la patata de la libertad

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23.1.06

Riqueza vs. Felicidad

Esta mañana, durante el repaso matutino a la prensa, me he topado en las últimas páginas del diario Expansión con la traducción de un artículo (publicado originalmente en el Financial Times) de un tal Andrew Oswald, profesor de Economía en la Universidad de Warwick. El artículo se titula “Mayor riqueza, ¿más felicidad?” y habla principalmente de unas supuestas pruebas estadísticas y científicas que cuestionan las tesis según las cuales el crecimiento económico hace más feliz a un país.

Algunos párrafos me parecen de lo más elemental, llenos de obviedades que por aquí ya hemos dejado atrás. Pero otros me han resultado interesantes, así que me he guardado un ratito antes de ir a comer para transcribíroslos aquí:


“El Reino Unido pasa en este momento por el período más largo de crecimiento económico sostenido desde 1701, y estamos decididos a mantenerlo”. Así comenzó el ministro de economía británico, Gordon Brown, su discurso sobre los presupuestos de 2005. Los políticos occidentales piensan de esta forma porque así se les enseña a pensar. No obstante, actualmente existen pruebas estadísticas y científicas que ponen esta tesis en entredicho: una vez que un país ha llenado la despensa no tiene sentido aumentar su riqueza.

Los hippies, los verdes, los manifestantes, los que han renunciado a un trabajo para tener más tiempo libre, (…) todos ellos viven ya su revancha. Sus ideas, (…) que siempre fueron ridiculizadas, están siendo confirmadas por psicólogos y economistas.

Los sondeos muestran que las naciones industrializadas no son más felices con el tiempo. (…). El índice de depresión en países como el Reino Unido ha aumentado. (…). A pesar de que en países como EE.UU. el grado de ingresos se ha multiplicado por seis, la tasa media de suicidios es la misma que en 1900. (…). A pesar de que todos estos puntos se pueden rebatir, la mayor parte de los que se muestran en contra de estas manifestaciones no parece hacerlo desde una fe inquebrantable del pensamiento convencional.

(…) La fe de los economistas en el valor del crecimiento está disminuyendo, algo que también acabarán por asumir los políticos. El prestigioso psicólogo de la Universidad de Illinois Edward Diener dirigió un manifiesto intelectual, firmado por investigadores de todo el mundo, titulado Directrices para los indicadores nacionales de bienestar y malestar subjetivo. (…). El documento apela a que se tomen medidas nacionales sobre las facetas del bienestar y el malestar incluyendo estados de ánimo y emociones, salud mental y física, satisfacción con actividades concretas y la experiencia subjetiva de la asignación del tiempo y la presión. La felicidad, no el crecimiento económico, debería ser el próximo objetivo de las generaciones futuras.


Veisin

7 Comments:

Blogger david said...

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2:22 p. m.  
Blogger david said...

Interesante texto. No deja de ser saludable (a la vez que curioso) que frases tan certeras y evidentes como "una vez que un país ha llenado la despensa no tiene sentido aumentar su riqueza" aparezcan en periódicos dedicados al "Poderoso Caballero Don Dinero".

No obstante, tampoco creo que por ello los lectores de Expansión y Financial Times vayan a abandonar su credo, ni tampoco que se vayan a escandalizar. Al fin y al cabo, el artículo tampoco dice abiertamente que la riqueza sea enemiga de la felicidad, sino que más bien trata de desligar ambos parámetros. Más bien veo a los fieles del Omnipotente Capital desarrollando más estrategias para vender felicidad (más "branding emocional" y paridas por el estilo) para convencernos de que somos felices y de que no merece la pena cambiar nuestro comportamiento laboral y consumista. Al fin y al cabo, el márquetin también vende un gran surtido de productos para hippies y para verdes, porque tú lo vales.

De todas formas, saludable artículo. A ver si ahora por fin alguien proclama: "El dinero os hace infelices: dejad el estúpido mundo de las finanzas dónde vuestos éxitos dependen de un índice y traen miseria a los demás, y dedicaros a cultivar lechugas y a críar ovejas".

2:23 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

Lo cierto es que un término como felicidad puede dar para todas las disertaciones que se deseen. Nadie puede definirlo, así que se ha convertido en una de esas palabras-mito, muy de moda, uno de esos comodines para diseñar e imponer políticas sociales o escribir best-sellers de éxito (Punset, Bucay, Marina...).
Pero vamos al texto: si bien puede ligarse materialmente el dinero, el pequeño dinero, el que que cobramos en salarios por aquí abajo, con entretenimiento y alimentación, no pude vincularse a ningún otro concepto que no sea medible o contabilizable (bienestar, felicidad, progreso, desarrollo) pues todos esos son conceptos subjetivos, adquiridos desde una subjetividad fabricada: el consumidor se satisface consumiendo, claro, pero ¿acaso somos consumidores?... el trabajador se satisface trabajando (esto es: teniendo empleo, teniendo Puesto de Trabajo) pero ¿acaso somos trabajadores?
El pensamiento al que estos roles nos lleva es a una supuesta felicidad conseguida mediante "trabajo y consumo": pero, ay, vemos que las enfermedades sicosomáticas se disparan, el sentimiento de vacío cada vez es más grande, los ansiolíticos baten records de venta cada año, los suicidios no dejan de crecer... Parece claro que lo que se ha diseñado desde arriba como Planes de Desarrollo (trabajo y consumo para el niño y la niña -escuela y universidad planificadas para el trabajo/geografía y urbanismo organizados para el consumo, material -compras- o inmaterial -consumo simbólico, turismo-) no funciona para la gente de aquí abajo. Y ante esta problemática, se nos exige que nos posicionemos en la derecha o en la izquierda, cuando el problema es la felicidad que, en cualquiera de sus envoltorios, desde arriba quiere suministrársenos. Tanto la izquierda como la derecha oficiales nos quieren satisfechos, desarrollados, con nuestro indice de consumo cubierto y un buen trabajo en el que malgastar nuestra corta vida.

3:30 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Seré como el ajo, pero vuelvo humildemente a solicitar que no pidáis a la economía (de mercado)lo que no se le ha encomendado. Imaginaos (buf) que todos estuviesemos de acuerdo en que el sistema de asignacion de recursos a través de un mercado que funcione según el credo liberal es el mejor: sería el mejor entonces para la fabricacion y distribucion de armas. Y si resulta que acabamos todos a tiros: ¿es culpa de la economía o de los hombres, que sabíamos que las armas hacen pupa?. Pues mamá economía tiene un retoño, que además de hijodeputa, le ha salido memo: el crecimiento. El crecimiento va diciendo que es la variacion porcentual de un valor (el PIB por ejemplo) entre periodos determinados (un año). Y los del cole, lo corren a gorrazos y como le han puesto de mote "indicador" le piden "indicanos algo, memo", y el dice que no, que eso lo intepreten ellos. Una reconstruccion (prestige, 11-S, tsunami) puede hacer aumentar el PIB: no hay economista cabal que desee ese tipo de reconstrucciones.

7:00 p. m.  
Blogger dani said...

Artaban, por un lado no se debe pedir a la economía lo que no es su tarea, pero cómo evitar que los que creen en esa fe (la de la economía de mercado como forma de recompensar a "los eficientes") no traten de imponerse, incluso diciéndonos cómo tenemos que ser felices, en general adaptándonos a ese sistema económico :a)nuestra "economía personal" también tiene que seguir creciendo si no queremos "preocuparnos", y por tanto, ser infelices, para b)poder estar dentro del sistema económico adquiriendo productos absurdos que producen más crecimiento a otros.
La prueba es que La Mayoría de los grupos sociales tienen su estética y su forma de pensar marcada por otros.

10:52 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

No es la economía quién te dice cómo has de ser feliz: en todo caso es la publicidad, que es más puta que las gallinas, y ésta no es patrimonio de la economía de mercado: el fascismo, el comunismo, incluso el anarquismo, coñe, hasta el arte mismo ha pagado por sus servicios (desde toda la cartelería política de los 30 hasta la pintura realista sovietica) para vender felicidad. No culpo al televisor por publicitarme compresas o ongs. Una mañanita de resaca me la cargo a sorbos de cocacola, que está rica la cabrona: ahora, que no me creo que tras la lata no me advendrá la chispa de la vista, la felicidad obscena, que esa me la gané el día anterior, de copas con los amigos…

12:35 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

Así como la economía podría considerarse un conjunto de herramientas y teorías sobre las formas de adquirir y repartir riquezas, la propaganda no tiene ningún planteamiento teórico, simplemente funciona al servicio de_____. Pero separémosla de la publicidad, porque esa sí persigue siempre un fin -y es económico-: vender. No comparemos. Como mucho, puede admitirse que la publicidad sea una forma de propaganda.
Artaban, está muy bien que contínuamente te refieras a tu capacidad para separar doctrinas más o menos actuales de las actitudes individuales, que con una buena educación crítica (siempre que hayas tenido ese privilegio o esa opción), pueden llegar a ser hasta "libres" (ejem, ejem); sin embargo, el conocimiento dosificado, suministrado para la reproducción de una situación de dominio -esto que ahora padecemos- no es una herramienta que uno puede tomar o desechar, no es un arma que uno empuña o desprecia. La economía nos penetra, nos configura y nos obliga a ______. reproduce las condiciones de nuestra vida cotidiana. Estamos inmersos en ella. A mí me obliga a producir inutilidades ocho horas al día. No es un instrumento a nuestro servicio. Lo podría ser, y ahí entra tu idealismo sobre medir escasez, desigualdades y poder compensar, planificar, de acuerdo a otros criterios, de acuerdo a otros horizontes.
Tú planteas una posibilidad, yo hago crítica de la actualidad, y la actualidad es pura economía ideologizada, cargada de significados implícitos (tanto es así que se ha obviado el debate de cómo debemos dirigirla, se ha sublimado para que la perdamos de vista). No es "ella sola", entiéndeme, de mano de los líderes, de las élites, de los de arriba.
¿Puede existir una economía solidaria, beneficiosa? Seguro que sí. Sin embargo, ésta basada en premisas como el egoísmo, el oportunismo, la egolatría, el individualismo y todas estas enfermedades morales que nos han inoculado, no puede funcionar a nuestro servicio ni de forma solidaria. Como mucho, se puede poner a gestionar la catástrofe, a decidir cual es la mejor de las fatalidades que van a sucedernos. No me trago eso. Soy radicalmente utópico. No nos vamos a poner de acuerdo ahí.
La economía no es algo neutro, lleva una carga ideológica incorporada, como casi todo el conocimiento científico. Nadie adquiere un revolver por si tiene que usarlo, ni compra una máquina con un botón para no tener que pulsarlo nunca. Las máquinas, las herramientas, los estudios analíticos llevan implícitos decisiones anteriores a su propia construcción o adquisición. Así ¿qué pretendemos cuando hacemos planteamientos económicos? ¿Trasladamos nuestra moral a los términos científicos en que realizamos la propuesta o diagnóstico o transformamos nuestro pensamiento para adpatarlo a los planteamientos realizables? No lo veo tan claro, creo que hay algo de ambas posibilidades. Fifitififti.

5:51 p. m.  

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