la patata de la libertad

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10.3.06

Clases sociales ¿qué clases sociales?

Los medios actuales hacen todas las cabriolas y elipsis posibles para no tener que hablar de clases sociales. Es un tema tabú. Se supone que ya no existe nada de eso, que esos fueron asuntos muy desagradables que inventó ese maldito barbudo resentido de K. Marx. Hoy, en Europa, somos todos clase media-alta y que el que no disfruta de un adosado y un automóvil familiar de gama media es porque no se administra o porque es medio gilipollas.
Hace poco pude leer una entrevista con una señora trabajadora de asuntos sociales del ayuntamiento de Ciudad Escaparate (permítanme ser así de etéreo pues no he conseguido recuperar la fuente, así que no citaré el nombre de la ínclita; lo dejaremos como una semblanza genérica) en la que tanto ella como el entrevistador celebraban que se hubiesen puesto en marcha “políticas de igualdad” para evitar los “conflictos multiétnicos” como los de la banlieue de Francia.
Me quedé, como se dice vulgarmente, a colorines. Resulta obsceno (o propio de una incompetente ignorancia para alguien en un puesto tan especializado) tratar de esconder que el principal problema de las hordas de quemacoches tenía carácter de clase. Eran pobres de los suburbios, pobres sin oportunidades. Pobres cabreados. Aunque no niego la influencia de la discriminación racial, el menor de sus problemas fue la tan publicitada cuestión de los currículums y del ascensor social. Cuando se queman las escuelas, los automóviles, los trenes y el equipamiento urbano, la conclusión es clara: no revindican el poder Negro o Magrebí, no plantean –como podría entender un tecnócrata- “negociación entorno al establecimiento de contingentes de contratación”. No, no y no. Lo están impugnando todo, y aquí no caben soluciones parciales ni parches reformistas.
Estas chapas ciudadanistas sobre el buen rollo multicultural y multirracial son verdaderamente infumables. La actual moda de promoción estatal es enfocarlo todo por ahí, a modo de gestión intercultural: hacer como si todos los problemas surgiesen de las vestimentas religiosas o de la conformación de pandillas de adolescentes latinos. Y aún más indigestas se vuelven las reacciones estatales cuando se mezcla este diagnóstico superficial con las medidas de corrección denominadas “políticas de igualdad”, que normalmente consisten en descartar primero cualquier acción sobre el mercado laboral e inmobiliario, raíz verdadera de todo el problema, y fomentar la distracción con Talleres y Cursos imbéciles (cocinas del mundo, yoga para inmigrantes…) para que los pobres puedan, dentro de su miserable rutina, pasar un rato entretenido antes de volver a su nicho en el suburbio. No se cambia nada pero, en fin, se aligera su sufrimiento en vida y se administra la Muerte.
Por otra parte, me pregunto en qué medida las “políticas de igualdad” pueden frenar el saqueo económico y la devastación social que las corporaciones y la “economía golondrina” han causado y siguen causando en los países de origen de todos aquellos que se ven forzados a abandonar sus hogares para convertirse en trabajadores precarios en un nuevo entorno extraño y hostil.
La entrevista entró en una fase de delirio cuando el entrevistador planteó la posibilidad (“remota”, dijo él) de que los mismos disturbios sucedan aquí –pregunta obligada, no es esta la parte delirante-. La funcionaria contestó que podemos estar tranquilos, que las circunstancias en España no son equivalentes, que nuestros inmigrantes no proceden de las colonias como en Francia y que no existe la misma precariedad con respecto a la inmigración recibida. Aquí ya entendí que, efectivamente, lo de la señora funcionaria era una sórdida combinación de incapacidad, candidez optimista y malicia: no sólo parecía olvidar todo nuestro pasado colonial -que existen casi trescientos millones de almitas que habitan países que un día saqueamos a sangre y fuego-, sino que parecía destacar comparativamente la situación de la inmigración en España.
No sé si los funcionarios de la socialdemocracia habitan algún mundo paralelo e ignoro también si pueden haber caído en un agujero espaciotemporal que les impide la aprehensión normal de estimulos sensoriales, lo que puedo decirles que aquí abajo, en la calle, en cualquier barrio, se sabe de forma clara que el nuevo lumpen, la nueva clase baja esta constituida de forma casi integral por la inmigración. Multietnicidad, sí, claro que sí, pero ante todo precariedad y pobreza. Todos ellos ocupan el último estrato social, trabajan de forma precaria y residen apiñados en habitaciones en pisos compartidos. Bastaría con una mínima coordinación entre ellos –algo que tal vez llegue cuando la segunda generación- para que pusiesen en grave aprieto todo el sistema económico desde la propia base. Sí, hablo de disturbios, y tan grandes como los de Francia (un servidor se solidarizaría con todo el alma).
Si esto no es una situación explosiva, entonces me veré forzado a proclamar que he dejado de comprender lo que sucede sobre la corteza terrestre.

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Recuerdo unas declaraciones de un asesor de imagen que trabajó para los socialistas en unas elecciones.
Una de las cosas que más me llamó la atención fue su insistencia en que sus "asesorados" evitaran a toda costa la mención de las palabras "clase social".
Nada de clases sociales. No existen. Todos pertenecemos a la clase media.

9:52 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Esperate a que la burbuja se desinfles (suavemente) y la deslocalizacion haga que mezclar cemento vuelva a ser digno para los españoles. Y resulte que hay españoles e inmigrantes luchando por los mismos puestos. Ya veras como el racismo (en realidad no creo que los españoles seamos racistas, hablando estrictamente de la raza, pero llamalo X) con toda su fuerza y claro los inmigrantes se defenderán....

Un día de estos me compro cuatro ovejas una escopeta y me voy a vivir al monte.

10:09 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Anonymous, eso ya sucede. La competición de locales y emigrantes por los mismos puestos de trabajo ya sucede y no veas lo que opinan los locales afectados sobre la inmigración.

Patato, y la que le cae a todo aquel que osa resucitar el concepto de clase. Me viene a la cabeza Chomsky y las perlas que le dedican desde liberapuag.

11:53 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Me viene a la cabeza que antes había clase alta, media y baja; ahora hay clase alta, media y "trabajadora". La clase baja ha "desaparecido".

8:58 a. m.  

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