la patata de la libertad

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Un congresista estadounidense, en el pináculo de la estupidez, propuso cambiar el nombre de las malignas patatas francesas ("french fries") por el de patatas de la libertad ("freedom fries")... ¿Alguien recuerda la ensaladilla nacional? Colabora con la patata: comenta o envía tus artículos a allstolen@hotmail.com En marcha desde 26/05/04

4.7.07

KABLAAAM!


1. Pude verlo ayer en uno de aquellos magazines nocturnos que antaño fueron telediarios. Un hotel de Madrid renueva sus habitaciones con ánimo de ganarse una estrella o dos. Los muebles están viejos pero en perfecto estado. Las televisiones funcionan, las sillas aguantan culos de todo tipo y los armarios abren y cierran sus puertas como el primer día. Resulta, sin embargo, que entregar los muebles a buhoneros y quincalleros no da demasiado dinero, así que alguien del hotel, estimulado por el lucro o quien sabe si un ascenso, tiene una grandiosa idea: ¡¡Destruyámoslo todo!! ¡¡O mejor: hagamos que lo destruyan y que paguen por ello!!
Al poco de promocionar su idea, una larga cola de trabajadores estresados demandan El Producto. A cambio de una pequeña suma de dinero, se les permite acometer con brutalidad contra cualquier objeto “viejo” (viejo aquí, nuevo en las otras tres cuartas partes del mundo). Destruyen televisores (ahí reconozco el placer, el tremendo placer…) y todo lo que se interpone en su camino, incluidos tabiques, camas y escritorios.
¡Kablaaam! que es como suena en los cómics el Juggernaut.
Es la perfecta imagen de una sociedad de hiperproducción y excedencia. Un formidable desprecio por el valor de uso. Muy adoctrinante. A la vez, se trata de una nueva forma de controlar el blowback de la vida cotidiana. Las imágenes dejan ver también el estado de acogotamiento y sobreestimulación al que son sometidos los trabajadores en la actualidad. La violencia que se ejerce contra ellos, ya sea simbólica o emocional, queda reprimida y alojada en algún digno resquicio de su cabecita. Desean destruir, pero a la vez son incapaces de racionalizar qué es lo que debe ser destruido. Se trata de milenarismo reorientado y puesto a trabajar. De este modo, se rentabiliza no sólo el trabajo sino su frustración excedente.
Finalizada la “noticia” (por llamarle de alguna manera), me quedé deprimido y pensativo.
Entonces sonó un fuerte “maaawooow” y contesté a la manera de Asterix:
-Sí, Ernesto, están locos estos humanos.

2. También me han rondado por la cabeza en estos últimos días las diversas explicaciones sobre el atentado de Yemen. Y es que para completar las simplificaciones de los medios de comunicación sonora, la prensa escrita ha incluido sus habituales dosis de doctrina complaciente de forma especialmente chapucera: por una parte, la imbecilidad reaccionaria ha vuelto a apelar al “choque de civilizaciones” (una mistificación ideológica que sirve de elipsis: la mejor forma de rodear nuestras agresiones y no tener que explicarlas); mientras la serenidad liberal recurría esporádicamente a la “responsabilidad individual”, con el cruel lema “ya estaban advertidos” (claro, como los militares, a quienes los media sí lloran a conciencia pese a estar más advertidos todavía).
Como siempre, los argumentos más significativos y sólidos han surgido al margen de la papillita regurgitada para las masas. En primer lugar, hasta qué punto el turismo, como “mirada curiosa” ejercida de arriba abajo, es una intromisión clasista y se toma como una injerencia en países que se sienten particularmente maltratados por el régimen global. La consideración del turismo como forma de consumo y como extensión de la vida privilegiada de los occidentales hace de él un objetivo fácil. A años luz del caso, mi vida reciente en Barcelona me ha mostrado “el turismo” como verdadero terrorismo económico. Un factor inestable de inflación y desnaturalización del entorno.
En segundo lugar, algo que ya había escuchado de Robert Fisk hace unos años: en oriente medio, las inteligencias occidentales han operado durante muchos años bajo la apariencia de turismo. En concreto, “turismo de negocios”. Así que tal vez los yihadistas pensaron que esta vez no valía la pena hacer comprobaciones. Es una hipótesis. No me atrevería a certificarla.
Finalmente, la escasa y mala información política que se suministra sobre la mayor parte de países que no pertenecen a la esfera occidental, si exceptuamos aquellos que son "objetivos estratégicos" (países a deglutir: México, Irán, Venezuela o Cuba) o aquellos otros que gozan de la calificación de "aliados incondicionales" (Colombia, China o Arabia Saudí), respecto a los cuales sólo se dicen mentiras.
Por supuesto, quedan las alusiones a lo tribal y poco progresado de la región yemení en que se encontraba el convoy que padeció el ataque terrorista. No cuadra. No es por sí solo explicativo. Por ese mismo motivo, los bosquimanos serían genocidas.
También podemos hablar de Al Qaeda y su perfeccionadísima forma de guerrilla internacional. Sin embargo, todos sabemos a estas alturas que algunos locos no se hacen solos, y que no son ni los cambios hormonales ni los rezos a Alá quienes llevan a los adolescentes del Islam a tomar las armas y matar al tuntún a cualquier rostro pálido. Y aunque sea inevitable pensarlo, por ser una explicación muy plausible y muy conveniente, también es una puta mentira cochina.

5 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Al oir la noticia mi padre saltó: "Claro, en cuanto vieron que eran occidentales... de cabeza a por ellos".

Estas noticias sirven para persuadir a los occidentalitos de a pié —como si no estuvieran bastante convencidos ya— de que los musulmanes son el clásico enemigo que está en todas partes, presenta un odio absoluto e irracional hacia nosotros y con el que es estúpido intentar cualquier forma de aproximamiento o negociación.

En otras palabras: sirve para que cuando empiecen a llover los hongos atómicos sobre Teherán a todo el mundo le parezca bien.

Sobre la autoría de los atentados... no sé qué pensar. Es posible que realmente hayan sido extremistas poseídos por el odio hacia occidente —el mismo que yo tendría si algo llamado «occidente» se dedicara a bombardearme a mí y a los míos un día sí y otro también— pero ya no me creo mucho estas cosas.

Es como lo de los atentados de Londres que periódicamente van sacando —¿se acuerdan del bluff del explosivo líquido? Esta vez han procurado hacerlo un poco más expectacular, con efectos especiales à la Warner Bros.

FX y cuatro pobres diablos que en estos momentos deben de estar comprendiendo exactamente lo que significa la expresión «derechos humanos» a este lado del Bósforo.

1:36 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Está usted en muy buena forma, señora Patata, si no le importa que la trate de usted. El turismo, la capitalización de toda forma de actividad humana y los medios masivos como generadores de realidad: es una combinación terrorífica que, sin duda, nos aportará períodos fértiles de inmundicia generalizada.

3:28 p. m.  
Blogger Carne Radioactiva said...

la moraliaminima cocina oiga!....y este blog, como siempre, excelso!!!....isr

11:05 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Doncs si Carlos, el més llest és l'Ernesto amb el seu comentari “maaawooow”. Està clar, és el mateix que diria el Deco..."requete-maaawooow”

6:45 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

El deco es un jefazo... el vull veure aviat... maquíssim.
Salut, Joan.

1:19 a. m.  

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