Cinco nuevos apuntes...
... sobre irresponsabilidad, mentira, progresía, la marca Zp y los grandes colectivos de ofendibles.
1. Por aquí delante protestaron ayer los chorrocientos futuros despedidos de Ono, Su Nueva Gran Empresa de Telefonía. Su cara larga de impotencia e indignación me ha traído a la memoria lo que hace unos días propuse a tenor de los grandes Estrategas que deciden volcar sus bombitas en algún rincón de la periferia, con la racionalización de las víctimas en forma de números sacrificables por la consecución de un objetivo. El Bien de América, los Beneficios o alguna majadería semejante. No hay mucha diferencia entre el modo en que estos y aquellos señores ejecutan sus designios. De nuevo, propongo, y espero que ustedes -si les convence la idea- hagan de conveniente altavoz entre sus “grupos de afinidad” (sus amigos, leñe), que se obligue a políticos y empresarios a la notificación personal de la mala noticia frente a cada una de las familias que ellos deciden destruir, en lugar de permitirles enviar a sus esbirros y cargos intermedios a que les hagan el trabajo sucio. Hay algún punto, en todas estas complejas cadenas de mando, entre el primer burócrata y el último, el que ejecuta, en que se pierde toda la sensibilidad y cordura que la raza humana pueda haber tenido. El sobredimensionamiento de todas nuestras estructuras actúa como un formidable colchón para la irresponsabilidad social.
2. Vuelvo a estar en lo mismo –y sí, imagino un cierto cansancio en más de uno de ustedes- pero es que el Poder de la Repetición y de la Mentira me subleva a diario. Cada puñetera vez. Ayer a mediodía, en apenas cinco minutos –el tiempo que necesitó Arguiñano para descansar un poco tras preparar una masa para empanadas- pude ver como una señora se desprendía de una capa de piel muerta como si esta fuese el traje de humano que portaría un marciano de incógnito; también contemplé como un niño adoraba a su papá, al que decía querer más que la luna, las estrellas y saturno, gracias a un fondo de pensiones de cajamadriz (!); acto seguido, una actriz experta en hacer papeles de mujer tonta colocó a su hijo frente a un plato de pasta de colores a la vez que le repetía que aquello, en realidad, eran verduras (!); unos segundos después, un joven avispado se salía de un atasco con una hábil maniobra para abandonar la interestatal y adentrarse en el casco urbano por donde había mucho menos tránsito (!); por último, y antes de que Arguiñano se cascase un corrido (creo que era el de Lucio Vázquez), la propia cadena de televisión advirtió que para cada mes se tienen pensada una causa humanitaria y de caridad. Sólo les faltaba añadir: “contémplanos, somos Buenos”. Este mes promocionaban el derecho del niño a ser niño. Aunque bien podían haber clamado por el derecho de los percebes a seguir siendo percebes, una inutilidad retórica que se hubiese recibido con la misma extraña aceptación. No estoy en condiciones de cuantificar el daño que toda esta repetición eterna de contenidos falsos puede crear entre la población pero, atendiendo a la política actual y a la imposición de la miseria empresarial en todos los ámbitos de la vida, puedo llegar a hacerme una idea.
3. La progresía catalana tiene el extraño poder de hacerme sentir como un furibundo estalinista. En el que ya podemos considerar como El Famoso Episodio de la Policía del Humo en El Teatre de les Flors, me acometieron unas incontenibles ganas de habitar una antigua república soviética y ser miembro destacado de algún partido comunista para purgar a esos insignificantes policías del tabaco. Lo mismo me sucede cuando veo esas iniciativas sociales que consisten en colocar un logotipo, poner una página web, lanzar cuatro consignas de laboratorio de marketing y sentarse a esperar que el mercado haga lo suyo (es decir, lo de siempre: cagarse en el pobre). Me asaltan unos irrefrenables instintos de entrar a punta de escopeta en una de las sedes de Metrovacesa, requisar el inmovilizado y llevarme por la fuerza a su director para practicarle un interrogatorio en algún lugar de la sierra de Collserola.
4. En una pequeña compilación de textos sobre ZP para el público italiano, un tal Ángel (no incluye apellido) se casca un párrafo redondo que suscribo al 100%:
En los últimos años, la producción de signos se ha convertido en el punto fundamental en las agendas de los políticos. La política es cada vez más un continuo ejercicio semiótico. La izquierda y la derecha se afanan en la producción de realidad a través de la intervención prioritaria en los imaginarios colectivos y en el terreno de lo simbólico. Zapatero y Berlusconi son muy diferentes, pero ambos comparten un mismo diagnóstico: vivimos el tiempo de separación máxima entre la gente común y la clase política. Sin embargo, mantienen puntos de vista diferentes. Berlusconi sabe que esa fractura es irresoluble y trata de parchearla. Zapatero cree ingenua y abiertamente en la posibilidad de dar la vuelta a la crisis de legitimidad de los partidos y restaurar el valor de la propia categoría de representación política. Como si la producción de signos bastara para ganar terreno en ese sentido, se afana en la articulación de un campo simbólico marcado por el progresismo y la defensa de las libertades: enfrentamiento formal a la iglesia católica, retirada de las tropas de Irak ante el clamor masivo de la población, aprobación del matrimonio homosexual, etc. Zapatero es una estrategia. También es un signo él mismo: significa con una evidencia apabullante los límites de su propio modelo. El ejercicio de la soberanía es relativo: el Estado-nación es cada vez menos el referente espacial de las decisiones. Zapatero aplica sin rechistar las políticas que emanan de los nodos internacionales de poder y se ciñe a las directrices que imponen las elites europeas.
5. Curioso que esta conclusión, aunque menos nítida –que el Poder ya no se encuentra donde antes, que muchas de las medidas zapateriles se imponen para paliar y camuflar esta delegación de la política en la Economía- se halle también en la conclusión del último artículo del siempre lúcido Rafael Sánchez Ferlosio, en el que el autor invierte hábilmente la intencionalidad de la ofensa religiosa (a cuento de las famosas caricaturas):
(...) a la postre, transgresores y ofendidos pertenecen a la misma configuración del mundo; mundo de indigencia mental y de impotencia práctica, porque el poder se viene concentrando cada vez más en otra parte, cada vez más lejos de ellos, y ellos -a semejanza de los grafistas que van embadurnando de infinitos letreros, tan consentidos como despreciados, las infinitas paredes marginales de los márgenes del mundo- no tienen ya nada que hacer ni que decir, como no sea más que anticipar con su estrépito inútil y vacío el fragor de la catástrofe.
Clap, clap, clap, clap...
1. Por aquí delante protestaron ayer los chorrocientos futuros despedidos de Ono, Su Nueva Gran Empresa de Telefonía. Su cara larga de impotencia e indignación me ha traído a la memoria lo que hace unos días propuse a tenor de los grandes Estrategas que deciden volcar sus bombitas en algún rincón de la periferia, con la racionalización de las víctimas en forma de números sacrificables por la consecución de un objetivo. El Bien de América, los Beneficios o alguna majadería semejante. No hay mucha diferencia entre el modo en que estos y aquellos señores ejecutan sus designios. De nuevo, propongo, y espero que ustedes -si les convence la idea- hagan de conveniente altavoz entre sus “grupos de afinidad” (sus amigos, leñe), que se obligue a políticos y empresarios a la notificación personal de la mala noticia frente a cada una de las familias que ellos deciden destruir, en lugar de permitirles enviar a sus esbirros y cargos intermedios a que les hagan el trabajo sucio. Hay algún punto, en todas estas complejas cadenas de mando, entre el primer burócrata y el último, el que ejecuta, en que se pierde toda la sensibilidad y cordura que la raza humana pueda haber tenido. El sobredimensionamiento de todas nuestras estructuras actúa como un formidable colchón para la irresponsabilidad social.
2. Vuelvo a estar en lo mismo –y sí, imagino un cierto cansancio en más de uno de ustedes- pero es que el Poder de la Repetición y de la Mentira me subleva a diario. Cada puñetera vez. Ayer a mediodía, en apenas cinco minutos –el tiempo que necesitó Arguiñano para descansar un poco tras preparar una masa para empanadas- pude ver como una señora se desprendía de una capa de piel muerta como si esta fuese el traje de humano que portaría un marciano de incógnito; también contemplé como un niño adoraba a su papá, al que decía querer más que la luna, las estrellas y saturno, gracias a un fondo de pensiones de cajamadriz (!); acto seguido, una actriz experta en hacer papeles de mujer tonta colocó a su hijo frente a un plato de pasta de colores a la vez que le repetía que aquello, en realidad, eran verduras (!); unos segundos después, un joven avispado se salía de un atasco con una hábil maniobra para abandonar la interestatal y adentrarse en el casco urbano por donde había mucho menos tránsito (!); por último, y antes de que Arguiñano se cascase un corrido (creo que era el de Lucio Vázquez), la propia cadena de televisión advirtió que para cada mes se tienen pensada una causa humanitaria y de caridad. Sólo les faltaba añadir: “contémplanos, somos Buenos”. Este mes promocionaban el derecho del niño a ser niño. Aunque bien podían haber clamado por el derecho de los percebes a seguir siendo percebes, una inutilidad retórica que se hubiese recibido con la misma extraña aceptación. No estoy en condiciones de cuantificar el daño que toda esta repetición eterna de contenidos falsos puede crear entre la población pero, atendiendo a la política actual y a la imposición de la miseria empresarial en todos los ámbitos de la vida, puedo llegar a hacerme una idea.
3. La progresía catalana tiene el extraño poder de hacerme sentir como un furibundo estalinista. En el que ya podemos considerar como El Famoso Episodio de la Policía del Humo en El Teatre de les Flors, me acometieron unas incontenibles ganas de habitar una antigua república soviética y ser miembro destacado de algún partido comunista para purgar a esos insignificantes policías del tabaco. Lo mismo me sucede cuando veo esas iniciativas sociales que consisten en colocar un logotipo, poner una página web, lanzar cuatro consignas de laboratorio de marketing y sentarse a esperar que el mercado haga lo suyo (es decir, lo de siempre: cagarse en el pobre). Me asaltan unos irrefrenables instintos de entrar a punta de escopeta en una de las sedes de Metrovacesa, requisar el inmovilizado y llevarme por la fuerza a su director para practicarle un interrogatorio en algún lugar de la sierra de Collserola.
4. En una pequeña compilación de textos sobre ZP para el público italiano, un tal Ángel (no incluye apellido) se casca un párrafo redondo que suscribo al 100%:
En los últimos años, la producción de signos se ha convertido en el punto fundamental en las agendas de los políticos. La política es cada vez más un continuo ejercicio semiótico. La izquierda y la derecha se afanan en la producción de realidad a través de la intervención prioritaria en los imaginarios colectivos y en el terreno de lo simbólico. Zapatero y Berlusconi son muy diferentes, pero ambos comparten un mismo diagnóstico: vivimos el tiempo de separación máxima entre la gente común y la clase política. Sin embargo, mantienen puntos de vista diferentes. Berlusconi sabe que esa fractura es irresoluble y trata de parchearla. Zapatero cree ingenua y abiertamente en la posibilidad de dar la vuelta a la crisis de legitimidad de los partidos y restaurar el valor de la propia categoría de representación política. Como si la producción de signos bastara para ganar terreno en ese sentido, se afana en la articulación de un campo simbólico marcado por el progresismo y la defensa de las libertades: enfrentamiento formal a la iglesia católica, retirada de las tropas de Irak ante el clamor masivo de la población, aprobación del matrimonio homosexual, etc. Zapatero es una estrategia. También es un signo él mismo: significa con una evidencia apabullante los límites de su propio modelo. El ejercicio de la soberanía es relativo: el Estado-nación es cada vez menos el referente espacial de las decisiones. Zapatero aplica sin rechistar las políticas que emanan de los nodos internacionales de poder y se ciñe a las directrices que imponen las elites europeas.
5. Curioso que esta conclusión, aunque menos nítida –que el Poder ya no se encuentra donde antes, que muchas de las medidas zapateriles se imponen para paliar y camuflar esta delegación de la política en la Economía- se halle también en la conclusión del último artículo del siempre lúcido Rafael Sánchez Ferlosio, en el que el autor invierte hábilmente la intencionalidad de la ofensa religiosa (a cuento de las famosas caricaturas):
(...) a la postre, transgresores y ofendidos pertenecen a la misma configuración del mundo; mundo de indigencia mental y de impotencia práctica, porque el poder se viene concentrando cada vez más en otra parte, cada vez más lejos de ellos, y ellos -a semejanza de los grafistas que van embadurnando de infinitos letreros, tan consentidos como despreciados, las infinitas paredes marginales de los márgenes del mundo- no tienen ya nada que hacer ni que decir, como no sea más que anticipar con su estrépito inútil y vacío el fragor de la catástrofe.
Clap, clap, clap, clap...
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