Sobre el pacifismo castrense...
Javier Ortiz nos explica La Formidable Historia del Teniente Watada. Parece que es un aislado artículo de periodismo puro entre sus diarias columnas de opinión.
Léanlo primero, por favor.
Aparentemente, es una historia de rebeldía que deberíamos admirar. Sin embargo, crujen unos cuantos contrafuertes. Primero de todo: extrañas convicciones las que llevan a una persona a secundar la intervención en Afganistan y reprobar la intervención en Irak. Las consideraciones y cláusulas que Watada pueda encontrar contra una guerra y a favor de la otra sólo pueden proceder de una persona que cree a pies juntillas la realidad que le han endilgado.
Watada defiende su derecho a desobedecer órdenes injustas (invocando Nuremberg y su fallo contra la “obediencia debida”) mientras considera que una disposición de las Naciones Unidas emana directamente de Dios reencarnado. Según parece, no ha lugar a considerar su injusticia y posterior desobediencia. ¡Será que la ONU no ha avalado barbaridades!... comenzando por la existencia del Estado de Israel, el trazado de las fonteras africanas o la anterior agresión a Irak.
De este modo, y a tenor del doble juicio del Sr. Watada, no veo que razones éticas puede encontrar el soldadito para ofrecerse a invadir Afganistán y rechazar de forma simultánea la agresión iraquí. Su gobierno mintió de la misma forma para invadir Afganistán. Buscó los favores de otros países socios en el oleoducto y votó en la enésima pantomima de la ONU. Y ahora, visto el auge de la producción de opio tras la invasión, debemos suponer con poco margen de error que EEUU vuelve a financiar amplias operaciones encubiertas...
Hace falta la inocencia de una criatura de teta para tragarse semejante cuento, sobretodo cuando se intenta pasar por un hombre documentado y de ascendencia pacifista. Al parecer, según leemos los razonamientos de su rebeldía, Watada no pudo sospechar que el Estado responsable de las matanzas de Filipinas, Camboya, Panamá, Granada, Guatemala e Hiroshima -entre otras- pudiese intentar enviarle a un nuevo acto de agresión. Su adhesión al ejército fue un acto puro de fe patriótica. Jum, jum. Cof, cof.
Las guerras “justas” y la madre que las parió a todas: la mentira.
Por otro lado, puestos a aprovechar el ritmillo de la diatriba: inocencia también la del Sr. Ortiz al buscar héroes y rebeldes pacifistas en el ejército. ¡Vamos hombre! Como si no supiésemos ya la cabronada que suponen los ejércitos para todos. Antes existían para protegernos de una “invasión extranjera”, hoy trabajan como una Oenegé. Soldados sin Fronteras. Precioso todo. Eso sí: pistola en el cinto, paso corto y mala leche. Y al que se queje, ostias.
Y entretanto, llueven breves de Reuters: veinte muertitos por aquí, catorce colaterales espachurrados por allí, una escuelita afgana arrasada erróneamente… Bum, bum, bum: explosioncillas en la periferia. Precioso, precioso.
Siempre –busquen el periodo histórico que prefieran- hay una excusa “ética” para calzarse un arma y hacer lo que todo ejército hace: matar. Honestamente, ando un poco quemado de reverencias a sacerdotes, militares y otros integrantes de los aparatos de dominación. Resulta “curioso” observar como las instituciones que nos han doblegado durante siglos administran en su seno un cierto grado de oposición interna, algo así como un elemento folclórico de legitimación democrática.
En resumen: que me importa bien poco que condenen a Watada.
Haberse hecho pastelero, controlador aéreo, modista, o guía de alta montaña…
Léanlo primero, por favor.
Aparentemente, es una historia de rebeldía que deberíamos admirar. Sin embargo, crujen unos cuantos contrafuertes. Primero de todo: extrañas convicciones las que llevan a una persona a secundar la intervención en Afganistan y reprobar la intervención en Irak. Las consideraciones y cláusulas que Watada pueda encontrar contra una guerra y a favor de la otra sólo pueden proceder de una persona que cree a pies juntillas la realidad que le han endilgado.
Watada defiende su derecho a desobedecer órdenes injustas (invocando Nuremberg y su fallo contra la “obediencia debida”) mientras considera que una disposición de las Naciones Unidas emana directamente de Dios reencarnado. Según parece, no ha lugar a considerar su injusticia y posterior desobediencia. ¡Será que la ONU no ha avalado barbaridades!... comenzando por la existencia del Estado de Israel, el trazado de las fonteras africanas o la anterior agresión a Irak.
De este modo, y a tenor del doble juicio del Sr. Watada, no veo que razones éticas puede encontrar el soldadito para ofrecerse a invadir Afganistán y rechazar de forma simultánea la agresión iraquí. Su gobierno mintió de la misma forma para invadir Afganistán. Buscó los favores de otros países socios en el oleoducto y votó en la enésima pantomima de la ONU. Y ahora, visto el auge de la producción de opio tras la invasión, debemos suponer con poco margen de error que EEUU vuelve a financiar amplias operaciones encubiertas...
Hace falta la inocencia de una criatura de teta para tragarse semejante cuento, sobretodo cuando se intenta pasar por un hombre documentado y de ascendencia pacifista. Al parecer, según leemos los razonamientos de su rebeldía, Watada no pudo sospechar que el Estado responsable de las matanzas de Filipinas, Camboya, Panamá, Granada, Guatemala e Hiroshima -entre otras- pudiese intentar enviarle a un nuevo acto de agresión. Su adhesión al ejército fue un acto puro de fe patriótica. Jum, jum. Cof, cof.
Las guerras “justas” y la madre que las parió a todas: la mentira.
Por otro lado, puestos a aprovechar el ritmillo de la diatriba: inocencia también la del Sr. Ortiz al buscar héroes y rebeldes pacifistas en el ejército. ¡Vamos hombre! Como si no supiésemos ya la cabronada que suponen los ejércitos para todos. Antes existían para protegernos de una “invasión extranjera”, hoy trabajan como una Oenegé. Soldados sin Fronteras. Precioso todo. Eso sí: pistola en el cinto, paso corto y mala leche. Y al que se queje, ostias.
Y entretanto, llueven breves de Reuters: veinte muertitos por aquí, catorce colaterales espachurrados por allí, una escuelita afgana arrasada erróneamente… Bum, bum, bum: explosioncillas en la periferia. Precioso, precioso.
Siempre –busquen el periodo histórico que prefieran- hay una excusa “ética” para calzarse un arma y hacer lo que todo ejército hace: matar. Honestamente, ando un poco quemado de reverencias a sacerdotes, militares y otros integrantes de los aparatos de dominación. Resulta “curioso” observar como las instituciones que nos han doblegado durante siglos administran en su seno un cierto grado de oposición interna, algo así como un elemento folclórico de legitimación democrática.
En resumen: que me importa bien poco que condenen a Watada.
Haberse hecho pastelero, controlador aéreo, modista, o guía de alta montaña…
5 Comments:
El error consiste en interpretar la postura de Watada como ética, cuando se trata de una cuestión puramente legal.
Es muy posible que Watada, con las leyes en la mano, tenga razón. Pero la razón moral es otra cosa.
La postura del señor Watada no es postura, es impostura.
Que se cuestionen ciertas ordenes en una estructura como la militar es poco más que absurdo. Cometer ese "delito" en nombre de la moral (su extraña moral de doble rasero) debería llevarle a cuestionarse algo más que el nombre de la región del planeta que es "justo" o "injusto" arrasar.
Cada cual puede buscar sus mesías en el infierno que desee, pero lo único cierto de todo ello es la búsqueda obsesiva y el infierno en si.
El señor Watada aspira a reproducir lo que dice combatir con una máscara más "civilizada". Cientos de presidentes de centro-derecha, militares europeos de guante blanco y creyentes de las "guerras legales" ya se están frotando las manos.
¿Cuánto tiempo deberemos esperar hasta un nuevo mesías de uniforme que critique la intervencion en Afganistán? ¿Cuantas muertes amontonaremos en la sala de estar mientras no escuchamos las criticas reales? ¿Que diferencia hay entre nuestros ejercitos ilegales y los ejercitos-Ong a parte de el color de sus campañas de alistamiento?
En fín, otro capítulo más de sensacionalismo vacío.
Poco pan y pésimo circo.
Máxime cuando el mozo está dispuestísimo a irse a Afganistán porque, dice, esa invasión tiene el beneplácito de la ONU (falso, el beneplácito fue realmente del Consejo, ¿Cotarró? de Seguridad).
Brujo. Una nueva matización en tu línea: Amnistía Internacional vía La Insignia (http://www.lainsignia.org/2007/febrero/der_003.htm):
"Ehren Watada ha afirmado que su negativa se basa en su creencia de que la guerra de Irak es ilegal e inmoral."
Ahí la confusión entre legalidad e inmoralidad es obvia. O Watada está mal informado (en cuyo caso, podría llegar creer que Afghanistan es una intervención moralmente legítima... hm, hm, cof cof) o es un imbécil que cree que la moralidad dimana de la ley.
Ninguna de las opciones es demasiado alentadora. Más bien quitan las ganas de cualquier solidaridad con Watada.
Este señor es soldado porque quiere, ¿no? Sabía dónde se metía (máxime si su padre también era soldado) y debería saber que la moralidad y la violencia no suelen ir de la mano. Y eso son las guerras: violencia auspiciadas por los Estados. ¿Morales o inmorales? ¡Qué más da!
Vamos, que no me da ninguna pena: se ha metido él solito en el fregao de ser soldadito. Pues que apechugue. Es como lo de "pobrecitos, los han matao". A mí, francamente, es complicado que me maten en una acción militar en Afganistán, como me dedico a otra cosa que no es ser parte integrante del ejército.........
Uf, qué cosas!
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