la patata de la libertad

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8.3.06

La destrucción de la Colonia Castells

Siempre me encantó el título de la película colombiana “Perder es cuestión de método” pues me resulta una máxima que revela muchas realidades falsas. Si me conceden cinco minutos, veremos dónde podemos encajarla hoy.
Conforme camino por la zona de Les Corts que antes solía recorrer a diario, contemplo el desmantelamiento de lo poco que queda de Pueblo en esta zona de la urbe.
La hermosa y decadente colonia Castells se halla en pie de guerra contra el plan urbanístico del ayuntamiento que, una vez más, ha decidido que mañana habrá un edificio de ocho pisos donde hoy hay uno de dos, un almacén de material de albañilería o una vetusta bodega. Resquicios de un pasado lento.
Porque, pese a que hay más de cincuenta mil pisos vacíos sólo en el municipio de Barcelona –y descuidemos benévolamente el área metropolitana-, es necesario construir más y más arriba. Donde haya sitio. Y así haga falta destruir primero.
La reacción de la ciudadanía, enferma de civismo y moderación, responde sin embargo a los mismos valores que desde arriba imponen los gestores, esos malditos tecnócratas con la sensibilidad amputada. Los ciudadanos ya no se oponen a los planes del ayuntamiento, los cuales toleran como esta forma de progreso que nos es impuesta, sino que objetan –como por ejemplo, en el caso que menciono- no tener “convenio”: no saber cuanto les pagarán por abandonar sus casas ni donde les reubicarán. Aceptamos la sumisión y la derrota, Sr. Alcalde, ahora bien ¿De qué forma va usted a gestionarnos?
Como indiqué al principio cuando invoqué el título de un guión de Santiago Gamboa: “Perder es cuestión de método”, y qué mejor método que incluir la derrota en la propia estrategia de lucha. Pura ideología sindical: no, por favor, no despida usted a mil, despida sólo a 900.
Un poco más abajo, si uno prosigue el paseo en dirección mar, puede detenerse a observar la segunda batalla ciudadana a la altura de la Calle Mallorca, con cientos de pancartas colgadas sobre los balcones: “Ave por el litoral”. Es decir: Ave sí, por supuesto (¿¡o acaso va a pensar usted que estamos contra el Progreso¡?), pero aquí no. Que jodan a otro.
De nuevo, la derrota grabada a fuego en la propia estrategia como un atributo más.
Si quieren un ejemplo actual de antagonismo útil miren al norte, hacia l'Empordà y la Catalunya Nord: la oposición contra la línea eléctrica de Bescanó dice que No de un forma coherente.
“Línia d’alta tensió, ni aquí ni enlloc”.
Que no, collons, que NO.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Totalmente de acuerdo... vamos TAN mal...

En lo del AVE se ha pasado de ese inicial "Pel Litoral" (que ya admitía la derrota de aceptar el AVE propiamente) a el actual -con el mismo tipo de cartel y tamaño de fuente- "A més fondària", dando por aceptado que ya que pasará por huevos por sus calles, al menos que sea a lo bastante profundo como para no hundir barrios enteros (anhelo secreto pese a las tristes consecuencias para los afectados directos), cuando lo más fácil y sensato seria decir NO a un AVE que no vamos a usar ninguno de nosotros para NADA. No se entiende...

5:16 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

No, no se entiende.
Recuerdo cuando colocaron el Euromed aprovechando líneas ya existentes: algo mucho menos nocivo que la farsa del AVE. Yo podía haber sido un usuario potencial pero tuve que descartarlo por el precio, un 50% más que un billete en un estrella y un 30% más que un talgo. Y cuando por fin tuve algo de pasta para utilizarlo, estaba repleto a tres meses vista porque -según los empleados de las agencias de viajes que visité- las empresas reservaban sus viajes de negocios con mucha antelación (y hasta compraban cupos sin saber si los utilizarían). Resumo: que los trenes de alta velocidad son como aviones que van a ras de suelo. Sirven a la economía, a los ejecutivos, que no viajan sino que se desplazan para trabajar. Vender este engendro tecnológico como un avance para el pueblo es una nueva mentira más: es caro, reproduce trayectos ya cubiertos y no une núcleos habitados cercanos, por lo que no puede reemplazar al automóvil.

5:42 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

... con lo cual llegamos a lo de siempre, de hecho, la única y simple explicación que nuestro cerebelo, en un acto de preservación para evitar mayores depresiones, intenta pero no consigue ocultarnos: Que muchos se están llevando grandes comisiones con toda esta mierda.

Doctor, de qué es síntoma el que a mi tierna edad esté todo el dia soltando esa frase tan de nuestros abuelos y a reivindicar de "A dónde vamos a ir a parar..?"

6:11 p. m.  

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