Cuadros medios, hambrunas, hummers y estatutos
Cuatro notas de un lunes lluvioso.
1. De entre los rasgos más desgraciados de la organización de la Empresa Actual, ese lugar sin alma en el que el común malgasta la mayor parte de su tiempo, está la superabundancia de cuadros medios que no sirven para nada. Su rutina es una constante lucha de poder, una contienda por colocarse, por no quedarse fuera. No deciden nada, no realizan producción alguna, son pura transmisión. Carceleros, capataces. Controllers según la nueva terminología. Para legitimar su poder innecesario, su inutilidad, resulta esencial que se vea que mandan algo, como mínimo un poco, y aunque no haga falta emitir orden alguna porque todo funciona ya por la pura inercia del día a día, ellos sueltan a diario una suerte de majaderías pueriles del tipo “esto no me convence, retócalo”, “presupuesta más horas, ya veremos luego como las justificamos” o el ya clásico, que ahora se presenta como un sarcasmo elemental, “lo quiero para ayer”. Aparte, preparan power points con imbecilidades sobre innovación y estrategia y a mediodía tardan más en regresar del restaurante.
2. Según explica Yves Engler, en Níger miles han muerto de hambre porque no han podido pagar los alimentos debido a un alza de precios estimulado por las medidas impuestas por el FMI. Esto no ha aparecido ni la más pequeña noticia de la menor de las columnas de “breves” de la prensa nacional. Hemos tenido que enterarnos por investigadores independientes que publican en portales alternativos. Qué se le va a hacer: el resto está ya todo podrido. Ahí lo tienen ¡para que me digan que exagero!: lo normal es la barbarie. Lo normal es que los asesinos lleven corbata y regenten instituciones respetables. Tan normal que ni siquiera es noticia.
3. Salen de los parkings por la mañana a toda prisa. Mientras camino apurado puedo verlos a través de la rendija que abro entre bufanda y gorro. Cacharros gigantescos en plena crisis energética. Ruedas enormes. Veinte litros en menos que se dice MU. ¡M-U! Si uno afina el oído, se puede escuchar como su motor deglute el combustible tal y como un normando se tragaría un barril de hidromiel: glocs, glocs, glocs… Suelen llevar adentro una sola persona y cuatro puestos libres. La personita: un honrado trabajador envuelto en su sueño tecnológico. Un conductor esclavizado por las necesidades de su inmenso aparato (fuel, seguro, aire, reparaciones constantes, multas, aparcamiento, rayadas, cabreos al volante, revisiones, ITV’s…). Estos armatostes se fabricaron para los caminos rurales sin asfaltar pero ahora invaden también la ciudad. Quién sabe porqué. ¿Acaso importa? Hasta de tipo militar se pueden ver ahora por el barrio. Hummers, se llaman, según un amigo enterao. Tres toneladas de ingenio mecánico blindado para transportar a un simple burguesito que va de compras o que se dirige al polígono a vociferar cuatro órdenes. ¡Hummers en una urbanización diseñada para los carros de caballos! ¡En un barrio que requiere maniobras para tomar las curvas! ¡Llénense la boca de “civismo”, malditos fantoches del ayuntamiento! ¿A qué esperan para adquirir también su Hummer super-cívico de mil quinientos caballos? ¡Anímense! ¡A prueba de rinocerontes!
4. Existe aquí una supuesta separación de poderes, pero cuando algo sacude el Estado y se intuye por lo alto que puede afectar a la simbiosis Estado-Capital, intervienen los presidentes de los altos tribunales, el gobernador del banco de España, los generales del ejército de Dios, los guardianes de la sacrosanta estabilidad e incluso los barones del partido con sabor a frutas del bosque. Se invoca la solidaridad, la tradición, los altos valores e incluso el sentido común, pobrecillo, como si tuviese algo que ver con los asuntos que por arriba se manejan entorno al Poder y el Dinero. Se ve de forma clara que no interesa cambiar nada, así sea para beneficio de otras castas regionales que desean gestionarnos mejor (¡qué nobles intenciones!). Queda claro que todo es mentira. Y que no importa, que puede cambiarse por otra nueva mentira. Se entrevé por los huecos de esta falsedad total que hay miles de instituciones, de procedimientos y regulaciones que velan porque todo se mantenga como ahora existe. Lo contrario sería el caos, la inestabilidad, el desorden y, aquí entre nosotros, una felicidad completa, oigan.
1. De entre los rasgos más desgraciados de la organización de la Empresa Actual, ese lugar sin alma en el que el común malgasta la mayor parte de su tiempo, está la superabundancia de cuadros medios que no sirven para nada. Su rutina es una constante lucha de poder, una contienda por colocarse, por no quedarse fuera. No deciden nada, no realizan producción alguna, son pura transmisión. Carceleros, capataces. Controllers según la nueva terminología. Para legitimar su poder innecesario, su inutilidad, resulta esencial que se vea que mandan algo, como mínimo un poco, y aunque no haga falta emitir orden alguna porque todo funciona ya por la pura inercia del día a día, ellos sueltan a diario una suerte de majaderías pueriles del tipo “esto no me convence, retócalo”, “presupuesta más horas, ya veremos luego como las justificamos” o el ya clásico, que ahora se presenta como un sarcasmo elemental, “lo quiero para ayer”. Aparte, preparan power points con imbecilidades sobre innovación y estrategia y a mediodía tardan más en regresar del restaurante.
2. Según explica Yves Engler, en Níger miles han muerto de hambre porque no han podido pagar los alimentos debido a un alza de precios estimulado por las medidas impuestas por el FMI. Esto no ha aparecido ni la más pequeña noticia de la menor de las columnas de “breves” de la prensa nacional. Hemos tenido que enterarnos por investigadores independientes que publican en portales alternativos. Qué se le va a hacer: el resto está ya todo podrido. Ahí lo tienen ¡para que me digan que exagero!: lo normal es la barbarie. Lo normal es que los asesinos lleven corbata y regenten instituciones respetables. Tan normal que ni siquiera es noticia.
3. Salen de los parkings por la mañana a toda prisa. Mientras camino apurado puedo verlos a través de la rendija que abro entre bufanda y gorro. Cacharros gigantescos en plena crisis energética. Ruedas enormes. Veinte litros en menos que se dice MU. ¡M-U! Si uno afina el oído, se puede escuchar como su motor deglute el combustible tal y como un normando se tragaría un barril de hidromiel: glocs, glocs, glocs… Suelen llevar adentro una sola persona y cuatro puestos libres. La personita: un honrado trabajador envuelto en su sueño tecnológico. Un conductor esclavizado por las necesidades de su inmenso aparato (fuel, seguro, aire, reparaciones constantes, multas, aparcamiento, rayadas, cabreos al volante, revisiones, ITV’s…). Estos armatostes se fabricaron para los caminos rurales sin asfaltar pero ahora invaden también la ciudad. Quién sabe porqué. ¿Acaso importa? Hasta de tipo militar se pueden ver ahora por el barrio. Hummers, se llaman, según un amigo enterao. Tres toneladas de ingenio mecánico blindado para transportar a un simple burguesito que va de compras o que se dirige al polígono a vociferar cuatro órdenes. ¡Hummers en una urbanización diseñada para los carros de caballos! ¡En un barrio que requiere maniobras para tomar las curvas! ¡Llénense la boca de “civismo”, malditos fantoches del ayuntamiento! ¿A qué esperan para adquirir también su Hummer super-cívico de mil quinientos caballos? ¡Anímense! ¡A prueba de rinocerontes!
4. Existe aquí una supuesta separación de poderes, pero cuando algo sacude el Estado y se intuye por lo alto que puede afectar a la simbiosis Estado-Capital, intervienen los presidentes de los altos tribunales, el gobernador del banco de España, los generales del ejército de Dios, los guardianes de la sacrosanta estabilidad e incluso los barones del partido con sabor a frutas del bosque. Se invoca la solidaridad, la tradición, los altos valores e incluso el sentido común, pobrecillo, como si tuviese algo que ver con los asuntos que por arriba se manejan entorno al Poder y el Dinero. Se ve de forma clara que no interesa cambiar nada, así sea para beneficio de otras castas regionales que desean gestionarnos mejor (¡qué nobles intenciones!). Queda claro que todo es mentira. Y que no importa, que puede cambiarse por otra nueva mentira. Se entrevé por los huecos de esta falsedad total que hay miles de instituciones, de procedimientos y regulaciones que velan porque todo se mantenga como ahora existe. Lo contrario sería el caos, la inestabilidad, el desorden y, aquí entre nosotros, una felicidad completa, oigan.
3 Comments:
Magnífico post. He llegado a él gracias a Libro de Notas.
Gracias, ya he visto que han reseñado este post. Un honor aparecer por ahí.
Felicidades patata, un post genial. En relacion a los vehiculos "jamer" me ha venido a la memoria un comentario rebosante de ironia que me hizo un pages hace un tiempo. "Si tinguessis peles et podries comprar un d'aquests 4x4 que es fan ara per anar per la ciutat".......
Por aqui todos van con Land Rovers (no me ha parecido ver ninguno por la ciudad, quizas es porque no gastan tanto combustible como los jamers y similares....), cargados de leña, de motosierras, de mierda de vaca, o de otros materiales que no tienen mucho que ver con las bolsas del Dolfo Minguez o de otros ilustres nombres que por aqui nadie conoce.
En fin, la de cosas cosas que hay que ver y deglutir pacientemente...
Saludos desde las montañas
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