la patata de la libertad

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Un congresista estadounidense, en el pináculo de la estupidez, propuso cambiar el nombre de las malignas patatas francesas ("french fries") por el de patatas de la libertad ("freedom fries")... ¿Alguien recuerda la ensaladilla nacional? Colabora con la patata: comenta o envía tus artículos a allstolen@hotmail.com En marcha desde 26/05/04

16.3.06

El Moderado

...una reflexión moral sobre el engaño de los absolutos y las oposiciones teatrales...

Permítanme revelarles un truco para descubrir al Malo (no se rían, la actualidad nos remite a malvados infantiles: Fluffy, Bubi, Le Pen...) cuando se incurre en una discusión política: siempre es aquel que actúa como El Moderado.
La infalibilidad de esta máxima es equiparable a aquella que los guionistas aplican al cine negro y que dice que “el culpable del asesinato es siempre aquél que sale de refilón, sólo en los primeros minutos y que parece no tener nada que ver con el muerto”.
El que argumenta en contra de la pena de muerte y aduce que es mejor "sólo" cadena perpetua (!).
El que dice que no está bien que se despida a 300, pudiendo despedir "sólo" a 100 (!).
El que cree que no está bien llevarse a los vándalos detenidos que "basta" con multas contra el incivismo (!).
Ese es el más Malo, porque se coloca en una posición que cree más ética o de "mayor calidad" moral que la del Derechista “Radical” (un enemigo casi extinto al que la Mayoría sigue oponiéndose como si estuviese en su mayor auge) asumiendo sus mismos valores y su misma posición. Desde un extremo equivalente, atenúa su enfoque de modo caritativo y comedido para aparentar mayor reflexión e inteligencia. Y sí, como se sabe hoy echando un vistazo a la izquierda institucional, se puede ser militante de izquierdas o centrista y facha. Sin mayores problemas: hay ejes ideológicos, discursos contradictorios y hasta cierto punto complejos, que lo soportan. Pregones muy compactos que esconden un fondo idéntico: la legitimación del Estado y la sumisión de la vida cotidiana a la economía. Un buen número de especies se mueven en este ámbito, con el "fascismo" como rival fantasma compartido y cada cual más partidario de la libertad y de la bondad única de los de su bando: los partidarios de la buena gestión, con la economía liberal como remedio a un intervencionismo que genera disfunciones (ese “allá cada cual con sus negocios”), y cuyo enemigo máximo es el monstruo peludo de La Corrupción; los cumbayás creciditos de la “conciencia cívica” y el ciudadanismo, partidarios de la regulación exhaustiva de todos los aspectos de la vida en comunidad y de un marketing desmedido que fomente la valorización del espacio público como escenario para las fiestas institucionales y el movimiento de dinero en forma de Turismo y Construcción; los alterglobalizadores de tendencias leninistas (con su eterno eslogan: “¡necesitan un lider! ¡un partido!”), que se desentienden de toda lucha material que no esté articulada entorno a un partido “serio” o una plataforma de burócratas… Las modas retóricas, las teorías “de tendencia” dan la oportunidad de seguir mil formas de defender al Poder y a su Dominio aparentando cierto antagonismo, que siempre viste muy bien. El derechista tradicional –y esto no es una defensa sino un ejercicio de tábula rasa- por lo menos tiene claro su credo, hecho que atenúa su inocencia y mejora su posición como interlocutor. Uno sabe a qué atenerse y qué conceptos discutir. Uno sabe a qué se opone. Con el resto de ejemplares pre- y posmodernos, es como enfrentarse a la lluvia con un hacha. Hagan la prueba: en la próxima polémica, ataquen al Moderado, háganle argumentar, verán qué barbaridades, qué valores tan próximos a los que se puede escuchar de un cura preconciliar o un vetusto miembro de Falange: trabajo, orden, sumisión, patria... Zzz...