosos, cuando no unos criminales, pero se trata de una verdad muy de corto alcance, muy parcial, muy conveniente para el poder y muy insuficiente para nosotros.

Lo cierto es que el pueblo no sustenta esas Fes, no termina de creérselas – sea la Democracia o el Islam, el Dinero o Jesucristo, Elvis Presley o el saludable cadáver del Che Guevara-, y cuando cree lo hace por inercia o por imposición. Y siempre, mañana, pasado mañana o en un par de siglos si hace falta, consigue desprenderse de ellas mediante algún golpe de timón. Sangriento, generalmente.

Pero regresemos al Islam y al tema de la Fe, pues lo que vengo aquí a gritar es una pregunta clara y simple, que tal vez alguien quiera y sepa contestarme ¿porqué si el cristianismo me parece una gansada –o como mucho, tal y como explicaba el bribón de Chesterton, un lugar desde el que pecar felizmente (el cristianismo ofrece un conjunto de normas que quebrantar ¿y qué hay más placentero que la transgresión?)- tiene que parecerme otra cosa el Islam? El cristianismo parte de la (1) mitificación de un sujeto (que, cágate lorito, son tres: pues mejor, nene, a más misterio, más fácil de creer), (2) la sublimación del autosacrificio y (3) la contención del placer. Lo mismo hace el Islam, solo que con otras voces, otras fórmulas y otros profetas, sabios de otro tiempo a los que ya no se puede interrogar y que por tanto están sujetos a interpretaciones intencionadas.

Las religiones, como paquete cerrado de propuestas ya pensadas y regurgitadas hacia abajo, como proposiciones ya definidas en otro ámbito, por otras personas, y arriba, bien arriba, me dan un asco terrorífico. Son plantillas para caminadores cómodos que han abandonado la curiosidad o, en el mejor de los casos, camisas de fuerza que doman a un animal loco y amargado (¿Y por eso tendrían que llamarse buenas? ¿Porque redimen quien no se somete al Orden arrebatándole la voluntad?). Las religiones me parecen, justo al contrario de la dimensión espiritual que cada hombre posee y debe explorar, la mejor forma de dejar de ser uno mismo y servir a otro.

También ayer, ya de noche, y con esto cierro, hablando como se habla en las tabernas acerca de cuestiones políticas (esto es, a voz en grito y sin parar la oreja), hicimos un breve repaso a la situación de Medio Oriente, sobre el que no tenemos ni puta idea pero qué más da, somos occidentales, así que opinamos igualmente. Lo único bueno que sacamos una vez finalizada la tertulia seria fue que todo el mundo pronuncia el apelativo del presidente Iraní más o menos así: armadinellá, apellido que nosotros decidimos redondear fonéticamente en forma de Enemigo de Marvel (o Villano de postín: necesario para la política de Salvación Mundial Estadounidense) como Armadill-O-Jack. Muy espidermaniano y más fácil de pronunciar ¿no les parece? Aparte, también destacamos entre risas el hecho de que, de forma inaudita, se introduzcan en prensa fotos de un iraní barbudo que participó en un secuestro de estadounidenses allá por los setenta y que nadie sabe a ciencia cierta quién es, aunque posee un enorme parecido con el presidente y villano Armadill-O-Jack (y en el pie de foto escriben que aunque es él, no se sabe de todo bien y que no están seguros). Un presunto, otro más. Ya se sabe que los árabes, los chinos, los africanos y los indios –todos los que no son de tono claro como nosotros, en definitiva- se parecen mucho entre sí. Son todos presuntos. Lo hacen para confundirnos.

2 Comments:

Blogger la patata de la libertad said...

"Israel ha soportado guerras que nunca iniciaron, y aun así todo la propaganda mundial se ha puesto en su contra"

En fin…

d.

2:56 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

db, por favor, no comiences con tus discursos que incluyen tu opinión y la nuestra en paquetitos cerrados con argumentos sobreentendidos y atribuciones arbitrarias. Haz referencia a nuestros comentarios, y a ser posible, los acotas con comillas. Acto seguido, para que se te entienda, los criticas debajo. Pero por favor, no empieces con la mala costumbre de construir cosas talqueasín "vosotros los izquierdistas que no sabéis nada y que creéis que...". Esa forma quizá te sirva para intimidar a alguien. A nosotros no. A mí me genera rechazo, antipatía y me mosquea profundamente. Esa crispación de blog liberal, de entrar a saco en casa ajena diciendo que las lentejas están frías, aquí NO, por favor. Si quieres discutir, discute. Pero entonces tendrás que resignarte a hacer de interlocutor, nada de ocupar ambos bandos para ofenderte y reprocharte tú solo (para eso, ya tienes un blog).

4:54 p. m.  

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