¡Que se nos quiebra la sociedad civil!
Cuatro apuntes sobre escatología urbana
1. El Colegio de Farmacéuticos de Barcelona ha emprendido un programa de atención especializada para inmigrantes. Supongo que estos tenderos habrán notado que los inmigrantes casi no consumen medicinas y desearán esa “cuo-ta de mer-ca-do” (¿lo he dicho bien?). La entrevista que hacen en la radio con una vocal del mentado Colegio me lo confirma: “estamos en un mundo multicultural y, como se puede ver por la calle, estamos rodeados de gentes de afuera, y a nosotros siempre nos ha preocupado mucho La Realidad”. Vaya, yo mismo podría haber escrito eso en una de mis malas parodias. Tiene todos los ingredientes: “multiculturalidad”, “oh-esos-seres-extraños-venidos-de-afuera-que-no-son-como-nosotros”, “La Realidad” y, lo más importante, amigos: el dinerito y su instinto particular, el animus lucrandi.
2. Corran a sus quioscos y tiendas de cómic habituales: ha salido el nuevo Mondo Brutto. Artículos sobre “La Iglesia Católica y sus Papas”, “Tebeos de Niñas”, “Instrumentos raros”, “el Necronomicón” y un largo etc… Yo ayer noche tuve que sostenerme el estómago para no escupirlo de la risa. In-dis-pen-sa-ble. ¡Cómpratelo, mostrenco, porque tú lo vales!
3. Ayer en La Contra de La Vanguardia apareció un tipejo que afirmó ser experto en branding emocional. La leche en vinagre, vamos. Creo que La Contra se ha convertido en mi espacio periodístico favorito. Hacen entrevistas bizarras. Al fin y al cabo, las noticias ya me las sé y no tienen gracia. Podría inventármelas eternamente, y si no vean: "30 muertos en Irak por culpa de un terrorista malo", "hambre a tope en África", "un enajenado mata a veinte en Wyoming porque le sirvieron una cola-loca caducada", "beneficios record de las eléctricas y la banca", "un tipo en Huelva quema a su mujer", "Pepinho mete gol", "el Papa vuelve a bendecir a la gente", "La Economía crece un 3%", "se va a construir en el último bosque que queda cerca de Madrid", "un vertido mata ochocientas mil truchas", "el PP en contra de los partidos de fútbol entre bisexuales", "un juez dictamina que cobrar de más en los párquines es 'un abuso global'", "se ve que una modelo muy famosa se droga mucho"… está bien, ya paro. Les hablaba del pamplin economal de un experto en Venta de Cosas. En una parte de la entrevista la cosa fue tal que asín (las marcas han sido cambiadas deliberadamente para no cometer publicidad):
¿Da tiempo de emocionarse con un café?
- En Slarñucks, paradigma del nuevo branding emocional, usted puede elegir 19.000 maneras diferentes de tomar un producto.
Yo ya me pongo nervioso y dudo si me preguntan si quiero la leche fría o caliente...
- Está usted atrasado. Yo quiero que me sirvan exactamente como me gusta a mí. ¡Ah! y quiero que me llamen por mi nombre si voy cada día a ese bar. La marca del bar o la marca de zapatillas entablan un diálogo emocional y personal conmigo: ¡se acabó machacarme con anuncios! No pueden tratarle con desconfianza: no compre en un sitio donde si usted devuelve algo le preguntan ¿por qué? como si fuera un caradura. Si usted devuelve algo que ha comprado allí... ¡Será por algo!
Mi pregunta al respecto es (tal vez demasiado compleja, lo reconozco): ¿¡se puede ser más gilipollas!?
4. El pasado martes en el metro pude contemplar cómo los hinchas alemanes, mastuerzos integrales, inmovilizaban un convoy de metro de la línea 3. Bloquearon las puertas por diversión. Además, como buenos juligans, saltaban sin levantarse del suelo y gritaban cosas que sonaban más o menos así: “oooo-oo-lo-lo-lo-unsere-fussbalerr-ooo-o-loo-loo-loo-berderbreeeeemen-ou-o”. Después de tener el tren retenido durante veinte minutos, vomitando los unos por aquí, intimidando los otros a los proseguratas por allí, finalmente advirtieron que se les hacía tarde. Y así, looo-looo-looo, brroooagh brrooagh (vomitadas), siguieron su pastoreo como vulgares palurdos hacia el misterioso Óvalo de las Muchedumbres Enfervorizadas. A ver si alguien metía gol y ellos conseguían sentirse un pelín menos miserables. Si llegan a ser jóvenes antisistema, pueden estar seguros que allí mismo aparece el SWAT de los mossos descolgándose del techo y detienen a ciento cincuenta por lo menos. Y al día siguiente Arcadi Espada, Azúa, Ramón de España y toda esa tropilla de justicieros liberales hubiesen escrito sus memeces sobre la quiebra del civismo y la sociedad civil y adondevamosairaparar y estosjovenesyanoserebelancomoantes... y así hasta infinito.
Bendita decadencia.
1. El Colegio de Farmacéuticos de Barcelona ha emprendido un programa de atención especializada para inmigrantes. Supongo que estos tenderos habrán notado que los inmigrantes casi no consumen medicinas y desearán esa “cuo-ta de mer-ca-do” (¿lo he dicho bien?). La entrevista que hacen en la radio con una vocal del mentado Colegio me lo confirma: “estamos en un mundo multicultural y, como se puede ver por la calle, estamos rodeados de gentes de afuera, y a nosotros siempre nos ha preocupado mucho La Realidad”. Vaya, yo mismo podría haber escrito eso en una de mis malas parodias. Tiene todos los ingredientes: “multiculturalidad”, “oh-esos-seres-extraños-venidos-de-afuera-que-no-son-como-nosotros”, “La Realidad” y, lo más importante, amigos: el dinerito y su instinto particular, el animus lucrandi.
2. Corran a sus quioscos y tiendas de cómic habituales: ha salido el nuevo Mondo Brutto. Artículos sobre “La Iglesia Católica y sus Papas”, “Tebeos de Niñas”, “Instrumentos raros”, “el Necronomicón” y un largo etc… Yo ayer noche tuve que sostenerme el estómago para no escupirlo de la risa. In-dis-pen-sa-ble. ¡Cómpratelo, mostrenco, porque tú lo vales!
3. Ayer en La Contra de La Vanguardia apareció un tipejo que afirmó ser experto en branding emocional. La leche en vinagre, vamos. Creo que La Contra se ha convertido en mi espacio periodístico favorito. Hacen entrevistas bizarras. Al fin y al cabo, las noticias ya me las sé y no tienen gracia. Podría inventármelas eternamente, y si no vean: "30 muertos en Irak por culpa de un terrorista malo", "hambre a tope en África", "un enajenado mata a veinte en Wyoming porque le sirvieron una cola-loca caducada", "beneficios record de las eléctricas y la banca", "un tipo en Huelva quema a su mujer", "Pepinho mete gol", "el Papa vuelve a bendecir a la gente", "La Economía crece un 3%", "se va a construir en el último bosque que queda cerca de Madrid", "un vertido mata ochocientas mil truchas", "el PP en contra de los partidos de fútbol entre bisexuales", "un juez dictamina que cobrar de más en los párquines es 'un abuso global'", "se ve que una modelo muy famosa se droga mucho"… está bien, ya paro. Les hablaba del pamplin economal de un experto en Venta de Cosas. En una parte de la entrevista la cosa fue tal que asín (las marcas han sido cambiadas deliberadamente para no cometer publicidad):
¿Da tiempo de emocionarse con un café?
- En Slarñucks, paradigma del nuevo branding emocional, usted puede elegir 19.000 maneras diferentes de tomar un producto.
Yo ya me pongo nervioso y dudo si me preguntan si quiero la leche fría o caliente...
- Está usted atrasado. Yo quiero que me sirvan exactamente como me gusta a mí. ¡Ah! y quiero que me llamen por mi nombre si voy cada día a ese bar. La marca del bar o la marca de zapatillas entablan un diálogo emocional y personal conmigo: ¡se acabó machacarme con anuncios! No pueden tratarle con desconfianza: no compre en un sitio donde si usted devuelve algo le preguntan ¿por qué? como si fuera un caradura. Si usted devuelve algo que ha comprado allí... ¡Será por algo!
Mi pregunta al respecto es (tal vez demasiado compleja, lo reconozco): ¿¡se puede ser más gilipollas!?
4. El pasado martes en el metro pude contemplar cómo los hinchas alemanes, mastuerzos integrales, inmovilizaban un convoy de metro de la línea 3. Bloquearon las puertas por diversión. Además, como buenos juligans, saltaban sin levantarse del suelo y gritaban cosas que sonaban más o menos así: “oooo-oo-lo-lo-lo-unsere-fussbalerr-ooo-o-loo-loo-loo-berderbreeeeemen-ou-o”. Después de tener el tren retenido durante veinte minutos, vomitando los unos por aquí, intimidando los otros a los proseguratas por allí, finalmente advirtieron que se les hacía tarde. Y así, looo-looo-looo, brroooagh brrooagh (vomitadas), siguieron su pastoreo como vulgares palurdos hacia el misterioso Óvalo de las Muchedumbres Enfervorizadas. A ver si alguien metía gol y ellos conseguían sentirse un pelín menos miserables. Si llegan a ser jóvenes antisistema, pueden estar seguros que allí mismo aparece el SWAT de los mossos descolgándose del techo y detienen a ciento cincuenta por lo menos. Y al día siguiente Arcadi Espada, Azúa, Ramón de España y toda esa tropilla de justicieros liberales hubiesen escrito sus memeces sobre la quiebra del civismo y la sociedad civil y adondevamosairaparar y estosjovenesyanoserebelancomoantes... y así hasta infinito.
Bendita decadencia.
9 Comments:
ja ja ja, la lectura de mondo brutto ha refrescado tu humor sin duda...
Completamente de acuerdo contigo en lo de la contra (y el resumen de titulares)... las entrevistas a gurus de lo "emocional" (porque ahora se lleva el ultracapitalismo, pero emocional) son muy frecuentes en la sección, y siempre que las leo no puedo evitar darme cuenta de lo alienado que estoy, porque no les veo yo puto sentido o grácia a estas chorradas del nuevo marketing. Quizás como que no tengo DINERO y por consiguiente no puedo pagarme un Slarñucks...
Me gustaría conocer algun tipo de dato sobre porcentajes de población que considere perjudicial la propiedad privada, el consumo o el crecimiento económico. Creo que, desgraciadamente, el punto de vista que aquí manejamos no es precisamente el del "ciudadano común" que, lejos de ver todos esos elementos como una amenaza, se acomoda gatunamente en ellos y ni siquiera los percibe como algo perjucicial. Al contrario, lo privado y el consumo le definen y le permiten alcanzar el bienestar y la plenitud. Por eso existen tipos como ese de La Contra, porque el "homo compror" ya no se cuestiona más "por qué", ya sabe que lo va a hacer, y ahora lo que se perfecciona es el camino hacia eso, la pirueta, el espectáculo, los fuegos artificiales. Nadie duda de que vaya a comprar, ni él mismo, se trata de perfeccionar el trayecto, ergo branding emocional.
A mí lo que me resulta maligno es que todas estas "sofisticadas formas de seducción" como la estupidez del branding son en realidad métodos científicos de modificación de conductas alaborados en laboratorios psicológicos y sociológicos. Son la peor alteración de la libertad que existen porque la eliminan de raíz: hacen que el sujeto tome como libre una decisión inducida, inconsciente, creyendo que esta es sólo suya. De ahí esa perenne apelación a "la persona" y a "los gustos personales". Camuflaje.
Sobre lo que comentas de tener referencias materiales, el problema sería la obtención de esos porcentajes (cómo plantear las preguntas) ya que, aunque nos hagan creer que hay que optar por Todo o por Nada, esos no son problemas radicales sino "de grado". No hay que impugnarlos por completo. A mí la propiedad privada de lo mínimo -de un habitáculo, unas prendas de ropa y una cesta de comida- no me parece mal. En realidad, más que propiedad se trata de posesión, de disfrute. En todo caso, hacer común lo que es o puede ser de uso comun -que no "privado" o "público"- (transporte, agua, energía, urbanismo, educación, arte...) me parece una urgencia. Y lo mismo sucede con el consumo.
Sobre el crecimiento, ya comienza a existir una corriente francesa que se hacen llamar Objetores de Crecimiento, y aunque se expresan en unos términos muy tímidos y muy reformistas, exponen claramente la perniciosidad del crecimiento. Puedes leer un buen planteamiento en Le Monde Diplomatique de Noviembre. Esperemos que comience a flitrarse a círculos más amplios.
Perdona mi inmensa uy supina ignorancia, Patata, e ilústrame: ¿Qué es eso del Branding emocional? Bueno, lo de emocional sí se qué es -creo- pero, ¿Branding?
...con ignorancia y todo, me están doliendo las costillas de tanto reírme.
Un abrazote inmenso.
Hannah
Pues casi me había convencido, pero claro, luego ha dicho eso de que en un bar quieres que te llamen por el nombre y no es verdad... a mí me gusta que me llamen por el apodo, no sé, "El Pepinillo" o "Chili Boy", o incluso "Pasa tío"... también me gusta que el bar tenga lavabo en el que poder mingitar sin tener que descubrir qué demonios es el urinario entre luces estroboscópicas y, sobretodo, me gusta que vendan en él cerveza, y no 19000 variantes subnormales de café disfrazadas de "valor añadido" con petulancia...
y no sé por qué (masoca que es uno), he ido a lacontra-web a echarle un vistazo al discurso y no sólo al extracto... y uff, qué quieren que les diga... la parte ejemplifica perfectamente el todo, y si no, lean la primera respuesta de Marc Gobé (oops, perdón, incurrí en publicidad, aunque en grado involuntario, alegaré):
"Hoy compramos emociones. Ya no satisfacemos meras necesidades con productos, sino profundos deseos con experiencias. Optamos por la etiqueta que brinda una experiencia que tiende a ser total, holística y personal y eso incluye toda la historia de la marca. No basta con que tenga una identidad muy sólida, además nuestra marca tiene que tener una personalidad próxima"
"nuestra" va en cursiva, y "holístico" debe venir de los Hollister... supongo...
E "...y branding, del coñac de toda la vida"
No te creas a E., Hannah, el branding no es la alternativa andaluza al coñac. Si no me equivoco, branding es todo lo que tiene que ver con el "proceso de creación de marca", es decir: crear una imagen (signo, empresa, servicio, todo-en-uno) que la mente de los consumidores identifique inmediatamente sin necesidad de grandes aspavientos intelctuales... Cosa fácil, como ves.
En principio, dicen los expertos (¡los expertos!) que una buena introducción de marca puede evitar costosas campañas posteriores de promoción, publicidad y marketing. Es decir, como todo en economía, que bien hecho y con visión de futuro, en adelante dará pasta larga... y si no la da, algo habremos hecho mal.
Un hito en el branding sería, por ejemplo, que un ñeta estúpido se tatúe el logo de nike en la mejilla, o que cualquier riñonera inútil con el simbolo de Perrari pueda venderse por ochenta y tres veces su precio de fabricación por el mero hecho de que el tonto que se lo compra se cree que transmite algo de cara afuera, más allá de su propia estulticia, claro está.
Bueno, pues un poco a mi manera, eso es el branding.
El branding emocional, por otra parte, es el mismo estúpido concepto pero ampliado con un adjetivo de moda para vender libros y hacer una gira por unos cuantos foros empresariales.
AL USUARIO ANONIMO
La marca es un concepto antiguo. Es identifición. Reconocimiento visual.
Una habiliad que empleamos todos los seres vivos para identificar a la primera, a los que son únicos. Es decir, a todos los demás.
Como en este ejemplo:
-Ese es pepe.
-No.
-Que sí.
-Que no.
-Pero, ¿es que no has visto los flecos del manillar?
-Pues es verdad. Es pepe.
Esos atributos que hacen singular al ser humano, a Pepe en este caso, a la cigüeña que regresa al nido, al pingüino...
Aplicado al producto, tiene una historia tan bastarda como pueril.
Puedes leer en internet o en las colecciones de Esic.
La mayoría de las grandes marcas son fruto de un accidente. Provocado por el capitalismo. Peor accidente.
No hay un sólo experto en el mundo que te de como resultado de su trabajo y sus honorarios la construcción de una marca.
Pura serendipity. Y copieteo.
Y mucha sangre por debajo. Mira al Ibex 35 y te darás cuenta. No hay un dios ahí dentro. Ni uno tan sólo. Miles de trabajadores de todos los jaeces. Alguna idea y mucho sudor.
Aunque ahora la moda se llame branding emocional, hay que separar ambos términos.
Sobre todo el de emocional.
Emocional podría ser el acto de buscar un objeto y disfrutar con el encuentro del mismo. Un juguete que le hace ilusión al nene, por ejemplo. En Navidades se han forrado lanzando propuestas y promesas incumplidas.
La estrategia que mezcla ambos conceptos, hacerse un hueco y comerle el tarro al consumidor-la misma estrategia, en realidad, la misma idiocia para seguir pagándoles a los caradura del mundo- es lo que se denomina ahora crear vínculos emocionales con una marca. Como la que tienen los mayores con el colacao o el avecrem. O los jóvenes con las zapatillas de marca.
Pero "la nueva" es una estrategia marketing basada en el estudio de la respuesta del forofo, gruppie o fiel ante el ídolo. Bueno, hay películas de la era Beetles que muestran a las abuelas suspirando por los cuatro chicos. Pero eso huele a intoxicación.
Serotonina, endorfinas y adrenalina en dosis arteras.
La dificultad procede de lo siguiente:
Enfrentado a 10.000 imágenes, la mayoría de los seres humanos pueden identificar una sóla de ellas que esté repetida. 9.999 distintas. Sólo una reiterada, va tu ojo y la lee. Capacidad de cálculo visual que aterra.
Esa es la maldición de las marcas.
Y la del ser humano. A qué engañarnos.
¿Experiencia emocional?
En la tienda de café del dueño de un equipo de baloncesto de los angeles, con camareros de todo a 100 en el mundo y sirviendolo en envases de plastico, provocando la caida del precio del mismo en los mercados mundiales y jodiendo a cuatro paises que no saben si plantar cafe del bueno o seguir tirando de la variedad vietnamita. Mas económica y con mas sangre en cada grano.
¿Emocional? Mi comentario.
Ahora vas y lo cuentas. Jilibobo. Anónimo, pero jilibobo.
Corrección:
Mi comentario anterior va dirigido a los anónimos como Gobé.
Disculpas al comentarista no tan anónimo al que no me dirigía aunque he transmitido esa impresión.
Y al propietario de la página. Por abusar y dejarle esto tan desordenado.
Nada hombre... esto no es propiedad de nadie. Aquí se puede desordenar a placer -y más con tan buena prosa-, mientras no se propongan cosas absurdas como que hace falta "legislar sobre H" o "planificar G para que sea rentable"...
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