El Moderado
...una reflexión moral sobre el engaño de los absolutos y las oposiciones teatrales...
Permítanme revelarles un truco para descubrir al Malo (no se rían, la actualidad nos remite a malvados infantiles: Fluffy, Bubi, Le Pen...) cuando se incurre en una discusión política: siempre es aquel que actúa como El Moderado.
La infalibilidad de esta máxima es equiparable a aquella que los guionistas aplican al cine negro y que dice que “el culpable del asesinato es siempre aquél que sale de refilón, sólo en los primeros minutos y que parece no tener nada que ver con el muerto”.
El que argumenta en contra de la pena de muerte y aduce que es mejor "sólo" cadena perpetua (!).
El que dice que no está bien que se despida a 300, pudiendo despedir "sólo" a 100 (!).
El que cree que no está bien llevarse a los vándalos detenidos que "basta" con multas contra el incivismo (!).
Ese es el más Malo, porque se coloca en una posición que cree más ética o de "mayor calidad" moral que la del Derechista “Radical” (un enemigo casi extinto al que la Mayoría sigue oponiéndose como si estuviese en su mayor auge) asumiendo sus mismos valores y su misma posición. Desde un extremo equivalente, atenúa su enfoque de modo caritativo y comedido para aparentar mayor reflexión e inteligencia. Y sí, como se sabe hoy echando un vistazo a la izquierda institucional, se puede ser militante de izquierdas o centrista y facha. Sin mayores problemas: hay ejes ideológicos, discursos contradictorios y hasta cierto punto complejos, que lo soportan. Pregones muy compactos que esconden un fondo idéntico: la legitimación del Estado y la sumisión de la vida cotidiana a la economía. Un buen número de especies se mueven en este ámbito, con el "fascismo" como rival fantasma compartido y cada cual más partidario de la libertad y de la bondad única de los de su bando: los partidarios de la buena gestión, con la economía liberal como remedio a un intervencionismo que genera disfunciones (ese “allá cada cual con sus negocios”), y cuyo enemigo máximo es el monstruo peludo de La Corrupción; los cumbayás creciditos de la “conciencia cívica” y el ciudadanismo, partidarios de la regulación exhaustiva de todos los aspectos de la vida en comunidad y de un marketing desmedido que fomente la valorización del espacio público como escenario para las fiestas institucionales y el movimiento de dinero en forma de Turismo y Construcción; los alterglobalizadores de tendencias leninistas (con su eterno eslogan: “¡necesitan un lider! ¡un partido!”), que se desentienden de toda lucha material que no esté articulada entorno a un partido “serio” o una plataforma de burócratas… Las modas retóricas, las teorías “de tendencia” dan la oportunidad de seguir mil formas de defender al Poder y a su Dominio aparentando cierto antagonismo, que siempre viste muy bien. El derechista tradicional –y esto no es una defensa sino un ejercicio de tábula rasa- por lo menos tiene claro su credo, hecho que atenúa su inocencia y mejora su posición como interlocutor. Uno sabe a qué atenerse y qué conceptos discutir. Uno sabe a qué se opone. Con el resto de ejemplares pre- y posmodernos, es como enfrentarse a la lluvia con un hacha. Hagan la prueba: en la próxima polémica, ataquen al Moderado, háganle argumentar, verán qué barbaridades, qué valores tan próximos a los que se puede escuchar de un cura preconciliar o un vetusto miembro de Falange: trabajo, orden, sumisión, patria... Zzz...
Permítanme revelarles un truco para descubrir al Malo (no se rían, la actualidad nos remite a malvados infantiles: Fluffy, Bubi, Le Pen...) cuando se incurre en una discusión política: siempre es aquel que actúa como El Moderado.
La infalibilidad de esta máxima es equiparable a aquella que los guionistas aplican al cine negro y que dice que “el culpable del asesinato es siempre aquél que sale de refilón, sólo en los primeros minutos y que parece no tener nada que ver con el muerto”.
El que argumenta en contra de la pena de muerte y aduce que es mejor "sólo" cadena perpetua (!).
El que dice que no está bien que se despida a 300, pudiendo despedir "sólo" a 100 (!).
El que cree que no está bien llevarse a los vándalos detenidos que "basta" con multas contra el incivismo (!).
Ese es el más Malo, porque se coloca en una posición que cree más ética o de "mayor calidad" moral que la del Derechista “Radical” (un enemigo casi extinto al que la Mayoría sigue oponiéndose como si estuviese en su mayor auge) asumiendo sus mismos valores y su misma posición. Desde un extremo equivalente, atenúa su enfoque de modo caritativo y comedido para aparentar mayor reflexión e inteligencia. Y sí, como se sabe hoy echando un vistazo a la izquierda institucional, se puede ser militante de izquierdas o centrista y facha. Sin mayores problemas: hay ejes ideológicos, discursos contradictorios y hasta cierto punto complejos, que lo soportan. Pregones muy compactos que esconden un fondo idéntico: la legitimación del Estado y la sumisión de la vida cotidiana a la economía. Un buen número de especies se mueven en este ámbito, con el "fascismo" como rival fantasma compartido y cada cual más partidario de la libertad y de la bondad única de los de su bando: los partidarios de la buena gestión, con la economía liberal como remedio a un intervencionismo que genera disfunciones (ese “allá cada cual con sus negocios”), y cuyo enemigo máximo es el monstruo peludo de La Corrupción; los cumbayás creciditos de la “conciencia cívica” y el ciudadanismo, partidarios de la regulación exhaustiva de todos los aspectos de la vida en comunidad y de un marketing desmedido que fomente la valorización del espacio público como escenario para las fiestas institucionales y el movimiento de dinero en forma de Turismo y Construcción; los alterglobalizadores de tendencias leninistas (con su eterno eslogan: “¡necesitan un lider! ¡un partido!”), que se desentienden de toda lucha material que no esté articulada entorno a un partido “serio” o una plataforma de burócratas… Las modas retóricas, las teorías “de tendencia” dan la oportunidad de seguir mil formas de defender al Poder y a su Dominio aparentando cierto antagonismo, que siempre viste muy bien. El derechista tradicional –y esto no es una defensa sino un ejercicio de tábula rasa- por lo menos tiene claro su credo, hecho que atenúa su inocencia y mejora su posición como interlocutor. Uno sabe a qué atenerse y qué conceptos discutir. Uno sabe a qué se opone. Con el resto de ejemplares pre- y posmodernos, es como enfrentarse a la lluvia con un hacha. Hagan la prueba: en la próxima polémica, ataquen al Moderado, háganle argumentar, verán qué barbaridades, qué valores tan próximos a los que se puede escuchar de un cura preconciliar o un vetusto miembro de Falange: trabajo, orden, sumisión, patria... Zzz...
1 Comments:
Vágamente relacionado, pero no puedo evitar enlazarlo.
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