la patata de la libertad

Blog de opinión crítica completamente anti-
Un congresista estadounidense, en el pináculo de la estupidez, propuso cambiar el nombre de las malignas patatas francesas ("french fries") por el de patatas de la libertad ("freedom fries")... ¿Alguien recuerda la ensaladilla nacional? Colabora con la patata: comenta o envía tus artículos a allstolen@hotmail.com En marcha desde 26/05/04

28.2.06

Nuevo arrebato de indignación

... ante la profundización de la vigilancia

Cada día me irrita más la moral del verdugo. Y cada vez hay más puestos de trabajo que requieren pequeños policías y operadores de malas noticias. Personajes que deben protegerse de su propia locura adoptando un código de conducta invertido. La actual organización de nuestra sociedad requiere la proliferación e institucionalización del Ejecutor y del Policía Infiltrado. En mi trabajo, aparece cada cuatro o cinco semanas un cincuentón canoso cuyo trabajo es Gestionar el Capital Humano. En cristiano: echa al personal a la calle. Se le conoce cariñosamente como “el de la guadaña” y un compañero de trabajo declara siempre con las cejas arqueadas y la boca en forma de "O" que el Despedidor “no tiene sombra”, ante lo que me veo forzado a replicar únicamente con un suave alarido de terror. El Gilipollas en cuestión se pasea por entre los escritorios y, apenas detiene su paseo junto a alguna mesa, se intuye desde la distancia como el currante más cercano comienza a respirar nerviosa y aceleradamente. Supongo que ese cobarde desgraciado creerá que el suyo es un trabajo “como cualquier otro” y sobretodo –y esto se lo habrán escuchado a más de un narcotraficante (cuyo trabajo, comparado con el del Despedidor, rebosa moral y buenas constumbres)- “que alguien tiene que hacerlo”. En un episodio que narré a medias, les hablé de una sala de conciertos propiedad del ayuntamiento de Ciudad Escaparate en donde está prohibido fumar, beber y llamar de tú a las mujeres. Y ojito con soltar algún taco. Pues bien, en ese mismo recinto, los cinco infelices –cuatro jóvenes estudiantes y un nórdico larguirucho- que sostenían la puerta y comprobaban que todo el mundo portaba su estúpida pulserita acreditativa, consagraron buena parte de la noche a reprender a todo aquel que osase encender un cigarrillo. La Policía del Humo. Huelga decir que un servidor fumó más de lo que acostumbra, y que lo único que consiguieron esos lamentables bufones cívicos fue que resultase imposible orinar sin que el humo impidiese prácticamente la respiración. Los muy imbéciles mandaron a la gente a fumar al único sitio de techo bajo y en donde podía molestar el humo. Pero no es este fallo de estrategia lo que se les puede recriminar sino el hecho de que cualquiera, cualquier ciudadanito, cualquier personita de a pie y sin que medie reclutamiento forzoso, esté dispuesta a ejercer de pequeño policía a cambio de un sueldo de mierda. Me niego a creer que no tienen alternativa… Y aún cuando el mercado laboral se ponga así de hijoputa y proclame que no hay otro Puesto de Trabajo posible: mejor robar o atracar bancos que dedicarse profesionalmente a fastidiar, importunar, hartar, fiscalizar, controlar y vigilar.