la patata de la libertad

Blog de opinión crítica completamente anti-
Un congresista estadounidense, en el pináculo de la estupidez, propuso cambiar el nombre de las malignas patatas francesas ("french fries") por el de patatas de la libertad ("freedom fries")... ¿Alguien recuerda la ensaladilla nacional? Colabora con la patata: comenta o envía tus artículos a allstolen@hotmail.com En marcha desde 26/05/04

13.3.06

¡Quemad, parquímetros, quemad!

Título descartado por su longitud: "... don't follow leaders, watch the parking meters"

Corren abundantes reportes sobre la lucha de los vecinos de la periferia de Madrid contra los parquímetros. Lo más sorprendente resulta que páginas libertarias se están haciendo eco de la lucha, que ya han corrido a denominar como lucha “contra el poder” o lucha “obrera”. Ay Dios. Aquí si que hay que andarse con cuidado. No todas las expresiones de abajo deben ser secundadas sin más criterio que la constatación de su punto de origen. Que los parquímetros son un sacacuartos, de acuerdo, que son una mierda y merecen sabotaje, de acuerdo también… pero me huele que esta pelea no deja de ser una nueva expresión –si no un refuerzo- de la organización de la vida cotidiana entorno al automóvil. De todas las imposiciones que se pueden protestar, parece haberse profundizado en la más superficial, con una oposición incompleta que sólo refuerza la profunda estupidez de la sacrosanta institución del vehículo automotor. También de mano de CNT, en plena efervescencia revolucionaria de finales de los años veinte, reclamaron algunos barrios de Barcelona que se les desmantelasen los tranvías y que se colocasen autobuses “como los que hay en los barrios burgueses”. Algunas de aquellas luchas se ganaron ¡Y con qué nefastos resultados! El tiempo ha demostrado que los autobuses fueron un craso error y que el refuerzo de los tranvías en las grandes urbes –como se puede contemplar en urbes de tamaño equivalente como Budapest, Praga o Amsterdam- ha supuesto una alternativa más cómoda, menos contaminante y más eficaz.

No puedo afirmar que los parquímetros sean algo válido o correcto (máxime cuando ya sabemos quién carece de plazas de parking y a quién afecta esta medida recaudatoria) pero: ¿cabe oponerse a toda medida administrativa aún cuando, ya sea por motivos diametralmente opuestos a los nuestros, fomente fines comunitariamente deseables? Creo que se plantea aquí no tanto un problema de clase sino de estrategia. Hemos llegado a un punto tal de superioridad del automóvil sobre el hombre en el diseño del urbanismo y de la organización social que cualquier medida que repercuta en el abandono de ese maldito engendro metálico constituye un gran paso hacia una sociedad mejor. No podemos estarnos a la adoración del “bolsillo proletario” mientras por otro lado contemplamos con desidia y desinterés como la técnica y el progreso se nos imponen como formas salvajes de dominio –y como verdaderos enemigos del mentado bolsillo-, con el automóvil y sus infraestructuras como puntales incuestionables. Lo realmente subversivo sería introducir un nuevo problema en la agenda de los ayuntamientos y que sus parquímetros no rindiesen ni para financiar el desayuno del bedel. ¿Quieren un acto revolucionario de verdad? Renuncien al automóvil y a los Derechos del Automovilista. Aparte de no pagar parquímetros, no pagarán tampoco seguros ni revisiones ni peaje ni gasolina ni recambios ni reparaciones ni ambientadores horteras ni zonas azules, verdes o fucsias. Serán ustedes dueños de su cuerpo y no feudo de un peligroso exoesqueleto que va demasiado deprisa y escupe humo.

Cambiemos de escenario: el Ayuntamiento de Barcelona –al que, como ustedes saben, tengo en gran estima-, está peatonizando grandes zonas de la ciudad. Por supuesto, no lo está haciendo bien (¿cómo podría hacer algo bien quien ya ha descuidado cualquier forma de ética?), pues en la mayor parte de los casos lo único que se ha hecho es elevar la calzada a la altura de las aceras y sin cerrar el tránsito, por lo que los automóviles pueden seguir circulando por las calles “peatonales”. No obstante, ahora los peatones caminamos por en medio y los automóviles esperan a que nosotros nos apartemos, ya no somos nosotros los que esperamos a que ellos decidan detenerse. En conclusión, ahora las calles nos pertenecen un poco más. ¿Y qué puede haber motivado que el ayuntamiento haya decidido hacer algo por el Pueblo? Desengáñense. La pregunta es tramposa. Nadie en el consistorio ha pensado así. Desde luego, no era esa su intención. El ayuntamiento solo está respondiendo a la planificación de zonas turísticas y de comercio que descongestionen el centro de Barcelona, y para crear lo que ellos llaman en su mundo al revés, “ejes comerciales”, han decidido peatonizar zonas con escaso tránsito. Entra dentro de sus benditos Planes Estratégicos para el AMB (Área Metropolitana de Barcelona). Está claro que el propósito es burgués y despreciable pero en esta fase, los que habitamos la ciudad y caminamos sus calles hemos salido beneficiados. Probablemente en la fase posterior de su Plan nos toque oponernos a recalificaciones salvajes, demoliciones arbitrarias, despotismo municipal y nuevos planes urbanísticos. Bien, no hay problema. Ahí estaremos. Pero eso será otro día.

PD: Como últimamente he tocado de refilón cuestiones de método y estrategia, permítanme añadir un par de considerandos, a modo de cláusula de descargo: (1) las luchas no restan así que, si quieren quemar parquímetros, adelante, son unos utensilios malignos, por aquí sólo mostramos nuestras reticencias a colocar estas cuestiones en el centro de la lucha y (2) ¿no les parece más racional reclamar contra TODOS los impuestos indirectos? Hace unas semanas protesté la astucia estatal de atomizar y desintegrar impuestos en miles de pequeños conceptos a la vez que se descuidan cada vez más las grandes rentas. Los parquímetros no dejan de ser una prolongación de esta estrategia.

8 Comments:

Anonymous Anónimo said...

en cualquier caso, sea o no sea la zona verde una buena idea, a casi un año de su implantación, es momento de pedir cuentas al ayuntamiento: Señor Clos, míreme a la cara... ¿ve como estoy un poco morado? no se lo va a creer, pero ¿sabe qué me ha pasado esta misma mañana? ¿no se lo imagina? tres metros he tenido que dejar pasar porque era IMPOSIBLE entrar en ellos... ni empujando, oiga... y eso que he pisado a tres señoras y dos niños, a ver si se apartaban, pero ni así... siete minutos entre cada convoy, que lo he cronometrado, ¿se lo puede creer? gracias señor clos, por el solidario flujo de capital que convierte los impuestos sobre el automóvil en inversiones ecológicas (¿es el 22@ biodegradable? ¿y los espigones con los que intenta proteger la arena artificial (¿?) en un entorno marítimo deteriorado por la acción del homo condalis?)... y gracias sobretodo por esas sustanciales mejoras en materia de transporte público... el coche no morirá mientras el transporte público no tenga un mínimo de calidad (¿o debería decir dignidad?)... ¿dónde fue a parar el dinero de los parquímetros? no me diga que se lo quedó todo el ave........

E

9:36 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

Un servidor ha tardado hora y cuarto en llegar en autobús al trabajo... hoy parecía celebrarse el Día del Colapso Universal.
Cierto, el transporte público de BCN da pena... pero yo me miro a esas personitas, cada uno solo dentro de su auto, de cinco plazas, y me da un coraje...
Pero sí, hay días en que la ineptitud de este ayuntamiento queda aún más patente.

10:27 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Es la mentira de toda operación de "reordenación/reforma/modificación" del transporte rodado en las capitales: hacemos más inconveniente el ir en coche al centro (lease parquímetros) pero no modificamos de forma acorde los efectivos de transporte público. O hacemos unos aparcamientos subterraneos en el centro, que cuestan una pasta aun cuando no descubran un resto arqueológico (no me extraña), pero no ensanchamos las calles para dar paso a la avalancha.

Poner parquímetros en zonas residenciales (lease Carabanchel) me parece de bordes.

2:08 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

Sí, estoy de acuerdo, alejo (que quemen los parquímetros, que ardan, me parece bien). Pero ¿no te parece que también ha operado una cierta fosilización? Me refiero a una concepción del tiempo libre como espacio de dedicación absoluta a la realización personal y a la felicidad extrema en todo momento. Yo creo que ha habido ahí un cambio social psicológico y casi casi filosófico. Y es que también, en muchos casos, sobretodo en una ciudad trazada sobre una superficie tan pequeña como Barcelona -probablemente decir esto en el caso de Madrid o Valencia sea una estupidez-, cabe la posibilidad de caminar. Parece que la ciudad se ha extinguido como espacio para las caminatas. Ahora los ciudadanos deben irse todos al campo a caminar y colapsar los caminos rurales. O transpirar en un gimnasio a ciento diez pulsaciones. De todo menos caminar seis manzanas por la ciudad.
¿Acaso no se puede ir al centro caminando desde cualquier zona del eixample, desde Gracia, desde Sants, desde Les Corts o desde el Clot? ¿Qué son esas cosas tan importantes (ver la tele, transpirar a ciento diez ppm, comprar inutilidades) que tienen que hacer los ciudadanos y que les impiden perder cuarenta minutos en un paseito?
Me deprime ver a gentes de todas las edades coger el metro o el autobús para hacer dos paradas.
No todo el culpa del ayuntamiento. Dejémoslo en "casi todo".

3:31 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Transpirar en un gimnasio a ciento diez pulsaciones viene a ser algo parecido a hacer ejercicio. Ojalá todo el mundo hiciera eso en el gimnasio, así no se dedicarían a ver la MTV, a mirarse en el espejo o a leer el Pronto mientras dan pedales... Si fueras testigo de lo que ocurre en el gimnasio (así en genérico), lo de transpirar a ciento diez te parecería una tarea encomiable.

4:51 p. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

Quita, quita... un gimnasio ¡qué asco!... ¡¡donde se ponga un buen paseo, una pedaleada por la rúe o un partido de baloncesto!!

Ya me he enterado, por medio de algún devoto transpirador, de la última innovación, en fase de implantación progresiva en todos los gimnasios de la ciudad: pequeños monitores sobre las propias máquinas, en las cintas, las bicicletas o cualquier otro cacharro, así se puede ver a la billonsí moviendo los glúteos mientras sudas el estrés de la jornada. Eso cuando no coloquen una tele de plasma o un proyector o, porqué no, unos electrodos conectados al cerebro, o un jack en el cogote, tipo matrix...

Qué mundo, dios.

5:40 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Patato, tampoco es que la concepción urbanística ayude: los centros de ocio están muy localizados, cuando no en el extrarradio (entendiendo el centro comercial como centro de esparcimiento, snif, snif). Pasear seis manzanas entre semáforos y coches no es de lo más relajante que digamos. Los barrios y ciudades dormitorio resultan aburridos (tu librería favorita no está a seis manzanas de tu casa precisamente). Valencia tiene el rio, Madrid tiene el Retiro, Barcelona tendrá su balcón marítimo donde pasear pero hay tantos valencianos, madrileños y barceloneses que no hay paseo para todos.

La megaurbe es un paso atrás. Cascos urbanos de más de cuatro kilómetros de diámetro deberían ser considerados crímenes contra la humanidad. A fin de cuentas quien puede permitírselo se gasta la pasta en la anítesis de todo eso como segunda residencia.

8:13 a. m.  
Blogger la patata de la libertad said...

Cierto, cierto... pero yo, cual H.D. Thoreau anacrónico y garbancero, sigo reivindicando el Paseo.

Btw: acertaste, la librería está a solo cuatro manzanas graciencas, que equivalen en distancia a dos manzanas eixampleras.

8:57 a. m.  

Publicar un comentario

<< Home