la patata de la libertad

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28.2.06

Leer a Chesterton...

...puede ser un placer o una verdadera tortura. Hace cosa de un mes la emprendí con el mamotreto “Correr tras el propio sombrero (y otros ensayos)” (Ed. El Acantilado) y justo hoy comienzo a verme capaz –siempre y cuando el autobús tarde lo que acostumbra- de concluir su lectura. Esta compilación me ha llevado de lado a lado, y permítanme un recurso venezolano, “como mamón en boca de vieja” (un mamón es una fruta pequeña que tiene una empalagosa pulpa pegada a una diminuta semilla). Lo mismo he tenido que adentrarme en profundos textos sobre autores que no he leído nunca (Milton, Chaucer...), que ventilarme a cien por hora desvergonzadas defensas de los cuentos de hadas. ¿Y qué puedo contarles? Se puede volcar mucha mierda sobre textos que hoy huelen a moho y que están fundamentados en una moral de otra época (en este caso, racista, machista y oscurantista), sin embargo, me late que eso es lo fácil, y que no daría buen resultado para una crítica como esta. Resulta admirable, en cambio, que Chesterton emprenda cada ensayo como una réplica a alguien que no conocemos y que, aún así, con sólo ese esbozo del contrincante, se pueda dibujar con tanta facilidad a su rival. Se le intuye airado, cabreado con la impugnación de las costumbres y los credos que en sus días llevaban a cabo con esmero miles de ensayistas de “tendencia materialista”. Está claro que la prosa de G.K. Chesterton no otorga importancia a nada más que a la poesía y a la imaginación, y que en ella lo sobrenatural no es otra cosa que una comprensión lógica del mundo. Así, el hombre puede ser un mamífero vertebrado o, según GKC, un animal que se levanta eternamente sobre sus patas traseras para pedir comida. Un árbol puede ser la evolución de una semilla o, según GKC, una tormenta de ramas que se alzan clamando al cielo y que llueven hacia arriba. Encuentro, y tal vez me esté haciendo un lío con referencias propias, una muy coherente defensa de la razón poética, un poco a la manera de Jesús Lizano. Adolece de exactamente aquello que se echa en falta en todos los ensayistas que, ejerciendo de doctos intelektuales, creen que el aburrimiento y la metodología empírica debe vertebrar todo texto crítico hasta que a uno se le quiten las ganas de vivir y se le contagie un fatalismo abisal en el alma. En resumen: que lo he disfrutado, leñe.

Aquí les dejo una pequeña muestra de sentido común que podría figurar en el encabezamiento de este blog como declaración de intenciones:

El descabellado aforismo inventado cuando la imaginación del hombre dormía permanece en sus labios y enreda todas sus relaciones con las cosas claras y racionales. Todas nuestras controversias se complican debido a cierto tipo de frases que no son meramente falsas, sino que son siempre intrínsecamente inútiles. Las reconocemos allí donde alguien habla de “la supervivencia del más fuerte”, refiriéndose tan solo a la supervivencia de los supervivientes; o allí donde alguien dice que los ricos “se juegan mucho por el país”, como si los pobres no sufrieran a causa del mal gobierno o de una derrota militar; o cuando alguien habla de “avanzar hacia el progreso”, lo que significa tan solo avanzar hacia donde se avanza; o cuando alguien habla del “gobierno de unos cuantos sabios”, como si fuera fácil reconocerlos. “Los sabios” deben ser o bien aquellos pocos que los estúpidos consideran sabios, o aquellos que son tan estúpidos como para creerse sabios.

Sombrero en mano, sólo cabe aplaudir en pie semejante dosis de lucidez y doblegarse con una amable reverencia.
Gracias, Sr. Chesterton.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Ese fragmento que has puesto resulta casi irresistible.
632 páginas... mmm... Menudo tocho. En cuanto acabe el que tengo entre las manos, me lo empiezo.

11:11 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Yo no me perdería su autobiografía.
Ed. El Acantilado (2003).
392 páginas.

12:06 a. m.  

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