Lo de hoy sí que ha sido gordo
Esta forma en que nos gobiernan se fundamenta en una contradicción conceptual que no resiste ni medio embate teórico: la excepcionalidad permanente. Comprueben que todos los periodos políticos e históricos que vivimos nos son narrados como si fuesen determinantes, excepcionales, puntos de inflexión, momentos cruciales… episodios irrepetibles, en definitiva. Sin embargo, si ascendemos y contemplamos desde más arriba, cuesta percibir otra cosa más que una concatenación de noticias y sucesos iguales, de caras sonrientes que piden votos, de oficinas de gobierno que delimitan planes iguales a los que acaban de caducar (y que ya se ha visto a donde conducían), de grandes transacciones comerciales, de grandes números que por aquí abajo jamás manejaremos (ni puta falta), de novedades tecnológicas, que por risibles y evidentes, por la velocidad con la que serán reemplazadas, nos parecen ya viejas antes incluso de que intenten vendérnoslas. La excepcionalidad permanente es el impulso político que hace que todas estas repeticiones sean concebidas como verdaderas noticias, pues al parecer este aburrimiento eterno de repeticiones no resulta lo suficientemente explícito para la mayoría. La difusión de la excepcionalidad permanente es una precondición: sin este impulso político, no serían tan fáciles de justificar las intromisiones policíacas en nuestra cotidianeidad o la mercantilización del espacio común y de las relaciones sociales.
Verán: para un Estado y para toda una organización de Capital, es mucho más sencillo difundir un presente hecho de excepciones e inmanejable, del cual deban hacerse cargo frozosamente Ellos, pues Ellos son los expertos, los que tienen medios para acometer las medidas necesarias en cada situación extraordinaria. Con todo, resulta difícil de tragar que cada día sucedan veinte cosas extraordinarias y que, de tan extraordinarias, hayan sucedido también ayer y antesdeayer. Y aún más difícil de sobrellevar resulta que, aún siendo todos nosotros conscientes de ello, debamos creer que las circunstancias de hoy son las que merezcan precisamente una nueva ley, un nuevo aspaviento del secretario general del partido de la oposición, un nuevo pacto empresarial o una nueva protesta de la patronal del sector. La regla es la excepcionalidad. Es lo que debe ser creído. Sino no habría forma de justificar tanta repetición inútil. Aunque el aburrimiento que genera en nosotros un telediario o la edición diaria de cualquier periódico es una muestra indudable de que la contradicción cruje. No termina de rodar bien, pues es en si misma inestable, lleva en su seno la negación de su existencia. No se asimila. Y aunque la prensa salga cada día y con veinte periódicos distintos, y aunque cada día haya más canales repitiendo “lo mismo” (que si el proceso patatín, la inmigración patatán y la inseguridad pitutín)… “lo mismo” resulta cada vez menos creíble, por mucho acento que se ponga en su excepcionalidad.
Verán: para un Estado y para toda una organización de Capital, es mucho más sencillo difundir un presente hecho de excepciones e inmanejable, del cual deban hacerse cargo frozosamente Ellos, pues Ellos son los expertos, los que tienen medios para acometer las medidas necesarias en cada situación extraordinaria. Con todo, resulta difícil de tragar que cada día sucedan veinte cosas extraordinarias y que, de tan extraordinarias, hayan sucedido también ayer y antesdeayer. Y aún más difícil de sobrellevar resulta que, aún siendo todos nosotros conscientes de ello, debamos creer que las circunstancias de hoy son las que merezcan precisamente una nueva ley, un nuevo aspaviento del secretario general del partido de la oposición, un nuevo pacto empresarial o una nueva protesta de la patronal del sector. La regla es la excepcionalidad. Es lo que debe ser creído. Sino no habría forma de justificar tanta repetición inútil. Aunque el aburrimiento que genera en nosotros un telediario o la edición diaria de cualquier periódico es una muestra indudable de que la contradicción cruje. No termina de rodar bien, pues es en si misma inestable, lleva en su seno la negación de su existencia. No se asimila. Y aunque la prensa salga cada día y con veinte periódicos distintos, y aunque cada día haya más canales repitiendo “lo mismo” (que si el proceso patatín, la inmigración patatán y la inseguridad pitutín)… “lo mismo” resulta cada vez menos creíble, por mucho acento que se ponga en su excepcionalidad.
4 Comments:
Le he leído moviendo la cabeza de arriba a abajo.
Voy a tener el mismo dolor de cuello que el/la del comentario anterior.
Como decía un viejo grupo musical:
"Creéis que todo tiene un límite, así estáis todos... limitados"
Un saludo
Diría que es la falta de tiempo, pero es puro desinterés lo que siento por la "actualidad", esa que se supone que si no lees tres diarios diferentes eres incapaz de ver. Me aburro con el primero, me parece todo igual que siempre. Quizá hasta tenga su encanto...
Dice Marco Aurelio en sus Pensamientos: "Conoce en profundidad 50 años de un período histórico cualquiera y conoceras toda la historia"
La codicia y la estudipez han estado aquí siempre.
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